En el departamento del Chocó, como en otros de Colombia, hay presencia de cultivos ilícitos como hoja de coca y amapola. El Gobierno nacional, en su lucha contra el narcotráfico, implementó el programa de aspersiones aéreas con glifosato, logrando erradicar cultivos ilícitos, pero también ha marchitado los cultivos lícitos de agricultores de estas regiones.
NOVITA

Investigación: Laira Asprilla Leudo

Fotografía: Juan José Martínez Gutiérrez

Texto: Jhoban Stiven Sánchez Quiroz

Ese olor amargo del bagazo de la caña de azúcar que reposa a la espera de arder para darle vida a la dulce panela, concuerda con el sentimiento de amargura que tienen los habitantes del corregimiento de Pindaza, en Nóvita (Chocó). Un pequeño caserío donde la modestia, la humildad y la sencillez son protagonistas. Alrededor de un planchón rústico de cemento que hace las veces de cancha de fútbol y parque, se erigen pequeñas casas de madera y material, pintadas de colores vivos, tal vez para mostrar la alegría propia de sus 500 habitantes. Alegría que por momentos desaparece al recordar la productividad que tenía su trapiche antes de que sus cultivos de caña fueran regados con esa espesa capa de líquido mortuorio llamado glifosato, usado para combatir los cultivos ilícitos.

Según Santos Lorenzo López, habitante del corregimiento ubicado a aproximadamente 45 minutos en bote de la cabecera municipal de Nóvita (suroriente chocoano), desde 2012 allí han fumigado varias veces con glifosato sus cultivos, los de sus familiares y vecinos. Cultivos de plátano, chontaduro, maíz, piña, yuca, caña de azúcar, otros de pancoger y de maderas como cedro, han sufrido los embates de la guerra del gobierno colombiano contra los cultivos ilícitos y el narcotráfico. Dejando esto como principal resultado una afectación económica colectiva y un daño ambiental significativo en un departamento tan biodiverso como el Chocó.

La palabra glifosato empezó a ocupar los titulares de la prensa colombiana, tras la muerte de Jader Andrés Paternina Saez, un campesino del departamento de Córdoba, que murió el 20 de febrero de 2015 tras aparentemente ser rociado con el herbicida. Este ha hecho parte de la agenda de los medios nacionales también, luego de que la Organización Mundial de Salud lo declarara como un posible cancerígeno y de que el Gobierno de Colombia decidiera suspender las aspersiones aéreas desde octubre.

La empresa de fabricación de panela de Pindaza, es un proyecto productivo comunitario fundado en 1997 y sirve de ejemplo para dimensionar la magnitud de las consecuencias que las aspersiones aéreas pueden dejar en una comunidad. Después de que los cultivos de caña de varios pobladores fueron bañados con el agresivo y nocivo químico, la producción se redujo de manera drástica por falta de materia prima, convirtiendo así a los habitantes del corregimiento en parte de las más de 4.000 víctimas que han dejado las aspersiones aéreas con este posible cancerígeno en el municipio.

La empresa panelera es una empresa familiarLa empresa panelera es familiar

Una bodega conformada por altas columnas que sostienen el techo de tejas de eternit, estructura que arropa la caña, las calderas, el bagazo y el trapiche. Anteriormente en la pequeña fábrica trabajaban de noche y de día para sacar la producción, en una semana recogían cien latas (galones) de guarapo, esta misma cantidad se demoran un mes en producirla actualmente por el desabastecimiento de la materia prima. Veinte latas de guarapo producían cien botellas de viche, una bebida alcohólica tradicional del Pacífico, hoy por la poca jugosidad de las cañas sembradas en los terrenos rociados con glifosato, esta misma cantidad de guarapo solamente produce de veinte a treinta botellas de viche.

Ignacia Candelaria Barco recuerda las ganancias que tenía antes y resalta que nunca el Gobierno realizó una consulta previa para realizar las aspersiones en la zona.

Amablemente el grupo de habitantes que nos recibió decide mostrarnos algo que evidencia la gran caída de la producción de su empresa comunitaria. Una vigorosa caña que alcanza casi los tres metros de altura es colocada frente a otra de color rojizo que alcanza a ser su tercera parte, parece que fuese apenas una raíz que sangra.

No solo la caña se vio afectada. La piña, la yuca o el maíz han sido perjudicados por el glifosato. Izquierda: caña rociada con glifosato, derecha: caña sana. Foto de Juan José Martínez

El polvo, el óxido y la maleza ya empiezan a apoderarse de lo que fue una productiva empresa hasta hace poco, el espacio es más ocupado por bagazo que por caña.

No solo las aspersiones aéreas han golpeado Pindaza, la minería ilegal les ha quitado una de sus riquezas naturales principales. Una vertiente del río San Juan que pasaba por detrás del trapiche, a escasos 50 metros, fue taponada y ahora solo queda una árida laguna de agua retenida por la cual se puede cruzar a pie sin mojarse los tobillos siquiera.

Nóvita es uno de esos lugares donde la ilegalidad y la legalidad llegan a mezclarse, tanto así, que en nuestro viaje, realizado en plena época electoral, nos encontramos un candidato al concejo municipal que tiene cultivos de hoja de coca. Aunque él, visiblemente incómodo y nervioso nos haya asegurado que fue en el pasado, esto evidencia que en la zona hasta los actores políticos se involucran con los cultivos ilícitos.

Nóvita: lugar de contrastes

Nóvita como muchos municipios del departamento del Chocó, es un lugar de contrastes, casas de material con fachadas cubiertas por bellos baldosines, vigiladas con cámaras de seguridad, se construyen al lado de otras muy humildes en las que los baldosines son cambiados por tablas, se observan unos pocos carros de alta gama y el hermoso paisaje natural de la ribera del río es invadido por la basura dejada por los habitantes del rico y a la vez tan pobre municipio. Todas las viviendas tienen instalado un ingenioso sistema para recoger el agua de las frecuentes lluvias, a la canal del techo se conecta un tubo que conduce el agua a grandes depósitos.

NóvitaParque central de la cabecera municipal de Nóvita

Está ubicado a una hora y media de Istmina. La vía terrestre de acceso es un camino rural serpenteante lleno de baches y de amenazas de derrumbe, entre la abundante vegetación, que hace el viaje incómodo. El transporte es difícil de conseguir ya que solo sale un jeep por hora en semana, la situación empeora los fines de semana, ya que la presencia de los vehículos es mínima.

En el municipio la minería al igual que la agricultura, ocupa un lugar importante de la economía. Los barequeros, trabajadores de las minas, hacen parte del paisaje. En la mañana se desplazan con sus palas y botas pantaneras en motocicletas hasta las minas que están a las afueras. En las tardes, cuando el sol empieza a sucumbir, regresan con sus bolsillos llenos de más barro que de oro. Imágenes de ´Bulldozers´, volquetas y retroexcavadoras adornan las paredes de los negocios del pueblo.

La alegría de sus pobladores se hace evidente con la ensordecedora música que sale de las discotecas y tabernas que abundan y que no cierran sus puertas ningún día de la semana. Allí todo es armonía entre sus pobladores, todos se conocen y la mayoría tienen un parentesco familiar. Saludos van, saludos vienen, es común escuchar hola tío, hola prima, casi todos son familia, y si no lo son, se tratan como tal. Sin importar que sea desconocido, con una gran afabilidad y curiosidad tratan al visitante en este municipio del Sur Oriente chocoano fundado el 30 septiembre de 1709.

Con una superficie total de 1327 km2, está conformado por 13 corregimientos, de los cuales ocho se han visto afectados por las aspersiones aéreas con Glifosato, dejando como resultado más de 4.000 habitantes perjudicados. En algunas zonas del municipio cultivar hoja de coca hace parte vital de las actividades económicas, es por este motivo que el PECIG (Programa de Erradicación de Cultivos Ilícitos Mediante Aspersión Aérea con el Herbicida Glifosato), programa del Gobierno colombiano con una amplia financiación del Gobierno de los Estados Unidos, viene siendo aplicado por la Dirección de Antinarcóticos de la Policía Nacional en esta zona y otras regiones del país, donde existe una amplia presencia de cultivos no lícitos.

Este territorio es un campo de batalla, donde el gobierno lucha contra actividades ilícitas, grupos al margen de la ley como las Farc, los paramilitares y bandas criminales. En medio de la lucha son afectados algunos inocentes, como los habitantes de Pindaza y José Isabelino Moreno, un apasionado agricultor desplazado del Tamaná alto en 2004 por razones de orden público.

Teniendo sus cultivos y lago de peces en el centro de una zona minera, estos fueron fumigados por primera vez en 2013 y luego en 2014, lo que causó la pérdida total de la cosecha y la mortandad de los animales. Con gran tristeza debió observar en las dos ocasiones como sus cultivos de plátano, yuca, papaya, lulo y piña perecían. “Todo lo que hay ahí es rastrojo y piña que he ido sembrando porque de otra cosa ya no pega ahí”. Con esta frase Isabelino hace una descripción de lo estériles que quedan los terrenos rociados por el agresivo compuesto químico.

Isabelino recuerda como sus plantaciones fueron destruidas por las aspersiones de glifosato. Aún no ha recibido ningún tipo de compensación. Foto cedida por la Personería de Nóvita

Isabelino recuerda como sus plantaciones fueron destruidas por las aspersiones de glifosato. Aún no ha recibido ningún tipo de compensación. Foto cedida por la Personería de Nóvita

Atrás quedaron esos tiempos en los que vendía los productos de sus cultivos por bultos y cachamas a las minas, hasta le regalaba a los pelotones de militares que patrullaban la zona. Ahora se dedica a producir la poca piña que puede, criar pollos y desyerbar otra zona para comenzar con sus cultivos de “comida de pelar”, como le llama don Isabelino a sus cultivos de yuca y plátano.


Glifosato, el marchitador de ilusiones

Según la IARC (International Agency for Research on Cancer), el glifosato es el herbicida más producido a nivel mundial y es usado principalmente en la agricultura, por eso no es raro que los vegetales y frutas que consumimos a diario contengan esta sustancia. Al entrar en contacto con las plantas evita su desarrollo, está comprobado que puede reducir la germinación de semillas entre un 24% y un 85%.

Según una evaluación de cinco insecticidas organofosforados y herbicidas realizada por la IARC, agencia especializada de la OMS (Organización Mundial de la Salud), publicada el 20 de marzo de 2015, los resultados de cáncer en sujetos estudiados en Canadá, Estados Unidos y Suecia que han estado expuestos a este químico debido a la actividad agrícola que realizan, no han sido concluyentes. Pero, en ratones de laboratorio los resultados han sido concluyentes: les produce cáncer. Además, aunque no se ha concluido si produce cáncer o no en los seres humanos, si es cierto que altera genética y cromosómicamente a los humanos. Esto según la United States Environment Protection Agency (US EPA). Por este motivo fue incluido en la categoría A2, que pertenece a los posibles cancerígenos para el ser humano.

El impacto ecológico es importante también, en un concepto técnico sobre la acción de tutela instaurada por la Personería de Nóvita enviado a la Corte Constitucional, son citados una serie de estudios en los que queda evidenciado el peligro que tiene, la aplicación de la mezcla usada en el Programa de Erradicación de Cultivos ilícitos, para el medio ambiente del país, ya que los cultivos de hoja de coca y amapola están en zonas ricas en flora, fauna y fuentes hídricas. Y las posibles consecuencias que deja cuando este entra en contacto con seres humanos son algunas como: brotes o quemaduras cutáneas, daños renales e intestinales y hasta abortos.

Aunque se han fijado algunos parámetros para las aspersiones en el PMA (Plan de Manejo Ambiental), como por ejemplo el tamaño de las gotas, la altura y las condiciones de viento a las que deben realizarse las operaciones, el clima en Nóvita es protagonizado por las precipitaciones y cambios bruscos. El marchitador de ilusiones se escabulle entre la tierra o vuela hacia los cultivos lícitos que en ocasiones no están ni cerca de la “yerba mala” como la llama Ignacia Candelaria Barco, habitante de Pindaza. Pero no todo es culpa de la naturaleza, existen casos en los que, errores humanos o de los drones que detectan los cultivos por su color, causan la caída de la ola de esterilidad y muerte sobre territorios inocentes.

Donde hay presencia de cultivos de hoja de coca y amapola, estos son tan influyentes en la economía, que asperjarlos, es como si el gobierno declarara ilegal el café y empezará a erradicarlo en el eje cafetero.

En algunas regiones del país en las que la presencia del Estado y de la fuerza pública es mínima o inexistente, grupos al margen de la ley, bandas criminales y narcotraficantes aprovechan para tomar el control y desarrollar allí actividades ilegales. Los pobladores por razones económicas y otros tantos bajo la amenaza de ser desplazados, deciden entrar a ser parte del proceso productivo de la cocaína.

Coca, el motor de la economía

Urabara, es otro corregimiento de Nóvita, un pequeño pueblito del Alto Tamaná, donde las noches son iluminadas por velas a falta de energía eléctrica, que solamente ilumina los domingos gracias a plantas eléctricas, el pavimento no hace presencia tampoco en sus tres calles y mucho menos el agua, ni la señal de telefonía móvil llega. Entre las 50 casas de paredes de madera y techo de zinc habitan familias numerosas que llevan una vida carente de comodidades.

Aquí cultivar hoja de coca hace parte importante de la economía, aunque todos los pobladores la relacionan con la ilegalidad, ya se ha vuelto un cultivo más. En las veredas, ubicadas a unos 15 minutos de la cabecera municipal, como Iparra y Piedra Grande los pobladores tienen en promedio 2 hectáreas de cultivos ilícitos y es común ver las verdes y brillantes hojas como parte de la vegetación y entre cultivos de pancoger.

Algunos cultivos de cocaSegún las autoridades, cultivos ilícitos son mezclados con lícitos para ocultarlos. Foto cedida por raspachin

Algunos cultivos de coca. Según las autoridades, cultivos ilícitos son mezclados con lícitos para ocultarlos. Foto cortesía.

El DANE estima que en el 2013 los cultivos de hoja de coca ocupaban un 2% de la actividad agrícola de Colombia.

Eduardo Santos (audio), miembro del consejo mayor comunitario de Nóvita y habitante de Urabara, afirma que la presencia de cultivos ilícitos se debe a la falta de vías aptas para sacar la producción agrícola, que es más fácil de transportar la hoja de coca y porque además genera más ingresos económicos. Frente al tema de las aspersiones aéreas, él asegura que si el Gobierno nacional apoyará la región para que se tuviera algún tipo de ingreso que permitiera la sostenibilidad de las familias, las mismas familias se encargarían de erradicar los cultivos, porque la erradicación aérea genera unas consecuencias nocivas para la nación.

Dos niñas que alimentar, la ausencia de un esposo que le ayude económicamente y solo media hectárea de su propiedad, han llevado a Nubia Mosquera a cultivar hoja de coca, cada tres meses que se da la producción logra sacar 37 arrobas o también el caso de Jeremías Asprilla (audio), su producción es aún mayor, llega a producir cien arrobas para la cosecha; esta puede llegar a generar hasta 5 millones de pesos, sin embargo, casi toda la plata se destina a adquirir los insumos para la siguiente cosecha.

Según un informe de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC), una familia con un promedio de 5 miembros puede llegar a ganar, al año, 1160 dólares. Una cantidad irrisoria para el sustento de la familia entera. Y es que en 2006, el  65% de los productores de coca se encargaban ellos mismos de extraer el alcaloide y vender la pasta preparada, lo que les suponía un ingreso mayor, pero desde esa fecha hasta el 2014, los grupos armados (ELN y las Farc) presentes en el municipio de Nóvita, son los que deciden cuándo, cuánto y dónde debe ser cultivada la coca, además de controlar los precios en el mercado. Por lo que ahora el 63% de los agricultores productores de coca, venden directamente la hoja fresca para ser procesada.

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La realidad de los raspachines; personas que cultivan hoja de coca, es su mayoría campesinos humildes, es trágica a la par que humilde, ven sus esperanzas arraigadas en una ´yerba mala´, pero esta hierba es su único sustento, ellos afirman que el Gobierno no se ha manifestado de ninguna manera. Hay que tener en cuenta que el Estado propone un plan de Desarrollo Alternativo para los productores que decidan erradicar voluntariamente sus cultivos ilícitos. Este plan es una medida más, entre muchas otras, en su lucha contra los cultivos ilícitos. Es una guerra difícil de ganar ya que de acuerdo con el informe de la UNODC, en el 2014 hubo un aumento del 44% de hectáreas totales sembradas en el país, un total de 110.000 hectáreas. De estas, el 73% están ubicadas al sur de la nación (Nariño, Caquetá y Putumayo), en el departamento del Chocó hay un 14%. Específicamente, el corregimiento de Urabara, es uno de los focos de siembra en el municipio de Nóvita.

Don Isabelino cuenta como sus cultivos de piña, yuca y caña fueron afectados

Don Isabelino cuenta como sus cultivos de piña, yuca y caña fueron afectados

Los raspachines que allí trabajan, y que además son propietarios de terrenos en los que no tienen cultivos ilícitos de más de dos hectáreas, aseguran que mezclan sus siembras de yuca, piña o maíz con la hoja de coca para así aprovechar al máximo el poco terreno que poseen. Pero en el informe de la UNODC, secundado por el Mayor Andrés Arias de la Fuerza Aérea, esta es solo una de las estrategias que usan los cocaleros para ocultar sus cultivos, también usan técnicas como aplicar sustancias para aislar la superficie de las plantas o lavar las hojas de coca luego de que estas son asperjadas, para evitar los efectos del glifosato.

A la espera de un nuevo florecer

Mientras los cocaleros esperan un trimestre más para recolectar la coca que con tanto esmero han cuidado para obtener su sustento y el de sus familias, a la par que los agricultores damnificados por el riego indirecto, o por la mezcla de cultivos, ven sus siembras de pan coger comprometidas, la Personería del municipio de Nóvita hace lo que está en sus manos para poder hacer justicia para la base de la economía nacional. La gente de las veredas, corregimientos y pueblos que visitamos sienten que han sido olvidadas, y como decía uno de ellos, viven a la mano de Dios, sin ayuda ni apoyo para salir de esta situación de ilegalidad en la que han sido encasillados por causas económicas y sociales circunstanciales.

En este momento, la tutela que envió la Personería de Nóvita al Consejo de Estado, ya llegó a los destinos pertinentes, como por ejemplo, la Unidad de Estupefacientes o la Policía Antinarcóticos. A estos se les encargó realizar una investigación, que ya se hizo, solo queda esperar que se den los resultados de lo investigado por parte de las instituciones implicadas. En la tutela se busca exigir la consulta previa a las comunidades que habitan las zonas que serán asperjadas y se exponen de manera amplia las afectaciones causadas por las aspersiones aéreas con glifosato en el municipio.

Como aspecto positivo, cabe recalcar la confirmación del cese de las aspersiones aéreas por parte del gobierno a partir del 1 de Octubre del 2015. Desde esa fecha toda erradicación tiene que ser manual. Los cultivadores de coca tendrán dos opciones, o se suman a la erradicación de manera voluntaria, a través de la cual recibirán ayuda del gobierno, o tendrán que someterse a la eliminación forzosa por parte de los Grupos Móviles de Erradicación (GME), los cuales estarán acompañados por las fuerzas del estado ante cualquier problema de seguridad que pueda presentarse.

Si los cultivos de coca aumentan o reducen gracias a esta medida, solo el tiempo lo dirá, lo que sí es seguro, es que, los agricultores de cultivos lícitos podrán ver florecer sus campos nuevamente.