Es buena la tensión, es necesaria, decía Heráclito. La contraposición es la esencia del ser, es la ley natural del universo y la naturaleza; pero ahora, en Colombia, con eso de la unificación de las altas cortes, quieren cortar el fluir dialéctico de la Democracia.

 

Por: Javier Sánchez Restrepo

No he estado nunca en un accidente de trenes, pues en Colombia poco se ven de esos aparatos, aquí los trenes no quedan sino en unos pocos vagones oxidados a las entradas de las ciudades para que sus visitantes aprecien el arte.

Así que, por fortuna, no he presenciado choques de tal magnitud, pero tristemente sí me ha tocado vivir otros choques tan lamentables como estos.

Choques entre el poder ejecutivo representado en el Presidente de la República y el poder legislativo de la Corte Suprema de Justicia, que actualmente es el máximo Tribunal de la Jurisdicción Ordinaria y está estructurada en cinco salas: Sala Plena, Sala de Gobierno, Sala de Casación Civil y Agraria, Sala de Casación Laboral y Sala de Casación Penal.

Imagínense no más cómo será un choque de trenes, el susto, sus traumas psicológicos, los muertos que deja, etc., si ya el descarrilamiento de uno es impresionante y trae consecuencias nefastas para sus tripulantes.

Qué será de nuevos choques de trenes en Colombia, entre dos de los tres poderes esenciales de Colombia; es decir, las dos terceras partes pilares de la democracia en conflicto.

Atrás dejan la Revolución Francesa y la conquista de las libertades, la división de poderes del Estado Moderno. Los tres poderes que en su ideal deben armonizar para poder construir la Dialéctica de la Democracia, que tanto necesita Colombia.

Sin estos tres trenes cargando –transportando– para el mismo lado, en paralelo, o al menos por rutas que se complementen y no por vías de un solo carril que se obstruyen, o intenta uno –como la locomotora presidencial– pasarle por encima y aplastar al otro; sin estos tres poderes equilibrados, sin que el uno suplante al otro o lo elimine, no es posible una verdadera Democracia.

Esta imagen de grave accidente se ha visto muchas veces en Colombia y crece la alarma en diversos sectores de la sociedad colombiana porque recientemente con la propuesta del Centro Democrático de unificar las cortes en una sola, ya no proponen un choque sino una eliminación de casi todo el cuerpo de la Corte Constitucional.

Al unificar las altas cortes se estará debilitando el poder que le ha servido tanto a Colombia, el que no le permitió a Uribe reelegirse indefinidamente, ni a él ni a ninguna otra persona que al estilo de Maduro quiera hacerse eterno en el poder. Fotografía / CNNE

Un eufemismo mediático

Este término de “choque de trenes” lo utilizan los medios de televisión oficial cuando se encuentran el poder ejecutivo del Presidente y el poder legislativo de la Corte Suprema de Justicia –caso que ha sucedido varias veces en Colombia.

En estos casos la Corte debe salvaguardar los principios fundamentales de la Constitución, esa es su tarea, así se lo concedió la Asamblea Nacional Constituyente, para que, ni siquiera un presidente autócrata pueda hacerlos trizas, como culebrero o como tejedor, llenando de parches los articulados de la misma.

Al unificar las altas cortes se estará debilitando el poder que le ha servido tanto a Colombia, el que no le permitió a Uribe reelegirse indefinidamente, ni a él ni a ninguna otra persona que al estilo de Maduro quiera hacerse eterno en el poder.

Lo más lamentable ahora es que ya no quieren tener un contrapeso, tensión de poderes, no estrellamiento, sino tensión, como el arco y la lira, de la que hablaba Heráclito.

Es buena la tensión, es necesaria, decía Heráclito. La contraposición es la esencia del ser, es la ley natural del universo y la naturaleza; pero ahora, en Colombia, con eso de la unificación de las altas cortes, quieren cortar el fluir dialéctico de la Democracia.

Suprimir la Corte Constitucional, dejar una sola sala, es antidemocrático, ya que solo quedarían el tren presidencial y la carretilla de la Corte Suprema de Justicia.  Entre trenes y carretillas es muy duro competir, equilibrar los poderes. En estas circunstancias se asemeja más a la competencia de carreras de la tortuga y la liebre.

Así no se puede competir limpiamente, así se desfiguran los ideales que rigen las sociedades modernas, se hace trizas el Estado Social de Derecho.

Pasaríamos del Ferrari de Constitución que tenemos ahora, a un Volkswagen que representa la Constitución Conservadora de 1886 o quien sabe qué otro escenario nefasto de negación de derechos.

La tensión da una hermosa armonía, es la dialéctica inmanente que tiene la Constitución de 1991 y la que necesita toda sociedad democrática. Al debilitar la Corte, se eliminaría la tensión, se concentraría aún más el poder en el Presidente.

Fue choque de trenes cuando la Corte le dijo al entonces presidente Uribe, que no se podía reelegir indefinidamente, que eso era ser castro chavista, que querer eternizarse en el poder es de tiranos y dictadores.

No fue un abuso de poder, la notificación de la Corte por medio de un acto legislativo que creó jurisprudencia –camino legislativo– para decirle a una persona que llevaba ocho años en el poder que seguir como presidente era inconstitucional, fue un acto de defensa de los principios inspiradores de la Constitución de 1991.

La Corte protegía la carta magna de la cual deben emanar todas las leyes y debe preservar la división de poderes, y la autonomía y libertad que cada uno debe poseer. No se puede dejar desfigurar más la Constitución en un país en el que se ha vivido tanto horror. Defender la Constitución es defender la paz.

Los poderes deben seguir estando separados en Colombia y con la misma capacidad de ejercerse uno independiente del otro, sin ser coartado o empequeñecido. Choque de trenes, así se acostumbraron los noticieros a llamar a los abusos del poder que realizó Uribe en sus mandatos.

Las distintas salas de la Corte son fundamentales. Si se suprimen sus 5 salas a una sola y se recorta los alcances de la tutela, fuera de eliminar la Consulta Previa para las comunidades étnicas –cosa que también quieren hacer– se perdería toda la jurisprudencia que ha emitido la Corte… Fotografía / Kien&K

El Mayinbu

La esencia de la democracia es la división del poder, en una democracia el poder no se puede concentrar. Esto se explica mejor en la metáfora de Mayinbu (para los jóvenes que vimos las distintas sagas de Dragón Ball Z, donde Goku se enfrenta al mal).

Mayinbu era un ser malvado que podía transformar en chocolate a cualquier persona, luego comérselo y asumir su poder, colocando no sólo en peligro a la tierra sino al universo entero.

Esa misma figura aplica para lo que se ve en Colombia, un sector como Mayinbu que quiere comerse todo, devorárselo, arrasar ríos y montañas, valles, lagunas, hasta islas y fragmentos de mar por allá con Nicaragua, se adueñan de pedazos de departamentos, hasta tener como plata de bolsillo los impuestos de la gente.

Tener todas las coaliciones para repartir mermeladas que son una tercera parte del presupuesto nacional y gobernar a la manera del Frente Nacional.

Las distintas salas de la Corte son fundamentales. Si se suprimen sus 5 salas a una sola y se recorta los alcances de la tutela, fuera de eliminar la Consulta Previa para las comunidades étnicas –cosa que también quieren hacer– se perdería toda la jurisprudencia que ha emitido la Corte en estos 26 años de defensa de la Constitución y de los derechos fundamentales de los territorios ancestrales.

Al Mayinbu sólo se lo vence con la fusión de amplios sectores populares, con la organización de la sociedad civil. Se debe evitar convertirse un chocolate para que lo devore un monstruo rosado y se pase en el anonimato a engrosar sus filas.

Su cuerpo es la fusión que permite la identidad de ambos en un cuerpo, pero integrando a un solo poder para poder contrarrestar al avaro Mayinbu, para frenar el saqueo, la inequidad, los abusos de poder.

El Mayinbu colombiano sólo quiere existir él. Se devora la vida de comunidades enteras. Sería muy lamentable que se comiera los poderes de la Corte Constitucional, la que debe proteger la tutela, los derechos de petición, las consultas populares, las Consultas Previas ante las comunidades indígenas y afro, todos los mecanismos de participación –que es la manera como la gente participa.

La consulta previa es un derecho ganado por las comunidades –tiene que ver con el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

Los pueblos originarios son los que han conservado el ambiente de Colombia, el pulmón del mundo, su esencia es la ecología y tienen un trato familiar y armonioso con la naturaleza, que para ellos no es una mercancía, o un mero objeto, sino que es la pacha mama, la madre, a la que se le debe gratitud y devoción.

Y es la consulta previa la que les ha permitido pervivir en el tiempo y proteger los territorios, así como a toda la sociedad colombiana la tutela le ha salvado millones de vida.

En ambos casos la Corte Constitucional ha consolidado muy buena jurisprudencia, esa es la verdadera palabra de Dios para defender los derechos fundamentales de las personas y de las comunidades.