En los últimos años los colombianos han exigido reivindicaciones elementales que debe tener cualquier país decente para un mínimo funcionamiento, sin duda alguna entre estas exigencias también debe entrar el derecho a estar bien informados.

 

Por: Fabián Morales

Venezuela… ¿qué información están inyectando los grandes medios nacionales sobre este asunto? Nada grata es la actualidad colombiana. Además de la agudización de sus crisis internas por las malas políticas de gobierno, ahora se suman los conflictos políticos de Venezuela en los cuales el gobierno colombiano se empeña en formar parte de una supuesta solución junto a otros países obedientes a los Estados Unidos de Donald Trump.

Un poco de contexto.

Miles de venezolanos en suelo colombiano y otros países de la región buscando mejores oportunidades. Violación a los derechos civiles, la libertad de prensa y un modelo político que no satisface las necesidades de un sector importante de la población, son muestras de que en el vecino país las políticas no van bien; sin embargo, la situación no solamente se debe a las malas decisiones de su gobierno.

Venezuela posee uno de los recursos que más dinamiza la economía mundial, el petróleo (300 millones de barriles, la mayor reserva mundial), hecho que no pasa por alto a los intereses imperiales de algunas potencias que desde hace varios años vienen generando una guerra diplomática, comercial, mediática  y  económica que ha agudizado su crisis social, ahora con el agravante de una intervención militar utilizando de plataforma el territorio colombiano, como lo han hecho saber varios encargados de la política imperial de EEUU como Mike Pence, Jhon Bolton y el mismo Trump.

Ante la gravedad de la situación, ¿cómo ha sido el cubrimiento informativo? En los hechos recientes, los grandes medios nacionales, especialmente en radio y televisión, han fijado postura, coincidiendo en buena medida con la línea de pensamiento del actual gobierno colombiano.

En primera medida, en pocos días, junto a grandes medios internacionales, han llevado al estrellato al autoproclamado presidente interino Juan Guaidó. A dicho personaje le han creado un perfil patriótico, democrático y humanista, a pesar de que en muchas de sus intervenciones promueve la intervención militar extranjera, que volvería ruinas a su país, transgrediría la soberanía venezolana y dejaría miles de muertos.

En cuanto al concierto en la frontera, el cubrimiento fue todo un show de horario central (prime time) y también de suspenso, dado que era la previa de la supuesta entrega de “ayuda humanitaria”. En este  evento, más allá del clamor de la gente de a pie y de algunos artistas  que confundidos o no pedían justicia en Venezuela, sirvió para una buena sesión de fotos de varios políticos y camuflar de paso la agresiva operación que desarrollarían al día siguiente, aunque con menos gente de la que planearon, ya que al concierto solo asistieron 20 mil personas de las 200 mil que esperaban y fueron pocos los grupos de personas aislados que intentaron hacer de punta de lanza de los dirigentes que tampoco aparecieron en la retaguardia de estos grupos en el puente Tienditas.

La “ayuda humanitaria” no contó con el apoyo de la iglesia católica, ni de la Cruz Roja  y tampoco iba acorde con los principios universales decretados por la ONU. Además, como se resaltó, la entrega iba liderada por grupos de encapuchados de comportamiento violento, así lo dejan ver varios videos filtrados en las redes sociales.

Más allá de algunas aclaraciones aisladas en los medios nacionales sobre esta situación, el discurso predominante en los medios ha sido parcializado y con un pobre abanico de opiniones para todos los actores e intereses que están en juego.

 

Entre vulnerados e incrédulos

El cubrimiento ha estado camuflado de  formas que ha enunciado el académico colombiano Ómar Rincón en sus textos: relatos entretenidos, goce narrativo, pasión política e interpretaciones que no son genuinas, sino que responden a lógicas estructurales del poder hegemónico;  que en este caso ha contado con varios protagonistas.

Por un lado, los políticos nacionales e internacionales de ideología neoliberal y de ultraderecha,  con mucho tiempo en los medios para  presentarse como altruistas que darán la solución a los problemas del vecino país;  por otro, unos comunicadores informando a millones de personas con poco espíritu periodístico y más en el sentido que expone Ómar Rincón, con mucho estilo de animadores de programa concurso o de narradores de fútbol que relatan y entretienen a las audiencias impregnando emocionalidad a los hechos. Le han apostado más al  guion y a la programación neurolingüística –con mucha sazón– que al análisis y la diversidad de opiniones.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

En medio de estos relatos mediáticos entretenidos, son bastante vulnerables las personas que por diversos motivos no cuentan con formación académica o política, que les permita abstraer este tipo de discursos y compararlos con otras fuentes de información. Llegándoles así información de los grandes medios con fines políticos, acorde a la ideología del gobierno de turno.

Combinación que no permite al ciudadano desprevenido dimensionar la complejidad del momento que vive Venezuela, deformándole la opinión para hacerle creer que allí se vive el  “techo” de una crisis y que por tal razón se necesita una intervención militar extranjera, hecho que desencadenaría un problema de dimensiones inimaginables tanto para Venezuela como para Colombia.

Por otro lado, un sector importante de la población es consciente de todos los intereses que están en juego, ven una crisis que debe resolverse por las vías del diálogo y perciben la baja calidad periodística y el esquivamiento de la responsabilidad social por parte de los grandes medios nacionales, esos ciudadanos son conocedores de que el discurso mediático es el de los intereses de EEUU y los gobiernos que se le someten, y no el de la sociedad civil.

En los últimos años los colombianos han exigido reivindicaciones elementales que debe tener cualquier país decente para un mínimo funcionamiento, sin duda alguna entre estas exigencias también debe entrar el derecho a estar bien informados.