MARGARITA CALLE-1La imagen es contundente, habla desde el gesto, es directa. En ella aparece una mujer cubriendo su rostro con las manos.

Por: Margarita Calle

Más que el gesto de alguien que oculta su rostro, es la expresión de quien trata de contener su indignación, es el retrato de quién ha vivido el horror  en carne propia  y se niega a seguir padeciéndolo.

¡HORROR!, ese fue el encabezado con el que el periódico El Espectador nos presentó esta imagen en su portada del 9 de febrero de 2013. No se trató un titular cualquiera. No, más que una palabra, era una expresión cargada de visualidad, de resonancias y sentidos, añadida como un gesto más a la imagen desparramada en la portada. Un sumario de cuatro líneas nos situó en el contexto del drama: “La estela de muerte en Trujillo Valle, no cesa. A los más de 300 asesinatos cometidos entre 1987 y 1994, por los cuales el Estado colombiano fue condenado, se suma ahora el crimen de Alba Mery Chilito, una aguerrida luchadora contra la impunidad y el olvido y quien había sufrido la pérdida de su hija y su yerno. In memoriam.”, decía, invitando al desarrollo de la noticia en una página interior. Gracias a la información del pie de foto nos enteramos que esta es la imagen de Alba Mery Chilito Peñafiel, fotografiada por el artista de Pereira Rodrigo Grajales como parte de la obra “Las madres del silencio”; proyecto realizado en Trujillo en 2011.

Sabemos que las imágenes han sido claves para documentar los acontecimientos estéticos, políticos, históricos y sociales de diferentes contextos. Gracias a su capacidad para memoriar, se constituyen en un testimonio para dar cuenta de aspectos relevantes del acontecer diario. En el caso de la imagen que nos ocupa, esta condición es potente, pues en ella, más que la acción estética, lo que se condensa es el hecho político, atravesado por una actitud humana que ha contribuido a cuestionar de manera directa la indiferencia con la que muchos vivimos la tragedia cotidiana de la violencia.

Además de negarse a ceder ante las amenazas de los asesinos de su hija y su yerno, víctimas de la masacre de Trujillo hace más de 20 años, Alba Mery Chilito se negó durante mucho tiempo a ser fotografiada por Rodrigo Grajales. Tal vez por temor a enfrentar su propia condición de “matria” del dolor; tal vez por miedo a confrontarse con el rostro adusto que modeló la tragedia; no lo sabemos. Sin embargo, un día aceptó pararse frente a la cámara y con el recelo que la caracterizaba, atendió el guiño del fotógrafo y guardó su cara de los aniquiladores de la vida. Así, sus manos terminaron diciendo más que su rostro. Llenas de surcos, de cicatrices, de fuerza y tenacidad, se convirtieron en testimonio de la fortaleza y el sentimiento con el que las madres en este país enfrentan la barbarie, ante la indiferencia del Estado y la complacencia de un sistema político, en su mayoría, cómplice de los victimarios.

Alba Mery fue asesinada por la espalda el 7 de febrero de 2013. Además de Rodrigo Grajales, otros dos artistas de Pereira, Gabriel Posada y Yorlady Ruiz, fueron parte activa de los procesos que lideró en Trujillo, en su lucha contra la impunidad. A partir de acciones que involucran el arte, la estética, el performance, la escritura y la memoria este grupo de creativos ha logrado despejar un nuevo contexto afectivo que, sin duda, ha servido de impulso para la consolidación del Parque Monumento a la Vida y para animar las acciones de reparación que persigue la Asociación de Familiares y Víctimas de Trujillo (Afavit).