Compartimos un artículo del portal Razón Pública sobre las consecuencias positivas y negativas que traería la regulación de la marihuana medicinal en Colombia, escrito cuando era apenas una propuesta, en 2014. Hoy, con la sustancia legalizada por decreto para usos medicinales, valdría la pena analizar cuáles son sus resultados tempranos y qué se espera para el futuro, así como buscar posibles soluciones a las probables consecuencias negativas.

El proyecto de ley sobre usos medicinales de esta sustancia ha despertado un debate necesario. ¿Cuáles son los argumentos a favor y en contra? ¿Cuánto hay de verdad científica y cuánto de mito en esta discusión? ¿Cuáles serían los efectos de esta ley?

Por: Augusto Pérez Gómez*/Razón Pública

Un debate con historia

Ahora que está de moda hablar de legalización de la marihuana y se observa con interés lo que ocurre en Colorado, Washington, Oregon y Uruguay, lugares donde ya se lleva a cabo esta política, el proyecto de ley del senador Juan Manuel Galán para legalizar el uso medicinal de esta planta ha producido conmoción en Colombia.

Para algunos lo más escandaloso es el apoyo abierto que el proyecto de Galán ha recibido  del presidente de la República.

Por eso se está dando un debate entre quienes piensan – como el expresidente Pastrana- que esta es una forma soterrada de legalizar la sustancia, y no solo su uso médico, y quienes creen que la medida se justifica por las implicaciones que tendría para la salud pública y por ser un primer paso en el reemplazo de la supuestamente fracasada “guerra contra las drogas”.

Pero el asunto tiene dos lados antagónicos que es imprescindible tener en cuenta para ofrecer una conclusión razonable.

Hay incontables mitos y verdades a medias alrededor de la marihuana, palabra que viene del náhuatl (lengua azteca) “malli”, que quiere decir hierba que se enrosca o para tejer, y “hahuani”, que significa borracho y alterado en mente, cuerpo y percepción.

Uno de estos mitos fue el creado por Marco Polo, el explorador italiano para quien los famosos Hashishian del siglo XI (de donde viene supuestamente la palabra “asesino” en muchos idiomas) obtenían su indoblegable valor del consumo de hashish.

Por otro lado, el senador Galán tiene razón al asegurar que existen pruebas de los efectos benéficos de la marihuana en ciertas condiciones médicas. Esas pruebas existen desde hace más de 5.000 años en documentos de la China y de la India que muestran que esta planta se utilizaba para tratar la malaria, el estreñimiento, el beriberi y las alteraciones menstruales.

De hecho, en todos los manuales importantes de medicina de todas las culturas, incluyendo los que fueron publicados antes de la II Guerra Mundial en Occidente, aparece la marihuana como una planta medicinal muy poderosa.

Venta de marihuana en California, Estados Unidos. Foto: Phillip Cowell

Venta de marihuana en California, Estados Unidos.
Foto: Phillip Cowell

En Estados Unidos, desde mediados del siglo XIX hasta 1942, todas las compañías farmacéuticas reconocidas tenían patentes que incluían cannabis, especialmente para el tratamiento del asma.

En ese año el Congreso de Estados Unidos la prohibió, considerando (sin ninguna prueba científica) que su uso recreativo agravaba los problemas de salud mental, la violencia y el crimen.

Peor aún, la clasificó en la Categoría 1, es decir, sustancia sin valor médico y de alta peligrosidad por crear dependencia y adicción, mientras que la cocaína quedó en la Categoría 2, junto con el opio y la morfina, es decir, con buen potencial médico pero con necesidad de control estatal.

En ese momento, uno de los personajes que se opuso a la prohibición fue el célebre alcalde de Nueva York, Fiorello LaGuardia, aunque nombró una comisión de científicos cuyo reporte concluyó que las consecuencias negativas del consumo de marihuana estaban siendo exageradas injustificadamente.

En 1961 otra comisión nombrada por el presidente Nixon llegó a las mismas conclusiones, pero tampoco fue oída. Tanto así que Estados Unidos arrastró a la Comisión Antinarcóticos de las Naciones Unidas a adoptar su clasificación, y así quedó en las convenciones sucesivas de 1961, 1971 y 1988.

Pero la realidad es que la marihuana fue considerada un excelente medicamento durante 5.000 años, y una sustancia maligna durante los últimos 70.

Los defensores de la marihuana, por su parte, también han exagerado sus beneficios, y uno puede encontrar listas interminables de aplicaciones exitosas, que la convierten en la panacea. Pero en la mayoría de los casos se trata de eventos aislados, no de pruebas clínicas convincentes y serias.

 

Sus verdaderas ventajas y desventajas

Los trastornos donde no hay duda de que el cannabis – o más concretamente uno de sus  compuestos, el delta-9-tetrahidrocanabinol (THC) – tiene efectos muy positivos son los siguientes:

– Para tratar el dolor, especialmente en los desórdenes de tejido conectivo como la artritis, la fibromialgia, los espasmos musculares de la esclerosis múltiple, y el lupus sistémico, con el beneficio colateral de permitir la disminución radical en el uso de opiáceos. También ha mostrado ser muy eficaz en el tratamiento de las migrañas y los dolores premenstruales.

– Disminuye la presión intraocular en los casos de glaucoma.

– Ayuda a controlar la náusea y el vómito asociados con los tratamientos químicos del cáncer.

– Disminuye la anorexia y la caquexia en casos de VIH y cáncer.

– Estudios recientes muestran que puede retrasar el crecimiento tumoral, especialmente en casos de cáncer en pulmones, senos y cerebro.

– Ciertos casos de epilepsia han sido controlados con THC.

– Por ser un broncodilatador, el THC vaporizado ha mostrado ser un buen tratamiento para el asma.

 

Viuda blanca, cepa de Marihuana tratada para producir una mayor cantidad de THC. Foto: Wikimedia commons

Viuda blanca, cepa de Marihuana tratada para
producir una mayor cantidad de THC.
Foto: Wikimedia commons

 

Pero la moneda tiene dos caras, y los siguientes efectos secundarios no pueden ser ignorados:

– Además de sus efectos terapéuticos, la combustión de la marihuana produce seis veces más alquitrán (causa del cáncer de pulmón) y contiene 50 por ciento más de sustancias cancerígenas que el tabaco.

– Junto con el alcohol y el cigarrillo, abre el camino hacia el policonsumo y la exploración con otras drogas.

– Después del alcohol y el tabaco, la marihuana es la droga de más alto consumo entre los jóvenes y la de mayor disponibilidad. Esto ha causado un aumento  dramático en el número de solicitudes de tratamiento en casi todos los países del mundo occidental.

– El consumo crónico afecta negativamente los procesos cognoscitivos: organización y procesamiento de la información (memoria a corto plazo, atención, aprendizaje, capacidad de solucionar problemas, percepción), planeación y toma de decisiones.

– También produce el llamado “síndrome amotivacional”, caracterizado por apatía, pérdida de energía, pereza, alteraciones del humor y anhedonia (pérdida de placer en actividades que antes eran placenteras).

– En los adolescentes el consumo crónico afecta el funcionamiento de las gónadas, y en las niñas puede producir amenorrea o dismenorrea. Además, en los varones disminuye el conteo y la movilidad de los espermatozoides.

– Hay un acuerdo generalizado sobre el hecho de que alrededor del 10 por ciento de quienes fuman marihuana acaban por presentar dependencia.

– Igualmente, hay acuerdo sobre la elevada probabilidad de que el consumo de marihuana desencadene crisis psicóticas y otros trastornos de conducta en personas con predisposición.

Vale la pena resaltar los resultados de un estudio publicado en 2012, realizado en una población de Nueva Zelanda entre 1972/73 y 2011, en el cual se hizo seguimiento durante 38 años a 1.037 sujetos.  Estas personas fueron sometidas a exámenes neurológicos a los 13 y los 38 años, y fueron entrevistados a los 18, 21, 26, 32 y 38 años de edad con respecto a su consumo de marihuana.

Se encontró que quienes empezaron a fumar hacia los 14 años y fumaban muy frecuentemente (2-3 veces diarias) perdieron hasta 8 puntos de cociente intelectual, presentaban problemas de memoria y atención y síndrome amotivacional; y no hubo recuperación al abandonar el consumo.

Uno de los mitos más irracionales y más comunes es que, por ser “natural”, la marihuana no es dañina. Pero ¿qué relación hay entre el que algo sea natural y sea o no inofensivo? Los venenos más letales son todos naturales, y el veneno de las serpientes y de los escorpiones o las medusas también lo es, o puede serlo.

Este mito ha contribuido a modificar la percepción de riesgo entre los adolescentes, y tal cambio está relacionado con aumentos en el consumo. No se trata, entonces, de mitos inocentes.

Consecuencias indeseables

Aquí llegamos al meollo del asunto. El problema no es que se legalice la marihuana para fines médicos. Ni siquiera lo es el que se legalice para usos recreativos en adultos. El problema es: ¿cómo va a afectar eso el imaginario de los adolescentes?

Por ejemplo, un efecto inmediato de la propuesta del senador Galán (no intencionado, por supuesto) se observó este último fin de semana en el festival Rock al Parque.

Visitantes habituales de este certamen, donde siempre ha habido consumo de marihuana, han informado que por primera vez vieron a los vendedores distribuyendo su producto sin el menor reparo, de manera abierta, como si estuvieran vendiendo agua o bombones, a pesar de que había muchos policías presentes.

Según los datos acumulados durante más de 10 años, la edad promedio de inicio del consumo de marihuana es 14 años, y muy pocas personas comienzan después de los 20.

Por eso, ni siquiera los más fanáticos y radicales defensores de la marihuana pretenden que su consumo sea inocuo para los menores de edad: existen pruebas de que es una sustancia peligrosa para ellos y se sabe que interfiere con el normal desarrollo del cerebro.

Además, el consumo de marihuana en la adolescencia está asociado con conductas de riesgo como comportamiento sexual irresponsable, consumo de otras sustancias, aislamiento social, problemas académicos y deserción escolar, accidentes vehiculares, fracturas y traumas físicos por caídas.

Creo que es responsabilidad del senador Galán y de quienes apoyan su propuesta sugerir acciones concretas para hacerle frente a lo que puede ocurrir: que aumente mucho más el consumo entre los menores, quienes concluirán que la marihuana es tan buena que al fumarla están previniendo el cáncer, el glaucoma, la arterioesclerosis, la epilepsia y el asma.

 

* Ph.D. Corporación Nuevos Rumbos. Artículo publicado originalmente aquí.