¿Será que la misma solución que hoy pretende aplicar Chile, resultado de las protestas y el extenso paro y movilización social que actualmente afronta ese país, es la misma salida que necesita Colombia?

 

Por / Miguel Ángel Rubio Ospina

Abro la columna con esta pregunta…

Daniel Quintero, alcalde electo de Medellín, quien ganara la contienda electoral el pasado 27 de octubre en la segunda ciudad más poblada del país; propuso en la pasada reunión citada por el presidente de la república Iván Duque con los alcaldes y gobernadores electos, para buscar una solución al paro, una Asamblea Nacional Constituyente como salida a las demandas que la sociedad colombiana expresa en el paro nacional.

Dicha propuesta, comentada en varios medios de comunicación, redes sociales y demás medios de comunicación del país, fue percibida por algunos sectores políticos de las extremas derecha e izquierda como oportunista, improcedente e innecesaria, además de poco reflexionada y no correspondiente al pliego de negociaciones llevado por los líderes del paro a la mesa de “conversaciones” con el presidente, los que en ningún momento han contemplado modificar la constitución del 91  o citar a una constituyente.

Frente a este tipo de propuestas, el país, la clase política reflexiva y seria, que es poca pero la hay, los partidos políticos de la oposición y los analistas políticos, y la academia, deben reflexionar un poco e hilar delgadito, como dice el argot popular, pues en otras no muy lejanas ocasiones, otros sectores políticos han propuesto la misma salida de una Asamblea Nacional Constituyente, para acomodar sus intereses o sus visiones ideológicas al ordenamiento y las normas de la nación.

El uribismo, meses atrás, este mismo año, como bancada mayoritaria en el congreso y estrenando presidente de la república y del senado, propuso una Constituyente o Referendo, para reformar la JEP (Jurisdicción Especial para la Paz);  siendo este, quizás, el logro más importante y que más debemos cuidar los colombianos que nos la hemos jugado en los últimos años por una salida negociada al conflicto, la paz como derecho, consagrado en la constitución de 1991, la misma que aún muchos docentes de sociales, historia y ciencias políticas desconocen, y que fue, gústele o no a la extrema derecha, producto de una salida negociada con el entonces M19.

Esa misma constitución que ha sufrido muchas reformas vía congreso, entre ellas el artículo que permitía la reelección presidencial y que tuvo por ocho años a Álvaro Uribe y a Juan Manuel Santos detentando el poder presidencialista en Colombia, con las consecuencias que ya todos conocemos.

En otra ocasión, fueron las FARC, hoy partido político, las que esgrimieron esta propuesta que en ese entonces fue presentada en una declaración pública durante las negociaciones de La Habana. En esta, las FARC, en cabeza de Iván Márquez, propusieron una Asamblea Nacional Constituyente, para garantizar las reformas agrarias y rurales que vendrían del acuerdo de paz y que buscaban también proteger lo acordado con el gobierno de Santos.

En otra reciente ocasión, las FARC, en pleno fragor de los diálogos, y el uribismo, como bancada legislativa en cabeza por supuesto del senador Álvaro Uribe, coincidieron ambos en proponer una asamblea nacional constituyente, los primeros  con los fines ya mencionados, y los segundos,  con la idea de arrebatarle al congreso de entonces, el estudio y aprobación del marco jurídico y acto legislativo para la paz, y entregar la decisión de analizar los acuerdos y aprobarlos a una asamblea nacional constituyente.

“Yo prefiero correr el riesgo de reformas a la Constitución a través de una constituyente de elección popular, que a través del pésimo antecedente de un Congreso que no fue elegido para eso”. Alvaro Uribe Vélez, citado en revista Semana 27 de octubre de 2015.

Gustavo Petro en la campaña presidencial del 2018 fue duramente atacado por sus opositores por proponer en primera vuelta una constituyente, como una de las propuestas centrales para realizar las reformas que el país requiere. En segunda vuelta, no dijo nada al respecto, buscando que sectores de Centro y el fajardismo votaran por él, mostrándose más moderado y guardando silencio a este respecto.

En consecuencia, en momentos donde la clase política, tanto de la derecha –uribismo–, el centro –como en el caso de Quintero– y la Izquierda –como las FARC y Petro–, han propuesto una asamblea nacional constituyente, de inmediato los espectros se polarizan en negar a todas luces la convocatoria a la misma, lo que podría ser un salto al vacío y facilitaría construir un régimen totalitario vía constitución tanto de extrema derecha como de extrema izquierda, esto, en un país, que no ha sido educado para respetar las leyes, que desconoce las virtudes de la actual constitución del 91 y que usa el concepto de estado de derecho como la vagamunda del paseo para justificar el accionar de la policía contra los civiles.

Tendemos a imitar a Chile en casi todas sus cosas, hemos imitado proyectos económicos, modelos de prestación de servicios etc., que han sido duramente criticados por la oposición en los últimos años. Extraña entonces que de esos mismos críticos parta una solución igual a la chilena para resolver el asunto colombiano, y que a la ligera se diga que el camino para resolverlo sea una constituyente, sin hacer el análisis de coyuntura, buscando protagonismos, y sobre todo, no entendiendo que el grueso de las soluciones que reclama hoy Colombia en las calles pasa ante todo por aplicar disciplinadamente la actual constitución, a la cual le falta aplicar la famosa frase del profesor Antanas  Mockus: Comuníquese, explíquese, compréndase y cúmplase, con esas cuatro palabras bastaría para comenzar a construir una verdadera nueva Colombia.

@rubio_miguel