En esta segunda parte se exponen los daños ocasionados -muchos de ellos irreparables-  a algunas zonas de la Reserva Natural Cauquitá ubicada en el sector de Cerritos, zona campestre de Pereira, Colombia. Aunque se señala un caso en particular, son varios los propietarios aledaños a la reserva que están afectándola.

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Por Unidad Investigativa

En la zona campestre de Cerritos, ubicada entre Pereira y Cartago, el metro cuadrado vale entre $30.016 y $187.500, considerando que no se venden lotes de menos de 500 metros cuadrados, ni de menos de 85 millones de pesos. Además, pueden llegar a encontrarse lotes de hasta 45 mil millones de pesos con una extensión de 300 mil metros cuadrados. Y esta especulación con el valor de la tierra se antepone a la necesidad de conservación de las zonas declaradas de reserva ambiental y natural.

Un ejemplo de ello se evidencia en la zona de Malabar, el empresario Rufino Santacoloma posee un lote 37 mil 700 metros cuadrados, dentro del cual actualmente está construyendo una casa de 800 metros cuadrados, aproximadamente, justo al lado de la Reserva Natural Cauquitá.

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Casa en construcción, propiedad de Rufino Santacoloma.

Y fue a partir del inicio de esta construcción que la Carder (Corporación Autónoma Regioal de Risaralda) le impuso una medida preventiva a Santacoloma, en el año 2014, por aprovechamiento indebido del agua, la flora y la fauna sin previa licencia ambiental. En ese momento estaba afectando el cauce de la quebrada el Cauquillo y el bosque que pertenece a su predio, pero que de igual forma debe conservar. Actualmente el bosque se encuentra quemado.

Erika Madachowski, especialista de la Carder, recalca la importancia de la zona de Cerritos en cuanto a la existencia de humedales y especifica que uno de los motivos más graves que también  dan lugar a medidas sancionatorias son la afectación de bosque seco y “aquí tenemos una transición a seco en toda esta zona de Cauquitá y de Cerritos bajo…, y también es un ecosistema altísimamente amenazado”, añade (audio).

La Reserva Natural Cauquitá es precisamente una parte de ese bosque en transición. La parcela de 300 mil metros cuadrados, con 200 mil de todo el terreno en proceso de conservación, está ubicada sobre la cuenca baja del río Otún y hace parte de la Loma del Oso, la cual según el POT de Pereira del 2006 es un suelo de protección para el mantenimiento del equilibrio ecológico. Este territorio cuenta con cinco nacimientos de agua, de los cuales tres están protegidos, entre esos la Quebrada Garrapatas, microcuenca principal de la Reserva que conecta con la cuenca del río Cauca.

sendero de la reserva

Imagen compartida por Johanna Drews

Si bien, la Reserva solo contempla una parte del total de esta área de relevancia natural, su conservación permite a su vez preservar las especies que, según la Ingeniera Ambiental Juliana Jiménez, se encuentran en esta zona. A partir de la ficha realizada en octubre del 2014, tras el análisis de este lugar, se determinó que existen allí 152 especies de flora –entre las que está la palma zancona y el membrillo–, ocho especies de mamíferos –entre ellos la nutria–, y 91 especies de aves, como el trepador pardo.

La reserva además fue territorio de la población Quimbaya en los tiempos en que la zona era denominada Cauquitá. Actualmente hace parte de la Asociación Colombiana de Reservas Naturales de la Sociedad Civil (Resnatur); asociación vigente desde el año 1992, que busca sustentar planes de acción para apoyar y guiar los procesos de conservación de zonas naturales, en alianza con el Fondo Mundial para la Naturaleza y la Unidad Administrativa Especial del Sistema de Parques Nacionales Naturales –UAESPNN, entre otras organizaciones afines.

Johanna Drews, arquitecta y propietaria de parte del área de la Reserva, habla sobre las afectaciones al territorio de Cerritos y las particulares afectaciones a la Reserva que se están dando en la actualidad:

 

Sin embargo, algo sucede porque las medidas preventivas y sancionatorias no parecen suficientes. Pese a que dentro de los agravantes legalmente constituidos a nivel nacional están: cometer el mismo daño repetidamente, no cumplir la ley y afectar áreas de importancia ecológica; en casos como los de Santacoloma nada tiene mayor repercusión, a pesar de que sus obras han destruido varios humedales (ver en la primera entrega la afectación al humedal de La Graciela, Dosquebradas) y que ha afectado el cauce de quebradas y lagos, como el que hace parte del Cauquillo en la Reserva Natural, .

Entre los otros proyectos urbanísticos aledaños a la Reserva, está el de la construcción de 65 casas, dentro de un lote de casi 400 mil metros cuadrados,  que se planean poner en venta. Para esto la CARDER otorgó el permiso ambiental a partir del cual la Secretaría de Planeación autorizó el cerramiento mayor, sin contemplar que las construcciones que aquí se hagan pueden dar lugar a cerca de 65 vertimientos de tierra que terminarán en la Quebrada Garrapatas, la cual limita con la futura urbanización. Además, este proyecto requiere la creación de una vía que atravesaría un humedal de la Reserva.

 

Regulación de los humedales

 

Entonces, entre dinero y naturaleza, los signos pesos siguen su curso y toman la delantera. En la zona, un lote cercano a un río o una quebrada cuesta entre 180 y 850 millones de pesos. Esto solo tratándose de lotes, porque una vez se construye sobre él se sabe que su valor aumenta.

Para el 2014 el Instituto Geográfico Agustín Codazzi determinó que entre los predios urbanos y rurales, comprados y registrados en Pereira, se llegaba a una suma de 12 billones de pesos, poniendo a esta ciudad como la octava más cara del país en cuanto a su valor catastral.

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*Imagen tomada del Servicio de noticias del Instituto Geográfico Agustín Codazzi.

 

Pero mientras tanto las construcciones y proyectos de personas como Rufino Santacoloma continúan. A pesar de los múltiples procesos en los que se ha visto involucrado, aún no ha tenido una primera sanción por los daños ambientales cometidos, así que seguramente seguirá con su Plaza de Toros, sus bodegas en La Badea (Dosquebradas), sus lotes de 37 mil metros cuadrados, sus hoteles, sus inmobiliarias, y quizá también seguirá quemando bosques y creyendo que los humedales solo son zonas para destruir, mientras las autoridades ambientales no toman acciones claras y decisivas para sancionar de manera ejemplar a los infractores.

Nota relacionada

ESTA ES MI OPINIÓN / Una rectificación

*Espere la próxima entrega el martes 21 de junio para que conozca detalles del mapeo de los 32 humedales inventariados hasta el 2013 por el municipio de Dosquebradas, de los cuales 17 han sido caracterizados por la CARDER, pese a que solo 10 de ellos tienen sus fichas publicadas para el conocimiento público.