Nunca hubo diagnóstico claro de su enfermedad, pues padecía diferentes síntomas extraños, hasta que examinaron la radiografía familiar, y se dieron cuenta que el problema de la distrofia muscular fue por factores hereditarios del lado materno.

Por: Jesús David Kelly Galindo

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Sergio Roberto Herrera Vargas nació en una familia humilde dentro del barrio Patio Bonito de la localidad de Kennedy el 8 de Agosto de 1986. Sus padres son Orlando Herrera y Judith Vargas, dos trabajadores humildes del sector quienes batallaron ante las dificultades y los problemas por darle la educación a su hijo.

Lucharon incansablemente por encontrar una institución educativa o colegio que le permitiera un desarrollo intelectual y óptimo a pesar de sus condiciones de salud y que le brindara todo el cariño que el muchacho se merecía, y con la ayuda del padre Camilo González, quien en ese momento era rector y amigo de la familia, lograron establecerlo en el Colegio Parroquial San José en 2002.

Su problema de salud inició cuando estudiaba en el colegio Emmanuel D’Alzón en 1994, cuando notaron que tuvo caídas estrepitosas y que no lograba ponerse en pie por los problemas de equilibrio.

Nunca hubo diagnóstico claro de su enfermedad, pues padecía diferentes síntomas extraños, hasta que examinaron la radiografía familiar, y se dieron cuenta que el problema de la distrofia muscular fue por factores hereditarios del lado materno

Buscaban que estudiara con el fin de que distrajera su mente y utilizara su tiempo libre en otras cosas más importantes que en su enfermedad, y en el Colegio Parroquial San José de Fontibón consiguió el apoyo de parte de la comunidad que le dio el mejor de los tratos durante toda su escolaridad.

“Perteneció a la coral del colegio, y su voz le motivó al director del grupo para nombrarlo como el líder, desde segundo a quinto de primaria, cautivando a la gente para escucharlo especialmente en las misas y eventos culturales”, dice Emmanuel Hernández, compañero de estudio.

Sus compañeros lo admiraban porque su sonrisa no demostraba dolor ni frustración y todo ese sufrimiento que lo aquejaba lo llevaba por dentro, nunca lloró delante de sus compañeros ni tuvo actos que demostraran un signo de compasión de parte de aquellos que lo rodeaban

Sergio siempre fue muy aplicado en sus estudios y sus buenas calificaciones lo destacaban por ser el estudiante más brillante, con lo cual se hizo notar sin importar sus limitaciones y se convirtió en el centro de atención de sus compañeros.

A los 14 años ganó el premio al mejor estudiante de cuarto de primaria, y a los 16 años entró al bachillerato a pesar de todas las dificultades de salud que presentó. Era un joven al que todo el mundo le dedicaba los goles en los campeonatos de colegio y en cada celebración se le daba un abrazo apretujante.

Era fanático del Club Deportivo Los Millonarios y siempre armaba un combo con los compañeros del curso para que lo llevaran al estadio a verlo jugar. Los del salón se hacían en la tribuna, y uno de los miembros de la barra Blue Rain muy amigo de él, que también era hincha de Millonarios.

Fue mi parcero desde que llegó al colegio hasta que falleció, siempre me contaba sus historias y temores, y compartíamos hasta los mejores secretos del alma, por eso lo quise, fue mi mejor amigo, comenta Andrés Algecira.

Hasta sus últimos días fue a estudiar, no tanto por aprender algo, pues en su conciencia sabía que iba a morir por esta enfermedad, sino por ver y saludar a sus compañeros, quienes cada rato pasaban por su casa, y cada 8 de agosto -fecha en la que cumplía años- se hacía una celebración por todo lo alto.

Su madre, Judith Vargas. cuenta que “era muy doloroso para nosotros el hecho de saber que nuestro hijo siempre quiso jugar fútbol al igual que sus amigos, y además el hecho de que en las clínicas no nos dieron esperanzas de su mejoría, dado que no se conoce el origen de una distrofia, pues solo saben que es hereditaria”.

Nunca tuvo impedimentos para sonreírle a la vida , ya que siempre intentó hacer lo mejor posible en el mundo. Falleció el 9 de septiembre de 2006, por causa de la distrofia, a los 20 años de edad, pero feliz de haber dejado el legado de vivir sin importar las adversidades que se presenten en la vida.