Pereira en este momento, para afrontar una emergencia como un terremoto, está en una capacidad muy débil porque en el terremoto del 1999 la mayoría de organismos de socorro como los bomberos, la defensa civil y la Cruz Roja utilizaron muchos equipos y algunos de estos se dañaron y se desgastaron. Además, no han sido remplazados
Por: Mariana Herrera / Alejandra Sierra

Se vivió la misma película; otra vez las mismas imágenes dantescas, el drama, el dolor, pero peores consecuencias. La zona mas afectada en el terremoto de 1999 fue en buena parte la que sufrió los estragos de 1995, así que lo poco que se levantó en Pereira sobre el colector de Egoyá, quedó nuevamente en el piso.
Una parte del centro de Pereira se halla sobre el colector Egoyá, que es un relleno heterogéneo, que en los sismos de febrero de 1995 y enero de 1999 han sufrido mucho daño por la amplificación de las ondas sísmicas que se dan en este tipo de suelos.
Son rellenos donde se han depositado cualquier clase de materiales en las quebradas, sin compactarlos, entonces se tiene una diversidad de materiales, algunos de ellos orgánicos sobre los que se ha construido. Estos rellenos, con la humedad de la zona, ocasionan que sus materiales tiendan a asentarse causando la rotura de las tuberías, especialmente del sistema de alcantarillado con lo cual se agrava más el problema.
La ruta de Egoyá cubre desde la Avenida Ferrocarril por Ciudad Victoria, sigue bordeando a Fiducentro ubicado entre las calles 19 y 18 entre carreras 11 y 13. Luego cruza en diagonal y toca los edificios en donde funciona el INEC, en la calle 19 con carrera 12 y continúa por la estación de servicio de la calle 20, cruza hasta la calle 21 y la 22 para terminar en la Avenida Belalcázar.

Luis Enrique Reyes, teniente del Cuerpo de Bomberos de Pereira le dijo a los medios recientemente que para 1999 se calculó que 22.000 viviendas fueron afectadas (513 en el área rural de Pereira), “recuerdo cómo toda la zona del Colector Egoyá se vino abajo, ese mismo día se presentaron 14 réplicas de diferentes intensidades, posterior al 25 de enero, además hubo una red sísmica de 138 movimientos geológicos 22 días después mientras la tierra se acomodaba”.
La normatividad
Desde 1984 se viene aplicando Código Colombiano de Construcciones Sismo-resistentes, que busca entre otras cosas que las estructuras sean sismo-resistentes, que es la capacidad de una construcción de poder soportar un terremoto de la mejor manera posible, haciendo estructuras capaces de mantenerse, aunque los elementos no estructurales como ventanas, puertas y algunos muros sufran daño. De esta forma se busca que la edificación no ponga en peligro la vida de sus habitantes.
Las normas presentan requisitos mínimos que en alguna medida, garantizan que se cumpla el fin primordial de salvaguardar las vidas humanas ante la ocurrencia de un sismo fuerte. Actualmente las construcciones deben ser llevadas a cabo bajo el reglamento NSR 10 (Reglamento Colombiano de Construcción Sismo-resistente) expedido en el 2010. No obstante, la defensa de la propiedad es un resultado indirecto de la aplicación de las normas, pues al defender las vidas humanas, se obtiene una protección de la propiedad, como un subproducto de la defensa de la vida. Ningún reglamento de sismo resistencia, en el contexto mundial, explícitamente exige la verificación de la protección de la propiedad, aunque desde hace algunos años existen tendencias en esa dirección en algunos países.
“Las edificaciones que no sufrieron grandes daños en el terremoto del 99 no se pueden comparar con las construcciones desde el año 2000 que fueron hechas con el código de sismo resistencia. La ciudad del 99 hacia atrás ya tiene un porcentaje alto de estructuras fallidas, el mismo sismo del 99 las debió dejar ya falseadas porque muchos no tuvieron una reconstrucción estructural”, dijo el ingeniero civil especialista en construcción, Mario Delgado.
El eje cafetero es especialmente vulnerable, primero por su geología y después por las ondas sísmicas, que se amplifican por la canalización de quebradas, proliferación de rellenos para construcciones y el acelerado crecimiento demográfico.
El sismo del 25 de enero de 1999, que tuvo una magnitud de 6.2 en la escala de Richter, con una profundidad de 20 kilómetros, afectó en Risaralda a Dosquebradas, Santa Rosa, Pereira y Marsella, dejando 51 muertos, 761 heridos y 18987 estructuras afectadas. Los sectores damnificados por el terremoto en la ciudad de Pereira fueron el Centro, Colector Egoyá, Centenario, Boston, La Laguna, El Plumón, Palermo, Nacederos, Cuba, Villa Santana, Los Cedros, entre otros barrios y sectores que tuvieron daños estructurales, según el informe oficial del Mayor Ramón Salcedo, ex comandante del cuerpo de Bomberos de Pereira, quien atendió la emergencia.
Durante el terremoto de 1999 se produjeron grandes daños: destrucción de edificaciones, carreteras, puentes, fallas en el acueducto, energía, teléfono y gas, suspensión de servicios bancarios, cajeros automáticos, problemas en el suministro de alimentos, dificultades sanitarias entre otros, hay otros fenómenos que agravaron las consecuencias del terremoto: incendios y deslizamientos de tierra.
Las secuelas del desastre
Juliana Zambrano, habitante de la ciudad de Pereira en el sector de Cuba, fue testigo de cómo la casa de sus vecinos se hundía dado el movimiento telúrico. Juliana dice, “todo paso muy rápido, fue horrible, no sabíamos que hacer todos entramos en pánico y como ustedes saben uno en ese estado no reacciona de la mejor forma, las alarmas de los carros empezaron a sonar y todos por acá nos mirábamos sin saber que hacer ni como ayudar a los vecinos”.
“En el proceso de educar a la gente para una situación de emergencia se debe ser muy asertivo, porque si no, se genera pánico, ya que estos eventos no suceden todo el tiempo y la gente se relaja pensando que nunca va a pasar y no tienen en cuenta el factor de la prevención ya que no es tan común como una gripa, piojos o un accidente automovilístico. El factor más delicado desde mi perspectiva ambientalista es el impacto social”, afirmó Mauricio Botero, administrador del medio ambiente, ex funcionario de la OMPAD (Oficina Municipal para la Prevención y Atención de Desastres) en la Alcaldía de Pereira.

El fenómeno psicológico después de un terremoto es gravísimo, hay gente que empieza a decir “y yo por que no me morí si perdí todo, porque no me muero mejor, es más simple”, manifestó Botero.
En el libro Guía práctica de salud mental en situaciones de desastre, elaborado por la Organización Panamericana de la Salud en Washington en agosto del 2006 se expresa que “desde el punto de vista de la salud mental, las emergencias y los desastres implican una perturbación psicosocial, que sobrepasa la capacidad de manejo o afrontamiento de la población afectada. Por lo general, los desastres tienen consecuencias económicas, producen devastación, empobrecimiento, destrucción ambiental y de la infraestructura, y carencia de servicios básicos como agua potable y alimentos, pero también produce un deterioro en la vida de las personas y una desintegración de las familias y la comunidad”.
“Cada desastre produce daños materiales o humanos mínimo en un área despoblada, mientras que en otra densamente poblada la destrucción material y humana puede ser considerable”, relata Raquel E. Cohen en el Manual de la Atención en Salud Mental para Victimas de Desastres 1989.
¿Estamos preparados para un nuevo terremoto?
La ciudad ha pasado por varios terremotos en el pasado y otros más ocurrirán en el futuro. Aunque no se sabe exactamente cuando, ya que no existen métodos para predecir la magnitud, el día y el lugar exacto donde pueden ocurrir, sin embargo, con la información técnica disponible, se puede concluir que volverán a presentarse.
Dentro de este contexto se formulan la preguntas ¿está Pereira preparada para otro evento sísmico? y ¿la capacidad de respuesta de las entidades de socorro es suficiente para atender un evento de esta magnitud?
Ricardo Gómez, ingeniero civil, manifestó que “es muy relativo decir si Pereira está preparada para un terremoto, ya que las edificaciones se diseñan con unos porcentajes y parámetros técnicos que exige la norma, esos parámetros son arrojados por datos estadísticos, las casas y las edificaciones se diseñan acorde a esas normas mínimas. Si vemos las casas que están construidas desde hace mucho tiempo atrás y que están regidas por las NSR 98 (norma sismo resistente) que eran las que estaban antes no van a cumplir, porque en este momento las que rigen son las normas del 2010, si vamos a ver Pereira esta construida en un 90 por ciento con las normas viejas, y las nuevas urbanizaciones que hay van a cumplir con las normas vigentes, pero si lo vamos a chequear con las del 98 no van a cumplir, porque como venimos hablando son parámetros estadísticos más exigentes porque se pide más volumen y densidad en los materiales de construcción”

Según un articulo publicado en el periódico La Tarde, escrito por Adolfo Flórez Garzón, la falta de actualización de la microzonificación sísmica de la ciudad, la ausencia de campañas educativas permanentes que le permitan a los pereiranos responder efectivamente ante un sismo, y la poca dotación que tienen los organismos de socorro, dejan al descubierto que Pereira está poco preparada para atender un movimiento telúrico de grandes proporciones.
Aunque la ciudad cuenta con mejores herramientas de atención de emergencias que hace 13 años, cuando ocurrió el terremoto de 6,2 grados en la escala de Richter, hace falta que las autoridades competentes exijan con más rigurosidad que se cumplan las normas de construcción sismo resistentes. También se debe proveer con más y mejores herramientas a los entes de rescate para que tengan una efectiva respuesta de atención.
“Entre el 70 y el 75 por ciento de las construcciones de Pereira fueron construidas hace más de 13 años, lo que quiere decir que la mayoría no están ajustadas a los nuevos requerimientos de la NSR-10, (Norma Sismo Resistente-10), no obstante, la ciudad a ido evolucionando en mejorar la vulnerabilidad física, pero falta más”, indicó el geólogo Alejandro Alzate para el periódico La Tarde.
También se evidencia la necesidad de ejercer un mayor control a los asentamientos humanos que están en zonas de alto riesgo, pues a pesar de la gran cantidad de recursos económicos que han sido destinados desde la alcaldía, actualmente hay igual o más invasiones de las que se tenían registradas en 1999, lo que podría agudizar la problemática de responder efectivamente en el momento de presentarse un sismo de gran magnitud, añadió Alzate.
John James Castro, técnico operativo de la DOPAD, manifestó que “Pereira en este momento, para afrontar una emergencia como un terremoto, está en una capacidad muy mala porque en el terremoto del 1999 la mayoría de organismos de socorro como los bomberos, la defensa civil y la Cruz Roja utilizaron muchos equipos y algunos de estos se dañaron y se desgastaron y no ha habido una reparación de estos, entonces en lo que es la parte de inventario de recursos por decirlo de alguna manera los organismos de socorro tienen muchas limitaciones”.
La trágica experiencia que permitió que la ciudad incrementara sus programas de atención y prevención de desastres, quedó en la memoria de los pereiranos como un amargo recuerdo y no como una alerta de que la región se encuentra ubicada en una zona de alto riesgo sísmico y que esto podría volver a repetirse. Así lo expresó el teniente del Cuerpo de Bomberos, Luis Enrique Reyes, quien estuvo presente durante el terremoto de 1999. “Si no hay conciencia no se puede registrar un verdadero avance. Todo el mundo se acuerda de que hay que estar preparados para un sismo el mismo día que tiembla, nos hace falta tener cultura de prevención, es la misma situación que se presenta hoy con el invierno”.
Los últimos eventos catastróficos y muy particularmente el terremoto del pasado 25 de enero de 1999 en el eje cafetero puso nuevamente en evidencia la debilidad del Sistema de Prevención y Atención de Desastres y la incipiente capacidad de los actores territoriales para asumir el riesgo que significa el enfrentamiento integral de las emergencias y los desastres, se manifestó en la cartilla creada por el Comité Regional para la Prevención y Atención de Desastres.
Durante 20 años, el Mayor Salcedo Ramos fue comandante de el Cuerpo de Bomberos de Pereira y dada su experiencia concluyó que “Pereira no esta preparada para un terremoto ya que los Bomberos de la ciudad no cuentan con las herramientas y los instrumentos necesarios para cubrir una situación de esta magnitud; el crecimiento demográfico de la ciudad es un factor que genera mas vulnerabilidad para los habitantes ya que el Cuerpo de Bomberos no cuenta con el suficiente equipo humano para auxiliar a los ciudadanos en caso de una catástrofe”.
“Pereira ha sufrido dos terremotos, uno en 1995 y otro en el 99, su capacidad en este momento por parte de las instituciones y organismos de socorro es deficiente ya que no hay los equipos de rescate en estructuras colapsadas; cuando se presentó el terremoto del 99 se trabajó con las uñas, se creía que después de eso iba a haber grandes fortalecimientos; se presentaron varios proyectos al FOREC (Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero) pero nunca tuvieron éxito, aclaró John James Castro técnico operativo de la DOPAD, también expresó que “si ha habido un mejoramiento en nivel de capacitación, los bomberos, la Cruz Roja y los demás organismos de socorro se han fortalecido mucho en materia de capacitación, han estado conjuntamente haciendo planes de estudio, pero desafortunadamente la parte teórica sin la práctica no combina”.
Con estos testimonios se resuelven las inquietudes planteadas anteriormente, la verdadera prevención la hacen las personas y la sociedad, con una conciencia de preservación y conservación, así se evitan accidentes que generalmente ocurren en las situaciones de pánico causadas por los desastres naturales, lo importante de tener conciencia sobre estos acontecimientos es poder prevenir las catástrofes, pero “aquí la gente le tiene miedo a un temblor, este año no se han presentado sismos, estamos como graves, esta retrasadito el temblor” concluye Botero.



