Las calles nuestras de cada día. Poética, semiótica y narrativas vitales. Imaginación activa para recuperar las narrativas vitales

En este ensayo de imaginación activa, mis múltiples yo construidos, queremos apostarle a la posibilidad de revisitar nuestras calles como una forma de brindarle especificidad a una historia personal y colectiva e instaurar una metodología para recuperar, en los tiempos de la no ciudad…

 

Por C. A. Villegas Uribe*

En su Poética del espacio, Gaston Bachelard nos invita a aprender a morar en nosotros mismos. Para Bacherlard, el ejercicio del topoanálisis, que considera fenomenología pura, consiste en la visita a esas imágenes sencillas que de alguna manera nos devuelven al espacio feliz de nuestro ser profundo. Por tal razón, la mayoría de sus topoanálisis circulan en torno a la casa y sus espacios.

La casa alberga el ensueño, la casa protege al soñador, la casa nos permite soñar en paz. La casa en la vida del hombre suplanta contingencias, multiplica sus consejos. Sin ella, el hombre sería un ser disperso. Lo sostiene a través de las tormentas del cielo y de las tormentas de la vida es cuerpo y alma. Es el primer mundo del ser humano. El ser es de inmediato un valor. La vida empieza bien, empieza encerrada, protegida, toda tibia en el regazo de una casa [1].

Incluso cuando analiza el cajón, los cofres, los armarios, los rincones, las miniaturas, las inmensidades íntimas y otras redondeces, las imágenes están allí como arquetipo de nuestra casa personal. Él encuentra en cada uno de los objetos una explicación profunda de nuestra psicología, de nuestra historia filogenética que nos brinda sentido como especie.
El presente ensayo sobre narrativas mediáticas transpola las bondades del topoanálisis bachelardiano para extender su juego simbólico profundo a las calles –escenario cultural y social de comunicación humana donde nos construimos como sujetos gracias al otro como referente–.

 

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En este ensayo de imaginación activa, mis múltiples yo construidos, queremos apostarle a la posibilidad de revisitar nuestras calles como una forma de brindarle especificidad a una historia personal y colectiva e instaurar una metodología para recuperar, en los tiempos de la no ciudad [2], las narrativas vitales que nos afirman como sujetos. Una historia que tiene situaciones y nombres propios. Un ejercicio para contrarrestar, en esta época vertiginosa, las fisuras crecientes en la subjetividad gregaria que nos caracteriza como especie. Una reflexión y un juego de la memoria para volver a poner en valor humano, como lo sugiere Bachelard, los espacios de posesión, los espacios defendidos contra fuerzas adversas del olvido; espacios amados por todo aquello que nos brindaron en la tarea de construirnos como personas.
A los espacios, cuya protección que puede ser positiva, se adhieren también valores imaginados, y dichos valores son muy pronto valores dominantes. Porque un espacio captado por la imaginación no puede seguir siendo el espacio indiferente entregado a la medida y a la reflexión del geómetra. Es vivido. Y es vivido, no en su positividad, sino con todas las parcialidades de la imaginación [3].
Por ello, iniciaremos por problematizar la calle como un espacio en vías de extinción debido a la pérdida progresiva de peso específico por parte del ciudadano de principios de milenio, que la habita más desde las realidades diseñadas por los medios que como escenarios de intersubjetividades.
En el mundo contemporáneo, según Jesús Martín Barbero, las calles dejaron de ser punto de encuentro para convertirse en avenidas donde fluye la información, circuitos de circulación que nos encierran cada vez más en guetos particulares, cinturones de asfalto que profundizan las fisuras de la modernidad en procesos acelerados de descentramiento y desencuentros [4].
A esta situación se suma la negación de la memoria, de la historia personal o la conversión de la misma en una narrativa banal por los mecanismo tecnodiscursivos de los medios, tan solo para incrementar ratings, como en los recientes formatos televisivos denominados reality. Una memoria instrumentalizada por los medios para alimentar consumidores y relegada para la formación de ciudadanos a través de procesos en formación de cultura política democrática.
Como lo afirma la argentina Eva Da Porta, magíster en educación y comunicación:

Los medios generan sus propias memorias al instalar en la esfera de lo público y lo actual relatos del pasado fuertemente condicionados por sus rasgos tecnodiscursivos. Estos dispositivos de memoria son antes que nada empresas privadas que se rigen por una lógica de funcionamiento comercial y que, más allá de la pretendida estrategia de “objetividad” que parece guiarlas, es posible identificar, sin demasiada sutileza, con determinados lineamientos político-ideológicos.

Los medios como espacio de memoria, como archivos de lo social, prefiguran los imaginarios de lo memorable no sólo por la selección temática que hacen de los acontecimientos que merecen ser recordados, sino también por el modo en que esas memorias son narradas y por las lógicas de interés que las regulan.

Al respecto, Armand Mattelart señala: “Con el desarrollo del ciberespacio global se plantea la cuestión de la modelización del conocimiento por una sociedad hegemónica, con el riesgo de realización de un recorte selectivo con respecto a su propia memoria colectiva”.

 

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En tal sentido, el autor plantea la tensión que produce en el espacio público la instauración de la empresa privada y de la lógica de mercado como un actor preponderante que define las reglas generales de gestión de los asuntos públicos. Esas reglas son básicamente enunciativas y retóricas, definen quiénes pueden hablar, en qué espacios y tiempos y de qué modo pueden hacerlo acerca de los asuntos de orden público [5].
De acuerdo con Jesús Martín Barbero, la paradoja entre la inmaterialidad comunicativa y la realidad, hace evidente sin embargo que nuestro mundo está a punto de naufragar bajo el peso y el espesor de los desechos acumulados de toda naturaleza [6].

No obstante, afirmamos nosotros, la tecnología llegó para quedarse como una extensión irreversible de nuestros sentidos, de nuestra nueva y aún no asimilada condición de tecno-especie. Somos seres mediados. Los acumulados representacionales de la ciencia
y sus infinitas aplicaciones al mundo del homo sapiens sapiens, nos han convertido en un nuevo ser, en una nueva especie incapaz ahora de sobrevivir colectivamente sin los beneficios de sus máquinas, de su cultura.
Pero a pesar de esta certeza, para muchos ineludible, debemos encontrar otras formas de relación con nuestro propio desarrollo, que nos permita equilibrar las avasallantes demandas de la racionalidad tecnológica, de sus ritmos exponenciales, de sus lenguajes excluyentes.
Como lo señala el autor del libro De los medios a las mediaciones, una de las obras paradigmáticas de las ciencias sociales en Latinoamérica en la década de los noventas:

De hecho, lo que está sucediendo es que la propia presión tecnológica está suscitando la necesidad de encontrar y desarrollar otras racionalidades, otros ritmos de vida y de relaciones, tanto con los objetos como con las personas, en las que la recuperación de la densidad física y el espesor sensorial son el valor primordial [7].

Y esa es la aspiración de este ejercicio de pensamiento imaginativo: posibilitar otras rutas, otros sentidos del encuentro con nuestra interioridad para revalorizar la memoria, la intersubjetividad, el peso específico de nuestra historia personal en un mundo que promueve la fragmentación, imposibilita el encuentro y niega la irreductibilidad del ser.

* Ph.D. en Lengua, Literatura y Medios. Universidad Complutense de Madrid.
Estudios de Maestría en Escritura Creativa. Texas University en El Paso.

Referencias

[1] Bachelard, G. (1963). Poética del espacio. Fondo de Cultura Económica. México.
[2] Augé, M. (1993). Los «no lugares». Espacios de anonimato. Barcelona: Gedisa, pp. 81-119. Citado por Barbero, en Reconfiguraciones comunicativas de lo público, Análisis 26, 2001.
[3] Bachelard, Ibid.
[4] Barbero, J.M. (2001) Reconfiguraciones comunicativas de lo público, En Anàlisis 26.
[5] Da Porta, E. (2005). Conmemoraciones mediáticas del pasado reciente. En Astrolabio, No. 2.Universidad Nacional de Córdoba. Argentina. ISSN 1668-7515.
[6] Barbero. Ibid.
[7] Barbero. Ibid.