Paralelamente, gran cantidad de familias del pueblo Misak iniciaron a finales de la década de los años 80 y principios de los años 90 del siglo XX, un proceso migratorio muy fuerte hacia otros municipios del Cauca.

 

Por Fernando Dorado*

A partir de los años 60 del siglo XX, las comunidades indígenas del departamento del Cauca inician un proceso sostenido de “recuperación” de tierras y territorio. El encuentro entre terrajeros indios que trabajaban en las haciendas de terratenientes payaneses con las autoridades indígenas de resguardos que habían sobrevivido en el tiempo, fue creando las condiciones políticas, espirituales y organizativas para el fortalecimiento del movimiento indígena y el avance sobre el territorio caucano.

En 1971 se funda el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) y más adelante se organizan las Autoridades Indígenas del Suroccidente Colombiano (AISO) que le dio vida a AICO. Poco a poco los grandes terratenientes son desalojados de casi toda la cordillera central donde la curia y poderosas familias terratenientes payanesas tenían extensas propiedades. En muchas de esas haciendas existían aparceros campesinos de origen “yanacona” que se habían mestizado con población blanca o negra.

La concepción política que desarrollaban los principales dirigentes indígenas durante esa primera fase de la lucha indígena por territorio y en defensa de su cultura, tenía en cuenta que ellos se consideraban a la vez integrantes de la Nación colombiana (“somos colombianos”), eran parte de la clase campesina (“somos campesinos”) y a la vez defendían su territorio, cultura, lenguas, costumbres y autoridades propias (“somos indios”).[1]

Ello hizo que, en una primera etapa, que va desde los años 60 hasta principios de los años 90 del siglo pasado, los conflictos entre campesinos pobres y medios y las comunidades indígenas no fueran tan agudos o fuertes. Incluso, el pueblo misak (guambiano) tenía desde antes de la llegada de los españoles prácticas económicas y culturales que les permitían aprovechar los tres pisos térmicos (frío, medio, cálido), y por ello, después de haber saldado deudas territoriales con los terratenientes, fueron recuperando esas prácticas, compraban pequeñas fincas y explotaban parcelas temporalmente en esas diversas zonas, sin que ello significara mayores conflictos con las comunidades campesinas que se fueron asentando en el territorio.

Sin embargo, el crecimiento de la población indígena, la presión interna dentro de los resguardos por el acceso a las tierras más fértiles que son relativamente escasas, la política indigenista de ensanchar territorio en forma indiscriminada, el fortalecimiento del poder político indígena con la creación de las Entidades Territoriales Indígenas a partir de 1991, las dinámicas de identidad cultural que han surgido entre los pueblos y comunidades indias (misak, nasas, polindaras, totoroes, coconucos, jebalás, noviraos, etc.), han incentivado los conflictos con las comunidades campesinas que habitan zonas o fincas dentro de los resguardos o en zonas vecinas a los resguardos, dentro del territorio que los pueblos originarios consideran “territorios ancestrales”.

Además, la avalancha del río Páez ocurrida el 9 de junio de 1994 produjo fuertes impactos negativos en las comunidades indígenas del municipio de Páez. La avalancha arrasó con varios cultivos que se ubicaban en el perímetro del rio, en donde muchas familias habían establecido sus cultivos, sus parcelas y sus viviendas, por las buenas condiciones de fertilidad que encontraban en los pequeños valles formados al margen del río, o en cercanías a él. Tras este desastre, viviendas y centros poblados debieron ser reubicados.

Como consecuencia, el terremoto destruyó la capa vegetal en cerca de 50 mil hectáreas; se produjeron más de 2.000 desplazamientos de tierra que dieron lugar a represamientos y avalanchas en los ríos y todas las quebradas de la cuenca, se interrumpieron las vías de comunicación y se destruyeron puentes, casas y edificaciones institucionales, murieron o desaparecieron aproximadamente 1.000 personas y unas 1.100 familias indígenas y 500 mestizas se vieron obligadas a salir de sus territorios de origen debido a la enorme cantidad de amenazas que se agudizaban en la zona afectada.[2]

Territorialidad y movilidad del pueblo misak (guambianos) del Cauca. Fuente: Plan de Salvaguarda Misak, 2012 y bases de datos y cartográficas del Incoder, 2013.

Proceso de poblamiento de zonas campesinas por comunidades indígenas

Es así como se inicia un proceso de reubicación de comunidades indígenas afectadas por la avalancha del río Páez. La Corporación Nasa Kiwe inició en 1995 la reubicación de familias indígenas a través de la compra de predios en los municipios de Cajibío, Piendamó, Morales, Santander de Quilichao, zona campesina de Turminá en Inzá, zona campesina de Itaibe, Rio Chiquito, municipio de Páez, y en Algeciras, y otras zonas de los departamentos del Huila, Putumayo y Caquetá. La llegada de las familias indígenas a estos municipios generó una solidaridad colectiva por parte de las familias campesinas; juntas de acción comunal y alcaldías, pues había una sensibilidad social frente al desastre natural. En un primer momento las comunidades indígenas se asentaron en predios específicos que habían sido comprados por Nasa Kiwe y en muchos lugares se integraron a la dinámica de las comunidades campesinas en trabajos comunitarios, organizaciones productivas, etc.

Paralelamente, gran cantidad de familias del pueblo Misak iniciaron a finales de la década de los años 80 y principios de los años 90 del siglo XX, un proceso migratorio muy fuerte hacia otros municipios del Cauca. El primer asentamiento “guambiano” realizado en forma organizada se estableció en las faldas del cerro Munchique en el municipio de El Tambo en 1984, pero ya antes, muchas familias guambianas fueron adquiriendo fincas en forma individual en Santander de Quilichao, Caldono, Piendamó, Morales y otros municipios.

Posteriormente, ese proceso se ha fortalecido debido a que “las posibilidades de ampliación del resguardo de Guambía se volvieron cada vez más limitadas; la juventud es la más afectada por este fenómeno ya que el territorio y la tierra es el elemento fundamental de la cultura y de la conservación, persistencia y desarrollo del pueblo misak. En la actualidad, más del 50% de las tierras productivas son minifundios de 0 a 1 hectárea y de 1 a 5 hectáreas, dado que, de unos 2.945 predios existentes en el Resguardo de Guambía, 1.698 predios son minifundios de 1 a 5 hectáreas. De acuerdo con el Diagnóstico del Plan de Salvaguarda Misak (2012), la densidad poblacional de la gente Misak puede observarse claramente en casos como los de Pisitao, donde en una extensión que no supera las 200 hectáreas se agolpan 400 familias, o en el caso de Ovejas-Siberia donde 360 familias comparten 210 hectáreas.[3]

Superficie territorial de migración de los Resguardos de la población Misak en el Cauca. Fuente: Diagnóstico del Plan de Salvaguarda Misak (2012)

En este mapa se observa cómo ha avanzado ese proceso de migración de familias indígenas misak, hasta lograr constituir Cabildos Indígenas en varios municipios. Así en Piendamó está el Cabildo Pisitao y La María, en Morales el Cabildo San Antonio, en Cajibío el Cabildo Kurak Chak, en Caldono el Resguardo Bonanza, en Jambaló el Reasentamiento Monte Redondo, en Santander de Quilichao el Reasentamiento y Cabildo de Ovejas, y en El Tambo el reasentamiento Tambu.

En la zona sur del departamento también se observa un proceso migratorio de los pueblos yanaconas, pero no se ha estudiado ni se cuenta con estadísticas de ese proceso. Sin embargo, en municipios como La Vega, La Sierra, Sotará y San Sebastián, es evidente que las comunidades indígenas en forma paulatina han ido expandiendo su territorio hacia zonas campesinas, usando durante la década de los años 90 los recursos de la economía de la amapola y recursos propios de la actividad agropecuaria. Casos paradigmáticos fueron las compras de fincas cafeteras en el corregimiento de Altamira por parte de familias yanaconas. Ese proceso ha continuado sin que todavía se presenten grandes conflictos, pero la tendencia es a que las comunidades campesinas empiecen a reaccionar ante dicho proceso de ocupación territorial por parte de comunidades indígenas yanaconas.

*Aparte del libro El Cauca en su momento de cambio. Sociedad abigarrada, pueblos rebeldes y futuros posibles, publicado en 2017 por Fernando Dorado. Publicado con permiso del autor.

 

Fuentes

[1] CRIC. (1971) Cartilla N° 2.

[2] Pachón, Oliveros, Wiener. Citado por Oscar Fernando Cobo, Omaira Calvo Giraldo. Universidad del Cauca y Nariño. Articulo Los Hijos de la Avalancha. Recuperado de http://www.unicauca.edu.co/porik_an/imagenes_3noanteriores/No.12porikan/articulo5.pdf

[3]Universidad Javeriana. Centro de Estudios Interculturales. (2013) “Análisis de la posesión territorial y situaciones de tensión interétnica e intercultural en el departamento del Cauca”. Cali, Valle.