Muerte presunta (I)

“La selva es un dilatado y medroso cementerio, que en sostenidos embrujos esconde sus muertos, y no los devuelve nunca porque se queda con ellos. No digas más el destino de tu dolor tan inmenso, ni busques inútilmente del hijo amado los huesos; si el hijo se te perdió te queda en cambio los huesos” (Clemente Silva, Baudilio Montoya).

La tipificación de la desaparición forzada como modalidad de violencia llegó tarde, con la Ley 589 de 2000; a esto se le suma la similitud con el secuestro y la poca visibilidad que tiene, por eso es más complejo esclarecer el paradero de las víctimas.

 

Por: Katherin Monsalve*

Fotografías: Juan José Amaya**

El 16 de septiembre de 2011 un reloj de pulso quedó suspendido en el tiempo. Marcaba las 5:30 de la tarde. En la vereda El Rubí del poblado San Juan de Losada (La Macarena, Meta) una esposa miraba la puerta y esperaba el sonido de la moto de él. Más lejos, en la vereda San Juan Bajo del municipio de Génova (Quindío), una madre y una hermana continuaban con su rutina, sin saber que sus vidas quedarían ligadas por mucho tiempo a la hora y los sucesos acaecidos ese 16 de septiembre en la vereda El Rubí.

En un salón del Centro Educativo El Rubí, un grupo de más de 20 personas (estudiantes, docentes y padres de familia) se reunió para recibir el regalo de su amigo secreto. Poco antes de las 5:30 de la tarde, Freddy Torres Londoño recibió su obsequio: un reloj de pulso, ¿si quiera se lo puso? Ninguno de los presentes atendió ese detalle. Mientras repartían la torta 4 hombres irrumpieron en el lugar.

Cuando el programa de la Gobernación, llamado Meta Digital, propuso instalar una antena satelital, los que realmente gobernaban el pueblo dijeron que no, porque eso se utilizaría para inteligencia militar. El dominio que tenían iba más allá: decidían cuándo llegaba la noche: 6:00 de la tarde; de lo contrario no respondían por el bienestar de las personas. Algunas veces se sentaban en los salones de clase para escuchar qué enseñaban los profesores, citaban a reuniones periódicas a los directores, docentes y a la Junta de Acción Comunal.

La entrada a la vereda San Juan (Génova, Quindío), hasta la finca La Florida, donde vive la familia de Freddy, son dos horas de camino.

El uso del celular era restringido, cualquiera era sospechoso de ser sapo, esos eran los que solían aparecer muertos, con un cartel que le anunciaba al pueblo el motivo del asesinato. Solo si contaban con suerte los amarraban a un árbol por tres días para investigarlos y aprendieran la lección, y luego los soltaban. Los tenderos y los conductores tenían que pagar los impuestos al Estado y a los que realmente mandaba. En La Macarena, la ley era esa que se apoda la Ley del Monte.

–Las cuatro personas que llegaron, todos de civil, llevaban armas; tres llevaban armas cortas y una llevaba arma larga. De un momento a otro se pararon y amenazaron con las armas a todos los asistentes, mi esposo, de nombre Freddy Torres Londoño, se levantó (…). Son integrantes de las FARC, frente 40 que es el que opera en la región, al mando de alias Salvador. (Fragmento de la declaración de Jenny Pérez ante la Fiscalía General de la Nación, Villavicencio).

– ¿Quién es el director? – preguntó el que portaba el arma larga.

–Tranquilo que yo soy el director. ¿Qué pasa? – le dijo Freddy.

“Le hicieron un nudo que supuestamente si bajaba las manos se ahorcaba”, señala Jenny.

Freddy quedó con los codos al nivel de la parte de atrás de su cabeza.

– ¿Por qué se lo llevan? – preguntó una profesora.

–Traiga el celular satelital que él tiene, el computador, la cámara y el celular. Este man se va a morir. Esperen noticias en tres días, le respondió un guerrillero.

La hija de Freddy corrió y se aferró a él. Gritaba que lo soltaran.

–Haga el favor y coja a esa muchachita, dijo el mismo hombre antes de llevárselo.

 

Según la antropóloga forense Helka Quevedo, “si las familias tuvieran información más pronta y de manera continua, el sufrimiento no se quita, pero podría disminuir un poco”.

7:00 de la noche. Vereda San José de Lozada, Meta.

Tocaron la puerta de la casa de Jenny. Su hijo abrió. Era un compañero de Freddy.

–Jenny, es que tengo que decirle algo.

– ¿Qué pasó?

–Pero siéntese.

“Y yo era como mirando a la puerta a ver si llegaba Freddy”, agrega Jenny.

–Es que a Freddy se lo llevó la guerrilla.

8:00 de la noche. Vereda El Rubí, Meta.

–Llegué donde estaban todos los profes y como allá no había luz, entonces era como a punta de velas. Fue una imagen que nunca se me va a borrar, parecía un velorio (es la primera vez que el tono plano y suave de la voz de Jenny tuvo un ligero énfasis en una frase).

Al día siguiente, a las 6:00 de la mañana, miembros de la Junta de Acción Comunal y Jenny comenzaron la búsqueda.

 

7: 00 de la mañana. Génova, Quindío. Lunes 19 de septiembre.

Maribel inició el día con la llamada de un familiar con el que poco se comunicaba.

–Mari, ¡es que usted no sabe lo que está pasando!

–Pasar de qué.

– ¿Ustedes no saben que a Freddy lo secuestraron?, ¿cómo así que no les han dicho nada?

Maribel y su mamá, Gladys Londoño, se prepararon para salir de su finca, La Florida. Sonó el teléfono. Jhon Jairo, un amigo de infancia de Freddy, que también vivía en el Meta, les contó que Freddy estaba muerto.

–A las cinco de la tarde nos dimos cuenta que él no estaba muerto, sino que estaba secuestrado y llevaba tres días.

Maribel también dice que gracias a esa noticia viajaron más tranquilas.

Ya en La Macarena se encontraron con Jenny y Jhon Jairo. Fueron a contactarse con alias Salvador. A ellas no las quiso recibir, pero a Jhon Jairo sí. Admitió que el secuestro de Freddy fue una orden suya, que no lo tenía en el momento y lo había entregado al Frente Yarí; agregó: “pero yo creo que a ese man ya lo pelaron, porque eso lo pedían era para matarlo”. También le mandó un recado a Jenny: “que se vaya, le va a pasar lo mismo”.

Pasaron dos semanas recorriendo trochas durante cinco, seis horas, preguntando en cada caserío que se atravesaba; fueron a cuanto lugar les pudieran dar una mínima señal de la vida de Freddy. Pocos días después Jenny salió de La Macarena, fue el 5 de octubre de 2011. Jhon Jairo fue amenazado… Maribel y Gladys quedaron sin muchas posibilidades.

No hay datos certeros, no tienen pruebas tangibles. Según el Especial Desaparecidos: duelo eterno, del diario El Tiempo, en Colombia hay 72. 610 personas que “sencillamente se las tragó la tierra”. Pero ¿no era un secuestro? En este punto es donde radica la complejidad del caso: presenta una mutación entre secuestro y desaparición forzada; saben quién es el victimario, no piden dinero por su rescate y desconocen su paradero.

*Estudiante de Comunicación Social y Periodismo, Universidad del Quindío

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