Los gnósticos la denominaban Abraxas; los Rosa Cruz, Telema; los tibetanos Suavavah; los hebreos, Nephesh; los toltecas, Tlahuizcalpantekhutli; Perséfona, la mitología griega; Excalibur, la mitología bretona; la fuerza vril, Sir Eduardo Bulwer Lytton; Anima Mundi, Platón, etc.

 

Por: Jorge Triviño

Entender el concepto Alma, aunque nos parezca raro, en pleno siglo XXI, es bastante difícil.

Cuando se le pregunta a algún colegial, o mejor, a un estudiante universitario, tenemos la sensación de que no encontraremos la adecuada respuesta, ya que el término alma, se ha confundido con el de espíritu.

En alguna ocasión, leyendo poemas a unos niños de básica primaria, opté por preguntarles si alguien sabía lo que era el alma.

Una pequeña de cinco años, aproximadamente y que tenía en sus manos una muñeca de trapo, me miró y me respondió: “el alma es ternura”, con pasmosa naturalidad.

Quedé tan asombrado que pensé “si le hubiera preguntado a algún adulto, no habría tenido tal respuesta”.

La confusión con respecto a ambas palabras es realmente decepcionante. Sin embargo, vamos a dilucidar cuanto más podamos y llegar a tener un conocimiento más claro con respecto a este trascendental tema.

Los gnósticos la denominaban Abraxas; los Rosacruces, Telema; los tibetanos Suavavah; los hebreos Nephesh; los toltecas, Tlahuizcalpantekhutli; Perséfona, la mitología griega; Excalibur, la mitología bretona; la fuerza vril, Sir Eduardo Bulwer Lytton; Anima Mundi, Platón, etc.

Una de las denominaciones que nos parecen más claras es Psique, dada por los griegos.

La significación de la palabra Psique es movimiento eterno; por lo cual nos preguntaremos: ¿movimiento eterno de qué?; pues de la energía única e inagotable.

Un paseo por el alma

Como lo ha probado el gran físico Albert Einstein –con su ecuación de la energía E=MC², lo cual significa, que la materia puede transformarse en energía y la energía en materia– la energía no se crea ni se destruye.

Los símbolos con que se ha representado el alma son tan perfectos como hermosos.

Uno de ellos es la rosa eglantina o rosa clásica, cuya característica principal es la de poseer cinco pétalos, que corresponden a los cinco sentidos: oído, vista, olfato, gusto y tacto; que son los canales por los cuales se manifiesta.

A ella, también se le denomina Divinum Sensorium, o Sentido Divino. Él representa el canal a través del cual pasan todas las sensaciones; pues si analizamos a cabalidad, todo cuanto sentimos es en realidad un solo sentir, una sola sensación, la que nuestra mente califica como si fuese múltiple.

Grabado con la imagen de Cyrano de Bergerac.

Acercamiento a la ternura

Cyrano de Bergerac –poeta, dramaturgo y pensador francés– en su libro Historia cómica de los Estados e imperios de la luna, nos plantea que la mente posee cinco vías con las que se comunica con el alma, como lo vimos anteriormente.

La palabra rosa, en el idioma inglés es rose, la que, permutando las letras, da como resultado: Eros, Dios del amor.

El alma es en verdad sensibilidad, cuya máxima expresión es la ternura, como lo aseveró la pequeña.

Otro símbolo maravilloso es la mariposa, que tiene un movimiento armónico, lleno de delicadeza y, además está dotada de belleza sin par.

Surca los aires con pasmosa sincronicidad y ritmo. Apenas sí toca las flores y las fecunda, dejando el polvillo de oro de sus alas.

La palabra mariposa, según la Kabalah, se puede descomponer en: María y pose. María es el nombre dado a la madre naturaleza; de donde concluimos que nos estamos refiriendo a la postura de la naturaleza.

El alma debe ser educida de la energía misma del universo. Nosotros estamos conectados con una red de ochenta y seis mil millones de terminaciones nerviosas en el cerebro, que nos conectan con él.

Para relacionarnos positivamente con la energía del universo manifestado, debemos conjugar tres verbos: contemplar, admirar y amar.

La palabra “contemplación” —de con y templum— significa evidentemente no la mera observación objetiva, sino el residir en el mismo sitio o estado con la verdad que se ha de conocer, la identificación del sujeto y objeto de la luz de la sabiduría divina, el templo de la Verdad. La consecución del conocimiento por semejante contemplación es posible únicamente para aquellos cuya percepción espiritual está abierta.[1]

      

Natura y amor

La contemplación y la admiración por nuestro entorno nos vuelve menos egoístas y nos forma el sentido estético; fundamental para conectar nuestro ser interior con la madre naturaleza, que representa la vida misma.

El alma estética deviene centro cuando ama sin mudanza, y por igual, todas las imágenes del mundo en las divinas normas[2]

       El amor —al que más bien le denominaremos— sentido ideal de la vida, es el sentido que debe guiar nuestros pasos por el sendero, sea cual fuere nuestro destino.

Toda forma suprema de amor es una matriz cristalina y eterna. Ser bello es hacerse centro de amor, y morar otra vez en el himen divino.[3]

       Después de estas consideraciones para adquirir sensibilidad, es decir: Alma; transcribo el siguiente texto de un hombre sabio, que dejó los lineamientos expresos para realizar tan magna labor, y que quedó insertado en mi obra: Rosa la luciérnaga.

He aquí el texto completo, para quien desee emprender el camino de vuelta hacia la luz:

 

La palabra recobrada

       Cuando el ser abreva en la fuente de su sensibilidad mediante la contemplación de la recóndita belleza que subyace en las formas, en el mundo, en la naturaleza que le circunda, entonces, empieza a hallar la “palabra perdida”, la Divina melodía, el Verbo de Vida que alienta en todos los seres, en todas las cosas.

       Tres son las rosas que el ente tiene que cultivar y hacer florecer, en el leve y fugaz período de su aspirar, de su existir.

       La rosa insomne; la discreta fragancia de su ser consciente.

       Aún el ser más primitivo en su evolución, posee la conciencia del bien y del mal; y tiene que asimilar las experiencias que el espinoso camino le depara. Experiencia = Sabiduría: Rosa de Consciencia.

       Bulle en el ser la Rosa Emocional, ésta se nutre del ímpetu genésico, es el imperativo de la continuidad de la especie, pero en la angustia y melancolía que deja la unión pasional, se trasluce el interrogante subconsciente que gime:

        ¿Dónde estás arcano femenino-masculino, dónde moras Divino Amor?

        Y en algún instante del arduo peregrinaje, eclosiona la Rosa Estética. La Rosa del sentido, efluvio del corazón compenetrado con el milagro de la luz que reverdece en la hierbecilla; que es potencia en la órbita que describe el planeta en la danza de los mundos; que es melodía maternal en la cuna del infante, y es euforia y néctar Dionisíaco en el áureo esplendor del Verbo del poeta sumido en el amor a la vida.[4]

       Tenemos el deber ineludible de educir alma, para adquirir consciencia, ya que el alma es la quintaesencia de nuestros sentidos y la consciencia es la quintaesencia del alma, o como lo declaran con meridiana claridad los alquimistas: “para producir oro, hay que tener plata”; dicho de otra manera: “blanquea a latona y quema tus libros”

 Nota aclaratoria: El señor Luis Bernardo Cruz fue el director del aula de Luz Hermes, de la Fraternidad Rosa Cruz Antigua en la ciudad de Manizales y fundada por Arnold Krum Heller, médico e insigne cabalista y  espiritualista.

 

Bibliografía       

[1] HARTMANN. Franz. Ciencia oculta en la medicina. Editorial Kier s.a. 1948

[2] Del Valle Inclán. Ramón María. La lámpara maravillosa. Editorial Espasa Calpe. 1948

[3] Ídem.

[4] Cruz, Luis Bernardo.