Luego de la reciente contienda electoral, que ha arrojado un lamentable retroceso de los movimientos de izquierda en Colombia, se me presentan varias reflexiones que deseo compartir.

Por Martín Rodas*

MARTÍN RODAS IZQY es que esta situación se parece a lo que sucede en una casa de citas, en donde la dignidad de los seres humanos se ofrece al mejor postor mediada por la supuesta tolerancia que convierte en circo perverso los distintos escenarios de la sociedad. Lo vimos en las pasadas elecciones. La mayoría de “actores” políticos a elegir en los puestos de representación popular y sus áulicos saliendo a las calles con sus maletas repletas de dinero para comprar votos, práctica que se ha incrementado en esta envejecida, resquebrajada y  mal llamada democracia. La primera de ellas, tiene que ver con la crisis de la democracia como institución de la modernidad, o más bien, apropiada por esta para el manejo de los poderes que desde Montesquieu se han denominado tripartitas (ejecutivo, legislativo y judicial). Este esquema considero que ha entrado en un agotamiento que se percibe en la misma inercia que lo mueve, por la antidinámica escondida en las aparentes acciones que emprenden los políticos para la administración de la “cosa pública”.

En este sentido, me quiero acercar a las márgenes del pensamiento de muchas personas que hoy en día le apuestan a otras maneras de hacer y participar en sociedad, más que políticos, como ciudadanos. Me refiero específicamente a los movimientos de jóvenes, mujeres, lgbt, indígenas, campesinos, artistas, etc., que proponen alternativas a la democracia tradicional y que retoman estrategias de nuestra propia y ancestral cultura latinoamericana. Estos grupos, que no son ni guerrilleros, ni milicias, más bien guerreros de la paz, van tejiendo redes por todo el mundo (porque también utilizan muy bien las redes sociales) y declaran que la democracia es una mentira. Plantean y viven en sus colectivos formas horizontales y directas de participación, en donde todos y todas tiene voz; en algunos casos denominan a esta participación y toma de decisiones como “asambleísticas”.

Esto que sucede desde las ciudadanías considero que podría denominarse como democracias radicales, diversas, inclusivas y no violentas, que se están convirtiendo en una posibilidad para quienes descreemos de lo que acontece en la política actual. Aquí viene a mi mente otra reflexión que surge de la vieja discusión dada por Platón en su República, cuando desterraba a la poesía de la concepción de política, porque era peligrosa dado su carácter difuso, huidizo y rebelde. Y encontramos que en estas nuevas maneras de ejercer la política, el arte y la poesía están presentes en la esencia misma de su quehacer. Es por esto paradójico que después de miles de años se hayan encontrado de nuevo la política y la poesía, como aliadas, amigas y cómplices en otros comportamientos social-ciudadanos contemporáneos que fusiono en una nueva, emergente e iluminadora palabra: “polética”, muy a pesar de nuestro querido Platón.

*   Poeta, anacronista, dibujante y pintor; editor de “ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)”.