Los viernes son días de producción. Desde las 8 de la mañana, ecuatorianos y colombianos suben a pie o en camionetas que les hacen el viaje. Semana a semana cada uno de ellos está a cargo de comprar el verde y una vez reunidos en La Guatusera no hay tiempo qué perder, de aquí solo se van con los más de 100 paquetes de chifles cien por ciento naturales listos para vender.

Por Cristóbal Palma

Intentar aunque se pueda fallar

Un calor húmedo recubre el cuerpo mientras se sube la trocha. Arriba el cielo, al frente la montaña y atrás la pana que conecta a Ibarra con Esmeraldas en Ecuador. A esta hora el campo entra con fuerza, entra al son de los sonidos de los gallos y del silbar de las hojas de un árbol. Huele a barro fresco. Anoche llovió y el pantano está más amarillento de lo acostumbrado.

-Estamos esperando que los de la Parroquia de Lita nos manden la máquina para hacer el camino porque el acceso no es como para que nos dieran el permiso de funcionamiento, necesitamos tener el ingreso porque nos ponen esto de que si vienen los bomberos, si hay un incendio, los bomberos no van a poder llegar y si el agua no llega se va a quemar. Dice Leidi Cortés, representante de la Asociación de Productores de Chifle.

Desde el año 2000, tras la intensificación del conflicto armado en Colombia la llegada de colombianos que vinieron a solicitar refugio o simplemente a intentar vivir en tierras ecuatorianas, empezó a aumentar considerablemente y pasó de 159 en 1999 a 121.217 en 2017.

Respondiendo a la lógica de que quienes habitaban ciudades cercanas a las fronteras migraron hacia territorios ecuatorianos cercanos también a la frontera, mientras quienes habitaban en ciudades más centrales como Cali se asentaron en ciudades también más centrales como Guayaquil, se tiene que una parte de la población colombiana que vive en Lita viene de Nariño u otras zonas de Cauca y Putumayo; y en el caso puntual de aquellos colombianos refugiados que hacen parte del proyecto productivo de chifle (platanito frito), varios de ellos vienen de Ricaurte, Nariño.

Cuando Lita empezó a ser uno de los epicentros receptores de colombianos que huían del conflicto, organizaciones como Pastoral Social, HIAS, ACNUR y Misión escalabriniana vieron la necesidad de intervenir este territorio.

Los viernes son días de producción. Desde las 8 de la mañana, ecuatorianos y colombianos suben a pie o en camionetas que les hacen el viaje. Semana a semana cada uno de ellos está a cargo de comprar el verde y una vez reunidos en La Guatusera no hay tiempo qué perder, de aquí solo se van con los más de 100 paquetes de chifles cien por ciento naturales listos para vender.

Cuando Lita empezó a ser uno de los epicentros receptores de colombianos que huían del conflicto, organizaciones como Pastoral Social, HIAS, ACNUR y Misión escalabriniana vieron la necesidad de intervenir este territorio. Desde ese entonces se apoyó a los recién llegados para abastecer sus necesidades básicas, pero de ahí en adelante era necesario hacer algo más para generarles estabilidad por lo cual se fueron generando algunos apoyos en capacitaciones y materiales como el que ha recibido hasta ahora la Asociación de productores de Chifle por parte de HIAS y ACNUR.

Sin embargo, el éxito de los emprendimientos ha sido cuestionado en su alcance final. En palabras de Laura Suárez Ma, politóloga colombiana radicada en Ecuador:

-Las organizaciones viven de hacer toda esta ayuda humanitaria, pero yo veo que esta ayuda humanitaria no va tanto al fortalecimiento del ser humano, al sacarlo adelante, sino más bien es una precarización y a la reproducción de una precarización del trabajo. Por ejemplo, todos los emprendimientos que existen son: el panadero, haga pizzas en la calle, promovamos un grupo de señores que limpian los pisos, cuando hay muchas personas profesionales también en refugio. Además, conozco muchos casos de personas que les han dado el capital principal para hacer el emprendimiento y después de eso ellos tienen que cumplir unos tres, cuatro meses con eso, y el día de mañana chao y ya nos olvidamos de usted. Entonces hay un exceso de ayuda que al fin y al cabo no genera ninguna respuesta real.

Produciendo futuro

Yamile, de piel morena y contextura delgada, poda el pasto con la guadaña, hoy tendrán todo listo para la visita de HIAS y ACNUR. Yamile vive en Ecuador desde el 2007 y actualmente tiene un esposo ecuatoriano y dos hijos. Estuvo inicialmente con un certificado de refugiada que debía renovar cada 30 días, hasta que durante el registro ampliado realizado en el 2008, bajo orden del gobierno de Rafael Correa, recibió la visa de refugio con la cual vive hasta el sol de hoy.

Una vez acaba con el pasto entra a una cocina en la cual se pone un delantal blanco y botas de caucho, se recoge el pelo y entra a la gran sala, adecuada como cocina, donde junto con sus compañeros harán la producción del día. Yamile ayuda especialmente en la parte de sellado, labor que por ahora se está haciendo con vela, debido a que la maquina se dañó.

-Ya ahorita nos dijeron que tenemos la marca que vendrá diseñada sobre la funda. Con eso empezamos a trabajar pero así saliendo a buscar ventas. – Cuenta.

Con esmero y en silencio hace su trabajo, aunque de vez en vez una de sus risas sale estruendosa, auténtica. Su preocupación se detiene de nuevo en el asunto de las ventas pero afirma que les dijeron que sacando 2 mil fundas semanales podrían lograr ganarse la mensual de cada uno.

Yamile se esmera cotidianamente, es una mujer trabajadora que aprendió a cortar y alistar caña para la venta, mujer de tierras en donde se siembra y se cultiva, quien además anda buscando trabajo en una palmera que hay cerca de Lita:

-Yo quiero ir a trabajar allá pero como no sé si me reciben con la visa de refugio yo ahorita a mi compañera ya le mandé a averiguar si es que es posible que entre. Yo sí quiero entrar a la palmera porque yo creo que acá a la fábrica de chifles yo no estoy viendo mi mensual, y yo también quiero ver mi mensual, y al menos en esa fábrica pagan el básico.

Por su parte, Neida, de contextura gruesa y también morena, es una ecuatoriana que ha habitado toda su vida en el sector. Neida junto con su hija, que es la misma representante de la Asociación, fue una de las que empezó con esta idea de armar un emprendimiento, según ella porque ha visto la necesidad de que los jóvenes no migren hacia otra parte por falta de oportunidades en el pueblo y para eso hay que incentivarlos a trabajar acá mismo.

Neida ayuda en el proceso de pelar y lavar el verde. Una vez  hace su parte se retira de la cocina y va a una casa contigua a preparar el almuerzo para los 12 integrantes de la Asociación. 6 de ellos colombianos, 6 ecuatorianos.

– Al menos en nuestra asociación ya son dos años en que la convivencia ha estado funcionando bien, de pronto entre todas las cosas hay unos altos y bajos, porque a veces que al uno no le gusta, entonces el otro reclama, pero nada más. –Aclara.

Para ella la llegada de colombianos ha sido un aporte a la multiculturalidad, un hecho que le da mayor riqueza al pueblo y lo convierte en un escenario lleno en costumbres y culturas.

Para ella la llegada de colombianos ha sido un aporte a la multiculturalidad, un hecho que le da mayor riqueza al pueblo y lo convierte en un escenario lleno en costumbres y culturas, pues no solo se trata de colombianos y ecuatorianos, se trata también de la mezcla de negros e indígenas awá.

¿Apoyo internacional?

Dos gringos blancos y curiosos llegan usando camisetas de ACNUR, los acompaña Diego Yepez, responsable de protección de ACNUR en Imbabura, y dos integrantes de HIAS. Los integrantes de la Asociación están terminando la producción cuando les piden que por favor salgan a presentarse y a contar un poco del proyecto. Así, Leidi toma la voz y relata la historia con sus logros. Este es uno de los proyectos que se ha hecho con dinero de ACNUR y el accionar de HIAS. Tras relatar la historia solo queda una foto para la memoria, para la constancia del seguimiento que hacen las organizaciones del tercer sector a una población que entre la integración y la resiliencia intenta hacer rentable un proyecto que fue soñado por otros y ejecutado por ellos.

Aunque la Constitución de 2008 considera la movilidad humana como derecho constitucional, la mayor parte de las garantías fueron pensadas en pro de los ecuatorianos que migraron hacia el exterior en la década del 2000.

La incertidumbre del éxito o el fracaso pendula entre la realidad y la teoría, pues en Lita colombianos y ecuatorianos seguirán intentando que el negocio prospere, mientras en Quito el filósofo Mauricio Burbano investigará que el asociacionismo inmigrante entre colombianos en el Ecuador es uno de los procesos más débiles, junto con el caso de los haitianos, no solo por ser una de las poblaciones con más inestabilidad económica sino porque en general el Ecuador es desfavorable para el asociacionismo.

Aunque la Constitución de 2008 considera la movilidad humana como derecho constitucional, la mayor parte de las garantías fueron pensadas en pro de los ecuatorianos que migraron hacia el exterior en la década del 2000, más no hay unos beneficios mayormente claros para beneficiar estos procesos en los casos de los migrantes extranjeros en el Ecuador. Sin embargo, los claroscuros no terminan, sí o sí hay algo en que ya han ganado proyectos como la Asociación de chifle: la integración social.