La empatía (o apatía) colectiva es un fenómeno complejo, sobre todo en una sociedad tan acostumbrada a la violencia como la nuestra. Pero es un hecho que la representación mediática de los eventos influye drásticamente en su percepción y la reacción de la opinión pública ante los mismos.

 

Por: Alexandra García*

La carnicería en la Escuela General Santander puso de relieve la existencia de muertos de primera y segunda categoría. A pesar de la discrepancia en la forma, el país rechazó al unísono la muerte de los 20 cadetes. Sin embargo, se escuchó repetidas veces el reclamo por la indiferencia del gobierno, los medios y la sociedad en general ante la exterminación sistemática de más de 400 líderes sociales desde el 2016.

No es que no los estuvieran asesinando desde antes, sino que bajo el estruendo de bombas, masacres y emboscadas, para el editor de su periódico predilecto, la muerte de la presidente de la junta de acción comunal de un corregimiento de Arauca o Nariño no ameritaba más que unas cuantas líneas en un rincón de la página 10C.

Desde 1981 hasta 2012, el Centro Nacional de Memoria Histórica registra más de 23,000 asesinatos selectivos, casi el 50 por ciento de ellos a manos de paramilitares y la Fuerza pública. Estos muertos, al igual que las más de 1.000 víctimas de masacres paramilitares pasaron de agache. Lloramos con el Cristo mutilado en Bojayá, pero ¿alguien aunque sea prendió una vela por las víctima de El Salado?

Familiares lloran a las víctimas de la masacre de San José de Apartadó (2005). Fotografía / Jesús Abad Colorado.

La empatía (o apatía) colectiva es un fenómeno complejo, sobre todo en una sociedad tan acostumbrada a la violencia como la nuestra. Pero es un hecho que la representación mediática de los eventos influye drásticamente en su percepción y la reacción de la opinión pública ante los mismos.

Ya he explicado anteriormente cómo la prensa ocultó sistemáticamente la responsabilidad de los paramilitares en el conflicto. El resultado es que una gran parte de la población se niega a creer que los paramilitares son responsables de tres de cada cuatro masacres.

Peor aún, estas víctimas son fácilmente descartadas como ‘colaboradores de la guerrilla’, resultado de un ‘ajuste de cuentas’, una ‘limpieza social’ o simplemente ‘daño colateral’.

Quienes salieron a marchar el 6 de marzo del 2008 por las víctimas del paramilitarismo y los crímenes de Estado soportaron desde la estigmatización proveniente de las altas esferas del ejecutivo, pasando por el escarnio público de los transeúntes, hasta amenazas de las Águilas Negras. Ser víctima de los paramilitares te convierte automáticamente en guerrillero.

La invisibilización de las víctimas es evidente en los titulares de prensa. Fotografía / El Tiempo.

‘Ojos que no ven’

La invisibilización de las víctimas es evidente en los titulares de prensa. Para mi tesis doctoral, recopilé cientos de noticias sobre acciones violentas de los actores ilegales del conflicto desde 1998 hasta 2006 de cuatro de los periódicos más importantes del país (El Tiempo, El Colombiano, El País y El Heraldo). Al analizar más de 900 titulares de El Heraldo, encontré que, cuando los victimarios son los paramilitares, las víctimas son frecuentemente (42%) reducidas a un número. En cambio, esto ocurre sólo en un 15% de los titulares de las acciones cometidas por la guerrilla.

Titulares de acciones de la guerrilla
Titulares de acciones de los paramilitares

Esta estrategia de ‘generalización’ (van Leeuwen, 2008) contrasta con el alto nivel de ‘personalización’ que consiste en darle ‘una cara humana a la noticia a través de referencias a personas comunes y corrientes, sus sentimientos, opiniones y experiencias’ (Bednarek & Caple, 2017).

Estas incluyen referencias a la ocupación, edad, género, parentesco, o la inclusión de citas textuales de los afectados. Note el lector su reacción ante los titulares de la guerrilla. Es fácil ponerse en los zapatos de la madre que llora a su ‘muchacho’ o al par de hermanos guajiros. No lo es tanto para las cinco, seis u once víctimas de las cuales sólo sabemos su ubicación.

Esta orientación personal en el titular cambia el enfoque de la noticia. Tomemos por ejemplo una de las tantas masacres cometidas por los paramilitares en San Carlos, Antioquia. En este reporte de El Colombiano he resaltado todas las referencias que aumentan el grado de personalización de la historia.

Personalización en reporte de masacre paramilitar en El Colombiano

Este alto grado de personalización no es común en las noticias de los paramilitares, a menos que, como en este caso, no se les haya atribuido el crimen. La acción, según la gobernación de ese entonces, podría haber sido cometida por las Farc o las Auc, a pesar de que los asesinos llegaron buscando ‘las caletas de la guerrilla’.

De hecho, sólo en el 50 por ciento de los reportes del período 2002 a 2006, se identifica a los paramilitares como autores de los hechos, lo que contrasta con el 98 por ciento de las noticias de la guerrilla.

Las referencias al parentesco y a las emociones de las víctimas están significativamente* sobrerepresentadas en las noticias en las que el victimario es la guerrilla. Un ejemplo es el inicio del reporte del asesinato de la maestra de Cocorná Ana Cecilia Duque por el ELN.

“Hijita mía, hoy te extraño, te necesito y amo más que nunca. Quisiera estar a tu lado y nunca separarme, pues eres la razón de mi vida.
Mi bebé, yo sé que también me estás necesitando tanto como yo. Tú sabes que Dios es muy grande y bello con nosotros y Él va a permitir que estemos juntas nuevamente.
Yo estoy bien, acá son muy queridos y me tratan muy bien. Dile a Julio, Monito, Eduardo, David y a César que estoy bien. Mi niña hermosa, te envío un beso y un abrazote gigante. Te amo montones,

Tu mami.”

Cocorná llora y repudia el asesinato de la maestra. El Colombiano, 27 de abril de 2003.

En promedio, en cada reporte de la guerrilla hay 43 palabras de las víctimas. En las de los paramilitares, llegan apenas a 28. Fotografía / Telemetro

La voz de las víctimas

Ana Cecilia, al no poder estar con su hija, la acaricia con el verbo. ¿Qué reacción suscita en usted el triste final de esta abnegada madre? Así como la voz de Ana Cecilia nos retumba en la conciencia, la voz de cientos de víctimas de la guerrilla se hace sentir en las páginas de los periódicos. En promedio, en cada reporte de la guerrilla hay 43 palabras de las víctimas. En las de los paramilitares, llegan apenas a 28, y si sólo tenemos en cuenta aquellos donde se les identifica como victimarios, la cifra baja a 23 palabras por texto.

Las víctimas hablan del antes y el después de la tragedia, recuentan el horror y narran cómo pudieron escapar. Se perciben diferencias palpables que pueden hacer más vívido el relato. En los de las víctimas de la guerrilla, son significativamente más frecuentes los pronombres en primera persona (e.g. mí, mis, me, nos), procesos mentales (e.g. sentir, escuchar, ver, pensar) y expresiones emotivas (e.g. dolor, lágrimas, amor, miedo), como puede observarse en los siguientes extractos:

Lineas de concordancia para el nodo ‘me’ en el corpus de reportes de la Guerrilla – Voz de las víctimas 2002 – 2006.

¿Pero por qué los funcionarios son más locuaces ante los crímenes de la guerrilla? Fotografía / Archivo

¿Quienes hablan por las víctimas?

Además de la voz del periodista y las víctimas, encontramos en los reportes fuentes de diferentes sectores gubernamentales y de la sociedad civil. Clasifiqué éstas en voces locales, que incluye a funcionarios gubernamentales a nivel departamental y municipal; voces nacionales, incluyendo al presidente, sus ministros y miembros del congreso; en ‘derechos humanos’, incluí fuentes tanto gubernamentales (e.g. defensoría del pueblo) como no gubernamentales (las ONG internacionales y locales, laicas y religiosas) y finalmente, en ‘orden público’, incluí autoridades civiles (Fiscalía, jueces, policía) y militares.

Con excepción de las fuentes de rango nacional, la principal función de estas voces es ofrecer información sobre los particulares del crimen: el número y la identidad de las víctimas, un recuento de los hechos y la identidad de los victimarios. De ahí que la mayor fuente de información de la prensa sea la Fuerza pública, como lo muestra la siguiente gráfica.

¿Pero por qué los funcionarios son más locuaces ante los crímenes de la guerrilla?

Además de reportar información factual, las autoridades locales y nacionales expresan su solidaridad hacia las víctimas a través de expresiones emotivas como en los siguientes ejemplos:

“Quiero decirle a la guerrilla que reflexione, que nada gana con esta violencia, pues los únicos que sufren son los pobres. Esto no hace sino generar zozobradolor y tristeza”.

Gobernador Angelino Garzón, ‘El Valle, vulnerable ante la última escalada de las Farc’. El País. 5 de agosto de 2006.

Igualmente el director general de la Policía General Jorge Daniel Castro lamentó la situación y dijo que “son hechos que no deben presentarse más”.

Escalada terrorista de las Farc en Plato. El Heraldo, 27 de mayo de 2004. 

A nivel local, estas expresiones son más frecuentes en las noticias de la guerrilla en una proporción de 5 a 1. A nivel nacional, no se encontró ni una sola expresión de solidaridad hacia las víctimas de los paramilitares. Noten ustedes el tono mesurado y el intento de justificación de Carlos Franco, entonces coordinador de la Oficina de Derechos Humanos de la Vicepresidencia, ante la masacre de Curumaní, Cesar, la cual violaba el cese de hostilidades acordado en el proceso de Justicia y Paz con los paramilitares:

Según Franco, “es evidente que hubo un hecho violento en la zona, que también hubo un enfrentamiento y que el Ejército está recuperando el control del área”.
Agregó que los ‘paras’ retuvieron y luego liberaron a tres personas que supuestamente estaban siendo sometidas a trabajos forzados por guerrilleros del Eln.
Franco anunció que el Gobierno evaluará las denuncias y decidirá qué hacer, pues “siempre ha dicho que una condición para hacer creíble el proceso de paz es que se cumpla el cese de hostilidades”.

En Curumaní sí hubo incursión de paramilitares. El Tiempo, 14 de diciembre de 2005.

 

Los 23 muertos no fueron suficientes para por lo menos exigirle a las AUC el cumplimiento del cese de hostilidades ni mucho menos romper los diálogos. No hubo cámaras registrando el dolor de los familiares ni entrevistas a los sobrevivientes. No hubo marchas, ni velas, ni indignación pública, ni siquiera una palabra de aliento del Presidente de la República. Los jefes paramilitares fueron extraditados más de dos años después por delitos relacionados con el narcotráfico, dejando a las víctimas sin verdad, justicia o reparación.

Si las víctimas de los paramilitares son ignoradas, las de la guerrilla son utilizadas vilmente para justificar la guerra. El dolor que pretenden sentir por las muertes viene acompañado de una buena dosis de bilis. El repudio visceral a las atrocidades de la guerrilla no me generaría desconfianza si no contrastara tan drásticamente con los intentos descarados de minimizar el accionar paramilitar. Más que solidarizarse con las víctimas, las reacciones oficiales ante los crímenes de la guerrilla promueven la prolongación del conflicto por la vía armada.

 

Acompañado por los más altos representantes del Estado, el presidente Iván Duque pidió un minuto de silencio por las víctimas del atentado en la Escuela General Santander. Fotografía / Presidencia de la República

No revivamos nuestra historia

Después de doscientos años de soledad, la segunda oportunidad sobre la tierra apareció como un espejismo en forma de paloma. Pero esta estirpe parece condenada a repetir los errores del pasado.

De repetir esta investigación comparando las noticias de las muertes de los líderes sociales y el puñado de masacres que va en aumento con los atentados terroristas del ELN, obtendría los mismos patrones de invisibilización de unos e indignación ante los otros.

He dicho antes que ante el duelo, los colombianos parecemos estancados en la etapa de la ira. En vez de un hombro para llorar, ofrecemos bala en una marcha para honrar a las víctimas de la violencia. El gobierno se regocija por haber hallado un rumbo: el de la guerra disfrazada de un No rotundo al terrorismo.

Si de verdad quisiéramos honrar a las víctimas y romper la espiral de violencia, en vez de marchar iracundos o indignarnos en las redes sociales, podríamos intentar escucharlas. De la tragedia de la Escuela General Santander me quedo con la voz de un padre, Diego Pérez, quien en su hora más aciaga, sólo quiere evitarle el peor de los duelos a otro compatriota:

“Yo hablo con la razón y no con el corazón. Creo que lo mejor es hacer un acercamiento con este grupo subversivo porque debe haber un medio para evitar tanto derramamiento de sangre”

@AlexIGarciaM

*Nota:

Para determinar estadísticamente si una diferencia en la representación es significativa utilicé el método de probabilidad logarítmica. La Universidad de Lancaster ofrece una calculadora que compara frecuencias en corpus (colecciones de textos) de distintos tamaños. Este cálculo permite afirmar con un mínimo de 95% de certeza si la diferencia entre dos frecuencias no es producto del azar.

Referencias

•Bednarek, M., Caple, H. (2017). The discourse of news values: How news organizations create newsworthiness. New York, NY: Oxford University Press.

•van Leeuwen, T. J. (2008). Discourse and Practice—​ New Tools for Critical Discourse Analysis. New York: Oxford University Press.