La vida de Santiago Londoño Londoño no es la excepción. Como un péndulo, se desplazó entre las exigencias de la vida pública y su carácter reservado, se movió entre sus deseos y la vida en una sociedad parroquial, también entre la militancia proletaria y las miradas escrutadores de aquellos que desconfiaban de un burgués. 

 

Por / Christian Camilo Galeano Benjumea

Pereira fue una ciudad rebelde en otros tiempos, aquí en los talleres de zapatería se hablaba de política todo el tiempo, había zapateros comunistas y anarcos, los obreros eran más combativos, me cuenta el tío César mientras el pasado incendia su memoria.

Dentro de estas conversaciones siempre terminamos por llegar al mismo punto, el olvido en que se tiene la figura de Santiago Londoño –médico, comunista, homosexual, filántropo y millonario– que murió en la década de los ochenta.

Ahora esta deuda parece estar zanjándose con las investigaciones que se han llevado a cabo desde la maestría en Historia de la U.T.P y el más reciente libro de Javier Amaya, Santiago Londoño Londoño, el hombre y la leyenda.

Algo es cierto, la contradicción es la rúbrica con la que firma el ser humano su paso por la existencia, en algunos casos, los trazos son firmes a pesar del papel maltrecho en que se plasman. La vida de Santiago Londoño Londoño no es la excepción. Como un péndulo, se desplazó entre las exigencias de la vida pública y su carácter reservado, se movió entre sus deseos y la vida en una sociedad parroquial, también entre la militancia proletaria y las miradas escrutadoras de aquellos que desconfiaban de un burgués.

Así, de las páginas del libro, las entrevistas y los artículos que se han basado en el médico comunista, su imagen se traslada de un lado a otro, se revela y oculta. En ocasiones parece que los relatos que de él tiene algún viejo comunista son más sólidos; es fácil caer en esta ilusión porque tanto en el registro oral como escrito, Santiago Londoño logra mantenerse en las sombras. Desde ese espacio su figura nos interroga y cautiva por la cantidad de matices que se alcanzan a entrever.

Santiago fue un hombre público, diputado de la asamblea departamental y dirigente comunista, pero un mal orador. Este comunista que carecía del carisma de los políticos que con sus discursos –cantos de sirena– cautivan a las masas, actuó en sentido inverso, es decir, a través de las acciones.

Sus ideas están plasmadas en el Bolívar Desnudo que contribuyó a dejar para la ciudad, sus deseos encarnaron en las personas que se vieron beneficiadas por sus donaciones al hospital San Jorge, su anhelo de transformar la sociedad se materializó en los aportes al arte y la cultura, al tiempo que se conjugaba todo a través de una férrea militancia política.

La ironía radica en que, a pesar de sus acciones, la silueta silenciosa de Santiago parece perderse entre el mar de políticos que ha tenido la ciudad y que nadie recuerda, y el olvido –casi intencional– de la sociedad pereirana de su vida y obra.

¿Millonario y comunista? Parece una contradicción teórica irresoluble, pero Santiago Londoño resolvió este problema en la práctica. Al entender la medicina como un factor social y no como un medio para agrandar su fortuna. Estudió y atendió a todo tipo personas, viajó en su avioneta a las selvas del Chocó para ayudar a esas poblaciones que aún hoy siguen teniendo un sistema de salud precario.

Despojó la figura de médico de los ropajes burgueses para vestirlo de obrero, de albañil, de trabajadora, no con el fin de humillarlo, sino de reintegrarlo al entramado social, para ser visto como un igual por las demás personas.

Como si fuera poco, este hombre fundamental para el Partido Comunista de la ciudad no cabía en el típico molde de dirigente revolucionario, barbado y varonil que cautiva mujeres. Este médico era abiertamente homosexual al interior de una sociedad mojigata y un partido ortodoxo, que suelen desconfiar de aquellas personas que no ocultan sus pasiones. Sin embargo, no deja de llamar la atención la forma de asumir su deseo, tanto político y sexual, a saber, sin tapujos, pero sin exhibicionismos.

De la militancia de Santiago Londoño en el PCC podría salir otro libro, con las historias que aún guardan en la memoria aquellos viejos comunistas que no han muerto. Con el libro de Amaya se comprende el compromiso del médico comunista al dejar su fortuna y bienes a cargo del partido de los obreros, pero al igual que sucedió con un edificio que regaló para el periódico Voz, su herencia se esfumaría de las manos de los comunistas.

Santiago Londoño fue un hombre que encarnó varias contradicciones, pero antes que nada fue un hombre coherente con sus pensamientos políticos y sus deseos. Este médico comunista interroga con su mirada a los ciudadanos de Pereira, invita a pensar los espacios políticos que hoy parecen clausurados, sus acciones obligan a analizar el papel de la cultura como agente social y no como un simple espectáculo. Al final de este viaje, solo queda la fotografía de portada del libro de Amaya, donde Santiago mira desde el pasado a los hombres y mujeres de Pereira, mientras guarda silencio.

Adenda: tanto del libro de Amaya, como del trabajo realizado por la Maestría de Historia, vinculan la figura de Santiago Londoño padre con la de su hijo comunista, porque este médico liberal con vínculos masónicos llegó a modernizar y traer un discurso científico a esa Pereira de principios de siglo XX. Quedan abiertas las puertas para ver esta otra figura, con la irrupción de esos nuevos discursos desde la medicina y entender cómo cambió la percepción de los cuerpos, de la política y de la vida en aquel momento. La vida de los Santiagos, padre e hijo, es una novela que empieza a ser leída.

Nota del Editor: más información aquí.

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