El gobierno del presidente conservador Mariano Ospina Pérez expidió otro decreto contra la marihuana en 1949, después de señalar que la marihuana “tiene propiedades venenosas y produce hábito… su cultivo y su comercio tienden solo a determinar grandes males para la salubridad de los asociados…”

 

Por: Carlos Alberto León Agudelo

Las autoridades colombianas tenían noticias de la existencia de cultivos de marihuana desde el año 1920 cuando descubrieron modestas plantaciones en la Sierra Nevada de Santa Marta (ubicada entre los puertos de Santa Marta y Riohacha).

Los colombianos sabían que esta planta servía para algo más que para la fabricación de cordeles y sacos de carga. Usada en principio con fines medicinales, y posteriormente por su “potencia psicoactiva”, el cannabis empezó a ser consumido por miembros de la clase baja (trabajadores, prostitutas y marineros). El historiador Eduardo Sáenz Rovner en su artículo “La prehistoria de la marihuana en Colombia: consumo y cultivo entre los años 30 y 60” manifiesta:

Un informe oficial de 1939 sobre la marihuana en la Costa Caribe señaló que los cigarrillos de marihuana “se expenden, generalmente, en los lupanares o en los establecimientos frecuentados por los bajos fondos sociales. También en ‘fritangas’ y en ventas de guarapo”. El Gobierno Nacional emprendió una campaña “hermanando la persecución de los traficantes y consumidores en sus campañas”. Por ejemplo, durante varios días fue proyectada en varias poblaciones una película que [ponía] de manifiesto los estragos causados por la cannabis índica.

En la investigación “Los cinco focos de la mafia colombiana (1968-1998). Elementos para una historia” de Darío Betancourt Echeverry se reafirma lo mencionado anteriormente:

A pesar de que desde tiempos ancestrales en territorio colombiano se venía sembrando cocaína (sic) y posteriormente marihuana, su consumo se restringía a comunidades aborígenes, a algunos sectores de jornaleros rurales y a pequeños grupos marginales urbanos ligados a los burdeles y a ciertas labores artesanales, como los zapateros y carpinteros, fue a partir de los años sesenta cuando los cuerpos de paz que se adentraron en nuestro territorio… se encontraron con las delicias de la marihuana a la que bautizaron con los sugestivos nombres de Colombian Gold y Santa Marta Golden, se volvieron adictos y se fueron convirtiendo en traficantes al detal, difundiéndola entre sus parientes y conocidos al regresar a Norteamérica. Fue así como se iniciaron las primeras redes de distribución manejadas por núcleos norteamericanos…

 

Persecución policial

Aunque el gobierno colombiano prohibió absolutamente el cultivo de la marihuana ordenando la destrucción de las plantaciones existentes y sancionando a los que violasen estas disposiciones; la realidad en el país era otra, ya que cada día se llevaban arrestos por posesión, venta y cultivo de la “yerba”.

Sáenz Rovner afirma que en un Informe del gobierno de Colombia sobre el tráfico de estupefacientes durante el año de 1939 se encuentra el caso de una pareja a la que se le encontró un kilo y medio de marihuana (la mujer evadió la justicia y su esposo purgó una pena de casi seis meses de cárcel).

El mismo Sáenz documentó cerca de sesenta casos por posesión de marihuana en Barranquilla y sus alrededores entre 1940 y 1944.

El gobierno del presidente conservador Mariano Ospina Pérez expidió otro decreto contra la marihuana en 1949, después de señalar que la marihuana “tiene propiedades venenosas y produce hábito… su cultivo y su comercio tienden solo a determinar grandes males para la salubridad de los asociados…” y decretó: “Prohíbase en el territorio de la República el cultivo y comercio de la marihuana”, y conminó a las autoridades a proceder “a la inmediata destrucción de las plantas”.

Señalar entonces la fecha exacta en que se inicia el narcotráfico en Colombia es complejo; sin embargo, antes de la década de 1960, Colombia no tenía antecedentes de exportación de droga a gran escala; solo tomó protagonismo cuando llegaron contrabandistas estadounidenses al país a comienzos de esa década y comenzaron a pagar altos precios por la marihuana producida en Colombia.

Sus fuentes principales eran la ciudad portuaria de Santa Marta y el golfo de Urabá. Un gran aliado para los contrabandistas fue el transporte de banano que hacían los barcos de la empresa United Fruit Company desde Turbo hasta los puertos estadounidenses de Houston, Florida y Miami.

En los cargamentos de banano se escondía la marihuana. Labor que se hacía sin obstrucciones debido a la poca vigilancia tanto de las autoridades colombianas (Policía y Fuerzas Armadas) como de las estadounidenses. Según James Henderson

Los colombianos no tardaron en descubrir que su país tenía un producto de exportación nuevo y lucrativo. El 17 de noviembre de 1966, el diario bogotano El Espectador publicó un artículo en el que informaba sobre el decomiso que había hecho la policía de 30.000 pesos de cannabis en la capital de la república. El artículo suscitó una aguda respuesta de la periodista Bertha Hernández de Ospina, esposa del expresidente Mariano Ospina Pérez (1946-1950)… Doña Bertha…. regañó a El Espectador por haber especificado el valor de la marihuana decomisada. Según ella, todos los “vagos y perezosos” de Colombia ahora perciben una manera brillante y novedosa de ganar dinero: “¿Cómo les parecerá de fácil sembrar una matica escondida en cualquier parte y que les dará tales resultados?”.

Mariano Ospina Pérez y su esposa Bertha Hernández de O.

Empieza el negocio en escala

Pensar que censurar la prensa podría mantener en la ignorancia a los delincuentes sobre el valor de la marihuana era un poco inocente. De hecho, en el golfo del Urabá los campesinos abandonaron sus cultivos tradicionales y se dedicaron al cultivo de la marihuana.

Asimismo, con base en un trabajo de campo extenso, realizado por ANIF y liderado por el historiador Hernando Ruiz Hernández, se encontró evidencia de que los traficantes estadounidenses fueron a la Sierra Nevada de Santa Marta y les “(…) suministraron a los campesinos semillas, financiación y ayuda técnica para comenzar la producción de marihuana”.

Señala Ruiz que había copias de un panfleto en español que explicaba cómo producir marihuana, y que los campesinos afirmaron que fueron distribuidos por ciudadanos estadounidenses.

Dentro de este marco, uno de los libros que mejor ilustra la problemática de la marihuana en Colombia es la Vorágine alucinante en la historia de las drogas de Rafael Ortegón Páez, pues allí informa que entre el 18 y 20 de junio de 1971 se llevó a cabo uno de los conciertos que ha generado más polémica en el país, el Festival de Ancón (La Estrella, Antioquia), evento al que asistieron miles de jóvenes y en el que se presentaron bandas de rock colombianas y extranjeras.

Este suceso no pasó desapercibido, ya que “Una nube de marihuana permaneció suspendida sobre el parque durante los tres días de celebración, realizada bajo una llovizna pertinaz”, afirma Henderson.

El parque Ancón se convirtió en un campamento que bajo el lema de “marihuana, paz y amor” encendieron fogatas en la noche, contemplaron la naturaleza, escucharon música y como lo señala uno de los asistentes, Alfonso Pérez, fue emblemático porque las señoras de la religión corrían detrás de ellos “(…) con biblias y camándula en mano para que se les saliera el diablo”.

El concierto escandalizó a los ciudadanos antioqueños (la curia diocesana, las organizaciones cívicas y religiosas) y de toda Colombia pues solo se observaba un panorama caótico donde miles de jóvenes eran atendidos en una estación de la Cruz Roja por intoxicación de marihuana, sobredosis de droga, hipotermia y otras dolencias.

Hay registros fotográficos y videos[1] de adolescentes que enrollaban cigarrillos de marihuana y consumían hongos alucinógenos. Este suceso desencadenó la renuncia de un alcalde y del rector de la Universidad de Antioquia.

Rafael Ortegón en un trabajo de archivo recoge los titulares de algunos periódicos de Medellín con relación al evento:

“Ciudadanía antioqueña protesta por el festival”. “A punto de fracasar el Festival Rock”. “Veinte hippies con azúcar en cero a consecuencia del consumo de marihuana y la falta de alimentos calientes”. “Se comete toda clase de excesos con el abundante consumo de drogas y marihuana”… “Detenidos por marihuana cuarenta hippies ayer en Medellín”… “Una hippie, cubierta con  un saco por su compañero, prepara un “cachito” (cigarrillo) de marihuana, durante el festival rock, en el parque del Ancón”.

Algunos recortes de titulares de periódicos de la época hablando sobre esta noticia.

  

Personas que asistieron al concierto se bañan en el río Medellín.

Más allá de la frontera

Este panorama no era ajeno al que se vivía en Estados Unidos. La marihuana alcanzaba un alto nivel de popularidad, prueba de ello, el periódico The New York Times publicó un artículo el 20 de octubre de 1969 titulado “How the Middle Class Turns On” donde reconocía que la clase media había aprendido a “intoxicarse”, ya que tanto los adolescentes como los adultos enrollaban cigarrillos de marihuana en las fiestas o después del trabajo. Como lo revela James D. Henderson:

Para 1975 se fumaba una gran cantidad de marihuana en los Estados Unidos. Durante aquel año, el 6% de los estudiantes de secundaria fumaban marihuana habitualmente,  y el 26% admitieron que la usaban ocasionalmente. Datos publicados por la Agencia Contra la Droga de los Estados Unidos (DEA) en 1978 indicaban que 42 millones de estadounidenses fumaban droga.

Los empresarios colombianos y contrabandistas estadounidenses hicieron una lectura sociocultural de este fenómeno y como lo afirma el sociólogo colombiano Álvaro Camacho Guizado en su libro El narcotráfico en la sociedad colombiana impulsaron a “(…) campesinos y colonos a sembrar, secar y empacar la hierba”,  producida fundamentalmente en la Sierra Nevada de Santa Marta, en el sur de la península de la Guajira.

Este periodo, conocido como la bonanza marimbera, hizo que se beneficiara un número relativamente alto de personas. La marihuana desplazó inclusive cultivos tan tradicionales como el café, el banano y el algodón.

Según un informe de la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol), Colombia contaba en 1968 “Con 80 mil traficantes de marihuana”. Asimismo, un informe del Departamento Administrativo de Seguridad Colombiano (DAS) publicado en septiembre de 1975 daba las coordenadas de 131 pistas clandestinas que rodeaban los cultivos de marihuana de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Roberto Junguito y Carlos Caballero en su estudio La otra economía estiman que el área de cultivo de marihuana a finales del decenio del setenta era aproximadamente de 30.000 hectáreas en todo el territorio nacional.

Un ejemplo que muestra las ganancias generadas por este negocio ilícito es el siguiente, citado por Henderson:

El vendedor al por mayor radicado en Miami, Donald Steinberg, recordó haber descargado un envío de 50.000 kilos de Colombian gold que vendió por USD 25 millones, con una utilidad de USD 2 millones. Durante el juicio realizado en su contra  en 1984, Steinberg calculó sus ganancias, después de 10 años en el negocio de la marihuana, en USD 100 millones.

Por otro lado, Fabio Castillo, en su libro Los jinetes de la cocaína afirma:

Quizás la mayor  proeza del contrabando la realizó en 1976 el hijo de una acaudalada familia de Santa Marta, Juan Manuel Retat. El joven adquirió un DC-6 con dinero prestado, lo cargó con 5000 kilos de marihuana y voló a Jetmore, Kansas, justo al norte de Dodge City. Aterrizó en una sección de tres millas de la autopista que sus socios gringos habían bloqueado. Descargaron rápidamente, y Retat regresó a casa con un millón de dólares en efectivo, presumiblemente para vivir el resto de su vida entre lujos.

            En esta misma línea es pertinente señalar que después de las elecciones de 1978 en Colombia, que dio como ganador a Julio César Turbay Ayala por el Partido Liberal, el Gobierno de los Estados Unidos (Jimmy Carter) lo presionó para que se tomaran medidas contra el comercio de marihuana.

Una de esas medidas, dice el historiador Juan Gabriel Tokatlian, fue la operación Fulminante, acción militar llevada a cabo hacia octubre de 1978 y que consistió en enviar 10.000 soldados acompañados de apoyo naval y aéreo a erradicar la marihuana cultivada en la Sierra Nevada de Santa Marta.

Francisco E. Thoumi en su libro Drogas ilícitas en Colombia: Su impacto económico, político y social afirma que como resultado de esta operación se detuvieron 2000 personas y se confiscaron 3,5 millones de kilos de marihuana, 486 vehículos, 106 barcos y lanchas, y 125 aviones.

Ya para finales de los años ochenta se desencadenaría la crisis marimbera, que según Francisco E. Thoumi se da por tres motivos: el primero, obedeció a descensos en la demanda de la hierba producida en Estados Unidos provocados por estafas en los envíos y porque exportadores inescrupulosos “(…) crearon una mala fama al mezclar hojas de matarratón y ajonjolí con la marihuana”.

En segundo lugar, porque Estados Unidos entró en la competencia de producción y tráfico, ofreciendo en ocasiones versiones mejoradas de la hierba. Y por último, la represión gubernamental tanto en Colombia como en Estados Unidos ayudó a agudizar la crisis. Sin embargo, los problemas para Colombia no acabarían allí ya que nacería otro fenómeno: el auge coquero que elevaría los índices de criminalidad y violencia en nuestro país.

 

[1] Para conocer y dimensionar acerca de lo que sucedió este día recomiendo visitar las siguientes páginas web:

https://ajidemani.wordpress.com/tag/ancon/

https://noisey.vice.com/es_co/article/r7vjkz/festival-de-ancon-los-tres-dias-en-los-que-colombia-fue-el-pais-mas-hippie-del-mundo http://www.universocentro.com/NUMERO51/Anconlaleyendacontinua.aspx http://revistadiners.com.co/archivo/38482_sabia-colombia-hubo-woodstock-1970/