¿Qué pasa detrás del fracking? Crece el debate en el país por el uso de esta técnica usada para extraer petróleo. Para muchos, un atentado contra los recursos del subsuelo, en particular el agua.

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Así se ve la quebrada San Jorge: solo pequeños charcos aislados; antes era rica en corriente hídrica.

 

Por: Angie Salazar y Federico Ramírez

Caminar por tierra seca que parece que hierve, incluso a las seis de la tarde, no es agradable, de hecho es casi desesperante. Las comunidades que viven en este tipo de lugares han tenido que adaptarse a las dificultades que la temperatura trae consigo; como Guacirco, un corregimiento de Neiva, Huila, que hasta hace poco era rodeado por la quebrada San Jorge, la cual en un punto de su recorrido empezaba a ser parte del río Las Ceibas (principal fuente hídrica de Neiva). Hoy su afluente se redujo a piedras y arena; su vegetación es árida y la poca agua que posee se encuentra estancada en pequeños charcos. La quebrada, que era necesaria para los habitantes de Guacirco y otros corregimientos vecinos, está completamente seca.

Quebrada San Jorge, Foto por: Angie Salazar.

Quebrada San Jorge, Foto por: Angie Salazar.

Esta crisis ambiental se genera debido a la utilización de agua para la alta producción petrolera que tiene la región, ya que para realizar la actividad son necesarias diferentes cantidades de agua que son suministradas por parte de este tipo de quebradas.

La sed de petróleo requiere de medidas desesperadas para calmarla, lo cual es preocupante para un país con gran necesidad de ingresar en el mercado mundial, como Colombia.

Pero, entonces, ¿qué pasa en un país donde sus reservas de hidrocarburos no dan abasto para las necesidades económicas que se deben suplir?

Estados Unidos pasó de ser un gran importador de petróleo, a un exportador potencial, gracias a nuevas técnicas de explotación como el fracturamiento hidráulico o fracking  (por su término en inglés), lo que generó que los precios internacionales del recurso cayeran.

En este momento Colombia está a la expectativa de la implementación de estas nuevas tecnologías en medio de un gran debate que se divide en tres términos: ambiental, ya que la técnica es una potencial amenaza; económico, pues podría ser conveniente para el país, y social, por las implicaciones de esta técnica en las comunidades.

Infografía realizada por: Angie Salazar

Infografía: Angie Salazar

Fracking en Colombia

“Pero hay una cosa que sí está clara, es una tecnología de alto riesgo en cuanto a su impacto ambiental”, dice el senador Jorge Enrique Robledo.

“Pero hay una cosa que sí está clara, es una tecnología de alto riesgo en cuanto a su impacto ambiental”, dice el senador Jorge Enrique Robledo.

El fracking es una técnica no convencional que consiste en la inyección de agua con arena (un lodo especial) y productos químicos a presión, con el objetivo de generar fracturas en el terreno que condensa el gas o el petróleo, lo cual genera así su salida hacia la superficie.

Después de casi dos años de especulaciones y suposiciones respecto al tema, Juan Carlos Echeverry, presidente de Ecopetrol, confirmó en una entrevista con Maria Isabel Rueda (publicada por El Tiempo en la edición del 13 de abril del 2015), que esta polémica técnica se realizará en el país.

Pero, ¿realmente el país está preparado para esto?

El senador del Polo Democrático Alternativo, Jorge Enrique Robledo argumenta que, aunque el fracking sea una tecnología que se puede aplicar en muchos sitios (como en Estados Unidos) y que haya funcionado, no significa que en otros lugares aplique de la misma manera.

Los yacimientos de tipo convencional a los que se refiere el Senador Robledo son aquellos que pueden desarrollarse mediante pozos verticales con técnicas tradicionales de extracción. Mientras que los no convencionales son formaciones de roca que contienen hidrocarburos en unas condiciones geológicas que no permiten el movimiento del fluido, esto según la Asociación Colombiana de Petróleo (ACP).

Impactos ambientales

El fracking, por más beneficioso que pueda ser económicamente, trae consigo diferentes problemas que afectan de manera directa el medio ambiente, como todo en la industria petrolera; la diferencia es que sus impactos son de mayor magnitud, y para un país donde la extracción de recursos carece de la adecuada supervisión, es preocupante.

Entre los problemas ambientales más destacados y que generan debate entre ambientalistas y expertos, se encuentran tres: contaminación de acuíferos subterráneos, uso de grandes cantidades de agua para la inyección a presión y la impotabilidad resultante del agua usada con esta técnica.

Acuíferos intoxicados

Juan Pablo Malagón es un investigador de la Universidad Nacional de Colombia, experto en el tema, y afirma que en un estudio realizado en Pensilvania y Texas, se monitorearon todas las fuentes de agua subterránea (pozos, aljibes y/o manantiales) a un kilómetro a la redonda de la zona de fracking; en este se demostró que, en esas aguas, se encontraban altos niveles de hidrocarburos alifáticos (metano, etano, propano y butano) que son la composición del gas; lo que quiere decir que sí hay canales de contaminación entre los aditivos usados en la producción y el agua subterránea. En algún punto esa agua, al seguir su ciclo natural, llegará a la superficie y será (probablemente) consumida por la población. Esto implica que los pozos deben hacerse con precaución para que este tipo de fallas no ocurran.

Agua por montones

La fracturación hidráulica requiere de grandes cantidades de litros cúbicos de agua, y según la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), la cifra depende del tamaño del pozo y de diferentes factores.

Pozo de agua de Aguacirco.

Pozo de agua en Guacirco, Neiva.

 

En el reporte entregado por la WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza) en 2012 sobre la Huella Hídrica mundial, Colombia clasificó como el séptimo país en disponibilidad de recursos hídricos por kilómetro cúbico; sin embargo el mismo año fue presentado por parte del programa de las Naciones Unidas por el Desarrollo en Colombia (PNUD), el informe mundial del agua en el cual se explica que la demanda de agua procede básicamente de cuatro actividades: la agricultura, la producción de energía, los usos industriales y el consumo humano; en la cual se proyecta una gran disminución del recurso por los mismos factores.

Para expertos como el ingeniero Jesús Ignacio Herrera, que hace parte del Grupo de Estudios e Investigaciones Socioculturales y Ambientales (GEISA), lo que generará la técnica será un incremento precipitado del consumo de agua lo cual conlleva a que los impactos sean evidentes en menor tiempo.

La cantidad de consumo de agua por parte de las extracciones convencionales es de 0,25% anualmente y se estima que las no convencionales generarían un 0,35% según el informe de Necesidades del recurso de la revista Portafolio. Pero la ANH asegura que, en el caso del fracking, al realizarse la inyección una vez, el uso de agua no es excesivo si se compara con lo sucedido para yacimientos convencionales.

Flowback: agua que ‘no volverá’

Hay una pregunta que ni siquiera en Estados Unidos han logrado descifrar y es: ¿qué pasa después con el agua que fue inyectada con químicos en el pozo?

“Es más caro tratar el agua que producir un barril”: Juan Pablo Malagón.

Lo cierto es que desde que se inyectan los aditivos el agua cambia sus componentes y son dos los factores que problematizan la situación: el primero es que parte del agua contaminada se quedará en el yacimiento, pudiendo contaminar acuíferos que se encuentren cerca. Y el segundo (y más polémico) es sobre el agua que sale a superficie, pues al momento de regresar puede traer otros componentes como materiales radiactivos de origen natural o más conocidos como NORM (por sus siglas en inglés). Esa agua no puede tener ningún tipo de contacto humano, tampoco se puede almacenar al aire libre. Esas aguas deberán ir directamente a ser almacenadas en un equipo hermético. Para descontaminar el agua se puede recurrir bien sea a la aspersión o a la reinyección.

Infografía: Angie

Infografía: Angie Salazar.

Reinando Gélvez, ingeniero contratista de la ANH, dice que al hacer la reinyección a una gran profundidad, esa agua radiactiva no podría salir a la superficie y no generaría contaminación externa; pero para el hidroquímico Víctor Trujillo la reinyección (que, según él, ya se ha utilizado en otros momentos con la Planta de inyección de Agua -PIA- en Neiva), cambiaría completamente el ciclo natural del agua pues al confinar el agua se generarían grandes pérdidas del recurso. Es por ello que las localidades aledañas a Neiva se encuentran en desabastecimiento.

¿Tabla de salvación para la economía?

La ANH estima que en Shale Gas las reservas del país son altas y puede ser una gran oportunidad para incrementar la relación reservas-producción que, actualmente, está en 7 años. Si se aprueba el fracking se podría asegurar el autoabastecimiento energético para el país, consolidando su perfil de exportador de hidrocarburos, y por esa vía la renta petrolera.

“El petróleo en Colombia paga las pensiones, la salud, la educación, los militares, la seguridad, las carreteras, los puentes, los puertos, hasta los semáforos. Si uno toma la decisión de no usar una tecnología, está decidiendo que va a dejar petróleo en el subsuelo. ¿Nos podemos dar ese lujo? Mi respuesta, habiendo sido ministro de Hacienda, es no. No nos podemos dar ese lujo”: Juan Carlos Echeverry, presidente de Ecopetrol. Entrevista para El Tiempo.

Clic aquí para ver: El reglamento técnico.Clic aquí para ver la resolución 421.

De hecho, en este momento la zona de interés en el país es Magdalena medio, donde ya hay bloques adjudicados para su exploración. El Ministerio de Minas y Energía ya expuso una resolución con la que reglamenta el tema de los yacimientos no convencionales, sin embargo esto no quiere decir que ya se pueda hacer la exploración perforatoria ya que este tipo de permisos requieren tiempo de evaluación y según la ANH no hay licencia ambiental ni solicitud para no convencionales hasta el momento.

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Infografía: Angie Salazar

 

 

Guacirco: espejo de un caluroso futuro

Así lucen las calles de Guacirco, corregimiento de Neiva (Fotografía: Federico Ramírez)

Así lucen las calles de Guacirco, corregimiento de Neiva (Fotografía: Federico Ramírez)

Guacirco es hoy un claro ejemplo de lo que viven muchas comunidades donde la industria petrolera ha llegado. Lo primero que se percibe cuando se visita el corregimiento es un calor intenso, no el mismo de Neiva: en Guacirco la temperatura le exige a sus habitantes procurar estar con todas las ventanas y puertas abiertas o sentados a las afueras de sus casas, en una localidad escasa en vegetación. Este insoportable calor se debe a la cantidad de gases que se queman en el área de Ecopetrol.

Este corregimiento está ligado a la explotación petrolera desde hace muchos años y hoy vive las consecuencias de encontrarse en una zona rica en hidrocarburos.  El 30% de los habitantes de Guacirco vivía de lo que ganaban siendo mano de obra para Ecopetrol, pero debido a la denominada ‘crisis petrolera’ el recorte de personal fue evidente y afectó a esta comunidad.

Anteriormente Guacirco no tenía una fuente de agua potable ya que la quebrada San Jorge abastecía a la población; sin embargo, a causa de los continuos usos que se le daba para la extracción de petróleo y por el inmenso calor, se secó. Ecopetrol, en convenio con la alcaldía de Aipe, llevó plantas de tratamiento para las aguas y así brindar agua potable al corregimiento. Pero esto, a juicio de la comunidad, no parece suficiente.

Planta de tratamiento de agua en Guacirco, instalada por Ecopetrol (Foto: Federico Ramírez).

Planta de tratamiento de agua en Guacirco, instalada por Ecopetrol (Fotografía: Federico Ramírez).

“Dicen que van a reforestar pero vienen y siembran cuatro palos y no vuelven a hacerle mantenimiento”, dice un antiguo obrero de Ecopetrol  y residente de Guacirco hace más de 30 años. “Toda la gente se acostumbró a vivir de los trabajos que se generan de las empresas contratistas por Ecopetrol, la gente ya no trabaja en otra cosa, así que la reducción de personal afectó mucho”, expresa por su parte Jairo Mosquera Moreno, presidente de la Junta de Acción Comunal de Guacirco.

Joan Manuel Rodríguez, de la Unión Sindical Obrera (USO) de Neiva, asegura que el agua de Guacirco se encuentra contaminada por la extracción de petróleo. “Antes con la arena de las quebradas se podían hacer ladrillos y venderlos, ahora la tierra está tan contaminada que su composición no empata para hacerlos entonces ya no sirve y por ello la comunidad perdió uno de sus comercios”.

A pesar de esto, Reinaldo Gélvez (ANH) dice que los estudios acerca del fracking se están haciendo con responsabilidad, con apoyo de expertos nacionales e internacionales, especializados en cada componente de este sistema de extracción. Y asegura que se está aprendiendo de los errores que Estados Unidos ha cometido para no repetirlos.

Aún así, el asunto parece que está polarizando cada vez más las posturas sobre la posibilidad y conveniencia de hacer fracking en Colombia. Hay quienes ven en esto nada distinto que un afán por mejorar los números de la economía nacional, a costa de su porvenir ambiental.

“Ambientalistas sin criterio y sedientos de oro negro, ambiciosos. Hay una obsesión en el país por querer resaltar, una obsesión demasiado peligrosa; obsesión petrolera que se debe tratar con cuidado porque, al fin y al cabo, es nuestro país”, sentencia Luis Alfonso Reyes, ingeniero del programa de Ingeniería de Minas de la Fundación Universitaria del Área Andina, seccional Bogotá.

 

Quebrada San Jorge en estado de sequía (Foto: Angie Salazar).

Quebrada San Jorge en estado de sequía (Fotografía: Angie Salazar).

Por lo pronto, el país no está preparado ni tecnológica ni económicamente para ello, y se estima que no se hará en Colombia antes de 2017. La ANH señala que aunque está definida legalmente, técnicamente no se ha concretado y que es un tema que se debe estudiar a profundidad. Pero para el senador Robledo el problema radica en el control estatal sobre las condiciones en que se llevaría a cabo esta extracción, la ausencia de leyes específicas para ello y el escaso seguimiento que hace el Estado al cumplimiento de las leyes ambientales.

Ambicionar hasta explotar la última gota, tanto de petróleo como de agua, es riesgoso. Pero aún hay mucho por investigar y verificar, el debate se mantendrá en pie, se irán transformando los discursos y el fracking seguirá tomando lugar en la agenda nacional.