En el corazón de la selva tropical, surge un caserío rodeado de las más invaluables riquezas colombianas. Para llegar hasta allí es necesario recorrer el río Cascadas, que da origen a pozos cristalinos y al río Chadó, llegando finalmente al Océano Pacífico.

 

Por: Carolina Franco

Bahía Solano, en el Chocó, es uno de los 34 pulmones del planeta y allí se está desarrollando el megaproyecto maderero de la multinacional canadiense Prima Colombia Hardwood – REM Forest Products. La empresa pretende explotar cinco millones de metros cúbicos de madera durante 15 años; la extensión de selva a talar son alrededor de unas 200.000 hectáreas.

Caserío de Bahía Solano, municipio con aproximadamente 9 mil habitantes.

Pese a que gran parte de la población en Bahía Solano defiende el proyecto, ambientalistas de todo el país han emprendido una lucha para detenerlo. Juan David Ceballos, abogado y opositor de la multinacional, se amarró a un árbol durante tres días, como protesta para impedir que el proyecto continuara. Por sus denuncias, Ceballos ha recibido amenazas de muerte, e incluso, ataques violentos por parte de la comunidad. Ha buscado la ayuda de organizaciones como Greenpeace, pero sigue sin obtener respuesta.

La comunidad se empeña en defender la posición de la multinacional, agregando que solo ha traído ventajas. Cuenta Yuber González, líder comunitario del consejo Los Delfines, “que esté detenido el proyecto afecta mucho la población. Habían 120 empleos directos fuera de los indirectos y más o menos, 50 familias favorecidas”.

La Ley 30 de 1993 le permite a la comunidad, adueñarse de 67.327 hectáreas. El territorio va desde Bahía Solano hasta Juradó. En Bahía viven 9094 personas según el censo de 2005; sacando cuentas sólo se beneficia 1,2  por ciento de los habitantes.

El 29 por ciento de la población, presenta necesidades básicas insatisfechas en la zona. Fuente: www.fcm.org.co

Para obtener el permiso de la población, fueron tres las promesas de la multinacional: “extraer los árboles talados en helicópteros para no tener que hacer vías en la selva, volver a sembrar arbustos donde se talaron y pagarles a Los Delfines diez dólares por cada metro cúbico de madera vendido en el extranjero” argumenta la Prima Colombia Hardwood.

Albeiro Acevedo, ex trabajador de la compañía, asegura que “acá no hay escuela, no hay salud, no hay energía. Entonces ellos son muy puntuales en las necesidades y dicen ‘somos nosotros lo que les vamos a dar todo eso’, pero debería ser el Estado. Miremos costo beneficio: árboles de 100 y 150 años comprados en 20 dólares”. El precio real que paga la empresa es de 10 dólares y las utilidades que obtendrá de Bahía serán de US$1.500 millones.

Por su parte, Sergio  Gallego, representante legal de la Prima Colombia Hardwood, expresa que la organización pretende hacer explotación sostenible y de esta forma, “el Chocó será un modelo a seguir. Hay que darle oportunidades a la gente. Con esta actividad no solo van a cuidar las riquezas sino que también los vamos a cuidar a ellos”.

 

 

Comunidad defiende la tala

La extracción de madera se hará por medio de helicópteros, es una técnica novedosa en Latinoamérica que permite transportarla sin dañar otros espacios de la selva. González argumenta que este proyecto es serio y responsable con el medio ambiente, porque las tecnologías que utilizan, son altamente calificadas. Pese a esto, la multinacional taló 800 árboles de especies como abarcos, cohibas, nísperos, granadillos, amargos, guayacanes y marequendos, los cuales nunca fueron extraídos y hoy, continúan pudriéndose en la selva.

Han sido talados 800 árboles y hoy continúan sin extraerse. Su madera es considerada como una de las más finas del mundo.

Joaquín Potes, ex trabajador de la compañía, alega que “no se han talado árboles, solo se está haciendo inventario”. Los árboles cortados permanecen en los suelos de Bahía Solano y se construyeron campamentos. Dice Ceballos, “esto no fue nada para todo lo que estaban haciendo”.

La compañía tiene 17 helipuertos, un campamento en la mitad de la selva, con una carretera de 500 metros de largo y ocho de ancho, además del cableado eléctrico al campamento, y a La Huaca, poblado ubicado a 20 minutos de la Bahía.

En el artículo publicado por Semana.com, Herida en la selva, se lee que “el paisaje cambió. Desde el aire, ya no se ve aquel tapete verde uniforme, pues ahora tiene agujeros”. -El agujero- corresponde a  la madera más fina del mundo, pudriéndose en el suelo.

El campamento de la Multinacional Canadiense Prima Colombia Hardwood, que además cuenta con 17 helipuertos.

El Tribunal Administrativo del Chocó, se vio obligado a suspender la licencia de la multinacional canadiense, prohibiendo la intervención a las tierras y ordenando reparar los daños causados.  Según Ceballos, “la decisión es una visión integral por parte de la entidad”. Pero González se empeña en afirmar que “este proyecto no es de la multinacional, este proyecto es de las comunidades y nosotros tenemos derecho a asociarnos con empresas privadas”.

Al conocer las casas de algunos de los defensores de la compañía, surgen algunas explicaciones del porqué la aceptación de este megaproyecto. Aunque la escuela y el centro de salud parecen construcciones viejas y olvidadas, las casas cuentan con televisores plasma, neveras y lavadoras. “Ya la gente puede tener su nevera, puede tener sus productos frescos,” dice González, a lo que agrega Milanier, antes cocinera de la empresa, “vivimos mejor con la multinacional, mejor con dinero para poder comprar los alimentos de nuestros hijos. Ellos no viven como ricos pero viven más o menos bien”, además que en el trabajo llegaban los empleados y podían comer lo que quisieran. “Ellos podían ser gringos, pero trataban a las personas muy bien, no como trabajadores, sino como si fuéramos familia.”

Voces reflexivas

Acevedo, es reflexivo en varios temas.  Señala la desorganización social que ha generado la multinacional, ya que usan la estrategia de llenar los estómagos y regalar televisores a los empleados, a sabiendas del olvido del Estado y así conseguir la aceptación de la comunidad. “Les dan para comprar televisores y neveras, pero luego vuelven los problemas. Cuando la multinacional se vaya, ellos quedarán desempleados”.

Yuber González, líder del Consejo Los Delfines, defensor del proyecto.

Defensores del proyecto pasan por alto los temas de la infraestructura no permitida y el manejo de aguas ilegal llevado a cabo por la multinacional, de la que es dueño el empresario canadiense Frank Giustra, que tiene en Colombia su filial Prima Colombia Hardwood y está vinculada financieramente con Pacific Rubiales Energy, Medoro Resources, Alange Corp, Gran Colombia Gold.

Codechocó ha tomado decisiones contradictorias en varias ocasiones, pese a la cantidad de denuncias recibidas. El proceso de tala de árboles se vio suspendido dos veces, entre 2008 y 2009, pero luego, en el 2010, se concedió el permiso de nuevo, prorrogando la licencia por dos años más para la extracción de los árboles que ya habían sido talados. Actualmente el proceso está detenido, los habitantes no dejan de lamentarse por este hecho.

Rodrigo Fajardo, secretario de cultura y turismo argumenta que “no estoy de acuerdo en parar el proyecto. Le pongo un ejemplo. Usted tiene una venta de pollos y vienen a comprarle todos los pollos. Si se los compran todos de una, pues ¡Qué bueno fuera! Igual el bosque: hay que cosecharlo de manera sabia y sostenible y si hay un buen cliente, pues hay que hacerlo”.

Según la organización Conservación Internacional, la región del Chocó hace parte de uno de los 34 ‘hotspots’ o puntos calientes de diversidad del planeta, siendo una de las regiones más ricas y diversas del mundo. Sin embargo, todas las protecciones ambientales se ven vulneradas por el fenómeno de la corrupción en Bahía Solano. Nancy, dueña de uno de los hoteles de allí,  agrega “aquí la corrupción política es muy alta. Las comunidades andan mal es por culpa de los políticos. Acá todo se lo roban”.

En Colombia, al igual que en el resto del mundo, entre el 20 y el 40 por ciento de la madera que se vende es ilegal, según los datos de World Wild Foundation.

Las irregularidades no paran aún y los daños ambientales que enfrentaría Bahía Solano, de llevarse a cabo la extracción maderera, parece no preocupar a sus habitantes. Fajardo dice: “No hay que hablar en términos absolutos. ¿Por qué no hacerlo? No hay que entrar a acusar sin fundamento. Puede que el bien no le guste a la mayoría”.

Juan David Ceballos, abogado ambientalista y opositor del megaproyecto. Foto tomada de http://maderasalvaje.blogspot.com

Una minoría, se pregunta por las causas. Acevedo asegura que falta educación para los jóvenes y expresa “si bien es cierto, tenemos el mar. Pero debería haber una participación para brindarles estudio y capacitación a los jóvenes para proteger y cuidar esto. Detectan ese lado vulnerable y dicen ¡Vamos a hacer eso!”.

Los opositores del proyecto, consideran que es importante hacer un balance entre el desarrollo económico de la región y el cuidado ambiental. Jerónimo Hurtado argumenta que, “aunque la selva tiene un valor, los seres humanos también lo tenemos. Que el gobierno se siente y proponga. Si yo me opongo al negocio rotundamente, sería oponerme a que la gente viva. Pero tampoco estoy de acuerdo con la manera en que se ha hecho”, además, explica que el megaproyecto de la multinacional durará 25 años –en realidad son 15 años- y luego, dejará la región con mucha más pobreza. “Sería mitigar el dolor por un periodo de tiempo”.

El “crimen ecológico”, llamado así por Ceballos, es una de las tantas problemáticas ambientales que se presentan en Colombia. El Amazonas, Santurbán, Marmato, Cundinamarca, El Quimbo, el Alto Putumayo, la Sierra Nevada de Santa Marta, el Tayrona, Quindío, Boyacá, el Sur oeste de Antioquia, San Andrés, entre otros lugares, han sido los más apetecidos por las multinacionales para desarrollar diferentes proyectos que atentan contra el medio ambiente.

Ex trabajadores hablan de los beneficios que ha traído la empresa en Bahía Solano.

Frente a esto, Juan David Ceballos agrega que lo peor de todo es que “es para obtener dinero, sin pensar en las consecuencias. Con esto se llenan los bolsillos unos cuantos accionistas y se reduce la expectativa de vida de nuestros hijos”. Por lo tanto, Ceballos propone desarrollar el turismo sin necesidad de hacer una tala masiva de árboles. “Todo el potencial de esta región y la economía se pueden explotar”.

Mientras tanto, simpatizantes del proyecto, esperan con ansiedad su terminación. Milaner expresa con tono agresivo: “Yo pienso que sí van a abrir la empresa. Si me dan la oportunidad yo volvería a trabajar (…) nos pagaban los dominicales, festivos, horas nocturnas, prestaciones sociales, más el salario, sacábamos 900 mil pesos”. Cruz Eduardo, lanchero de la Bahía, insiste en que Ceballos ha sido un dolor de cabeza para la población, y algunos expresan que el ambientalista, tiene intereses ocultos, él mantiene la idea de protestar y defender los recursos, a como dé lugar. “Yo hago este tipo de protestas porque me nace del corazón, es un sentir. No es un problema de Bahía Solano únicamente, es de conciencia. No hemos tenido la capacidad para reflexionar”, dice Ceballos.

Aunque se escuchan confesiones como “doy gracias a Dios el día que la empresa se vuelva a abrir, así no sea yo el que trabaje”, del otro lado se oyen cuestionamientos y se pone en duda su futuro: “se han entregado muchas denuncias, pero todo se ha archivado. Ese proyecto lo van a volver a abrir. ¿Cómo? Con plata”.