Anatomía de una campaña sucia

La acusación contra Santos es muy grave, pero Uribe no tiene las pruebas. El video de Zuluaga es menos grave, pero Zuluaga tenía que negarlo. Análisis cuidadoso de los hechos  y de lo mucho que enseñan sobre ética y política en Colombia.

 

Por: Hernando Gómez Buendía* / Razón Pública

Una cosa es una cosa…  

En este remolino de noticias y denuncias, es bien posible que haya confundidos, y que muchas personas hayan decidido su voto o su no voto sobre la base de impresiones inexactas o parciales. Como se trata de asuntos delicados, es importante tratar de precisarlos para ilustrar mejor su decisión de hoy y la del 15 de junio y – o cuando  menos- para bien de la historia.

Yo por supuesto no tengo más escándalos que revelar, ni pruebas que aportar, y ni siquiera puedo imaginar las volteretas con que van a sorprendernos, distraernos o aturdirnos durante las semanas de vorágine que vienen. Pero puede ser útil este intento de poner cada cosa en su lugar y en alguna perspectiva.

La primera obviedad es que desde hace tres semanas, dos de las cinco campañas han sido objeto de escándalos mediáticos que presumiblemente podrían influir sobre los resultados. La segunda obviedad, ya menos obvia, es que se trata de cinco acusaciones

  • distintas;
  • apoyadas por diferentes formas y grados de evidencia;
  • que comprometen en distinto grado al candidato;
  • que tienen muy distinta gravedad en términos legales y, más aún, en términos morales;
  • que están más o menos conectadas entre sí, pero no son lo mismo.

Cinco noticias, dos relatos

Tres de esos cinco escándalos versan sobre Santos y los narcotraficantes, los otros dos sobre Zuluaga y el espionaje a las negociaciones de paz. En orden cronológico se trata de:

1. El proyecto de acuerdo entre un grupo de narcotraficantes y el gobierno Santos que resumió El Espectador  el 4 de mayo;

2. Los doce millones de dólares que habría recibido J.J. Rendón de aquellos narcotraficantes, según denuncia de ese mismo día en El Espectador y en Semana;

3. La captura de un “hacker” del proceso de paz que resultó vinculado con la campaña Zuluaga, el 7 de mayo;

4. Los dos millones de dólares que la campaña Santos-2010 habría recibido de los narcos, según Uribe declaró el  8 de mayo, y

5. La reunión entre Zuluaga y el hacker que Semana divulgó el 17 de mayo y El Tiempo completó el 21 de mayo.

Es importante notar que de las cinco noticias, solo las dos últimas serían golpes directos  contra los candidatos: la de los dos millones en el caso de Santos, la de la reunión con el hacker en el caso de Zuluaga. Las otras tres noticias, deliberadamente o no, sirvieron como preámbulo para hacer más creíbles los dos golpes de fondo: esta es la lógica propia de los medios de comunicación, que necesitan o deben construir “relatos” coherentes sobre las cosas que pasan –  o las cosas que anticipan-.

Por eso repasaré primero los preámbulos y después las dos acusaciones de fondo.


El candidato a la presidencia, Oscar Iván Zuluaga.
Foto: Politécnico Grancolombiano

Las tres noticias-preámbulo

Las dos que afectan a Santos

1. El primer hecho no lo niega nadie, pero no compromete para nada al presidente: hacia mediados de 2011, un grupo de narcotraficantes le presentó un plan para entregarse a la justicia que no fue llevado a cabo.

La noticia sin embargo abrió el camino para los dos ataques siguientes contra Santos. Primero porque mostró la existencia de mensajeros del crimen (o quizás intermediarios) cercanos al presidente-candidato. Segundo porque los nexos de políticos con narcos son un cargo comprensible, creíble y repudiable para muchos votantes. Tercero, más concretamente, porque esa propuesta evocó la memoria de episodios bochornosos y diálogos oscuros: pactos con Pablo Escobar, con el cartel de Cali, con Castaño, con los capos de Ralito, con Alacrán, con Chupeta…López, Turbay, Hernando Santos, Germán Montoya, García Herreros, monseñor Vidal… en tiempos de Betancur, de Barco, de Gaviria, de Pastrana, de Uribe… la presencia perpetua de la DEA… en fin, la historia patria.

2. La segunda noticia se basa en la primera, es de mayor gravedad y afecta más de cerca al presidente. Pero depende (hasta ahora) de dos testigos dudosos: “Comba” contra “JJ”, y “JJ” contra Chica. Comba es un narco extraditado; JJ salvó a Santos en la pasada elección, y es persona discutida dentro y fuera de Colombia; Chica es pupilo de Santos y tiene fama de puestero y serruchero.

Esta noticia añade a la primera el olor a podrido en Presidencia, y hasta podría ser –estamos en Colombia– que algún día se averigüe que existieron –y cómo se repartieron– aquellos doce millones de dólares. Pero parece raro que los narcos se dejaran estafar, JJ salió de la campaña, Comba resolvió que no hablará más sobre el tema y Chica decidió no  demandar a JJ.

¿”Tapen, tapen” –o falta de sustancia–?  Diría yo que el caso no importa mucho, o casi apenas como puente hacia el tercer escándalo. Y tanto así que Santos rehusó “poner la mano en el fuego” por JJ o por Chica, y aclaró que “yo respondo solo por mi campaña”.

La que afecta a Zuluaga

3. El hacker fue capturado con las manos en la masa y Zuluaga admitió que hacía trabajos para su campaña: es un hecho demostrado.

El hacker resultó ser un personaje noticioso, truculento como todos, que fungió como colega, socio, rival, pariente y timador de sus pares desde los tiempos remotos cuando Santos, Uribe y sus equipos trabajan muy unidos.

Pero esa no era en realidad mucha noticia. Desde el comienzo del proceso de paz (o al menos desde “Andrómeda”), hemos sabido que chuzar a las delegaciones en La Habana es un deporte de moda entre los círculos legales, para-legales e ilegales que por definición y en todas partes constituyen “la comunidad de inteligencia”.

También sabíamos que Uribe y el uribismo andan muy cerca de esa comunidad –o viceversa-, y que el proceso de paz es la obsesión y el caballo de batalla de Uribe y su candidato. Para no probar lo obvio, baste aquí con recordar la divulgación del punto de salida de los voceros de las FARC hacia Cuba que Uribe hizo en su famoso twitter.

El hecho de que el hacker tuviera nexos con la campaña no era en sí mismo un cargo contra Zuluaga. Pero sí lo situó en la vecindad de un submundo clandestino y sospechoso, donde lo legal y lo cuasi legal y lo ilegal y lo criminal confluyen y se mezclan.

Las dos noticias-bomba

El cargo en contra de Santos

4. Lo de los dos millones que habría recibido la campaña de Santos en 2010 es el cargo más grave de los cinco. Por esa misma suma (extraña coincidencia) se produjo la mayor crisis política en Colombia después del Bogotazo: el aporte del cartel de Cali a la campaña Samper en el 94, el “proceso 8.000”,  y los cuatro años perdidos en ese amargo debate.

La acusación tiene el aval del gobernante más popular y acatado que haya tenido Colombia, que además conoció desde dentro la primera campaña de Santos. Los “furibistas” le creen porque sí -y a lo mejor le creen o deberían creerle los millones de personas que apoyaron a Uribe en su momento-. Pero hasta ahora no hay más que la palabra del expresidente.

Y no es fácil de creer.

  • Primero porque Santos no es estúpido (aunque Samper si lo fue).
  • Segundo por los detalles: Santos tenía el erario y el apoyo de los ricos; habría correos más seguros que un asesor extranjero; los dos millones para el candidato en 2010 no encajan con los doce cuando ya era presidente en 2011…y así podría yo seguir jugando a detective.
  • Tercero y, sobre todo, porque hasta Uribe se midió en sus palabras: dijo que le habían dicho, que debería investigarse, que se violaron los topes, que la plata la entregaron a “alguien de la campaña”…; su abogado  aclaró que “Uribe no tiene pruebas sino solo información”;  y el después se ha rehusado a visitar al Fiscal.

En resumen: el gran cargo contra Santos se alimenta de noticias anteriores y tiene el peso de Uribe, pero esta vez de Uribe tartamudo y –hasta ahora- sin más pistas o evidencias que lo vuelvan más creíble.

La tartamudez tendría explicación. El cargo contra Santos se puede convertir en un cargo contra Uribe: delito de encubrimiento porque pasaron cuatro años sin denunciar ni los dos ni los doce millones sobre los cuales tenía “pruebas” o “información” (¿es esta la rendija que entreabrió el abogado para librar a Uribe de una nueva demanda?).

El cargo contra Zuluaga

5. Un video de 5 minutos, 24 segundos, y otros cinco fragmentos que suman 21 minutos, 58 segundos, son lo más parecido a la “prueba reina” que pueda imaginarse. Zuluaga y su “asesor espiritual” conversaron largamente con el hacker y este aludió a algunas tácticas de campaña dudosas, además de a sus “fuentes de inteligencia” sobre jefes de las FARC y sobre acciones de la Fuerza Pública.

En ese mundo penumbroso de “la inteligencia”, el acceder o utilizar a sabiendas la información reservada o “chuzada” es, en principio, un delito (depende del abogado… o del fiscal) de violación ilícita de comunicaciones privadas, de comunicaciones oficiales (artículos 192 a 197 del Código Penal) y hasta de espionaje (artículo 463), o de complicidad en esos delitos.

En defensa de Zuluaga cabría decir que la conversación “no fue tan grave”.

· Primero porque todos sabemos que esta campaña gira en tono a la paz y la guerra con las FARC, que Santos podría tener un as bajo la manga, y que era elemental estar al tanto de qué planeaba el contrincante.

· Segundo porque en ningún momento del video se habla de sabotear el proceso de paz: se habla de cómo ganar las elecciones.

· Tercero porque en efecto no hubo “secretos” o los secretos no eran “de Estado” (¿o es un secreto que ¨la Fuerza Pública anda detrás de Romaña”?).

Pero Zuluaga no dijo nada de eso. Dijo en su orden que no conocía al hacker, que había hecho una visita social a su oficina, que una reunión de cinco minutos, que tres reuniones y más minutos, que la persona en el video sí era él, que el video había sido manipulado, y que no es más que “un fraude para atentar contra mi campaña”.

En resumen: puede ser que el video sea un montaje, y esto tendría que demostrarlo Zuluaga. Pero a la luz de los hechos comprobados, Zuluaga se enredó en el intento de explicar la reunión donde se habló de cosas feas, de cosas ilegales o de cosas que podrían ser delitos.


Se espera alto nivel de abstención en las elecciones
presidenciales en su dos vueltas.
Foto: Registraduría Nacional del Estado Civil

Guerra sucia y algo más

Tras el balance de los hechos, podré ser más sucinto y más tajante al inferir algunas cosas menos evidentes y al derivar algunas conclusiones, así:

1. Dos golpes programados

Podría ser que, de manera inocente o por pura coincidencia, todas esas denuncias o hallazgos se hubieran producido durante estas semanas. Diría incluso que la lógica del “relato coherente” ayudaría a explicar el porqué de las secuencias de noticias respectivas.

Pero la coincidencia es excesiva. Recta final de elecciones. Sólo los dos punteros afectados. Dos relatos (i) internamente bien armados, (2) simultáneos, (3) con “ripostas” que se alternan día por día, y (4) que se vuelven cada vez más graves, se explican de una  manera muy simple: sobre la base de verdades, medio-verdades o mentiras, las campañas de Santos y Zuluaga trataron de enlodarse mutuamente.

La virulencia del lado y lado se debe en mi opinión a tres razones:

· Primera y por supuesto a que se trata de “cuatro años de poder”, como dijo el otro hacker.

· Segunda a que no hay nada más intenso y destructivo que una pelea entre personas y equipos que trabajaron tantos años juntos

· Tercera a que estas elecciones son el clímax o el punto decisivo de la puja entre uribismo y santismo, los dos proyectos de país que dividen a Colombia.

2. Dos estilos (y medio)

El golpe duro contra Santos no vino de Zuluaga sino de Álvaro Uribe (de hecho, Zuluaga se limita al alegato de los doce millones).

Fue un golpe en el estilo campechano de Uribe, que sin querer queriendo dice cosas gravísimas, que aunque no lo demuestre dice tener las pruebas (“yo no hago conjeturas”),  que suena frentero y sin embargo sabe de memoria los tecnicismos de tantos abogados y tantos pleitos a lo largo de su larga trayectoria en los juzgados.

A dos semanas de unas elecciones que son de vida o muerte para él, cuando su candidato lleva las de perder, ese político apasionado y audaz se decidió a jugarse el todo por el todo. El de un Uribe fue un golpe durísimo, pero desesperado y además chapucero.

Santos es un profesional en estas lides. “JJ” su asesor es maestro del oficio. Hace cuatro años desinflaron a Mockus con pancartas y rumores por ateo, por el Parkinson, por payaso, por chavista y algo más. Esta vez el peligro provenía de un Uribe “clonado” que empezaba a alcanzarlo en las encuestas… y entonces aparecieron el hacker y su video.

Por supuesto que  ni Santos ni sus padrinos o voceros hicieron las denuncias iniciales. Es más: Santos no dice que el video sea cierto, sino que Zuluaga miente en relación con el hacker. Tira la piedra pero esconde la mano: el contragolpe de Santos fue un golpe en frío, técnico y menos visceral, pero mejor dirigido.

El otro medio estilo es de Zuluaga: se enredó en corregir sus respuestas hasta treparse a un árbol de donde arriesga no poder bajarse, y remató con el tono exaltado de un guerrero (“respéteme”). Jugó para guardar la dignidad, pero quedó a la defensiva.

3. La justicia subalterna

Pudo ser coincidencia. Incluso dicen desde la Fiscalía que la captura del hacker fue un accidente o un rebote de “Andrómeda”.

Pero ocurrió el lunes después de la noticia de El Espectador dominical sobre Santos. Sin saber(oficialmente) de sus nexos con Zuluaga, la captura mereció rueda de prensa del fiscal y asistencia masiva de los medios (no pasó así con el hallazgo de Andrómeda ni por supuesto con los cientos de capturas cotidianas). Con una celeridad de admiración (en cuatro días), la Fiscalía concluyó que “el video del hacker y Zuluaga es auténtico”.

Santos postuló a Montealegre. Uribe no lo había postulado aunque estuviera “sonando” desde entonces. Sin duda fue abogado del gobierno anterior, pero también lo fue de este gobierno. Santos es el presidente, y los que saben piensan que será reelegido. El fiscal vive de punta con el Procurador…

Y el Procurador no tiene fama de imparcial. Sus opiniones sobre el proceso de paz (o sobre temas morales como el aborto o el matrimonio gay) son parecidas a las del ex presidente. Y cuando Uribe recusó al fiscal y a su segundo, Ordóñez anunció que lo recibiría el 4 de junio  (no hay afán) para oír sus declaraciones sobre Chica, es decir sobre los doce, no sobre los dos millones. ¿Será que por esta vía se amplía la rendija que ya abrió el abogado para que Uribe acabe lavándose las manos?

santo zulu

4. Los medios como instrumento

El “periodismo de investigación” es muy loable y es también el género más sobrevendido del oficio. Unas veces -las menos- el periodista investiga y acaba por descubrir alguna cosa. Otras veces, las más, el director del medio recibe la información, por supuesto de parte interesada. La fuente, claro está, tiene que ser “informada” o “bien situada” y ojalá con detalles, fotocopias o grabaciones que confirmen lo que dice.

Pero dos, tres, o cinco descubrimientos sobre dos candidatos en trece días son algo así como una prueba reina de que los medios son parte deliberada de esta guerra sucia.  Es difícil creer que un reportero mal pagado se dedicara a escrudiñar las actas (reservadas) de la comisión de fiscales que hace un año viajó a Estados Unidos para interrogar a “Comba”. O que la revista que dirige el sobrino del presidente y el periódico que dirige su cuñado se hubieran “encontrado” al mismo tiempo y en el momento crítico el (también reservado) video de Zuluaga.

Son los temas tabú que el periodismo colombiano no ventila ni deja ventilar, y que están en la base de la democracia y el Estado de derecho: ¿De dónde salen los escándalos?, ¿Cuáles se agrandan y cuáles se silencian?; ¿Qué relaciones tiene el periodista con sus fuentes en la “comunidad de inteligencia”?; ¿Los medios sí pueden “chuzar” o utilizar información “chuzada”?; ¿Hasta dónde libertad de información, y desde dónde reserva del sumario?

O más de fondo pero aún más tabú: ¿quiénes son los dueños de los grandes medios?, ¿tienen agenda propia?, ¿les interesa quién sea el presidente?, ¿por qué los periodistas investigativos no investigan los negocios de los dueños, los de los periodistas-empresarios y los de los demás periodistas investigativos?

5. Cerebros tras las campañas                 

Los electores tienen el derecho de conocer el lado flaco de los otros candidatos, y por eso la “campaña negativa” se utiliza en todas partes.

-Pero una cosa son la cuñas que comparan “objetivamente” a los dos candidatos (“contrast ads”), los spot ingeniosos que pintan desfavorablemente al adversario e  inclusive las acusaciones directas, y otra distinta es hacer que terceros “independientes” denuncien o difamen al contrincante.

-Una cosa es mostrar que las propuestas del contrario son inconvenientes o irrealizables (y en esto debería concentrarse la campaña), otra cosa es señalar su incompetencia para el cargo (por inepto, por deshonesto, por conflictos de interés, por falta de convicciones…), otra es hurgar en su vida privada o familiar (al estilo de los gringos), y otra distinta es imputarle delitos como la narco-financiación o el espionaje.

Cualquier estudiante de ciencia política conoce el abecé de la campaña negativa, pero los duros son cerebros tan costosos como Liddy, Carville o Rove, los estrategas de Nixon, Clinton y Bush en Estados Unidos. JJ es su versión latina y Santos tiene el dinero para pagarlo. Pero el candidato sabe qué estaba comprando, y un presidente en funciones debía dar el ejemplo.

O en todo caso debe responder por los actos del “asesor” en desarrollo de la campaña, igual que Zuluaga debe responder por los de su “asesor informático” en desarrollo de la suya: el célebre video habla sin duda de acciones y estrategias non sanctas.

Coletilla

Y aquí corrijo lo que dije al comienzo de este escrito: independientemente del video o de los dos millones, Zuluaga y Santos tienen una responsabilidad política, moral y –eventualmente, penal– si las noticias sobre el hacker o sobre JJ-Chica resultaran ser ciertas.

Triste país donde el alto poder y la política andan tan cerca de la ilegalidad y el crimen.

Y donde el próximo presidente, si es Santos o si es Zuluaga, gobernará a dentelladas y en los juzgados penales por receptación de dineros ilícitos o por encubrimiento, por espionaje o por falsificación de evidencia audiovisual, mientras los colombianos seguiremos naufragando en esa mezcla de moralismo y amoralidad que nos han enseñado nuestros líderes.

*Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic en este enlace.