La RAE define documentar como probar, justificar la verdad de algo con documentos, también como instruir o informar a alguien acerca de las noticias y pruebas que atañen a un asunto. Sin embargo, exponer los hechos a través de una cámara, es una labor que no solo radica en probar los acontecimientos, sino en hacerlos trascendentes a nuestra condición. Víctor Galeano, nacido en Medellín, pero criado en la ciudad de Pereira, ha documentado el hombre en sociedad para hacer una reflexión que se constituye en conciencia social, un intento de comprender y, naturalmente, de mostrarlo en momentos específicos y decisivos. Ha colaborado en medios como SOHO, Revista Semana, Vice Colombia, Diagonal España, SDN.net USA, entre otros; tiene reconocimientos en el décimo noveno (XIX) concurso latinoamericano de fotografía documental “Los trabajos y los días” 2013, del cual fue finalista y ganador del premio SOS racismo Madrid España, 2013. También ha expuesto individualmente en el museo de arte moderno en Quito, Ecuador, en el 2012 y de manera colectiva en varios países latinoamericanos. Ha sido jurado invitado al concurso de fotografía, refugiados y emigrantes Ecuador 2012 organizado por ACNUR Y SJRM. Esperando ahora por el café, se dispone a hablar con TRAS LA COLA DE LA RATA sobre sus experiencias retratadas, aquellos recuerdos que construyen memoria histórica._MG_8476

 

Por: Diego Valencia Gómez

¿Cómo empezó el interés por la fotografía?

Bueno. Yo estudié Licenciatura en Artes Visuales y específicamente pintaba y dibujaba, digamos que a futuro me veía como un artista del pincel y toda la cosa. Estudiando Artes vimos una materia con Luis Aldana, que no recuerdo el nombre exacto, pero era fotografía. Un amigo mío, Gustavo, hacía fotografía desde hacía varios años, por cierto, muy bueno en su trabajo. En las salidas de campo hacíamos juntos los trabajos con cámara análoga, de los primeros rollos no salió nada, todo salió blanco (risas) pero entonces me conseguí una cámara digital, una piscinera (cámara digital casera), pequeñita. Un día decidimos ir a La Virginia a hacer fotos, pero inicialmente era para conseguir imágenes y después pintarlas, teniendo en cuenta que la creatividad no fue mi fuerte en el sentido de coger un lienzo en blanco y esperar a que algo me surgiera. Empecé a buscar con mi cámara otras imágenes para no copiar las de otros y pintarlas.

No recuerdo muy bien si fue en el 2011 o 2012, curiosamente por las fechas que asistimos, La Virginia estaba inundada por las temporadas de lluvia de esa fecha, fue impresinante porque el agua nos llegaba al pecho y así caminamos por esas calles. Ése día dije, así quiero hacer mis imágenes, moviéndome, sin estar en casa para coger un papel y con un café al lado, sino que caminando, hablar con las personas.

De alguna manera siempre estuvo implícita la necesidad de denuncia, pues mi papá es sociólogo, tenía un bar que se  llamaba Atahualpa, un bar de izquierda y bueno, en relación a mi experiencia en La Virginia, después de estar en casa empantanado, con las fotografías en digital y haber hablado con la gente, me dí cuenta que así quería trabajar y que la mejor herramienta era la fotografía documental y bueno. A mí me daba clase de dibujo un amigo que se llama William Cardona y él es muy amigo de Rodrigo Grajales y un día le dije a William. “No William, yo me voy a dedicar es a la fotografía” y en ese entonces me presentó ante Rodrigo Grajales y así empezó todo, con una ida a La Virginia y una inundación. Sin negar que el comienzo siempre es con adrenalina en estos viajes y la emoción de hacer fotografías.

 

Cuéntenos un poco más sobre esa influencia de su padre como sociólogo, sobre todo, para su trabajo…

Claro, implícitamente siempre hay una necesidad de trabajar desde la raíz, en ese caso, mi padre siempre le ha invertido tiempo y dedicación al presupuesto participativo o al diagnóstico de problemas desde lo participativo, entonces siempre se involucró con las comunidades y fue su trabajo de campo, para que ellos mismos fueran encontrando sus problemas y otorgar un direccionamiento tanto a ellos como a su manera de trabajar. Siempre existió la necesidad de hablar sobre lo injusto y algunas otras cosas que vienen de “cuna” y que se han ido transformando, reconociendo que fue vital la crianza con el hombre (refiriéndose a su padre), creciendo con él y la música que escuchábamos.

 

¿Cómo se relaciona el trabajo de la frontera en el Norte de Santander con todo esto?

Ir a la frontera fue una experiencia extraña, en realidad, no sé cuál sería el término apropiado, pero intentando acercarme, diría que por educación y por lo mismo, siempre he dicho (refiriéndose a su filosofía) “no es lo mismo apoyar el comunismo en Cuba desde acá, cuando vas de compras al Éxito ¿cierto? Es muy fácil ser comunista así o es muy fácil tener ese tipo de pensamiento”. Así mismo, pasaba con Venezuela, sin desacreditar la cantidad de cosas buenas que tiene, también hay que reconocer que hay otras muy malas que solo se viven cuando uno se encuentra de frente a ellas. Por esto, cuando llego a la frontera, en el norte con Venezuela, veo entonces que están deportando gente por todos lados, algunos con su fina maleta, sus gafas para el sol y como punto de partida la frontera, cogen un taxi y después los espera un vuelo para regresar al país y admito que no era algo que me afectara mucho o que me inquietara para trabajarlo, pero entonces me doy cuenta que por el río, está pasando una cantidad de gente que no tenían documentos, “residentes” en barrios de invasión y que estaban siendo desplazados forzadamente, destruyendo sus hogares, encarcelándolos, siendo esto una presión “un poco” violenta y bueno, todos eran colombianos.

Aquí es donde yo encuentro una dualidad. Muchos de ellos deben retirarse del país porque son desplazados por la violencia del conflicto interno o por las pocas oportunidades de estabilidad que este les ofrece en muchos sentidos y por otra parte, vuelven a ser desplazados de otro país. ¿Para quién es el problema? Sin embargo, si se piensa con detenimiento, ellos siguen siendo colombianos y la responsabilidad es de su país de origen. De este modo, el conflicto ahora es para uno y para su trabajo, se encuentran mis raíces culturales, y se le suma la realidad, el futuro y su presente; consecuente a esto, la crianza y el pasado que uno tiene sí influye mucho para estar con estas personas y preguntarles qué les pasa. En ejemplo está el trabajo que hice,  el cual fue con una sola familia para arriba y para abajo, a fin de cuentas, uno no está resolviendo nada, uno aprende que no es el salvador y más desde el camino que yo estoy escogiendo, ya que simplemente es contar historias. Esto, que paso a paso se convierte en una búsqueda de respuestas que uno considera son necesarias como reflexiones sobre la realidad propia.

¿Cómo logra filtrar las emociones en el momento de hacer una captura que comprometa condiciones precarias?

Realmente, es difícil filtrarlas, a mí me cuesta, seguramente hay gente que lo hace. Una vez, estando en Buenaventura en la comunidad de La Delfina con los Nasa Kiwe, haciendo una historia acerca de la sutil presión que se ejercía sobre dicha comunidad, para el abandono del territorio,  puesto que la excusa estaba en  que el río Dagua contiene oro y por ende se lleva a cabo la extracción minera y seguidamente es “intocable” para quienes siempre han vivido en estas tierras, con testimonios alrededor de las agresiones del ejército y la contaminación del agua por la utilización de químicos para la minería, lo que genera la muerte de muchos peces, se pierdan cultivos por la falta de abastecimiento de agua limpia, etc.

Continúo, allí asesinan a una chica que salió una noche al patio y le disparan con un fusil, siendo un caso no resuelto y sin poder decir quién fue. Después de esto, entrevistamos a la hermana de la chica, quien nos narraba la historia y bueno, idealmente uno preferiría no sentir algo, pero sinceramente tuve que salirme porque iba a empezar a llorar con ella, en este sentido, aclaro que es difícil filtrar las cosas y más en estos casos, creería yo que un escudo es la cámara cuando uno se la pone y mira a través de ella, que de cierto modo, se genera una distancia con la realidad.

Recuerdo una película que, creo que se llama Vals con Bashir en donde había un tipo que le hablaba a su amigo, intentando recordar que pasó en la guerra y quien le guía contándole acerca de un fotógrafo que andaba disparando (capturando imágenes) a todo lo que pasaba, pero resulta que un día se le daña la cámara o se queda sin rollo, no recuerdo muy bien, entonces le toca dejar la cámara a un lado y empezar a mirar la guerra y a vivirla, lo que produce su locura. Aquí es donde uno piensa que con la cámara no asimilaba la realidad porque, de cierto modo se convierte en “ficción”, entonces, en la historia este hombre ve un cementerio de caballos y se enloquece. En fin, la cámara a veces, lo protege a uno en todos los sentidos, desde lo psicológico hasta lo legal.

 

¿Cómo fue la experiencia con Ovidio González, el padre de Matador?

Casualmente conocía a un hijo de Ovidio, a Mauricio, pero, en el momento de la historia yo no lo asocié con él. Yo estaba acá en casa y Sofía (su pareja) me empezó a leer un artículo de Gustavo Colorado que había sido escrito un día antes de que Ovidio tuviese la primera cita para la gestión y aplicación de la eutanasia, siguiente a esto, Sofía terminó de leerme el artículo. Lo primero que pensé fue que este señor iba a ser historia y sin embargo, no fue lo que me

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Victor y Laura Sofía Mejía (Fotógrafos de la ciudad)

motivó a hacerlo, personalmente le tengo mucho miedo a la muerte, soy tan feliz de vivir, que no quiero dejar de hacerlo y bueno, hay gente que lo asimila muy bien. Tengo una hija de seis años y el hecho de pensar que no la pueda ver crecer y otras cosas más, me atormentan bastante.

 

En este orden de ideas, pensaba cómo este señor era capaz de afrontar la muerte con esa tranquilidad y cómo es posible llegar hasta tal instancia de cordura mental para decir: “listo, vámonos y ya”. Fue exactamente eso lo que hizo que yo acudiera a buscarlo y… no esperaba los resultados logrados, de esta manera contacté a otro de los hijos de Ovidio, Diego, uno de los mayores. Sofía me consiguió el teléfono y yo acudí a llamarlo puesto que él fue quien se encargó de hacer mediática la situación. Así, le dije algo como “hola Diego ¿qué más? Es muy difícil lo que le voy a decir en este momento pero yo quiero acompañarlos, yo soy fotógrafo y quiero como hacer la historia de su papá” y me dijo “ahh no, el lunes hay una rueda de prensa, vaya” y yo le dije “noo, no, eso es lo que yo no quiero Diego, porque a mí no me interesa ser un periodista que va a redactar un artículo. Su papá está haciendo algo que es histórico, su papá está haciendo algo que todo el mundo debe conocerlo o sea, que va a trascender, que va a generar un cambio, yo quiero es cubrir eso, quiero es cubrir a su papá (refiriéndose a las capturas de imagen), no lo que va pasando con la decisión de la eutanasia” y me respondió “bueno, venga por la tarde que hay una reunión familiar”.

La primera foto que yo le hago al señor es esta _MG_8482, el retrato de la portada. Me senté en la sala de espera y todo el mundo iba para arriba y para abajo y entre el vaivén llegó Abelardo y me dijo “¿Qué más, bien? ¿Ya habló con don Ovidio?”. Y le respondí que no, que no lo había visto, mientras me decía “Camine subamos y lo saludamos”. Subimos y empezamos la conversación con él y le conté lo que haríamos, para lo que provechosamente acudió. Ahora, fíjese en la inteligencia de este señor al decirme “de una, porque es que lo que yo estoy haciendo, no lo estoy haciendo por mí, porque yo puedo morir ya,  a mí me dijeron aplíquese la inyección y listo, vale una plata, pero yo no lo estoy haciendo por mí, yo lo estoy haciendo por la cantidad de viejitos  que yo veo llevados del verraco en una sala de hospital donde no los atienden”  y efectivamente tuvo la iniciativa de hacer el documento y en esta foto él se paró y dijo “¿qué necesita?”, quitándose la ropa, “tómeme fotos”. Y entonces yo le dije que se quedara tranquilo, que eso no era lo que necesitaba, que se relajara aunque, vi el cuadro atrás y dije “bueno, él se despoja de su ropa y se presenta” para decidir hacer la foto y la única que quedó de ese día.

Con lo anterior, empiezo a entender un poco de cosas de la mentalidad del señor, que es de izq_MG_8483uierda y ateo, lo que me pareció muy curioso porque el ángel que aparece en el fondo del retrato, San Gabriel, ¡San Miguel!, dice Sofía desde el otro lado del apartamento, San Miguel perdón, mientras observa nuevamente la fotografía y continúa: es el abogado del pueblo, una metáfora muy curiosa.

Cuando empezó la confianza, él me contaba que dicha decisión tenía que ser un derecho, “es que voy a pelear para que esto sea un derecho, es que la gente debe tener derecho a esto”, sin importar lo mal que estaba y que le dolía bastante, pero un “verraco” (refiriéndose a su capacidad física y mental para afrontar dicha situación) porque hasta las últimas lo iba a llevar, descartando siempre de paso la ilegalidad.

Bajo esas circunstancias eran los hijos quienes tenían mucha tensión de los medios, sumando la abogada y reuniones, etc. Por lo que la mayor parte del tiempo yo me la pasaba con el señor (Ovidio). Me charlaba y contaba cosas, a mi juicio era un señor muy alegre, y también de mi parte siento que a veces se me salen comentarios  y por eso le preguntaba entre bromas “Don Ovidio, ¿usted se imaginó que iba a ser famoso antes de morirse?” y me respondía “no, si ve, si me hubiesen matado desde hace tiempo se hubieran evitado todo este escándalo”. Muy charlatán el hombre, agrega mientras sonríe.

 

¿Se llegó a imaginar lo importante que era para la historia de Colombia este momento?

No, no me lo imaginaba la verdad. Con un amigo que se llama Jorge Panchuaga que es académico además de ser fotógrafo y enseña en la Universidad Nacional, hablaba de lo que tanto él rescata y a lo que se refiere de “salir con el boceto”, es decir, una manera de llevar a cabo su trabajo con este ya resuelto en una libreta y que de cierto modo, nunca  me acostumbré y realmente no puedo trabajar así por lo que a veces llego a casa sin ninguna cosa que mostrar.

Muchas veces hago viajes en donde invierto tiempo y dinero sin lograr conseguir algo y por lo tanto nunca me imagino lo que vaya a pasar, no lo medito ni me muestro expectante. Así, puedo llegar y decir si hay una propuesta sólida o no y bueno, tampoco me imaginé que este trabajo con Don Ovidio fuera a ser eso, con el impacto que generó al público, teniendo en cuenta que recibí mensajes  de todo tipo como: “usted es un morboso” , “¿cómo puede aprovechar esa situación?” o críticas porque la nota saliera en Soho y al respecto de esto, hago un paréntesis, recuerdo mucho una entrevista que le hacían a Jesús Abad Colorado en donde decía: “Yo una vez publiqué en una revista de chismes y la gente me preguntaba ¿por qué publicó en una revista de chismes? Y un día, la señora que recoge a mis hijos que van para el colegio me dijo, Don Jesús, vi sus fotos, yo no sabía que usted era fotógrafo” y le pregunté “¿en dónde las vio?”,  a lo que me responde “en una revista de chismes en la peluquería y oiga, la realidad colombiana tan dura”.

Retomando, pongo el ejemplo sobre un señor de Cali quien me escribió “estaba muy reacio con el tema, yo lo criticaba mucho, no estaba de acuerdo con la eutanasia, la verdad siempre estuve en contra, pero cuando vi el reportaje dije ¡uy! Una cosa es lo que uno desde afuera ve y otra cosa es cuando usted es el que está llevado del bulto, cuando usted es el que sufre”. Entonces yo pensé que él, al igual que muchos que me llamaban y me decían “hermano, me acordé de mi abuelo, él sufrió mucho” o “mi abuelo hasta el último día agonizó y él quería morirse pero no tuvo la opción”, cambiaron su perspectiva. Fue bueno.

Un dato curioso tras anotación del entrevistador. Don Ovidio González tenía un perro que lo acompañó siempre, días después de la decisión de la eutanasia, el perro murió de un cáncer en el mismo lugar de infección en el que lo tuvo su amo, su boca.

¿Cuáles son sus fuentes para inspirarse?

Yo sigo preguntándome lo mismo por lo siguiente. No me considero un artista pero podría decir que tengo el alma de uno vieja-guardia, es decir, del que estaría fracasado en este momento. Las cosas para mí surgen algo así como un amor a primera vista. Con esto, muchas veces he intentado hacer historias de las que pienso que pueden ser buenas y además los temas se prestan para ello y bueno, como yo vivo de la fotografía, esta es la que paga mis cuentas, entonces debo producir todo el tiempo y muchas veces me debo comprometer a hacer algo porque lo necesito para mi sostenimiento, y así debo buscar un quehacer en este campo, lo que le otorga una circunstancia de obligación y que a fin de cuentas no obtenga nada, así vaya dos veces al lugar en donde voy a hacer el trabajo, quedo iniciado.

Por otro lado, hay otras historias que con una mirada me empiezo a hacer preguntas, ¿será que es la persona? O por ejemplo, la historia de La Delfina que se llama “Luz Verónica y dos fusiles”, pues en esta se pierde un fusil del ejército y por el arma es que los empiezan a amedrentar, presionándolos, en una situación desde la que creo que el fusil se “desapareció por cuenta propia” para poder inculparlos y curiosamente después ser la bala de otro fusil la que asesina a Luz Verónica. Otra en donde leía una noticia y declaración del Gobernador de Risaralda acerca de la gasolina, al hacerlo pensé en ir y abordar el tema. Volviendo al caso, afirmo que hay una vaina como de encantamiento, algún tipo de conexión que no sabría explicar, por esto no tengo una estrategia o manera de encontrar los temas, en realidad con el paso del tiempo y este trabajo como herramienta, uno sabe que las historias deben tener una salida y seguramente a alguien le deben interesar, porque si las archivo solo en mi computadora las pongo en mi página web como muchas y creería que si voy a vivir de ello debo encontrar un plus para la historia.

 

¿Qué referente teórico, gráfico y/o académico ha tenido en el transcurso de su trabajo?

Realmente, he sido muy cambiante, entiendo que todo cambia y sufre una transformación y el problema puede residir en dejar de caminar, como decía mi abuela “Sobre el camino se equilibran las cargas”, en ese sentido, cuando yo empecé el primer referente que tuve fue Rodrigo Grajales, fue la primera persona que me presentaron, que manejaba una cámara y sabía hacer una foto. Doy gracias al destino que haya sido él, pues fácilmente pude haber ido a un instituto y pude aprender a manejar una cámara.

Aun así, Rodrigo nunca me enseñó a coger una,  pero me enseñó a ver, a mirar de una manera crítica y constructiva y conceptualizar la realidad, la técnica fue llegando con el tiempo y bueno sigue sin llegar del todo pero volviendo a Rodrigo, pienso que fue muy buen maestro porque sus fines como fotógrafo eran otros.

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Colección -libros de fotografía- Daido Moriyama

Después de esto, como cualquiera que empieza  a mirar figuras del tipo Cartier Bresson en la vieja guardia o, yo veía mucho a Steve McCurry, señor monstruo de la imagen, con el paso del tiempo, de la investigación, de la autocrítica nos empezamos a dar cuenta de que Steve MacCurry es un genio, en lo técnico, porque sus fotografías no pasan de ser fotos postales y las inquietudes para entonces son otras y bueno, entre tantos tengo como referencia a Daido Moriyama, quien me parece salido (refiriéndose a su sensibilidad estética) y pasa algo, usted empieza a estudiar, a avanzar y moverse, siempre como mirando muy de frente, porque Getty te dice que este es el fotógrafo y New York Times nos dice que es el otro.

Entonces, hay un momento en donde se desvía la mirada y se encuentran otros personajes como Antoine d’Agata, como Daido, como Paolo Pellegrin, o como Ricky Dávila, una cantidad de personajes. Acá en Colombia: Andrés Sierra y por los que siempre uno se pregunta ¿por qué estaban escondidos y no salen en el New York Times?  Y es simple, son fotógrafos que en un momento dejan de pensar banalidades de tener que responder a un público, o ser comerciales a través de un medio para, en definitiva, explorarse ellos mismos desde sus inquietudes y sus preferencias por otros autores. Recuerdo que en algún momento también lo fue James Nachtwey.

En fin, la tarea de avanzar está en encontrar diversidad de cosas durante nuestro trabajo como fotógrafos. Ahora, por ejemplo, me acoplo mucho con la fotografía latinoamericana, sobre todo la de Perú y Ecuador. Por ser países tan centrales, sin casi influencias del norte tuvieron que recurrir a la investigación introspectiva, propia por no obtener una información tan directa como nosotros y existen colectivos como SupayFotos, RunaFotos o Ivan Kashinsky que, aunque sea gringo, lleva muchos años viviendo en Ecuador  (otro monstruo), pero de una estética fotográfica que pareciera netamente latina; es decir, no es el instante decisivo de Cartier Bresson, no es el blanco y negro de Robert Capa y no es la Europa que nos venden, sino que es una vaina más local, más cumbia, más gaita y vallenato, así se siente ese tipo de fotografía, también por Misha Vallejo de Quito-Ecuador y se alarga la lista. Con Sofía me siento y le pregunto que cuál era el que me gustaba en ese entonces. Ahora la idea es seguir encontrando más.

 

Pregunta de reina, ¿cuál es el mensaje que les deja a las personas que empiezan en los caminos de capturar imágenes?

Desde la experiencia podría decir que no existe camino que se pueda repetir, porque todos los caminos son diferentes, porque a cada quien le llega las cosas de diferentes formas, unos más de malas que otros, algunos son genios y otros se esfuerzan, no hay camino alguno que se pueda repetir, por esto doy un ejemplo de cuando estaba empezando y le hacía esta misma pregunta a todo el mundo, buscando fotógrafos.

En algún momento le escribí a Manu Brabo, ganador del Pulitzer, para que me diera una luz y me respondía “loco, cada quien va encontrando un camino”, parafraseando a Panchuaga cuando me decía: “todos los caminos son válidos, lo importante es no quedarse quieto” y hablemos de Colombia desde Jesús Abad Colorado, fotógrafo que entró para estar en el momento crítico y tiene un archivo; Federico Ríos que es más de periodismo; Panchuaga, que es de la investigación y la academia o Santiago Forero que es desde lo introspectivo, desde el  trabajo propio en donde se refleja la exclusión desde la sociedad por tener una estatura baja.

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Historia de Falsos Positivos -Jesús Emilio-

Según estos ejemplos,  lo más evidente  es que existen una cantidad de caminos que determinan las decisiones de trabajar y meterle la ficha, aclarando que no soy amante de lo técnico por los pixeles que pueda tener una cámara, o que puede grabar en altas calidades o que tiene un lente (objetivo) muy eficaz, en realidad, me hablan en chino, porque la idea no me mata y seguramente no me van a ver con una cámara colgada alrededor del cuello y paseando un domingo en la calle, porque no soy así. Me gusta más la experiencia de viajar, conocer y hablar con la gente. Este camino puede ser incluso de no hacer fotografías por un mes, pero en ese tiempo se lee, se investiga y se reflexiona sin quedarse quieto, porque tan solo la historia filtra los sentimientos y especialmente me gusta la honestidad, fotografías sin pretensiones, como estos fotógrafos que solo los años y el tiempo los han llevado donde están. No hay que condicionar el trabajo a un premio o una publicación.

Personalmente me gustaría decir que sean autocríticos con su trabajo sin creer siempre que están haciendo lo mejor del mundo porque seguramente alguien más lo ha hecho. Tengo veintiocho y un amigo más tiene veintitrés y lo asesoran Magnum y New York Times. Entonces es deber aceptar que su trabajo siempre está en construcción, siempre será un primer trabajo.

Escuche la entrevista completa próximamente en la nueva emisora de TLCDLR