El Ingenio Risaralda quema anualmente 25.200 toneladas de caña de azúcar, de las cuales es liberado un 40% de  CO2, el equivalente a 10.080 toneladas de gas carbónico, que va dirigido directamente a la capa atmosférica y además, se extiende por varios kilómetros que hacen parte del entorno rural y urbano de La Virginia. En el mismo contexto ambiental, parte del área hídrica comprendida por el río Risaralda, es a su vez contaminada por las vertientes industriales de esta compañía y los suelos afectados por la incidencia nociva a nivel mineral, que puede generar la caña.

Por: Esteban Mejía Díaz   

El niño mira fijamente hacia abajo, siente cómo poco a poco el nerviosismo se empieza a evidenciar en su delgado cuerpo, mientras las rodillas le tiemblan y la duda empieza a reflejarse en la expresión de su rostro… no cualquiera se atrevería a desafiar 17 metros de altura al arrojarse como un clavadista olímpico, desde una frágil línea de cables que penden del punto más elevado en un puente considerado patrimonio histórico del municipio y donde transitan a diario gran número de turistas y pobladores de la región. El arriesgado pequeño, de nueve años, tiene la atención del público y en un arrebato inesperado se arroja sin meditar un segundo más. “Piquiña”, así le llaman.

Puente Bernardo Arango, La Virginia (entrada al municipio)

Tras su aterrizaje en el río Cauca resulta ileso y en la distancia, lo primero que observa en el horizonte apenas sale a flote, es un paisaje inspirador de guaduales y árboles ligeramente encorvados a lado y lado del río, un cielo de matices rojizos pero contaminado por un rastro predominante de humo que emana de las chimeneas del Ingenio, industria que a tan sólo medio kilómetro de distancia vierte sus desechos químicos en el río Risaralda, para luego desembocar en las aguas turbias del Cauca.

Hoy “Piquiña” tiene 19 años y una década después, el paisaje aún permanece “manchado” a raíz de las problemáticas ambientales que genera esta industria. Damián Steven Giraldo, su verdadero nombre, relata sus experiencias como balsero insignia de la comunidad. Pero de igual manera, reconoce la existencia de un problema de fondo que aún nadie ha denunciado.

El ingenio Risaralda es una empresa agroindustrial que se fundó en 1973 y en la actualidad cuenta entre su personal a 231 pobladores de La Virginia, el equivalente a casi el 50 por ciento del total de empleados, lo que convierte al Ingenio en la principal fuente de empleo de este municipio.

Esta proporción, evidencia un dato significativo en tanto, el Dane revela en su “Informe de coyuntura económica regional” de 2009, en relación a Pereira y el área metropolitana (La Virginia y Dosquebradas), que 1 de cada 21 habitantes se encuentra desempleado; al registrar un incremento del 6,6 por ciento con respecto al 2008, cifra que hasta el mes de octubre del presente año no había cambiado.

Una necesidad, un estilo de vida

En la rutina cotidiana de un balsero de La Virginia, la vida depende de realizar viajes en canoa día a día para entretener a los turistas, recoger arena en las orillas del río Cauca para luego venderla como material de construcción y en la misma línea de trabajo informal, está el arrojarse desde el puente Bernardo Arango como medio lucrativo de espectáculo, para aquellos curiosos que por menos de 15 mil pesos desean ver arriesgar la vida de pequeños aprendices y balseros experimentados haciendo todo tipo de acrobacias, que van desde clavar de los soportes de hierro menos elevados del puente hasta arrojarse de espaldas en la punta de las vigas colgantes más altas.

Damián Steven Giraldo (parte inferior de la imagen) y Reinel Alzate; Alias “Piquiña” y “El manco”, respectivamente. (Río Cauca – balseros de la región)

El panorama se torna oscuro, según Damián Steven, que vive a tan sólo tres metros del río Cauca, en una pequeña vivienda ubicada en un montículo de tierra; cuando se ven forzados a aceptar como parte de su labor habitual el recoger muertos provenientes del torrente caucano, a partir del punto donde desembocan los ríos Cauca y Risaralda. Deben identificarlos de acuerdo a rasgos físicos o la ropa que llevaban puesta, la última vez que fueron vistos. En muchos casos, guiados por las mismas indicaciones de sus familiares, quienes ofrecen recompensas por el hallazgo de los cuerpos.

“Firma, eso uno de tanto ver muertos flotando… hasta se acostumbra”, comenta con resignación el balsero; quien expresa además, que la irresponsabilidad por parte de la gobernación municipal, se ve reflejada en el deterioro ambiental de ambos ríos. 

Una reveladora travesía fluvial

“El cliente tiene la posibilidad de escoger entre un travesía completa por el Cauca o un breve recorrido por nuestro río municipal, el Risaralda”, manifiesta Reinel Alzate, alias “El manco”, llamado así por la notable resistencia muscular de su brazo derecho; quien además, es el compañero de peripecias de “Piquiña”.

Ambos concuerdan que el trayecto por el río Risaralda, es el de su menor agrado, pues deben soportar la contaminación hídrica y visual, evidenciada en la cantidad de desechos arrojados allí, aparte de la coloración grisácea del tramo final que se origina en los conductos de desecho del Ingenio, ubicados en el lado izquierdo de la orilla del río.

Vertimientos químicos del Ingenio Risaralda, La Virginia (Río Risaralda)

Cuando se elige la opción más corta, y se realiza un viaje por la ruta fluvial del Risaralda que varía entre 40 minutos y 1 hora en balsa, en el lugar donde se encuentran los vertimientos industriales de este emporio, se percibe un hedor inusual, al momento de acercarse al sitioEl agua posee una temperatura más elevada en comparación al tramo anterior y se evidencia también, durante el viaje a 300 metros de distancia de su desembocadura en el Cauca, el humo que despiden las chimeneas del Ingenio Risaralda; asimismo se puede apreciar  la pavesa (residuos de carbono) producida por la quema de las extensas plantaciones de cultivo destinadas a este producto agrícola.

La dinámica productiva de la industria azucarera

Pese a la intención ambiental por establecer leyes que prohíban la quema masiva de la caña de azúcar en el Valle del Cauca y el Eje Cafetero; diversas organizaciones ecológicas que trabajan en busca de la conservación del ecosistema, en este caso, por preservar el equilibrio de los componentes químicos del frágil manto atmosférico, han visto obstaculizados sus esfuerzos  por la intrascendente intervención del gobierno, encargado de pautar la reglamentación ambiental que deben cumplir los ingenios del país, quienes exponen argumentos sobre el  adecuado cumplimiento de las normas y el respaldo brindado por organismos de control ambiental como: la Carder, la CVC y Corpocaldas.

Punto de confluencia, ríos Cauca y Risaralda – La Virginia (recorrido fluvial)

El sector azucarero colombiano se encuentra ubicado en el valle geográfico del río Cauca, que abarca 47 municipios desde el norte del departamento del Cauca, la franja central del Valle del Cauca, hasta el sur del departamento de Risaralda.

Asocaña (asociación de cultivadores de caña) expone que, de acuerdo a la situación actual del sector azucarero, en esta región existen 208.254 hectáreas sembradas en caña de azúcar, que ocupan poco menos del 50 por ciento del área total sembrada en el territorio.

De esta proporción, el 24 por ciento corresponde a tierras propias de los ingenios y el 76 por ciento restante a más de 1.700 cultivadores de caña, que abastecen a los 13 ingenios de la región. Desde 2005, cinco de los trece ingenios poseen destilerías anexas para la producción de etanol, entre ellos el Risaralda.

Este importante incremento de la producción agrícola, que en Colombia tuvo su origen en la década de los años 70 fue llamado “La Revolución Verde” y representa un fenómeno que incentivó la creación de una política agrícola basada en la utilización de fertilizantes y plaguicidas, que en el presente está cuestionada por su efecto desfavorable en los recursos naturales renovables según distintas entidades ambientales del país.

Campos de cultivo de caña azucarera – La Virginia (Terreno aledaño al Ingenio Risaralda)

El terreno cultivado por el Ingenio es de 25.818,5 hectáreas, de las cuales de 14.600 son alquiladas a empresarios y agricultores independientes.

De acuerdo con Miguel Flórez, funcionario de planta en el área de producción del Ingenio Risaralda, algunas de las campañas “verdes” por parte de esta empresa promueven el control biológico y cultural de plagas y enfermedades; la reforestación de las riberas de los ríos en su área de influencia; el almacenamiento y disposición de envases y empaques  agroquímicos (convenio Andi – Asocaña); y el aprovechamiento de residuos sólidos para la conservación físico- química de los suelos, entre otras estrategias preventivas.

 En la actualidad el Grupo Económico Ardila Lülle es propietario del ingenio del Cauca, Incauca, posee el 52 por ciento de Providencia y por lo menos 35 por ciento del Ingenio Risaralda, principales ingenios en la producción de etanol. Estos tres ingenios concentran la producción del etanol colombiano en un 65 por ciento, a partir de la explotación de caña azucarera, en tanto Manuelita produce el 20 por ciento y Mayagüez el 15 por ciento restante. De este modo, lo exponen en su tesis académica el docente universitario Mario Alejandro Pérez y la politóloga Paula Álvarez Roa.

Carlos Ardila Lülle, también es dueño de RCN y Postobón. Foto tomada de: Revista Portafolio.

En los ingenios colombianos, el promedio diario por trabajador es de 8 a 10 toneladas en el proceso de quema de la caña, a pesar de las condiciones poco favorables del clima en épocas de invierno. “Es una tarifa casi invariable”, expresa Hernando Betancur, antiguo asistente de proveedores de caña azucarera en la industria Ríopaila, al exponer la necesidad de pautar una técnica organizada para facilitar la transformación del producto.

Respecto al enfoque ambiental, por lo general, en las industrias de caña se exige el planteamiento de costos y planes de negocios a la hora de proponer un proyecto ecológico, “lo más usual es que los directivos pregunten… cuánto me vale y en qué medida me retribuye a la empresa”, manifiesta Gustavo Marín, coordinador ambiental del Ingenio Risaralda.

Preservando la imagen pública

En Colombia, la producción de etanol  y un compuesto químico denominado vinaza en el proceso de transformación fabril de la caña, representa el mayor riesgo potencial que puede alterar a nivel de suelos y recursos hídricos el contexto ambientalEn ambos aspectos, el daño ecológico más representativo a raíz de la erosión, se genera como consecuencia de la naturaleza contaminante de la vinaza, ya que es un elemento que carece de oxígeno y lo absorbe tanto de fuentes hídricas como subterráneas deteriorando su composición mineral.

“Es un producto que debe ser tratado con cuidado para evitar repercusiones negativas en el aspecto ambiental”, manifiesta Germán Villegas, un agricultor asociado con el ingenio vallecaucano Ríopaila, que emplea 1.276 hectáreas de sus tierras para el cultivo exclusivo de la caña,  después de aclarar que a pesar de lo que se considera popularmente sobre los compuestos químicos extraídos de la caña de azúcar, es este en particular el que ocasiona un mayor deterioro ecológico.

Sin embargo, en el Ingenio Risaralda la vinaza es extraída como un compuesto químico secundario, para luego dirigirse a tanques de oxidación y de forma alternativa convertirlo en abono. Posteriormente, se efectúan experimentos químicos a partir de los residuos obtenidos, con el propósito de producir alimentos ricos en kilo-calorías para el ganado. El objetivo de este proceso va dirigido al manejo y aprovechamiento de las sustancias desechadas, explica el funcionario Flórez.

Corteros de Caña, interior – Ingenio Risaralda (La Virginia)

La utilización posterior del agua tratada durante proceso industrial, para el riego del terreno, también se orienta al propósito de reutilización de los desechos fabriles, luego de culminar el proceso de transformación de la caña como producto comercial.

Particularmente, el Ingenio Risaralda deshidrata la vinaza en plantas industriales especializadas para evitar el nivel de contaminación en fuentes hídricas cercanas a la empresa, asegurando ser la única en seguir este tipo de procedimiento, para no arrojar el compuesto en depósitos de agua.

Las actividades agroindustriales como el procesamiento de la caña de azúcar, además de servicios derivados de este proceso como lo son el transporte, el corte y el alce de este producto, son algunas de las posibilidades de empleo más frecuentes. Por esta razón, este ingenio azucarero representa una de las pocas ofertas laborales para muchos pobladores de la Virginia, territorio actualmente ocupado por 34.177 habitantes.

“Es que es muy sencillo firmita, acá no es que haya muchas oportunidades de trabajo de donde escoger, uno se la tiene que rebuscar día a día… haciendo lo que resulte niño, por eso yo me apunto pa´ las que sea con tal de llevar algo de comer a la casa”, expresa “Piquiña”, al brindar su punto de vista acerca de la situación laboral en el municipio.

La otra cara del “negocio”

Durante la quema de caña, si no se sigue un control ecológico adecuado, se puede generar contaminación a nivel de aire, suelos y fuentes hídricas.

Hernando Betancur, quien además es ingeniero agrónomo revela que hace 25 años la repercusión ambiental en los dos últimos aspectos, alcanzó un nivel preocupante, refiriéndose específicamente a la acción contaminante en el río Cauca, por parte del gremio azucarero, a raíz de la eliminación nociva de lodos y vinaza.

El “incidente” ambiental ocurrió 12 años después de la fundación del Ingenio Risaralda, que inauguró su planta industrial a los 5 años de concluir el montaje de la fábrica y establecerse formalmente como empresa, viéndose involucrado en la misma medida que los demás ingenios “vecinos del Cauca”.

La vinaza posee un elevado índice de potasio (K) y por tal motivo, consume gran cantidad de oxígeno (O).  Por otra parte, en relación al manejo de lodos, en el momento de mezclarse con agua, afecta la vida biológica que existe en los ríos donde anteriormente, eran arrojados.

“Fue una época donde todos, éramos bastante inconscientes con respecto a las consecuencias negativas, que podía traer este delicado proceso”, manifiesta Betancur.

La caña de azúcar pertenece a una cadena de plantas denominadas C4, es decir, que poseen una cualidad química para absorber carbono de la atmósfera, aminoácidos y proteínas.

A causa del cultivo masivo de caña, la cantidad de CO2 producido puede intensificar el efecto invernadero, en un porcentaje menor. Como segundo factor perjudicial, se encuentra el empobrecimiento de los nutrientes del suelo, conocido como erosión.

En la región del Valle, lo más común es que los plaguicidas, los herbicidas y los madurantes, propagados por las grandes industrias cañeras destruyan los cultivos aledaños, refiere Maritza Virgen, ingeniera ambiental. “Sin embargo, los ingenios le pagan el cultivo al pequeño empresario afectado y por ese motivo, nunca se hace público”, opina posteriormente.

Además, depende en gran medida, de la naturaleza química del tipo de compuestos que puedan ser esparcidos en los suelos. “En nuestro país por ejemplo, resulta más económico pagar por contaminar que tratar de evitar la contaminación”, puntualiza la ingeniera ambiental.

La quema de la caña de azúcar previa a su cosecha, hace que persistan por algún tiempo el humo y los desechos sólidos que produce, quedando en suspensión en el aire hasta disiparse. Genera a su vez un impacto ambiental, tanto para la calidad del aire que se ve contaminado por el humo, como de las aguas en donde que caen las cenizas.

“La pavesa ya es otra historia, pues causa enfermedades a nivel ocular como irritación, conjuntivitis y también en vías respiratorias. Aunque aclaro, una pavesa es muy grande para ser respirada, la afección se causa una vez esta es sometida al tránsito vehicular, el manejo de la escoba en los espacios contaminados… entre otras actividades”. Concluye la ingeniera Virgen.

La polémica ante las quejas de la población en La Virginia, afectada por la contaminación ambiental, ocasionada por el sistema de quema que se utiliza en la actualidad, concierne en el área gubernamental a la Comisión del Ministerio del Medio Ambiente. De igual forma, esta situación ha sido denunciada a nivel regional por entidades como la ONG, “Procultivo Caña Verde”, que es financiada por otras ONG internacionales.

Ducto de los desechos municipales de La Virginia

“Si la afección en las vías respiratorias causada por el CO2 persiste, puede llegar incluso a producir hipoxia, es decir, la disminución del nivel de oxígeno en la sangre y los tejidos del cuerpo”, explica el neumólogo Hugo Sánchez.

El Ingenio Risaralda,  saturado de quejas y demandas, por parte de una fracción de la comunidad municipal que ha mostrado su descontento por la ceniza que produce la quema de caña, propone que la única manera de suprimir está práctica es cortar la caña con máquina. Frente al planteamiento por tecnificar el proceso, se estima que entre 700 y 800 corteros se podrían quedar sin trabajo, si se llegara a concretar la propuesta.

El director del Ingenio, Cesar Augusto Arango, dijo que esta determinación está motivada por varios factores, pero el principal es el de frenar el tren de demandas y acciones populares que les ha impuesto este sector de la comunidad.

En el aspecto laboral, la Asociación de Corteros de Caña de Azúcar, también expuso su inconformidad, al denunciar de acuerdo a su criterio, las precarias condiciones de trabajo que ofrece la industria azucarera; cuando en septiembre 15 de 2008, realizó uno de los paros nacionales de mayor resonancia en este campo.Pese a que inicialmente, se prestó poca atención al hecho, hasta no verse afectada la producción de etanol y disminuirse para la mezcla de gasolina que se comercializaba en el país, no se pronosticó a tiempo el considerable aumento que alcanzó en su precio de venta al público.

Posteriormente, tras una manifestación que contó con la presencia de 18.000 corteros, quienes exigieron a través de su sindicato nacional (Sinalcorteros), establecer garantías para la contratación directa, la estabilidad laboral y las negociaciones colectivas, en busca de equiparar las posibilidades para los trabajadores que en la actualidad, entregan su fuerza de trabajo en los campos azucareros sin un contrato de trabajo.

El Grupo de Cultivadores de Caña de Azúcar – Grucaña, conformado por empresarios de esta industria, aún se aferra al sistema de las quemas de caña, objetando que hay otros factores contaminantes que son los que producen mayores consecuencias ambientales y es a ese tipo de compañías son las que deben ser educadas y desde luego, sancionadas. Aseguran además, que es una tarea que provee de empleo a la gente de la región.

En el pasado, el Ingenio Risaralda ha sido sancionado por la práctica de este procedimiento e investigado por pactar de manera acordada los precios de la caña producida en la zona del valle del río Cauca, destinado a la producción de azúcar durante los años 2005 a 2007.

Fábrica industrial, interior – Ingenio Risaralda

El Ingenio Risaralda reportó ganancias por un valor de 17 mil 743 millones de pesos tan sólo en 2009, cifra que comparada con el 2008, corresponde a un incremento del 41,2 por ciento y representa 8 veces el presupuesto ambiental que emplea La Virginia por año.

En busca de un cambio ambiental

En el presente, existen alternativas viables para resarcir significativamente el daño causado en el pasado en relación a los suelos, por medio de la utilización del abono en los terrenos de cultivo de caña  azucarera, ya que permite mejorar la estructura del suelo. La cachaza por ejemplo, es una materia orgánica que posee PH neutro no contaminante y es utilizada como abono para cultivos.

La caña también produce biomasa, que a su vez genera un tipo de energía renovable procedente del aprovechamiento de la materia orgánica e inorgánica y puede ser empleado para la creación de fuentes de oxígeno para el medio ambiente.

También se ha considerado la opción de sustituir la quema de caña por máquinas que realicen la limpieza y corte de la hoja. Sin embargo, en cuanto al tema social, se incrementaría el nivel de desempleo en el municipio, acarreando problemas secundarios con respecto al aspecto socio- económico de la región.

El ingenio pretende desarrollar en los años próximos, un estudio de las consecuencias de la quema de caña que posee un 25 millones de pesos para determinar la calidad de aire presente en La Virginia. Asimismo planean determinar la incidencia de este procedimiento en el deterioro de las aguas de los Ríos Cauca y Risaralda. Las mismas aguas donde “Piquiña” día tras día continúa realizado su labor como balsero, ya sea remando, en los días que presta el motor de su pequeño bote a compañeros de oficio y amigos, o dando una lección de clavado a su grupo de aprendices, en la cima del puente municipal.

Mientras espera confiado, en que el paisaje que ha observado desde su niñez empiece a recuperar la esencia natural y limpia que nunca lo ha caracterizado, por medio de la intervención de los mismos causantes del problema, quienes presionados por el surgimiento de nuevas leyes ambientales, han empezado a tomar acciones al respecto. Tras un letargo de conciencia, reflejado en la imagen que aún conservan los pobladores de La Virginia, sobre el rastro contaminante de esta compañía agro – industrial.

Etanol, un arma de doble filo

El etanol es un tipo de alcohol, cuyo interés no iría más allá si no fuese porque se ha propuesto como combustible alternativo. Se obtiene a partir de algunos vegetales, como el maíz o la caña de azúcar.

“Llenar el tanque de un automóvil de 25 galones con bio – etanol, necesita de una cantidad de granos suficiente para alimentar a una persona durante un año. Para llenar ese tanque por dos semanas, se podrían alimentar a 26 personas anualmente”, asegura Lester Brown, director del Instituto de Políticas de la Tierra de la Universidad de Columbia. Asimismo plantea que, ante la voracidad energética existente en el mundo, los biocombustibles acentuarán las dificultades generadas por los monocultivos de soya, palma aceitera y caña, sin resolver la problemática ambiental.

El Ingenio produce diariamente 100 litros de etanol durante 320 días del año, lo que significa  una  producción anual de 32.000 toneladas de alcohol carburante, como también se le conoce.