Caracterizado como un hombre audaz en sus decisiones, de mucha capacidad de análisis y de gestión, el actual rector de la UTP –Luis Enrique Arango Jiménez– tiene más poder que ningún otro directivo de la región. La ambición, su talón de Aquiles.

El crecimiento en infraestructura y número de matriculados en la UTP ha sido vertiginoso en los últimos años. Aunque la calidad formativa y estabilidad laboral están en entredicho.

El crecimiento en infraestructura y número de matriculados en la UTP ha sido vertiginoso en los últimos años. Aunque la calidad formativa y estabilidad laboral están en entredicho.

Por: UNIDAD INVESTIGATIVA

La Universidad Tecnológica de Pereira (UTP) es, de lejos, la universidad más grande del llamado triángulo cafetero, con recursos presupuestales que superan los 124 mil millones de pesos para el 2013 (ver aquí), además es el centro de educación superior con mayor número de estudiantes matriculados (alrededor de 17 mil). Un auténtico potencial para cualquier aspiración.

Todo esto la convierten en ese oscuro “objeto de deseo” de muchos, como lo afirmó el mismo rector, Luis Enrique Arango Jiménez, en una entrevista concedida a un medio local. En el momento, la influencia de algunos actores políticos, como el senador Carlos Enrique Soto (del Partido de la U) y la familia Gaviria Trujillo, no es desconocida para muchos.

Luis Enrique Arango Jiménez, rector de la UTP.

Luis Enrique Arango Jiménez, rector de la UTP. /Imagen tomada de la página de la UTP.

Tampoco son desconocidas las pretensiones políticas del actual rector, quien, según allegados al mismo, desea postularse a un cargo público de elección popular, como la Alcaldía de Pereira, aunque ya su edad –que ronda los 70 años– haría suponer el merecido descanso. En el pasado, Arango fue concejal durante dos periodos consecutivos.

Además de concejal, también fue gerente de las desaparecidas Empresas Públicas de Pereira y ha sido docente durante largos años. Tiene doble titulación como ingeniero mecánico y eléctrico, además realizó una maestría en Chile.

Desde el año 2000 rige los destinos de la UTP; cinco periodos consecutivos de Arango Jiménez como rector le han permitido afianzar su poder en la institución, donde sus aliados ocupan los cargos estratégicos. Ha incrementado la presencia de la UTP en diferentes espacios de lo público, pero de igual manera sus críticos –que son muchos– le enrostran las precarias condiciones laborales de la planta docente y la intemperancia frente a las propuestas de los estudiantes.

Lejos están los días de su combativa simpatía estudiantil con la izquierda, inclusive cuando fue representante de los profesores ante el Consejo Superior, cargo que le costó la destitución por un tiempo, para luego volver tras una demanda judicial fallada a su favor. Ahora, dicen sus detractores, su mirada apuesta más por el apoyo del Partido de la U y el uribismo, ambas corrientes de derecha.

La dicha de ser hermano

Sus amigos dentro y fuera del claustro pertenecen a diferentes estamentos de la clase gobernante, entre ellos está Luis Fernando Gaviria Trujillo, quien fue presidente del Consejo Superior de la UTP, fundador y primer director del programa de Administración Ambiental, viceministro en el ministerio del Medio Ambiente, doctor Honoris Causa en ciencias ambientales por parte de la UTP, entre otros muchos cargos y distinciones. Gaviria Trujillo es hermano del ex presidente César Gaviria.

Siempre ha sido un apoyo invaluable para la gestión de Arango Jiménez, desde los diversos cargos ocupados, además de representar de alguna manera los intereses del ex presidente César Gaviria al interior de la UTP. Arango Jiménez ha sabido agradecer, y desde hace buen tiempo lo tiene como asesor en agroindustria para la universidad, por medio del sistema de contratación directa.

Según el documento suscrito con la universidad, su función es la “Prestación de servicios profesionales tendientes a brindar acompañamiento a la Rectoría y Vicerrectoría Académica en la toma de decisiones relacionadas con la inclusión de la dimensión agroindustrial en el sistema académico y de investigación en la Universidad Tecnológica de Pereira”.

El contrato 5058 de 2013, por valor de $61.800.000 (sesenta y un millones ochocientos mil pesos) es uno de los más altos entre los suscritos con personal externo. Contados en promedio, representan 5.600.000 pesos mensuales para el ex viceministro, pues su duración no alcanza los 11 meses (rige hasta el 20 de diciembre de 2013). Un ingreso nada despreciable para cualquier profesional.

El mismo fue autorizado por el rector Arango Jiménez, mediante memorando 02-11-05, quedando William Ardila Urueña como interventor, en su calidad de vicerrector académico.

Pero no es el único contrato. En el 2012 se firmó uno similar, con Gaviria Trujillo, en cuanto a las funciones y el valor del mismo. Bajo el número 5271 aparece este por 60 millones de pesos, que cubría desde el 1 de febrero hasta el 20 de diciembre del mencionado año. Trabajo no le ha faltado a Gaviria Trujillo, aunque fuentes consultadas afirman que poco se le ve por la universidad, salvo en algunos seminarios talleres dictados de vez en cuando (ver aquí).

Cosas raras

Lo extraño es que Luis Fernando Gaviria se supone tiene como función primordial ser asesor agroindustrial. Si se detalla la definición, tal campo se refiere al “conjunto de industrias relacionadas con la agricultura”; pero de manera extraña ha actuado en representación de la UTP, dice él, en varias reuniones de los mineros tradicionales de Miraflores, municipio de Quinchía, con las multinacionales que exploran la región.

Entre estas empresas mineras está la Seafield, compañía que a su vez tiene un contrato con la misma universidad, cuestionado por muchos debido a que le resta autonomía al mismo centro académico en el momento de tomar posición frente a una industria como la minera, generadora en este momento de polémicas de todo tipo.

Por supuesto, además de los reparos que algunos de los líderes mineros se atreven a hacer por esa extraña presencia, donde Gaviria Trujillo se presenta como mediador, es evidente que la explotación de oro nada tiene qué ver con la agricultura, salvo los desastrosos daños que en el pasado ha causado al entorno la errada explotación aurífera.

Pero el ilustre fundador del programa de Ciencias Ambientales de la UTP hace poca referencia a eso en sus “mediaciones” que, según los líderes presentes, apuntan más al convencimiento sobre las bondades de ceder terrenos para continuar la exploración y explotación aurífera de la Seafield.

Ganancias por todos lados

Otro aspecto bien llamativo son las condiciones más que benéficas para el contratista, pues de manera atípica el documento suscrito entre las partes incluye “reconocer al contratista viáticos y pasajes que se requieren para la ejecución del objeto contractual”.

Eso se ha cumplido de manera cabal, por lo menos así queda certificado al repasar los viáticos pagados durante el desarrollo del contrato del año 2012, según información solicitada a la misma universidad y que se presenta a continuación de manera textual (dar click en la imagen para ampliar):

 VIaTICOS

Ya quisiera un docente catedrático cualquiera tener tales viáticos, inalcanzables para quienes no se encuentren dentro del tejido de  amiguismos que marca las relaciones de poder al interior de la universidad.

Son muchos otros los contratistas y los manejos por lo menos interesados al interior de la UTP, los cuales se publicarán en posteriores entregas.