Narraciones de niños y sus familiares afectados por el conflicto armado. Labor de las fundaciones dedicadas a la ayuda en Pereira. Testimonio.

Así dibujan los niños la guerra en Colombia.

Por: Allison Díaz Velandia

“Se reconocen. Los ‘parascos’ tienen líneas amarillas con verde en el uniforme; la guerrilla es café o gris; y el ejército, verde con café. Los diferenciábamos por las armas. Estábamos escondidos en un pastal. A mi tío Miguel le cortaron la cabeza en el baño, es lo más triste que he vivido en mi vida, me acuerdo de él, siempre que venía del trabajo era todo bravo, sacaba al que quería de la casa y listo, pero siempre era cariñoso con uno”. Juan David*, quien narra lo descrito, tiene solo 11 años, y es uno de los 11.510 niños desplazados en Pereira reportados por la UAO (Unidad de Atención y Protección al Desplazado).

Amparo Villegas es la directora de la fundación Enfances, donde Juan David asiste todos los miércoles y sábados, una organización privada que funciona con recursos de Francia.  Según ella, “es una de las peores épocas para la infancia en Pereira, a pesar de que tenemos una  cultura de derechos, la situación de los niños es muy difícil”. Pereira cuenta con varias fundaciones privadas, donde algunas funcionan en convenio con el ICBF (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar) para ayudar a los menores con diversas problemáticas como prostitución, drogadicción, sicariato o desplazamiento, aunque este no es el caso de Enfances, la cual funciona de manera independiente.

A la fundación han llegado casos de familias desplazadas con el fin de “restituir derechos, y uno de esos espacios es tener acogida y protección”, comenta la directora. En la UAO se registró hasta el 30 de abril del presente año, la cifra de 404 personas que se suman a la lista de 30.421 desplazados en la ciudad, los cuales llegan principalmente de los departamentos del Chocó, Caquetá, Cauca y Antioquia. Elvia*, mamá de Juan David, le tocó salir desplazada hace seis años de Urabá, Antioquia, con 10.000 pesos en el bolsillo, dejando tres hijos en el campo y migrando a la ciudad solo con dos niños. Su estadía en Pereira fue complicada.

Luego de una difícil travesía, volvió por sus hijos y los llevó a Pereira con ella. Se quedaron en un principio en la fundación Kyrios, ubicada en la Florida. Pero por inconvenientes allí, se fueron a los dos años a vivir en una invasión.

“Hemos sufrido mucho, me tocó invadir un pedacito, un ranchito, me lo tumbaron, volví y lo paré. Un día mientras subía a la tienda a comprar arroz para la comida, Bienestar Familiar me iba a quitar a María, una de mis hijas. Cuando llego yo y la Policía ahí tumbándome el rancho, cuando vi a control Físico y una doctora ya con María en la mano, yo le dije:

-Qué pena con ustedes pero si yo estoy haciendo este ranchito acá es porque me tocó con mis hijos porque soy desplazada –

No le pararon bolas a eso, entonces yo me le tiré a esa doctora y le metí un empujón por allá y le dije;

– Entrégueme a mi hija, porque es que yo no estoy aquí haciendo algo malo por mis hijos, es que yo no los he abandonado, pues claro, porque no tengo una vivienda digna para brindarle a mis hijos. Y le dije -a mí todavía un ser de la tierra no me quita mis hijos, el único que me los quita es Dios-”

Fundación Kyrios

Mientras Elvia estuvo viviendo con sus hijos en Kyrios, fundación cristiana que funciona como internado, vivió muchas cosas desfavorables. “Un día lo que a mí me dolió tanto, es que yo llegué de trabajar, el niño como que sintió el olfato y se sienta ese niño con ese llanto y ese sentimiento. –Mami me pegaron, Mami-  y le alzo yo la camisa cuando vi los ramazos, ¡los ramazos! La biblia dice que hay que educar con la vara. ¿Usted cree que yo volví a dormir en toda la noche? Fue muy duro, muy triste, ese niño ha sido un niño muy sufrido”, cuenta Elvia.

Kyrios se encuentra a tres cuadras de la fundación Enfances, allí reciben personas con problemáticas de cualquier tipo, con la condición de asistir a todas las prácticas religiosas que en el sitio se enseñan. Nora Cardona, conocida como ‘Mamá Nora’, es la directora del sitio, una señora simpática y paciente, a primera vista. “Empezamos con personas con problemáticas de delincuencia, prostitución y drogadicción, es la población con la que se creció. Después con los años debido al resultado del trabajo, se comenzó a trabajar con los hospitales, la gente de la calle. Luego empezaron a mandar mujeres en estado de gestación o lactantes. Después empezaron a pedirme cupo para personas con enfermedades terminales, la primera fue por Sida. También con discapacidad física”, describe Nora el resumen de la fundación.

Kyrios es grande, con una zona verde amplia, tiene un salón donde hacen sus actividades religiosas y enseguida, muy cerca a la casa, se encuentra una especie de pequeño cementerio que tiene algunas lápidas.

“Luego comenzamos a recibir desplazados y niños. Los niños siempre deben estar acompañados por sus familiares”, comenta ‘Mamá Nora’. Si alguien hace algo malo o rompe alguna de las reglas, se reprenden a través de la palabra y la biblia. Entre la reglas de Kyrios está prohibido que los hombres le hablen a las mujeres y los niños, sin embargo se han creado algunas relaciones sentimentales y hasta matrimonios en el lugar.

Denuncias contra Kyrios

Para Gloria Clemencia Cárdenas Osorio, profesional universitaria del cuerpo de asistencia técnica del ICBF, cualquier fundación es libre de hacer lo que quiera pues son privadas, el ICBF entra a actuar y asesorar cuando hay denuncia sobre alguna irregularidad.

La directora de Enfances ha ido al ICBF a denunciar las irregularidades presentadas en Kyrios. “Las vimos por una visita que hicimos y por las quejas de los que venía aquí a pedir ayuda y nos contaban que allá había enfermos terminales, enfermos de sida o con tuberculosis, y nos parece un riesgo que éstas personas estén conviviendo con niños. Fuimos a conocer y vimos esa situación, así que hicimos la demanda al ICBF”, recuerda Amparo.

Así, las fundaciones privadas son libres de tener los procedimientos internos que quieran, sin denuncia, no hay control estatal sobre lo que hagan, explicaba la funcionaria del ICBF. Pero al parecer aunque ha habido denuncias, la situación no cambia en Kyrios, pues esta funciona de la misma forma de siempre.

La Fundación Enfances trabaja hace 11 años en función ambulatoria, con niños en riesgo de calle, de estrato uno. Hacen trabajos sociales allí y en su proceso de enseñanza dejan resultados, como un libro publicado el año pasado llamado ‘Pongamos las cartas sobre la mesa’. Allí, los niños escriben cartas a: los secuestrados, las mujeres, los hombres, al mundo, los indígenas y los gobernantes.

“Para el Alcalde. Le quiero decir que el Megabús está perjudicando a la ciudad y además esta ciudad no ha progresado porque no han sabido manejar y quieren perjudicar a los colegios para que los niños no tengamos estudios, quieren hacer de nosotros personas ignorantes, pero no lo vamos a permitir. Atentamente, Linda Karina”. Carta hecha a los gobernantes.

“Parce, ¿sabe?, mire a ver si sale y si no, pues vuélese, pero si no es capaz, sopórtese el dolor hasta que salga o muera. Yo digo las verdades, no me gusta ilusionar a nadie y si está pensando en que lo salven, haga que esa ilusión muera porque en este país ustedes no le importan a nadie, o sí, solo nos importa a los que no podemos hacer nada para sacarlos de este puto infierno en el que están metidos, al presidente les importa chimba ustedes Parce y ni qué decir de la guerrilla, tampoco les conmueve nada y a Dios ni le recen que ese sí que menos, sordo, re-sordo.. sí es que está en algún lado. Suerte y todo bien!, José Norberto”. Carta hecha a los secuestrados.

Desplazados, refugiados

Según ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) había, hasta el 2008, 25 millones de niños desplazados en todo el mundo.

“Hasta mayo de 2011 el Gobierno de Colombia ha registrado a más de 3,7 millones de desplazados internos en el país. Las ONG como la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES) consideran que la cifra real de desplazados por el conflicto armado interno desde mediados de los años 80 supera los 5 millones de personas”. 

En Enfances, enfatizan en la importancia de la escritura, Natalia* asiste a la fundación, es una joven de 15 años que sufrió conflicto armado y al llegar a Pereira como desplazada comenzó a escribir un poco sobre su vida en el campo. Como la siguiente historia;

“Cuando yo tenía cinco añitos ya sabía cocinar. Cosía, trapeaba, lavaba y me bañaba sola. Cuando los vecinos veían esto se sorprendían y era porque todo me quedaba tan limpio. Y como así mismo era mi hermana mayor a los vecinos les daba mucha envidia de mi mamá, tanto fue que se dio para muchas cosas.

Ellos se hicieron amigos de de unos guerrilleros. Al pasar el tiempo, a una prima de mi mamá que vivía en el mismo barrio le mataron al hijo que vivía en otra ciudad. Cuando a ella le mataron el hijo, se fue a una tienda a tomar cerveza y aguardiente por la muerte de él -ja! como si eso le fuera a devolver al hijo, pero bueno-. Los amigos que se consiguieron los vecinos sabían que ella era familiar de mi mamá y sabían que ella tenía mucha plata en ese momento y la emborracharon  y la robaron.

Entonces, cuando mi mamá se dio cuenta les fue a reclamar, pero ella no sabía qué clase de gente eran ellos y cuando les reclamó uno de ellos le dijo: ¿Usted no sabe quiénes somos nosotros? -quitándose la correa para pegarle a mi mamá en frente de mis hermanos y mío. Nosotros somos de la guerrilla y si no se va en dos días la matamos a usted y a sus hijos.

Mi madre asustada se fue con nosotros para la casa y empezamos a empacar. Al otro día ya no estábamos en la casa sino que estábamos en una mula, de rumbo a un lugar que ni siquiera conocíamos (Sincelejo)”.

Los principales actores armados responsables de desplazamiento son paramilitares -con 32 por ciento-, seguido la guerrilla -con 26 por ciento-, los mismos que desplazaron a la familia de Natalia, una niña de estatura media, algo morena y tímida. A ella le gusta cantar y actuar. A pesar de ser desplazada y vivir en una invasión tiene grandes sueños, como escribir un libro sobre su vida.

Según Carlos Andrés Hurtado, psicólogo de la Universidad Católica de Pereira, “cuando hay un choque que irrumpe violentamente la vida del niño, uno podría señalar generalidades como que tales personas, después de vivir el conflicto armado, tengan conductas de temor, de miedo, de ansiedad, angustia, incluso de pánico, frente a la situación y después de otras situaciones pueden vivir ese tiempo de conductas o llegar otras muy diferentes como de extroversión, hiperactividad y hasta rebeldía. Esas son las más comunes, pueden venir otras diferentes, según el caso específico del niño”.

Familias como la de Natalia o Juan David, incrementan los índices de pobreza en Pereira, que hasta el 2009 superaba a Bogotá. Ahora ambos niños son vecinos en unas invasiones ubicadas en la entrada de Villa Santana.

Los traumas que quedan en el post conflicto armado, son difíciles de superar. Se estima que en Colombia uno de cada 50 colombianos es desplazado. Tantos sucesos incluso hacen que un niño pueda confundir historias en su mente, ejemplo de Natalia, quien piensa que el motivo de su desplazamiento fue una discusión callejera, sin ahondar la verdad del caso.

“Yo tengo una niña que es re insertada de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), a la niña me la cogieron de 9 años,  apenas comenzó a entrenar no le gustó eso, entonces se les escapó, la niña tenía en ese entonces como 15 años y a mí me tocó quedarme 3 meses encerrada, no podía salir de Antioquia, no salía porque me quitaban la niña grande. Ellos dijeron que con Natalia recuperaban lo que la otra se les había volado, sobándole la cabeza. Entonces por unas amenazas que me hicieron a mí me tocó desocupar. Entonces me volé de allá”, cuenta María Cecilia*, Madre de Natalia, y una desplazada más de esta Nación.