Después de un viaje que me dejó muy contento con Bogotá, vi la otra cara de la moneda, lo que ignoré por estar dormido mientras llegábamos a Bogotá. Ahora que nos íbamos, el podrido olor era índice de que al ver a mi derecha aparecería el río Bogotá, difícil de ver, de oler, oír, sentir  y probar.

 rio bogota Tomado de combo2600.com

Por:  Javier Montes

A raíz de un viaje académico –realizado por cierto con múltiples esfuerzos por parte del grupo– conocí Bogotá.

Pero en ese orden de ideas hablaremos del final de mi viaje. El bus donde me transportaba no tenía ventanas así que me hice atrás, donde si abrías la “escotilla” entraba buen aire fresco, hasta que…

Un aroma como nunca había percibido mi nariz o la de mis compañeros, según se entendía por sus quejas, inundó el ambiente. Era el aroma del río Bogotá… con un leve movimiento hacia la derecha lo vi.

Pensé que era icopor lo que flotaba, pero al detallar un poco más vi espuma, y un río negro, negro como la noche. En seguida pensé en los alcantarillados de todo Bogotá fusionados en un río; no encuentro mejor descripción gráfica del río Bogotá.

Entonces ya estructurado mi plan de lo que serán las cinco puntas de la estrella, decidí empezar por el final, el final de mi viaje, y abordar este tema que me interesó pero no quedándome solo en la opinión, sino documentándome, y este es el resultado.

Desde su nacimiento en el municipio de Villapinzón (provincia de Almeidas), esta corriente recibe la contaminación proveniente de varias fábricas que procesan pieles de animales, curtiembres artesanales que arrojan sus desechos allí.

Los desechos de las curtiembres no sólo afectan el cauce alto del Bogotá, también a su principal afluente, el río Tunjuelo, debido a que varios artesanos de Villapinzón se han asentado a orillas de su cauce.

El desarrollo industrial de la provincia de Sabana Central introduce una alta cuota de contaminación en el río que, a su paso por Bogotá, recibe tres de sus principales afluentes, los cuales descargan las aguas residuales provenientes de la ciudad: el Salitre, el Fucha y el Tunjuelo.

Entre la desembocadura del Juan Amarillo hasta el salto del Tequendama, el Bogotá se considera un río muerto, pues no posee vida macrobiótica alguna. Son variadas las causas: a la carga de desechos biológicos e industriales aportada por alrededor de ocho millones de habitantes tanto de la capital como de los municipios de la Sabana, en este tramo es un típico río de planicie, con un mínimo de velocidad, lo que acentúa su septicidad y hace prácticamente imposible la autodepuración para las altísimas cargas orgánicas que recibe. Allí las aguas no poseen oxígeno.

 

Un Salto de oxígeno

En el Salto del Tequendama, el Bogotá abandona la sabana homónima y entra en la provincia cundinamarquesa del Tequendama. La oxigenación que recibe en esta catarata permite que recupere parte de la vida macrobiótica. Igualmente, el Bogotá en su parte baja recibe las aguas de varios afluentes más limpios que, junto con un discurrir más rápido, diluyen el nivel de contaminación. El Bogotá aún recibe la carga contaminante de los alcantarillados de los municipios aledaños, pero siendo muy bajo el desarrollo industrial de los municipios de las provincias del Tequendama y el Alto Magdalena (en contraste con los municipios de Sabana Central y Sabana de Occidente en la cuenca media), su curso es mucho menos contaminado.

Aun así, el Bogotá es la principal fuente de contaminación del río Magdalena. Entre los contaminantes que lleva su cauce están cadmiocromomercuriozincarsénico y plomo. El punto máximo de contaminación del río está en sectores de Bogotá donde el nivel de residuos sólidos puede alcanzar un nivel de 400 mg/L

Los análisis científicos han demostrado que en su nacimiento el río se encuentra en buen estado, pero tan pronto empieza a correr, sus aguas se contaminan cada vez más. Primero, por los desechos que salen de las viviendas. Más adelante, sus aguas se ensucian con los residuos que diferentes industrias depositan en él, como grasas, aceites, metales (cadmio, cromo, cobre, plomo y níquel), entre muchos otros elementos tóxicos.[1]

Tomado de Minambiente.gov.co

Tomado de Minambiente.gov.co

Proyectos descoordinados

Al leer vislumbramos esa problemática, y algunas de sus causas, hacemos una interpretación del problema y encontramos la raíz del dilema, pero solo con esta información inicial no podemos dictar un juicio. Hasta este momento mi primera impresión del río Bogotá era cierta: era la alcantarilla colectiva de todo Bogotá.

Para Fernando Vásquez, director de la fundación Al Verde Vivo, el río Bogotá es la mayor alcantarilla abierta de Colombia. La razón es que “desde 1952, cuando se construyó el acueducto, recibe a diario todas las aguas negras de ocho millones de habitantes, contando Bogotá más los otros municipios”, explica Vásquez.

Este ecologista comenta que es tanta la materia orgánica que llega al río que su descomposición se consume todo el oxígeno y por eso no hay ni peces ni plantas. Estos desechos producen el 90 por ciento de la contaminación del río. El resto, proviene de lo que arrojan las industrias, que son químicos y elementos que tienen un impacto ambiental mucho más grave.[2]

Después de leer este artículo, reafirmé uno de mis comentarios iníciales: el alcantarillado colectivo de Bogotá, el baño donde los empresarios borrachos vomitaban sus químicos, que enfermaron y exterminaron la vida en ese ecosistema.

La historia de los intentos por descontaminar y salvar las aguas del río Bogotá es la sucesión de ajustes para un megaproyecto que solo necesita de decisiones que lo hagan sostenible. Se trata de una iniciativa que ya contaba con el visto bueno de los actores distritales, departamentales y de la nación para que se realicen inversiones por 5,4 billones de pesos hasta el 2016.

Sin embargo, la decisión está en manos del Consejo de Estado, que en próximos días definirá las condiciones de la construcción de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (Ptar) de Canoas en Soacha, la cual tiene congelados recursos por 1,6 billones de pesos por desacuerdos.

Más allá de poner en riesgo inversiones en redes de conducción de aguas, por 1 billón de pesos, construidas desde el 2004, los problemas se agravarían por el freno a un nuevo intento, en momentos en los que el tiempo está en su contra y no soportaría más errores, en opinión del representante legal de la Asociación de Usuarios de los Recursos Naturales Renovables del Río Bogotá (Asurios), el ingeniero Jorge Achury.

El caso es que el megaproyecto de descontaminación del río Bogotá está padeciendo los males típicos: se tardan más tiempo, terminan costando más y siempre llega un nuevo concepto técnico a cambiarlo.

bogota2Para el profesor Andrés Hernández, adscrito al Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo (Cider), quien ha trabajado el tema de gobernanza del agua, “hay una gran inversión, mucha ingeniería, pero es el ejemplo de los 10 grandes técnicos que nunca se ponen de acuerdo, lo cual sucede por falta de una autoridad que coordine”, e hizo un llamado para que no se caiga en el efecto perverso de buscar el proyecto perfecto.

Por ahora, técnicos de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá esperan la decisión del Consejo de Estado para darle un aire al río, que “debe hacer mucho esfuerzo por sobrevivir, pues su caudal está sobreexplotado. Si seguimos expandiéndonos estaremos condenados a no tener agua”, expresó el director de la red troncal de alcantarillado del Acueducto de Bogotá, Reinaldo Pulido.

“Se busca que las obras ya construidas tengan conexión, cambiar el modelo implica perder 10 años. Ya se habían gastado tres años para llegar a acuerdos y el año pasado no se hizo nada”, lamentó el asesor del proyecto de descontaminación, a cargo de la CAR, Aníbal Acosta.

“Nadie tiene la razón pero debemos pensar en que las decisiones que tomemos son claves para la calidad de vida y para la vida misma de las poblaciones alrededor”, agregó el secretario Distrital de Planeación, Gerardo Ardila.

Tomado de elespectador.com

Tomado de elespectador.com

Esperanza líquida

El río emblema de la ciudad busca un respiro que lo alivie de las contaminadas aguas que se vierten en él. Por eso, este ser vivo deposita sus esperanzas en el “Megaproyecto del río Bogotá”.

Se trata de una iniciativa que busca recuperar las aguas por medio de acciones que incluyen la ampliación del cauce, la optimización de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Salitre y la creación de la PTAR Canoas.

Frente a este panorama, avanzan las obras de extensión del cauce, en las que se correrán los jarillones 30 metros para que las aguas del río fluyan más rápido y se ‘oxigenen’, afirma Rafael  Forero, coordinador del proyecto de Adecuación,  Hidráulica y Recuperación del río Bogotá.

Los trabajos también incluyen la remoción de basuras, sedimentos (lodo con materia orgánica) y la conformación de jarillones, por parte de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR). El proyecto cubre la cuenca media del afluente, es decir, desde Alicachín, en Soacha, hasta Puente la Virgen, en Cota, para un total de 68 kilómetros.

Sin embargo, primero se intervendrán los puntos que se vieron más afectados en la pasada ola invernal, pues las obras no solo se reducen al saneamiento del río sino que también ayudarán a prevenir inundaciones. Es que las comunidades vecinas al río temen por los estragos que puedan sufrir sus viviendas, pues en menos de 15 días las aguas del afluente se incrementarán.

Se espera que estas obras estén listas para finales del año 2016. Este “Megaproyecto del río Bogotá” servirá para darle una cara amable al afluente, pues en su alrededor se construirán senderos ecológicos en los que las familias podrán disfrutar del paisaje. “Por cada árbol que es talado en las obras, se siembran tres”, explicó Forero.

Desde los años 80 no se realizaba una ampliación en el cauce del río Bogotá, pese a que las cambiantes condiciones del afluente reclamaban a gritos la intervención.

Antes, la mayoría de los terrenos vecinos al río eran rurales y se utilizaban para la agricultura. Ahora, estos predios son urbanos. A esto se le suma el incremento de la contaminación y de las aguas negras que se vierten al río.

Para Forero, estas obras contribuirán a mejorar la calidad de las aguas. Por lo tanto, se favorecerán las comunidades aledañas al afluente.

 

 Los datos 

1. El costo

485 millones de dólares es la inversión de este proyecto. Hay préstamos con el Banco Mundial.

2. Predios

A la CAR solo le falta comprar 29 predios, de los más de 200 que hacen parte de la cuenca media del río.

3. Construcción

1,6 billones de pesos es el costo de la construcción de las fases I y II de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales Canoas y su estación elevadora.[3]

 

*Río Estigia es el nombre que los griegos daban al cauce que cruzaba el infierno o Hades. 


[1] Según información de Wikipedia

[2]Con información de Semana

[3]Información tomada de ADN