Colombia no se enfrenta a una banda criminal, tampoco a un pequeño cartel. En realidad encara una nueva manera de actuar narco con enorme alcance económico que permea a los actores tradicionales de poder político y militar. Etiquetarlos como bacrim es reducir su real capacidad de corrupción y daño.
Por: Unidad Investigativa
Más de mil asesinatos en tan solo el 2012, descuartizamientos, extorsiones, patrullajes diurnos de extensas regiones del norte del Valle, uso de granadas para causar más daños, desplazamiento y dominio del negocio del narcotráfico, son algunas de las evidencias del poder terrorífico de esta organización criminal que tiene una historia que se remonta a los últimos cinco años.
Daniel Rendón Herrera (o Don Mario) –ex miembro del Bloque Centauros de las AUC– decide crear su propio grupo delincuencial, con la intención de controlar el tráfico de drogas en el Urabá antioqueño. En un principio la organización llevó el nombre de Los héroes de Castaño, en honor al difunto jefe paramilitar Carlos Castaño y a sus filas llegaron ex miembros del Bloque Bananero y el Bloque Helmer Cárdenas, del que fue comandante Freddy Rendón Herrera (o El Alemán), hermano de Daniel.
En 2009 la policía captura a Rendón en una finca ubicada en el Urabá antioqueño. Con su caída los hermanos Úsuga David (Juan de Dios y Dairo Antonio) se hacen al control de la organización y cambian su nombre a Los Urabeños. En la actualidad Los Urabeños hacen presencia en gran parte del territorio nacional (22 departamentos) y a la cabeza de la organización está Darío Antonio Úsuga (alias Otoniel), ya que su hermano Juan de Dios fue abatido por la Policía Nacional en Acandí, Chocó, en la mañana del primero de enero de 2012. En esa oportunidad, las autoridades encontraron lo que se denomina como “Estatuto Paramilitar”, un manual que rige a la organización.
Sus enemigos naturales son Los Rastrojos, Los Paisas y la llamada Oficina de Envigado. Mientras que sus redes llegan a Venezuela y México, país en el que tienen como aliados a Los Zetas, de quienes han tomado estrategias de terror como el descuartizamiento.
El grupo delincuencial llega al Valle del Cauca en 2011, luego de que el hoy capturado Héctor Mario Urdinola Grajales (sobrino del capo Iván Urdinola) les ofreciera el departamento como su nuevo botín. Entre las propuestas, estaba la ruta del narcotráfico desde el Pacifico hasta Panamá y Honduras, lo que hizo inevitable la llegada del grupo delincuencial al departamento, pues por allí se pueden mover millones de pesos en drogas. En particular, entregó la salida de embarques desde Buenaventura y a través del Cañón del Garrapatas (El Dovio y parte de Roldanillo).
La operación en el Valle comenzó con el reclutamiento de antiguos miembros de la banda delincuencial Los Machos, y el resto de los integrantes fueron llegando más adelante de Cali, Medellín y el Eje Cafetero; en su mayoría jóvenes que hacían parte de grupos delincuenciales. Cuando el grupo estuvo listo, comenzó la ofensiva en contra de Los Rastrojos y los objetivos eran claros: ser los nuevos dueños del negocio de las drogas en la región y ocupar el Cañón de las Garrapatas, lugar estratégico para la guerra en Colombia.
Los efectos de la guerra han sido adversos, entre enero y octubre de 2012 se registraron 1.198 asesinatos en el departamento, de los cuales 398 estarían relacionados con la disputa.

Es difícil medir el poder que tiene Los Urabeños, que según cuentas tienen 2.000 hombres en sus filas, pero sus acciones los ubican como el grupo delincuencial con más fuerza en el país. Dos hechos dan cuenta de ello: la masacre de Santa Rosa de Osos y el paro armado del 2012 que paralizó a seis departamentos de la costa Caribe.
Si las autoridades no actúan en el corto plazo este grupo incrementará su poder destructivo y de corrupción entre la clase política y altos oficiales, como quedó evidenciado con la captura y confesión del General Mauricio Santoyo, asesor de seguridad del ex presidente Uribe.
Colombia no se enfrenta a una banda criminal, tampoco a un pequeño cartel. En realidad encara una nueva manera de actuar narco con enorme poder económico ligado a los actores tradicionales de poder. Etiquetarlos como bacrim es reducir su real poder de daño y corrupción.

Sus líderes
Dairo Antonio Úsuga David (alias Otoniel, Mauro o Mao)

Cabeza del grupo. Es el único sobreviviente de los antiguos grandes capos del narcotráfico. Su importancia es tal que Estados Unidos ofrece cinco millones dólares de recompensa por información que permita su captura. El gobierno colombiano ofrece dos mil millones de pesos.
Su estilo de vida lo lleva a deambular por áreas boscosas, huyendo siempre de los poblados, así sean los más pequeños. Nunca usa celular para comunicarse con sus hombres, lo que dificulta el rastreo. Además se hace acompañar por un grupo reducido de escoltas.
Perteneció al Ejército Popular de Liberación (EPL) y a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), grupos con los cuales siempre evadió desmovilizarse. Tiene más de 23 años de experiencia en la lucha armada irregular. Nació en 1971.
(alias El Negro Orlando)
Pelea ser el segundo al mando de Los Urabeños. Empezó en el mundo del narcotráfico de la mano de Víctor Patiño Fómeque en los años noventa, cuando este controlaba los envíos de coca por Buenaventura. Trabajó con Javier Antonio Calle Serna, alias Comba. Antiguo jefe de sicarios de la banda Los Rastrojos. Coordina las acciones para tomar el poder de Buenaventura, se le atribuyen los descuartizamientos que esta semana se hicieron públicos ante el país, aunque desde hace meses las comunidades afectadas de ese puerto lo venían denunciando. Al parecer, en compañía de Martín Bala, ha actuado en el norte del Valle.
Greilin Fernando Varón Cadena (alias Martín Bala)
Exguerrillero que terminó en las filas del cartel del Norte del Valle en los noventa y allí conoció al capo Víctor Patiño Patiño. Cuando este fue extraditado, ‘Bala’ quedó al servicio de ‘Don Diego’. En 2005 se salvó de un atentado en Cali y escapó hacia Marruecos y España, en donde permaneció hasta comienzos de 2010, cuando regresó a Colombia. Tiene su centro de operaciones principal en los barrios Siloé y Terrón Colorado, de Cali. Aunque también se le atribuyen masacres en Roldanillo.
Roberto Vargas Gutiérrez (alias Gavilán)
Segundo al mando. Se le atribuye, entre otros hechos, haber ordenado el asesinado de dos estudiantes de la Universidad de los Andes muertos en el 2011 en el municipio de San Bernardo del Viento, Córdoba. Su zona de influencia incluye este departamento y las regiones del Urabá y Bajo Cauca antioqueño.

Desmovilizado en el 2005 del Grupo Córdoba de las AUC, bajo las órdenes del extraditado Salvatore Mancuso, luego se integró a Los Urabeños como uno de sus líderes. Estuvo en San José de Ralito durante las negociaciones del gobierno de Álvaro Uribe Vélez con los grupos paramilitares.
Huyó durante el operativo que permitió la muerte de Juan de Dios Úsuga. El gobierno nacional ofrece mil millones de pesos como recompensa por su captura.



