El aforismo, ese extraño azar de la palabra que ha sido pensada hondamente para lanzarla sin más a un vacío que se desconoce, es una de las “novísimas” artes para muchos lectores de esta época, una en la que se desconoce el largo pasado de este lanzamiento al vacío. Adelantamos una muestra de aforismos perteneciente a un libro en preparación.

 

Por: Cristian Cárdenas Berrío

Hemingway, más que escritor o aventurero, ofició toda su vida como relacionista público del alcohol.

 

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Toda vida es tragedia, comedia o parodia; por esto mismo, toda existencia reclama y merece una interpretación.

 

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La innovación social más contundente y sistémica de los últimos 15.000 años se llama Dios.

 

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La industria editorial, azuzada por la economía de mercado, ha logrado convertir a Borges en un Homero para “pobres”.

 

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La ebriedad no es otra cosa que el alma del borracho que grita, en un solo envión, toda su historia legible; olvidando, claro, todo lo que la vida mesurada ha añadido al relato.

 

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La mejor descripción de un matrimonio feliz nos la brinda la perfecta armonía existente entre un ebrio y su botella.

 

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Puede que el alcohol nos brinde intensidad, pero nunca la verdad; como suelen creer, confundidos, el abstemio y el alcohólico.

 

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La única joya de familia que aún conservo de mi soltería es el alcoholismo, de allí el especial cuidado que le doy.

 

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La historia, en no pocas ocasiones, es el desván de la memoria.

 

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Lo que algunos críticos llaman perspectiva histórica es lo que los físicos conocen como lente deformante.

 

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Toda historia es una de las formas del proselitismo.

 

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Cuídate de tropezar dos veces con la misma verdad, a esto los creyentes suelen llamarle revelación.

 

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En muchas ocasiones entender la belleza significa matarla.

 

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Una metáfora es la distancia más corta entre dos incertidumbres.

 

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El matrimonio es lo que sucede entre una secreción y un sacramento.

 

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Existen quienes, sabios, se dedican a pulir su insomnio en lugar de combatirlo.

 

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El matrimonio consiste en encogerse, como la carne asándose en la plancha, hasta quedar del tamaño del apetito del otro.

 

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El ambiente laboral, ese hipócrita momento que oscila entre lo cordial y lo cardial.

 

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Todo mártir coincide con su adversario en la necesidad de su muerte. Es allí, para despecho de ambos, donde se igualan.

 

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Desde Saulo de Tarso todo aquel que escribe cartas tiene como vocación vergonzante la de predicador.

 

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En el duelo permanentemente entre uno y el mundo, siempre se debe apostar a favor del mundo.

 

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Las certezas que suelen tener los creyentes, no son otra cosa que la seguridad de haber domesticado a Dios.

 

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Un aforismo es el punto de equilibrio en medio de esa relación inestable entre la razón y la imaginación.

 

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“Llamar pan al pan y al vino vino”, qué pretensión absurda, no hay nada más exacto que una metáfora.

 

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En medio de la paradoja instaurada entre la vida como complicación y el mundo como complejidad, al hombre solo le queda la complicidad.

 

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En algunas relaciones se suele confundir la reiteración con la profundidad.

 

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Las selecciones de frases y sentencias de las entrevistas y obras de ficción de un autor para presentarlas como aforismos, son una forma distópica de la crítica.

 

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La lectura es una búsqueda constante de lo posible, por esto su función principal es remendar la vida.

 

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Al caballero de frac que llaman éxito le he visto varias veces de cerca, pero nunca he

deseado hablar con él.

 

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La tarea más ardua es ser contemporáneo de sí mismo.

 

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Coprología: acto de prologarse mutuamente.

 

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En muchas ocasiones la genitalidad funciona como un acto de prestidigitación, entrega menos de lo que promete.

 

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En el corazón de todo vicio habita el misticismo; la depravación es también una forma de comunión con lo sagrado.

 

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Se debe tener especial cuidado en no morir antes de perder la vida.

 

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Solo es posible perderse en lo ya conocido.

 

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Toda epifanía es un robo a la esperanza.

 

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El regalo más grande que nos hizo Kafka fue el de enseñarnos la sospecha como método.

 

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El ego de un escritor crece hasta donde lo permite su sintaxis.

 

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No, mi querido Sartre, el infierno no son los otros, el infierno es uno mismo.

 

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El amor tal vez solo sea un pretexto para trabajar en uno mismo.

 

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Lo único democrático de la especie humana es nuestro común desamparo.

 

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Es tan fácil confundir tristeza con falta de atención.