En medio de las huellas de un conflicto que abatió al municipio de Samaná, al nororiente de Caldas, y la certeza un presente esperanzador, viven los habitantes del pueblo, quienes debido a la buena disposición y empeño, se han recuperado del abatimiento que hubo por la incursión de los grupos armados hace aproximadamente 13 años.

Por: Estefanía Cardona Tabares

Fotografía panorámica de la plaza de Samaná, con las chivas esperando.

Según comenta Luis Alberto Barbosa Díaz, técnico operativo de CorpoCaldas, “el conflicto afectó las posibilidades de las personas… pero en la parte ambiental, nunca he visto lo negativo”. El reingreso de campesinos a las zonas rurales, ha traído consigo una recaída ambiental. La única estrategia existente para la recuperación de predios es por medio de una pauta en donde los campesinos protejan los recursos y manejen franjas protectoras para los yacimientos de agua.

Este pueblo no pudo eludir la mancha violenta que marca a gran parte de Colombia.  Hasta hace aproximadamente 15 años, los grupos al margen de la ley se tomaron las zonas rurales del pueblo. Según el programa presidencial de Derechos Humanos, Samaná fue uno de los municipios con mayor número de desplazados en los años 2000 y 2004, con un índice del 49 por ciento de personas expulsadas (Ver artículo). Dicha ola de desplazamiento acabó por sobre poblar  la cabecera municipal y disminuir los cultivos de café, caña, caucho y otros productos, afectando la base económica del municipio.

En un informe del diario La Patria del 2005, se dieron a conocer unas cifras que revelaban la gravedad del hacinamiento por el desplazamiento.

“ En Samaná:

  • El acumulado de hogares expulsados del municipio llegó a 3.632, para un total de 15 mil 71 personas.

  • El municipio recibió 1.996 hogares, para un total de 8.388 personas.

  • Los datos indican que ocupa los primeros lugares en expulsión y recepción de personas que huyen del conflicto.

  • En mayor número de desplazados le siguen Pensilvania, Riosucio, Marquetalia y Manizales”.

    Un día regular en la plaza de Samaná

Recuento del conflicto

Con 25.600 habitantes, Samaná está ubicado al oriente de Caldas. Se caracteriza por su riqueza hídrica y sus extensas zonas rurales. En la época de los 80 y los 90 era una región próspera con una economía fuerte en el área rural y urbana. Hacia el año 1998, el frente 47 de las Farc comandado por Karina, ingresó al municipio por la parte norte sobre los corregimientos de San Diego y Florencia.

Ubicación geográfica en el departamento de Caldas

Por otro lado, los miembros de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio y su comandante Ramón Isaza, ingresaron por la parte centro y sur del municipio.  Ambos grupos al margen de la ley, tuvieron confrontaciones buscando apoderarse de las zonas de rurales para el cultivo de coca.

Por otro lado, además de la posesión de las tierras para estos cultivos, sus intereses también estaban ligados a evitar la tala de árboles con el fin de mantener las zonas montañosas y poder camuflarse entre ellas. Debido a la piratería de territorios, se generó un incremento en la tasa de homicidios;  hasta el 2000 hubo menos de 50 homicidios, mientras que hacia el 2002 aumentó la tasa a más de 150 homicidios por año.

Debido a la carencia de fuerza pública y la alta presencia de grupos ilegales, el pueblo acabó con sólo una estación de policía. Los retenes, secuestros, extorsiones a comerciantes y hurto de vehículos, era algo cotidiano en el pueblo.

“Esto hizo que muchas personas que tenían grandes empresas en el municipio, empezaran a desplazarse a otras regiones” dice Edwin Ancízar Sánchez, secretario de gobierno y servicios administrativos de Samaná.  Este es el caso de los dos desplazamientos masivos  que generaron el declive de 15 o 20 veredas, cuyos habitantes que se situaron en la zona urbana durante 15 días causando hacinamiento y pérdidas en la producción económica.

“El municipio quedó en un 90 por ciento en poder de los grupos armados”, comenta Sánchez.  En el año 2005, con el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, se establecieron bases militares en el oriente del departamento y se incorporaron unidades del ejército en la recuperación del orden público. A partir de ese momento el frente 47 de las Farc y el Ejército nacional, se confrontaron hasta llegar a una fase final. Dicho proceso tardó desde el año 2007 al 2009.  “En el 2009, se vio bastante diezmado el frente 47” agrega Sánchez.  Debido a la fuerte presión del ejército, el frente 47 se desplazó hacia la zona sur de Antioquia, uniendo su fuerza con el Frente 9°. El diario El Tiempo cuenta cómo fue la desmovilización de las cabecillas del Frente 47 y así mismo cuenta cuál fue la ‘suerte’ de este grupo armado. (Ver artículo).

 

El conflicto persiste

En el 2010 han venido ingresando por el corregimiento de San Diego, algunas unidades del Frente 9°, donde aún existen cultivos ilícitos”, comenta Sánchez.

Sobre la zona limítrofe del departamento aún existe presencia de cultivos ilícitos debido a las secuelas que ha dejado el conflicto armado. El Frente 9° de las Farc, todavía hace presencia esporádica en los corregimientos de San Diego, Alejandría, Florencia, Norcasia y Arabia.

Por el problema de los cultivos ilícitos, surge un problema de titulación de tierras que apenas está siendo investigado por la Universidad de Caldas. Los predios pertenecen al campesino por el hecho de producirlos y no por una escritura legal que así lo afirme. Este problema podría dar a pie a un nuevo conflicto de orden público, pues en cualquier momento los grupos ilegales podrían reincidir en la apropiación de territorios, dejando a los campesinos sin soluciones viables para reclamar sus territorios.

Según Rodrigo Santofimio, sociólogo de la Universidad de Caldas, personas civiles o miembros de grupos derivados de las Farc podrían llevar el nombre de la “franquicia de las Farc” para posesionarse de territorios sin dueño o para realizar extorsiones a los campesinos, asegurándoles una remuneración económica a cambio de que ellos participen en la producción de cultivos ilícitos. “Es un potencial que puede convertirse en realidad si el Estado no interviene allí”, asegura Santofimio.

Santofimio afirma que existen también titulaciones imprecisas, en donde el gobierno no toma partido y poco les interesa si los propietarios aparecen o se fueron. “Si la tierra no es tuya, si tiene apenas un carácter de posesión y nadie la reclama, [cualquiera puede llegar y] sembrar 10 o 15 hectáreas libremente”, agrega Santofimio.

Tal y como lo afirma el sociólogo, desde la reincursión de los campesinos a sus tierras, el temor persiste con lo que puede ser una derivación de lo que queda de estos grupos armados. Esta preocupación también se presentó en un informe que hizo el diario La Patria en entrevista a Fabio Humberto Giraldo Jiménez, Director del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, asegurando que “El problema es que ahora empiezan a surgir nuevos actores, quedan ‘grupitos’ y semillas de los terroristas que, ya no son un factor de amenaza para el Estado, sino que pasan a ser delincuencia común que va seguir afectando a la población civil”.

Por otra parte, según Javier Clavijo, víctima directa del conflicto, desde la cárcel de máxima seguridad de Valledupar, llaman aún a extorsionar a algunas personas del gremio de profesores y comerciantes, haciéndose pasar por miembros de las autodefensas. “Los delincuentes citan a las personas por los lados de Doradal, Antioquia, pero luego dicen que para agilizar las cosas sólo es consignar la plata y así recortar trámites”.


Entre recuerdos rotos, el pueblo prospera

A partir del año 2005 todo regresa a la normalidad, gracias a las desmovilizaciones y el acompañamiento constante por parte de la fuerza pública para con los habitantes del oriente de Caldas.  Es desde esa fecha, cuando todo lo que está viviendo el pueblo -‘paz’ ‘tranquilidad’ y ‘seguridad’- renace.  Con programas de acompañamiento por parte del Estado, como el plan ‘Familias Guardabosques’, plan ‘Familias en Acción’ y plan ‘retorno y ubicación’, Samaná escapó de la crisis y logró recuperar el 95 por ciento de sus territorios, según Sánchez.

Los habitantes del municipio aseguran sentir respaldo por parte de la fuerza pública, así lo confirma Jose Alberto Aristizabal Franco, sacerdote de la Diócesis de La Dorada, “las personas han recuperado la paz, la esperanza…porque se ha hecho un trabajo de sanación y acompañamiento y la gente ha recuperado la confianza en muchas cosas… la gente ha podido retornar a los campos, plantar los cultivos, recuperar cosas que por la situación de violencia se les impidió”.  Sin embargo, Sánchez, agrega que “el temor los  sentimos todos los colombianos, pues todos somos vulnerables a la situación del conflicto armado”.

Rigoberto García, comerciante y habitante del municipio, comenta que “ya podemos trabajar normalmente, nos podemos mover para donde queramos, ya no hay nada de grupos ni amenazas de ningún lado”.

Aunque el conflicto armado aparentemente haya cesado en el pueblo, aún el gobierno no ha cumplido con las ayudas para los campesinos que reingresaron a las tierras. “Desde el 2003 han decaído y a nosotros nos han llegado muy poquiticas ayudas. Un hijo que tiene 2 niños, ha mandado varias veces papeles y le rechazan la solicitud… Él ha mandado papeles 5 veces, le cobran los papeles y no le mandan las ayudas.  Dicen que esperen las llamadas y nunca llegan”, dice Aura Rosa, habitante de la zona rural. “Necesitamos más apoyo para las personas que fuimos desplazados”, alega Iván, otro habitante desplazado del municipio. Por último, otra perjudicada por la carencia de ayudas, Carmenza Castaño, asegura que las peticiones son rechazadas por extensión de núcleo familiar, siendo solo cinco las personas las viven con ella.

Fotografía tomada de La Patria (Campesinos de Florencia - Samaná) que aún esperan retornar a sus tierras) año 2005.


De ahí que el resurgimiento económico, productivo y social del municipio se refleja en el aumento del ejercicio democrático por parte de los habitantes. Según el diario La Patria, en el 2002  los grupos armados al margen de la ley hacían retenes que impedían que los habitantes fueran hasta las urnas. Los guerrilleros de las Farc llegaban a los puestos de votación, hurtaban los tarjetones y dañaban las cajas en las que debían depositarse los sufragios.

Para el año 2004, el ejercicio democrático no mejoraba, y estos grupos armados volvieron a irrumpir con la cotidianidad de los habitantes (Ver artículo). En épocas de conflicto se hacía paro armado y los electores eran entre 4000 y 5000 personas máximo. Actualmente la cifra aumentó de 6000 a 7500; y el pasado 30 de octubre superó los 9600, afirma Sánchez.

Y es que no solamente había problemas en elecciones, pues para el año 2002 se presentó un fuerte hostigamiento hacia el alcalde de ese entonces. Según el diario La Patria “el alcalde, Helí Jiménez, un fiscal y un empleado del ente acusador fueron retirados del municipio en helicóptero, por presiones de las Farc”.

A pesar de todas las secuelas que marcó el conflicto en Samaná y el cual dividió al pueblo en dos momentos, se ha notado una gran recuperación por parte de los habitantes, quienes se notan tranquilos, calmados, y con mucha seguridad al ir a hacer sus mercados, al estar en las tabernas con sus amigos o simplemente con el hecho de viajar hasta la plaza central a visitar a sus familiares.

NOTA: Para ampliar la información acerca del conflicto que sacudió de forma acentuada todo el oriente de Caldas y conocer cuáles fueron esos puntos estratégicos, qué causas y consecuencias que dejó el conflicto, conozca el informe de Derechos Humanos sobre Caldas (Ver informe).