Playas en la Isla de San Andrés (Fuente)

 

Por: @iShosholoza

Ayer sonó el despertador, me levanté de mi cama y vivía en una Colombia. Cuando me fui a acostar por la noche, vivía en otra completamente distinta. No era la misma Colombia en la que había amanecido durante gran parte de los últimos 34 años de mi vida… Era una Colombia diferente, más pequeña, más triste, más indignada. Era una Colombia cercenada, cortada, amputada, disminuida… Era una Colombia que yo no había visto, desconocida para mí.

¿Pero de qué estoy hablando? Para todos ustedes que no viven en Colombia, me refiero al fallo de ayer 19 de Noviembre de 2012 en el que la Corte Internacional de Justicia, por solicitud de Nicaragua, trazaba una nueva línea fronteriza en el Mar Caribe entre el Archipiélago de San Andrés y Providencia – y sus cayos aledaños – en Colombia y la costa nicaragüense. Durante la hora y algo que duró la lectura del fallo, mi país nuevamente perdió aguas en el mar Caribe equivalentes al tamaño de dos Panamás. La historia se repetía…

Y digo que la historia se repite porque esto de perder territorio en Colombia no es nuevo.  Ya habíamos sido incapaces de mantener una Gran Colombia unida y esto llevó a la partida de Venezuela y Ecuador. Ya habíamos sido incapaces de mantener los territorios más orientales que en algún momento – hace siglos – incluían grandes extensiones al oriente del Orinoco y que llegaban incluso hasta lo que hoy es Guyana. Ya habíamos sido incapaces de defender nuestra selva del Amazonas frente a Perú y Brasil. Ya habíamos sido incapaces de neutralizar los intereses de Estados Unidos en Panamá y ya habíamos sido incapaces de defender nuestras múltiples posesiones en el Caribe. La historia se repite y ayer, después de algo más de un siglo, volvimos a perder… esta vez, dos Panamás llenas de agua, de recursos y de vida.

Yo sé que estoy sentimental pero hoy me duele mi país y su incapacidad histórica de defender y mantener sus territorios. Estamos de acuerdo, todo esto es una gran babosada y en vez de discutir sobre qué pedazo de tierra te corresponde a tí y qué pedazo de tierra me corresponde a mí, deberíamos mirar cómo una América Latina unida puede solucionar sus MÚLTIPLES problemas… Pero la realidad es otra. Hoy soy colombiano –eso dicen mi cédula, mi pasaporte y mi historia personal– y en consecuencia actuaré como tal.

Mi entrada de hoy no es contra Bolívar – a quien repudio profundamente, pero esa es otra historia -, ni contra Ecuador o Venezuela que decidieron irse, ni contra Estados Unidos por pagarnos 25 millones de dólares por Panamá – en lo que se conocería como “la danza de los millones” en este país… ¡Éramos ricos! Claro, cómo no… ¿cuánto nos hubiera representado haber conservado a Panamá?, ni contra Brasil o Perú por quedarse con gran parte de nuestro Amazonas… No. Mi entrada de hoy no es contra ellos. Mi entrada de hoy ni siquiera es contra Nicaragua que ayer se quedó con una gran porción del mar Caribe colombiano… en últimas ellos hicieron lo que tenían que hacer. Mi entrada de hoy es contra Colombia, sus gobernantes, su gente, su manera de funcionar y su mediocridad extrema, absurda y permanente.

Entonces, esto funciona así. Ayer, cuando perdimos más de 120.000 kilómetros cuadrados en el Caribe –ese fue el dato que dieron esta mañana en BluRadio aunque es una cifra que no se ha confirmado–, mucha gente me empezó a preguntar en Twitter cosas que no entendían del fallo, de la historia, de Colombia, de Nicaragua, de San Andrés… en fin, mucha gente no entendía qué era lo que pasaba. Estuve aproximadamente 4 horas respondiendo preguntas en Twitter y, para mí, fue un ejercicio interesantísimo en medio de la profunda indignación que me causó el asunto. Decidí entonces tomar todas esas preguntas y contestarlas en esta entrada para tratar de aclarar el porqué, cómo, cuándo y dónde de este gran revés para la diplomacia colombiana –si es que eso existe-. En el proceso, daré mi opinión sobre muchas cosas que considero funcionaron mal o fueron simplemente catastróficas. Serán entonces dos procesos paralelos: explicación del asunto y exorcismo de mis frustraciones. Empezamos:

Evolución histórica del territorio colombiano:

Quiero empezar con un mapa dinámico que me encontré en Wikipedia y que nos muestra la evolución –o más bien, las pérdidas históricas– que ha tenido el territorio colombiano a través del tiempo. Claro, hay que aclarar que el mapa empieza en 1550 cuando Colombia no existía como Estado y éramos parte del imperio español.  Interesante, eso sí, ver cómo en esa época, hasta Trinidad y Tobago era “nuestro”. Pero bueno, el tiempo pasó y fuimos perdiendo territorios hasta llegar a 1810, fecha de la independencia de Colombia y punto de inicio del territorio que nos interesa hoy. Les dejo el mapa:

Evolución territorial de Colombia

Evolución histórica del territorio colombiano (Wikipedia)

Mapa animado de la evolución histórica del tamaño del territorio de Colombia (click aquí)

 

 

El tema que nos interesa para hoy

Y el tema que nos interesa para hoy es el Archipiélago de San Andrés, Providencia, Santa Catalina y cayos adyacentes. Un territorio colombiano que se encuentra mucho más cerca de las costas nicaragüenses que de las colombianas y un territorio que muchos colombianos ni siquiera saben por qué es nuestro. Empecemos por el principio, este es el archipiélago:

Foto aérea de la Isla de San Andrés (Fuente)

Vista aérea de la Isla de Providencia (Fuente)

Cayo Albuquerque (Fuente)

Cayo Serrana (Fuente)

¿Por qué el Archipiélago de San Andrés, Providencia, Santa Catalina y sus cayos aledaños son colombianos?

Resulta que la región caribe de lo que hoy es Nicaragua, conocida como la “Costa de Mosquitos” fue transferida al Virreinato de la Nueva Granada por medio de una cédula real el 20 de noviembre de 1803 –bonita fecha, ¿no? Hoy se cumplen 209 años-, 7 años antes de la independencia de Colombia. A partir de ese momento, un área de 70 kilómetros de ancho y 400 kilómetros de largo en la costa caribe centroamericana entró a formar parte integral del Virreinato y, con la independencia en 1810, el territorio se integró a los departamentos, primero de Cundinamarca y luego del Istmo, como parte de la República de la Nueva Granada y de la Gran Colombia.

A pesar de que la cédula real decía que la Costa de Mosquitos era colombiana, Bogotá nunca ejerció un control efectivo sobre el territorio a tal punto que, a partir de 1834, fueron los británicos quienes dominaron la región. Sin embargo, legalmente, tanto la Costa de Mosquitos como las islas y cayos ubicados frente a sus costas pertenecían a Colombia. En 1894, y con apoyo de Gran Bretaña, el gobierno nicaragüense de José Santos Zelaya ocupó la Costa de los Mosquitos y recibió el reconocimiento inmediato desde Londres. La región seguiría ocupada hasta 1928 cuando los gobiernos de Nicaragua y Colombia firmaron el Tratado Esguerra-Bárcenas que, entre otras cosas, estipulaba que la Costa de Mosquitos pasaba a territorio nicaragüense y el Archipiélago de San Andrés y Providencia –con sus cayos– permanecía en territorio colombiano. Además, se estipuló que el límite marítimo entre los dos Estados sería el meridiano 82, así:

 

Meridiano 82 como límite marítimo entre Colombia y Nicaragua en el Caribe (Fuente)

¿Cuáles eran las pretensiones de Nicaragua?

Y aquí sí tengo que sacar el colombiano que llevo adentro. Esto es más o menos así. Imagínense que ustedes tienen una casa y dejan que unos amigos suyos se hospeden allí. Luego de ocupar la casa por algún tiempo, lo citan para negociar y ustedes en un acto de estupidez extrema, les conceden un cuarto para que sea de ellos y se queden permanentemente allí. Finalmente, luego de concederles el cuarto, lo demandan porque no les dieron la casa completa. Algo así sucedió en este caso. Nicaragua negoció para quedarse con la Costa de Mosquitos y Colombia en un acto de estupidez extrema, se las concedió. Años después, nos demandan ante la CIJ por la totalidad del Archipiélago de San Andrés y Providencia, cayos y zonas marítimas contiguas. Yéndonos a un mapa, la reclamación inicial de Nicaragua pretendía establecer una frontera marítima en el punto medio entre la costa nicaragüense y la costa colombiana así:

La línea roja muestra la reclamación nicaragüense en el punto medio entre Colombia y Nicaragua (Fuente)

Sin embargo, luego de la reclamación inicial, la CIJ se pronunció en 2007 y afirmó que las 3 islas principales: San Andrés, Providencia y Santa Catalina eran efectivamente colombianas y no tenía jurisdicción para decidir sobre ellas.  A partir de ese momento, la disputa se centró en las zonas marinas alrededor de las islas.

Los múltiples errores del gobierno colombiano

Es importante mencionar que el interés de Nicaragua nunca fue el archipiélago sino la delimitación de zonas marítimas. Incluso ayer lo afirmó el canciller nicaragüense cuando dijo algo así como ellos se quedaron con las rocas, nosotros con el agua. Y claro, el mar está lleno de petróleo, peces e innumerables recursos naturales. Su objetivo estaba claro. Pero bueno, a continuación los errores del gobierno colombiano en el proceso:

1. No retirarse del Pacto de Bogotá cuando todavía estábamos a tiempo

Nicaragua anunció que nos llevaría a la CIJ en 1999. El gobierno colombiano, en aquella época en cabeza del incompetente de Andrés Pastrana, tuvo 2 años hasta 2001 para retirarse del Acuerdo de Bogotá que establecía una jurisdicción inmediata de la CIJ en el momento en el que algún otro país miembro de la OEA llevara un caso ante ellos. Me cuentan mis fuentes que estaban en el gobierno en aquella época que el argumento fue: No nos podemos salir de un pacto que lleva el nombre de nuestra capital. ¡Babosos! Venezuela se salió y no pasó nada. El Salvador se salió y no pasó nada. Primer grave error: No salirse del Pacto de Bogotá a tiempo. Responsable: Andrés Pastrana Arango, expresidente de la República.

2. No había NADA que ganar y sí MUCHO que perder 

No entiendo cómo en una posible demanda nicaragüense en la que no había NADA que ganar y sí MUCHO que perder, el gobierno colombiano no hizo todo lo humanamente posible por evitar la llegada del caso a la CIJ. Lo principal, haberse retirado del Pacto de Bogotá, pero además había otras herramientas de negociación y diplomacia que pudieron haber sido utilizadas.

3. Monopolización de la información

A pesar de que se argumenta que la defensa de Colombia ante la CIJ fue un asunto de Estado, hubo dos personajes que monopolizaron toda la información del caso para hacerse imprescindibles en el equipo negociador: Julio Londoño Paredes y Guillermo Fernández de Soto. Otros dos de los grandes responsables de la pérdida territorial de ayer al imponer sus percepciones y opiniones personales por encima del interés nacional.

4. Pésimo enfoque de la estrategia de negociación

Los dos personajes que mencioné en el punto pasado se empeñaron en que podían demostrar que el Tratado Esguerra-Bárcenas era un Tratado Limítrofe cuando en realidad era únicamente un Tratado de Definición de Soberanías. Es decir, el texto del tratado nunca especificó que el Meridiano 82 era la frontera marítima entre Colombia y Nicaragua y, por el contrario, sólo decía que la Costa de Mosquitos era nicaragüense y que el Archipiélago de San Andrés era colombiano. En consecuencia, a partir de 2007 cuando la CIJ reconoce el Tratado Esguerra-Bárcenas como válido, Colombia debió cambiar su estrategia de negociación porque ese instrumento no nos serviría para defender el Meridiano 82.

5. No adaptarse a la evolución del Juicio

Y aquí el responsable tiene nombre propio: Álvaro Uribe Vélez. El gobierno de turno en 2007, o sea Álvaro Uribe Vélez, consideró como un “gran éxito de la diplomacia colombiana” la decisión de la CIJ de reconocer la soberanía colombiana sobre las 3 islas principales. Eso ya lo sabíamos, no era nada nuevo. Las pretensiones de Nicaragua, como les conté antes, no eran la tierra sino el agua. En ese momento el gobierno no se dio cuenta de los verdaderos intereses nicaragüenses y desestimó sus pretensiones. Si sabíamos que el Esguerra-Bárcenas no servía para defender el Meridiano 82, la defensa colombiana en 2007 debió centrarse en otros puntos que permitieran garantizar la integridad territorial colombiana en el mar Caribe.

La sentencia de la Corte

Nuevo límite marítimo entre Colombia y Nicaragua según la CIJ (Fuente)

Algunos apuntes sobre la delimitación hecha por la CIJ:

  1. Consideró que Nicaragua sí tenía derecho a las 200 millas desde sus costas en las partes donde no se intersectaran con territorios colombianos, es decir, hasta la línea amarilla punteada.
  2. Reconoció que San Andrés, Providencia, Santa Catalina y los cayos de Roncador, Albuquerque y los del suroriente generaban mar territorial.
  3. Consideró que los cayos de Quitasueño y Serrana no hacían parte integral del archipiélago y por esa razón los trató como entes aparte. Por esto, en la decisión final quedaron como enclaves dentro de un mar nicaragüense.
  4. El límite, entonces, sigue una serie de puntos que le garantizan el mar territorial a San Andrés y el resto de islas del Archipiélago.
  5. Por último, la CIJ estipuló que las aguas colombianas se extendían entre los puntos 1 y A en la parte superior y 9 y B en la parte inferior para garantizar una conexión de marítima colombiana con el resto de las aguas en el Caribe.

Y ahora, algunos comentarios al respecto:

  1. Todos estábamos felices porque las islas y los cayos eran nuestros cuando lo que en realidad importaba era el mar.
  2. Ni los expertos más pesimistas consideraron la opción de crear enclaves para Quitasueño y Serrana. En Colombia nunca se creyó que los fueran a tratar como entes aparte.
  3. Muchos en Colombia sabíamos que íbamos a perder mar, sólo que nunca pensamos que fuera a ser tanto.

Comentarios finales:

Para terminar de contestar una pregunta recurrente y es: ¿Qué se puede hacer? La respuesta es fácil y corta: Nada. Los fallos de la CIJ son definitivos e inapelables. En este caso, Nicaragua la hizo bien – y me le quito el sombrero a su equipo negociador – y Colombia la hizo mal… MUY MAL. Una vez más perdimos territorio y una vez más somos más pequeños como consecuencia de nuestra mediocridad e incapacidad para defender nuestro territorio. Teniendo claro que la CIJ siempre tiende a fallar equitativamente para las partes, dejamos que el caso llegara hasta allá y ahora las consecuencias las vemos reflejadas en una gran porción del Caribe que se nos fue. Que esto sirva para varias cosas:

  1. No podemos, bajo ninguna circunstancia, seguir funcionando con gobiernos incompetentes que ponen sus intereses particulares por encima de los intereses nacionales.
  2. No podemos, bajo ninguna circunstancia, seguir usando a Cancillería como el lugar donde se pagan favores políticos. Ayer vimos las consecuencias de eso.
  3. Tenemos, y enfatizo esa palabra, que ser responsables a la hora de votar. No podemos continuar votando por el que es amigo de mi papá o el que va a matar a medio país. Es hora de votar responsablemente.
  4. No podemos, bajo ninguna circunstancia, seguir ignorando todos los territorios que están alejados de Bogotá. Hoy más que nunca, Amazonas, Vaupés, Guainía, Vichada, Guaviare, Putumayo, Guajira, Chocó, Nariño, Norte de Santander, Cesar y Arauca son importantes y deben serlo para el gobierno nacional. Seguirlos ignorando podría terminar en una disminución aún mayor de nuestro territorio.

Termino diciendo que hoy siento vergüenza por mi país y por lo que hemos hecho con él. Una vez más fuimos pisoteados y no supimos defendernos. Una vez más tendremos que incluir en los libros de historia que el 19 de Noviembre de 2012 perdimos un territorio equivalente a dos Panamás en el Caribe. Nos vemos en una próxima oportunidad.

Artículo completo publicado originalmente en Blog de Banderas.