DIEGO FIRMIANO“El hombre es la cabeza del hogar. 

Sí.

Pero la mujer es el cuello que mueve esa cabeza”

Dicho popular

 

Por Diego Firmiano

Su nota “Voz Propia” me ha parecido clara, concisa y precisa. Admiro su aguda observación sobre la sociedad y su activismo a favor de la lucha por los derechos de la mujer, especialmente en nuestra ciudad, que no trata  la mujer a la altura de la dignidad que merece aunque seamos 52.2% de la población. Y me atrevo a escribir (no debatir), porque desde que leí su artículo no dejo de pensar en el por qué la mujer necesita un tipo de liberación en pleno siglo XXI.  ¿Libres para qué?, diría el filósofo Jean Paul Sartre. ¿O libres de qué?

La mujer nace libre y sin excusas en la ciudad de más rápido crecimiento económico de la región: Pereira.  No vivimos en la India o en Perú donde los padres emparentan a sus hijas a temprana edad. O en Pakistán, o Siria donde la mujer es supeditada a las creencias de sus maridos, incluso a tomar las armas en nombre de alá para defender la Sharia.  Vivimos en la Perla del Otún donde la mujer nace hermosa, en familia, que puede ir a la universidad, comprar en el shopping mall, ir a piscina, disfrutar de conciertos o simplemente asistir a una tertulia literaria en el centro cultural  Lucy Tejada. Todo esto, sola o acompañada, soltera, viuda o divorciada.

Me pregunto  el por qué en una sociedad tan capitalista como la nuestra se necesita ser libres de algo o de alguien. ¿No vota electoralmente la mujer? ¿No influye en su marido? ¿No es ella la que puede también acceder a cargos públicos? ¿No tenemos mujeres de renombre en Pereira como la escritora Alba Lucía Ángel o la pintora Lucy Tejada, eso, sin mencionar las mujeres en cargos políticas, empresarias, filósofas, etc? ¿Qué le impidió a ellas, o las impulsó para llegar hasta donde lo hicieron? ¿Los hombres? Imposible, como dice Vicente Fernández, en “Sublime mujer”, porque solo ella tiene la fórmula mágica y todo el poder de convertir al hombre en simple mendigo o señor también.

Es obvio que “el movimiento de los derechos femeninos” tiene otros móviles más cosmopolitas y obedece a tendencias globales como lo son abogar por el derecho a abortar, optar por el casamiento homosexual, buscar leyes que avalen la equidad salarial y, sobre todo, denunciar la violencia de género. Esto es bueno, y seguirán siendo causas que no solo debe defender la mujer, sino también el hombre sensible, espiritual y político.  Hay que parar el carro de la pacatería, y para esto se debe replantear y buscar renovar instituciones como el matrimonio, la cultura, la política, la publicidad, la religión. Si se lucha, se lucha contra la conciencia social, punto.

Ahora, ¿hay un estudio en Pereira que indique que las mujeres viven aprisionadas por sus maridos en lo laboral, sentimental y otros? Aunque son alarmante las cifras de los feminicidios, no lo es tanto el que una mujer se desarrolle al lado de una pareja, que entienda que el amor no es posesión, y que estar cómodas no es ningún mal en sí. La misma Betty Friedan, líder del movimiento feminista norteamericano, cansada de una buena vida, con hijos y abundancia de tiempo, escribió su ”mística de la feminidad”. Y lo redactó no como un libro, sino como un artículo para una revista que la rechazó y que a propósito, se llamaba originalmente “el malestar que no tenía nombre”.

Yo me pregunto: ¿creía Friedan en lo que escribió? ¿Se contradijo Simone de Beauvoir en su obra “Segundo sexo” al vivir tan carente de afecto, amor y deseo que consumaba con Sartre y otros amantes norteamericanos? Las mujeres no se pueden “alienar” al buscar derechos legales que ya tienen de manera subjetiva y concreta. Ortega y Gasset diría: Yo soy y yo y mi circunstancia.

El feminismo es interesante cuando denuncia y propone. Cuando no solo es teórico sino tambien práctico. Lo fundamental  de los “derechos femeninos” debe ser la esencia, y no la forma, ya que también las parejas homosexuales se propinan violencia de todo tipo.  Y no es que Pereira se vea invadida por una ola de “misoginia crónica” o que amemos los fragmentos de  Simónides de Amorgos, sino que la mujer tiene sus derechos intactos y la dignidad, hablandolo realmente, se la confieren ellas mismas. La misma Betty Friedan escribió:

Cuando logramos despojamos de las supercherías femeninas y empezamos a tomamos a nosotras mismas en serio, en los grupos  de “toma de conciencia” donde hablábamos de nuestra propia experiencia como mujeres tal como es, reconocimos posibilidades en nosotras mismas que no nos habíamos atrevido a nombrar hasta que las oímos en labios de otra. Lo personal es político, dijimos cuando empezamos a avanzar para romper las barreras que nos habían mantenido aisladas de la sociedad. En aquella época no teníamos modelos, porque nuestras madres y las mujeres que nos habían precedido no se habían enfrentado al camino que ahora se nos abría. Teníamos que ser los modelos unas de otras

Lo que da libertad a una mujer no son sus derechos, sino su conciencia, o “autociencia”. Nadie puede obligar a una mujer a hacer algo que no desea, a menos que ella lo consienta. La ley la representa y la protege. En Pereira tenemos un estigma social que no es fácil sacudirnos de él. En parte, por ese poder adquisitivo del dinero, que como presagio Jacques Rousseau, puede llegar a servir para esclavizar a otro, o no tenerlo puede hacer que alguien se esclavice para otros. La prostitución y toda forma de esclavitud tienen su génesis en esta idea.

Tratar a la mujer como un ser que “es” dependiente, o “no vive” según su necesidad de realización, es imaginarnos a inicios de la revolución industrial. En Pereira mismo hay más peluquerías que billares. Una cosa es que la violencia contra las mujeres en todas sus formas, física, psicológica y hasta mediática, sea una problemática que el gobierno recién le preste atención, y otra, pensar que la mujer necesita aprender a “ser”. Ella ya es.  Bien por esa campaña actual “Soy Pereirana”.