En esta selección de 29 imágenes tomadas en Caquetá, Guaviare y Meta, los tres departamentos más afectados por la deforestación en Colombia, se retratan las heridas –ambientales, sociales, criminales, de seguridad y ausencia del Estado– con las que se encontró el fotógrafo Federico Ríos en un trabajo para La Liga Contra el Silencio que contó con el apoyo del Fondo de Periodismo ODS de la Universidad de los Andes.

Por / Liga Contra el Silencio

El suroriente de Colombia alberga una vasta porción de la selva amazónica, uno de los enclaves de biodiversidad más preciosos del planeta, pueblos indígenas de origen ancestral y la colección de pinturas rupestres más grande y antigua de América. Sin embargo, ese entorno único está cediendo terreno aceleradamente. 

Bajo el impacto de grupos armados ilegales que amparan desde el cultivo de coca hasta el tráfico de madera y animales salvajes, de ganaderos ambiciosos y políticos corruptos, los bosques tropicales de Caquetá, Guaviare y Meta, su fauna y sus habitantes originarios sufren desde hace años la embestida de una vasta operación de deforestación ilegal que ha convertido decenas de miles de hectáreas de selva en pastizales y cuyas heridas en la espesura son visibles desde el aire. Los campesinos, que migraron a la Amazonía hace décadas impulsados por planes del gobierno, y los indígenas están atrapados entre una ausencia casi completa del Estado, salvo una reciente incursión militar, y las agrupaciones armadas ilegales que controlan vastas porciones de esas selvas.

Recorrido del viaje. Mapa / Liga Contra el Silencio

Con el objetivo anunciado de enfrentar la deforestación de esta región de la Amazonía, en particular en el Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete y otros parques cercanos, en la región de La Macarena, el gobierno colombiano lanzó, en abril de 2019, la denominada Operación Artemisa. Desde entonces, cientos de militares patrullan la selva a la caza de actividades ilegales. Aunque no estén directamente en la mira de las autoridades, miles de pequeños colonos campesinos, empujados históricamente a ‘tumbar monte’, como se dice en Colombia, en esta frontera salvaje por la falta de oportunidades en sus lugares de origen, e indígenas como los nómadas Nukak que se han visto obligados a asentarse forzosamente en las peores condiciones de pobreza e insalubridad, son las principales víctimas en este pulso complejo que involucra a las fuerzas oficiales, a grupos ilegales, poderosos intereses económicos de terratenientes y ganaderos que promueven la deforestación y políticos corruptos que los amparan.

Durante varias semanas de finales de 2019 e inicios de 2020, el fotógrafo colombiano Federico Ríos recorrió regiones aisladas de Caquetá, Guaviare y Meta, los tres departamentos de Colombia donde se concentra la mayor parte de la deforestación del país y donde más se sienten sus consecuencias. Acompañó a los militares de la Operación Artemisa; fue testigo de sus choques con cientos de campesinos que protestaban contra lo que califican de abusos por parte del ejército; visitó a los Nukak en sus asentamientos; habló con pequeños colonos instalados hace años en medio de la selva, algunos en áreas protegidas, y sobrevoló las inmensidades de esta región de la Amazonía documentando la deforestación.

El resultado es este reportaje fotográfico. Son 29 imágenes de las heridas –ambientales, sociales, criminales, de seguridad y ausencia del Estado– abiertas por la deforestación en el suroriente de Colombia.

El trabajo de Federico Ríos contó con el apoyo del Fondo de Periodismo ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) de la Universidad de los Andes y se hizo para La Liga Contra el Silencio, una alianza de medios de comunicación colombianos que promueve la pub9licación de historias sobre las que pesa un silencio impuesto por intereses poderosos o criminales.

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Los campesinos que quieren apagar las motosierras en Guaviare

Planes de hidroeléctricas en Caquetá, la amenaza silenciosa a la Amazonía colombiana]