El oído es un arma de doble filo que requiere de la individualidad para la música. El bárbaro entendió esto y organizó una banda en la cual él era el director y no le debía puntualidad a nadie.

CAMILO PELAEZPor: Camilo Peláez.

Ha algo a lo que yo llamo “un cierta condición de olvido”. Ésta quiere decir que “x” cosa o persona, más allá de no ser de dominio público, no tiene el reconocimiento que debería tener, en su gran mayoría por asuntos externos (mediáticos). Este tipo de condición ha acogido a diferente tipo de artistas, que son o fueron muchos más grandes -a nivel artístico-, que aquellos que figuran como grandes; sin decir que los que figuran así no lo sean, sólo que por una suerte de factores externos lograron la distinción pública.

Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez, más conocido en el mundo musical como Benny Moré o “el Bárbaro del ritmo”. De él es quien hablaremos como artista que pertenece a esa cierta condición de olvido. Pero no es un olvido absoluto, porque mientras alguien escuche una canción de él deja de ser olvidado y vive, así sea en esa única persona que lo escucha. Es un olvido comercial. Y con esto no quiero decir que el reconocimiento comercial haga de un artista algo grande -artísticamente hablando-, empero, lo deja relegado a un lugar donde se dificulta su conocimiento.

No entraré en la datación biográfica de El bárbaro, porque eso no es lo que nos interesa. Hablaré de su obra. “Benny” tenía una cualidad que pocos poseen, y mejor aún, con la que pocos nacen: oído. Bartolo integró mucho tiempo El trío Matamoros y su gran problema con Miguel Matamoros (director del trío) era su impuntualidad para los ensayos, y esto sería lo que le provocaría su salida del grupo. Pero don Miguel contaba con cierto tono risible que: “Benny no necesitaba de practicar una y otra vez una canción, él llegaba y sin escuchar la pista ya sabía cómo cantarla con sólo leer la letra”.

El oído es un arma de doble filo que requiere de la individualidad para la música. El bárbaro entendió esto y organizó una banda en la cual él era el director y no le debía puntualidad a nadie. No obstante, la grandeza de La banda gigante -porque así se llamaba-, radicaba en dos aspectos: su director (Benny) no sabía leer música en un pentagrama, pero sí sentirla -cosa que le falta a muchos académicos-. El segundo aspecto es que sus músicos debieron aprender a leer las señas que daba Bartolo para cambiar de un momento a otro el ritmo y los momentos musicales. Prueba de esto es en la canción Cómo fue. En el minuto uno con treinta y cuatro segundos cuando termina de cantar el estribillo, las trompetas van en una línea de ritmo, y ahí es cuando Benny se gira, mira a toda la banda y señala la última trompeta de la parte superior derecha y ésta se sale del ritmo y de los compases iniciando una improvisación preparada por Benny. Ése solo de trompeta dura treinta y seis segundos, en los cuales se nos muestra la grandeza de alguien que sin saber académicamente de música, desde el sentir de ésta podía hacer composiciones maravillosas.

fgfdg

Si bien Bartolo ya no tiene un reconocimiento como el que tuvo en su momento, dejó ése método con dos grande de la música Caribe como lo son: Celia Cruz y Daniel Santos. Éstos heredaron esa facultad de improvisación de El Bárbaro del ritmo. Al igual que Benny, ellos no requerían de repasar una canción repetidas ocasiones, leían la letra y ya sabían cómo cantarla. Se llegó a tal punto de grandeza, que ya no eran ellos quienes se acomodaban a los compases de la música, sino que la música se acoplaba a la voz de ellos.

Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez aún vive, pero no físicamente, vive de tres maneras. La primera es en sus canciones, que así sean pocos los que las escuchan se encargan de revivirlo; la segunda es en Celia, quien lo quizo mucho y al heredar su método hace una forma de réplica para que él, implícitamente viva; y la tercera es con Daniel, que haciendo lo mismo que Celia, le da la tercera vida a Benny. No sé si afortunadamente o por infortunio, él se ha quedado en esa cierta condición de olvido. Lo que sí sé es que él seguirá viviendo y gracias a dos grandes que pasaron por su academia.

 

 

(Continuará…