La cultura campesina es una de las culturas más hermosas que tiene Colombia. Es la cultura del que da, del que brinda, del que trabaja infatigablemente de sol a sol, contra viento y marea, sea que llueva o haga bonito día, siempre constante, persistente.

 

Por: Javier Sánchez Restrepo*

Re-campesinizar el campo es lo que necesita hoy Colombia como política agraria, es la exigencia que millones de personas le deben hacer a la institucionalidad para que revindique al campesino y su labor de cultivar la comida que todos necesitan. Una comida limpia de pesticidas, que cure, que llene de alegría y paz nuevamente esta hermosa nación y su gente.

Re-campesinizar hace parte de esta apuesta académica, y a su vez es  una reflexión filosófica que busca darle el lugar de honor que merece el campesino como sujeto de derechos y no meramente económico –jornalero–, para que no se sigan presentando casos de estigmatización y discriminación como el presentado en Medellín en el sector de El Poblado, en el tradicional restaurante Taquino, con el caso de discriminación hacia el cantor tradicional José López que se volvió viral en redes, y alcanzó a despertar algo de indignación debido a la manera como se le  discrimina por su apariencia campesina y se le hace sentir vergüenza a alguien por ser del campo, por usar sombrero y carriel, etc.

Este desdén por la gente del campo viene principalmente por las políticas de los gobiernos de turno que han tratado mal al campo, que no invierten en los sectores agrícolas, que parecieran que sueñan con un campo sin campesinos sino lleno de mega proyectos. En ese sentido la re-campesinización aboga para que se reconozcan unos derechos fundamentales para esta forma de vida que está en peligro de desaparecer.

El lunes 14 de marzo de este año – hace apenas unos días-  salió una noticia en la sección judicial del diario El Espectador que muestra la labor de la jurista colombiana Ana María Suarez Franco que va en ese sentido, de reconocerlos como sujetos históricos y de derechos, algo similar a lo que se logró con la constitución del noventa y uno con los pueblos indígenas.[1]

Los cálculos de quienes están detrás de la iniciativa, como Ecuador, Indonesia, Cuba y Bolivia, es que el próximo mes el Consejo de Derechos Humanos le dé el visto bueno a la propuesta del comité de trabajo y, de esta manera, el tema pase a ser discutido en la Asamblea General de la ONU. Si las proyecciones se hacen realidad, a final del año la declaración estaría aprobada y, sin ninguna excusa, la protección especial de los campesinos entraría a regir en todos los países de las Naciones Unidas, incluido Colombia.

Re-campesinizar es hablar sobre el respeto que merecen estas personas por su labor tan digna, esa de arar y cultivar la tierra. Debido a que el campo se está quedando sin campesinos y ya no se siembra la misma cantidad de comida en Colombia como antes.

En este momento se está en cosecha de café en el norte del Valle del Cauca –como en otras regiones– y no hay quien la coja, la cosecha se está cayendo, se encuentran muy pocos trabajadores debido a la migración de estos a la ciudad. Ilustración / Cooperativo agricultores Valladolid

En este momento se está en cosecha de café en el norte del Valle del Cauca –como en otras regiones– y no hay quien la coja, la cosecha se está cayendo, se encuentran muy pocos trabajadores debido a la migración de estos a la ciudad, o por violencia, o por falta de oportunidades o porque sueñan y tienen esperanzas que la ciudad les traerá mejores cosas.

El precio del café para el productor no equivale a la inversión que se le aplica al cultivo y para empeorar las cosas ahora están comprando café en otros países – con la plata del fondo de los mismos caficultores colombianos–, a Ecuador, por ejemplo, pero no para tomar los colombianos sino para venderlo y poder cumplir con los compromisos que Colombia tiene de exportación, compromisos que no ha podido cumplir porque el gremio está quebrado.

La producción nacional no alcanza lo que se necesita vender a EE UU y Europa. pareciera que una de las políticas del gobierno sea la importación de comida y la política extractivista y de venta de servicios, dejando que los gremios agropecuarios del país se quiebren. los sectores del agro están muy deteriorados, los arroceros quebrados, los cafeteros en crisis, los cacaoteros, paneleros etc.

Los que tenemos ahora café no hay quien lo coja, los trabajadores se han ido ya que, en temporada fría, sin cosecha, solo resulta el trabajo del jornal para la limpia y este trabajo no es bien pago para el esfuerzo que implica.

Además, otros dueños de fincas han acabado el café para tener potreros y los jornaleros no se quieren quedar en el campo por salarios tan poco y trabajos tan duro; por otro lado, a los dueños de grandes extensiones de tierra les resulta más fácil dejar un potrero para que una sola familia se los administre.

Así se vuelve un circulo vicioso, en el que ya no hay trabajo, por un lado –la falta de fincas cafeteras y la falta de trabajadores–, por otro, que se van por causa de la falta de trabajo en tiempos fríos, sin cosecha o debido a la progresiva potrerización de los campos colombianos y el mal pago por su trabajo.

Eso acaba el trabajo en el campo, las vías siguen en muy mal estado para sacar los productos, y más en zonas rurales de los municipios. desplazados de su territorio, por la violencia, por la falta de oportunidades, porque no son propietarios de las tierras, porque no hay pequeña empresa –solo la opción de un monocultivo que igual esclaviza, se chupa la vida y la fuerza vital de las familias campesinas–, los desarraigan de sus tierras, de la vida que conocieron y llegan errantes a la ciudad, a las periferias de las grandes ciudades, que fuera de los innumerables problemas que tienen, se enfrentan a un contexto distinto: la selva de cemento. Por eso abogamos por la re-campesinización.

Que la producción de comida, sobre todo sea orgánica, limpia, amigable con el medio ambiente y que genera millones de empleo a los millones de familias campesinas. Ilustración / Artecomasagua

La re-campesinización implica tomar conciencia sobre el valor que tienen los campesinos y sobre el valor mismo de cultivar la tierra, que la agricultura es la verdadera filosofía práctica. Es también el respeto por el campesino, la relación de la gente ciudadana con los urbanos, la necesidad de afianzar esos lazos e incrementar el amor por lo que brinda el campo, la comida sana.

Que la producción de comida, sobre todo sea orgánica, limpia, amigable con el medio ambiente y que genera millones de empleo a los millones de familias campesinas. Volver otra vez al campo, a resaltar el ser campesino, que la tierra se le brinde nuevamente a los que le tocó dejarlas, a los casi nueve millones de víctimas que lleva el conflicto colombiano y que en su gran mayoría no les han dado tierras o no se las han regresado a sus familiares sobrevivientes.

Re-campesinizar se puede entender en variar vías. Para el campesino que había sido des-campesinado  es retornar a las raíces, volver a encontrarse con él y su pasado, sus ancestros, por ejemplo: conocer la tierra que mi papito José Ignacio Restrepo dejó es intentar aprender los conocimientos respecto al cultivo de los antepasados, a las fases de la luna y el manejo de las semillas, la diversidad de especies y la forma de prepararlas, es recordar la tradición oral alrededor del fuego, del fogón, la vida junto al rio, los árboles y animales.

Para mi es también jugar con bolitas de barro o hacer caminos por los barrancos, simulando que son carreteras, y los huecos de los escarabajos, pequeñas casas. Es querer rehacer la vida que se perdió antes, volver a echar raíces, quizá ya en otro lugar, otro municipio y departamento, con otros que no eran los de antes, igual de destrozados y muchos temerosos, pero con las ganas nuevamente de enraizar, de echar pa’ lante.

Ese campesino que después de ser desplazado y vivir adormilado entre las cuatro paredes de las ciudades, pagando arriendo de un lado hacia otro, sin rumbo fijo, con un piso movedizo que cada cuatro o cinco meses giraba. Es ahora llegar a un lugar fijo, una tierra que le prometieron será suya e intentar cultivar la esperanza con el deseo de que esta vez no lo desraícen.

Re-campesinizar también se puede dar desde la parte académica, investigativa, desde la escritura, con análisis como estos que buscan revindicar y concientizar a que se sientan orgullosos de lo que han sido y que los citadinos los respeten.

La cultura campesina es una de las culturas más hermosas que tiene Colombia. Es la cultura del que da, del que brinda, del que trabaja infatigablemente de sol a sol, contra viento y marea, sea que llueva o haga bonito día, siempre constante, persistente. Arando y arando la tierra para cosechar los más deliciosos frutos. Ser campesino es sudarla diariamente, es vivir dignamente, de manera honesta, sembrando comida.

* Licenciado en filosofía

 

[1] El Espectador está cubriendo el Examen Periódico Universal de Colombia ante la ONU desde Ginebra, Suiza, gracias a una invitación de la Red Internacional de Derechos Humanos.