A pesar de las dificultades, ellos —los momposinos— han logrado mantener lo que en 1995 fue declarado como patrimonio de la humanidad, porque para pintar a Mompós se requieren más de cuatro óleos.

Por: Marcello Correa Lesmes

Hace 149 años, el hijo de una lavandera momposina logró publicar en la capital Cantos populares de mi tierra. Candelario Obeso escribió 16 poemas que entre verso y verso revelaron un Magdalena que no conocimos. Casi 15 décadas después, por justas razones, el panorama no es el mismo, la situación es alarmante. Lo que la poesía no vio ahora la música lo grita.

Se ha ido muriendo el río poco a poco y

el gobierno no hace nada para poderlo salvar.

Se encuentra sedimentado

Sus especies en vía de extinción están

No hay chigüiro, no hay pescado

No hay tortugas, no hay caimán

Se ha ido muriendo el río poco a poco y

el gobierno no hace nada para poderlo salvar.

Pedro Manuel Castrillo, 2016

 

El turbio Magdalena y majestuoso al impulso

impetuoso de rápido vapor subí afligido

viva la imagen del hogar ausente.

¡Ay! Cuán indiferente

lo he subido después y lo he bajado!

                                           Candelario Obeso, 1867

Lo que arrastra el río

El Magdalena es uno de los ríos más importantes de Colombia, nace en el Macizo Colombiano entre frailejones y el verde escabeche de las montañas, después de saludar 22 departamentos desemboca en el mar Caribe. Comprende el 49% de la población y proporciona sustento económico a las urbes establecidas a orillas de su cauce.

Santa Cruz de Mompós es una de ellas. “Esta zona es bastante próspera en agricultura, en cuestiones también de pesca y ganadería, ese es el nivel económico con el que la gente se mueve” dice Leonardo Fidel Nieto, un periodista que dedica su vida a ser guía turístico. Mompós es un lugar inalterable por el tiempo, “se ha quedado estancado, eso ha sido un bienestar y a la vez un malestar, malestar porque los avances industriales y tecnológicos son un poco más lentos”, agrega Leonardo.

 Según el Departamento de Geografía de la Universidad de Exeter, la cuenca Magdalena-Cauca es la zona de mayor producción sedimentológica del planeta. Fuente Des E Walling, Universidad de Exeter, Inglaterra

Ahora realizar la pesca en el Magdalena es imposible. Según el Departamento de Geografía de la Universidad de Exeter, la cuenca Magdalena-Cauca es la zona de mayor producción sedimentológica del planeta. El deterioro del Magdalena  es  innegable;  el documento El río Magdalena y su navegabilidad, publicado por el Fondo Nacional Ambiental, revela que las actividades de pesca cayeron en 50 % en las últimas tres décadas y la producción de sedimentos, es decir, la tierra que la corriente transporta, es de 184 millones de toneladas por año. Estas cifras son fulminantes para la gente de Mompós, pero poco las parece creer en el Estado.

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Buena cara para lo malo

A pesar de las dificultades, ellos —los momposinos— han logrado mantener lo que en 1995 fue declarado como patrimonio de la humanidad, porque para pintar a Mompós se requieren más de cuatro óleos. Es una tierra de múltiples colores que van desde el marrón del Magdalena, el verde aguacate de los árboles; el ámbar, el ocre y el canela de sus edificios, hasta el blanco más puro de cada nube o de cada iglesia.

Su música logra unir a toda la Depresión Momposina, la herencia de sus ancestros aún se escucha en los ‘bailes cantaos’: chandé, pajarito, tambora, chalupa, bullerengue, fandango, berroche; los porros, las cumbias y, por supuesto, las canciones de juglares vallenatos.

En el barrio Faciolince, quinta manzana en una de las esquinas junto a un matorral, hay una pequeña casa, sin pintar, con techo de chapa, con las ventanas cerradas, pero de puertas abiertas. Allí, bajo los 32 grados de esa tarde y entre las grietas de su hogar, unas máscaras de animales y los reconocimientos polvorientos del ayer, estaba Samuel Mármol Villa. A Samuel no lo conoce nadie, pero a ‘Don Abundio’ lo conocen todos.

‘Don Abundio’ —como le dicen desde pequeño— es el director de la asociación cultural y artística ‘Abundio y sus Traviesos’. Él es corpulento y de tez morena, llevaba puesta una camisa con un estampado sobre el Carnaval de Barranquilla, pero lucía mejor aquellas canas que demuestran los 49 años de experiencia en el folclor.

‘Abundio’ ha enseñado a decenas de niños, jóvenes y adultos, la música y las danzas tradicionales del Caribe, ha participado en distintos festivales e incluso estuvo en Estados Unidos. Para él la música es lo que alimenta el alma de las personas porque también se trata de amar a la cultura a la que pertenecen:

“Yo tengo guardadas en el baúl aproximadamente 30 canciones, las tengo ahí prácticamente por tenerlas guardadas, no me he dedicado a montarlas como tal para hacer una grabación porque no tengo recursos económicos para hacerlo”, dice ‘Don Abundio’. De esas 30 composiciones siempre tiene una en su mente, una que recuerda la labor de la madre de Candelario Obeso y que además se alarma por el Magdalena.

 

Homenaje a las lavanderas

Bogá bogá por el río Magdalena

Bogá bogá bogá

le canto a las lavanderas

 

Ha pasado mucho tiempo y por todas las laderas hoy recuerdo con orgullo las famosas lavanderas

Bogá bogá por el río Magdalena

Bogá bogá bogá

le canto a las lavanderas

 

Por este famoso río

hay historias que enamoran lavanderas que cantaban compusieron la tambora

 

Bogá bogá por el río Magdalena

Bogá bogá bogá

le canto a las lavanderas

Le pido a nuestro gobierno que ponga mucho cuidao porque el río está muy seco hay mucho pueblo arruinado

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El chandé protesta

Luego de un trayecto de 30 minutos por el majestuoso brazo del Magdalena y de llevar la última estrofa del Homenaje a las lavanderas en la mente, llegamos a San Sebastián de Buenavista, un municipio con 20.000 habitantes, según el Dane, y donde se dice nació el chandé, un ritmo más antiguo que la cumbia. “Este lugar, a pesar de tener 270 años de historia, es una zona netamente rural”, dice uno de los guías turísticos mientras la gente se esconde del sol.

Los sansebastianenses, al igual que los momposinos, son personas muy amables, la gente a la orilla del río o incluso desde sus parcelas de trabajo extienden la mano para saludar sin importar qué tan lejos esté el otro.

En San Sebastián vive uno de los maestros y eruditos del chandé. Pedro Manuel Castrillo es quien se encarga de mantener el chandé vivo. Él es intérprete y compositor del grupo ‘Son de Aquí’. Ellos tocan tambora, guache, tambor y por aquella ocasión una flauta de millo, un instrumento de origen indígena que estremece hasta al más ‘cachaco’.

Pedro Manuel es autor de 25 canciones en ritmo de chandé, sin embargo, compone desde baladas hasta vallenatos. “Pero con el chandé es que se me dan las canciones”. Él canta las cosas que le pasan, la canción que le grabó el Checo Acosta hace dos años y que estuvo nominada a los Grammys Latinos, nació de su trabajo como pescador. Sus experiencias lo han llevado a crear canciones como Salvemos el río.

“En febrero del 2016, en época de carnaval, salimos a bañarnos para el río, hicieron reinado afuera del río porque estaba totalmente seco. Hicieron un tambo, un cambuche, entonces fui con los muchachos del grupo. Cuando llegué allá yo les dije:

— Muchachos yo no me voy a bañar, a la gente la daba el agua por aquí — Señala sus rodillas— y yo les dije no, no me voy a bañar miren cómo se ha ido muriendo el río poco a poco”.

Con esa última frase, “como se ha ido muriendo el río poco a poco”, él construyó la canción Salvemos el río:

 

Se ha ido muriendo el río poco a poco

y el gobierno no hace nada para poderlo salvar…

Se encuentra sedimentado sus especies en vía de extinción

están

no hay chigüiro, no hay pescado no hay tortuga, no hay caimán

 

Se ha ido muriendo el río

poco a poco y el gobierno no hace nada para poderlo salvar

 

 Los compositores de la Depresión Momposina le cantan al río, a la gente, a la paz, a la noche, a las lavanderas, a la pesca, a la filigrana, a la historia y a los sueños. Imaginan el día en el que el Estado le cumpla al Magdalena y a su gente porque solo así la música dejará de gritar versos desoladores de un río que no puede hablar.

Twitter: @MarcelloCLesm

Instagram @marcellolesmes