Rosa Regàs Pagés nació en Barcelona en 1933. Es licenciada en filosofía y letras por la Universidad de Barcelona. Trabajó en la editorial Seix Barral de 1964 a 1970, año en el que funda la editorial La Gaya Ciencia, y las revistas Arquitectura Vis y Cuadernos de la Gaya Ciencia (1976). De 1983 a 1994 trabajó como traductora para las Naciones Unidas en ciudades como Ginebra, Nueva York, Washington, Nairobi y París. Del 94 al 98 fue directora del Ateneo Americano de la Casa de América. Ha publicado novelas, relatos, cuentos, artículos y libros de viajes, y fue ganadora del Premio Nadal 1994 con Azul, su segunda novela. (Fuente: Escritoras.com)
El Once de Septiembre catalán
Mi padre, incansable narrador de anécdotas reales o imaginarias, contaba la historia de un concurso internacional organizado en Europa en el que cada país presentaría un libro sobre el tema El Elefante, enfocado como quisiera, desde el punto de vista de la Historia, de la colonización, de la biología, como gustara. Y apareció en primer lugar el de los británicos que publicaron un hermoso libro con infinidad de fotos antiguas y modernas titulado El elefante y el imperio. Luego vinieron los diez tomos en papel biblia de los alemanes con un título común: Introducción a la historia del elefante. Los franceses presentaron un pequeño libro, delicado y con bellas ilustraciones y luminosos nácares que no podía por menos que llamarse L’Elefant et l’amour. La aportación de los catalanes fue un elegante manual en pliegos de papel de hilo del color de la arena al que titularon l’Elefant i el problema català.
Contrariamente a lo que podría parecer, esta historia nos la contaba mi padre cuando yo debía tener 10 o 12 años, es decir, hace una eternidad, lo que significa que para vergüenza del ejecutivo, sea en funciones o no, el problema que inspiró este chiste ya era antiguo en los años cuarenta del siglo pasado. Y mucho, muchísimo más antiguo aún.
¿Cómo es posible que en España se arrastre el mismo problema ante el inmovilismo de cualquier ejecutivo democrático y no haya habido político alguno que se tomara la molestia de intentar hablar de él con los responsables del gobierno catalán de turno, para encontrar una fórmula de entendimiento que sin ser radicalmente definitiva al menos convenciera a la ciudadanía de que la convivencia no tiene por qué ser una amargura constante ni una injusticia para la parte nacionalista catalana, y evitar así que se agrave más aún una situación ya de por sí deteriorada y, lo que es peor, proclive a la manipulación de la realidad que con el tiempo acaba convenciendo incluso a los más ecuánimes? Así es como se crea un malestar insostenible. ¿Cómo imagina el presidente que se puede gobernar un país democrático si una parte importante de la ciudadanía no desea formar parte de él? Difícil sobre todo cuando ese presidente se limita a callar, a escudarse en la ley vigente y a ignorar y ningunear a una parte importante del pueblo. Nadie sabe cómo puede agriarse la convivencia cuando empeora un problema que se perpetúa a pesar del paso del tiempo.
Así reflexionábamos el pasado Once de Septiembre catalán, tan reivindicativo, digan lo que digan, como los Once de Septiembre más recientes: el del asesinato de Allende por Pinochet auspiciado por el inmerecido Premio Nobel de la Paz 1973, y el primer ataque terrorista en suelo norteamericano en 2001 con la caída de las Torres Gemelas.
Reconozcamos al menos que constancia no le falta al pueblo catalán.
*Tomado de http://www.rosaregas.net/articulos/index.php.



