AMADEO GONZÁLEZ TRIVIÑO / UN HOMBRE DE PALABRA

Hasta hoy 9 de noviembre se celebra el IX Encuentro internacional de escritores Cuatro Tablas, desde la ciudad de Garzón, Huila. Amadeo González Triviño, el hombre que alienta el encuentro que esta vez tuvo 8 países invitados.

 

Por / Jorge Triviño

Conocí al escritor, poeta y gestor cultural de Cuatro Tablas en una lectura de poesía que se celebraba en el Teatro El escondite, en el barrio Chipre de la ciudad de Manizales. Venía del departamento del Huila, acompañado por uno de los colaboradores en la magna obra de difusión de ese departamento.

Cuando le oí, me sobrecogió un sentimiento de angustia, al conocer los horrores de la violencia que habían vivido en esa hermosa tierra. Sus versos, de carácter amoroso, me parecieron un triunfo, en medio de la angustia que han padecido sus habitantes.

Amadeo González Triviño. Fotografía / Cortesía

Amadeo González Triviño, nacido en Garzón, tierra a la que ama entrañablemente, y a la que le ha dedicado todo su esfuerzo, para sacar adelante, en la creación literaria, en la música, en la escultura, en el teatro, en la cuentería, y ahora, difundiendo la historia del cine en Latinoamérica.

        Fundó el Centro cultural Cuatro Tablas y creó la revista Cuatro Tablas, desde su formación secundaria, y la ha mantenido, a punta de tesón y amor por las letras.

En este momento, Cuatro Tablas es la segunda revista cultural más antigua de Colombia, de las cuales ya se pueden contar en los dedos de las manos; sin embargo, él aún le apuesta a la publicación de nuevas promesas de la literatura, y a impulsarla en todas las direcciones, para llegar hasta los rincones más lejanos del planeta.

Ya cuenta con el apoyo de la Emisora Cultural Radio Piel, donde   se transmiten lecturas desde Uruguay, para México, Argentina, Colombia, e islas Canarias.

Su prominente figura, descuella además en textos jurídicos, ya que es un prestigioso abogado de la comarca.

Su lema es el de la defensa de la palabra como valor real, en la salvaguarda de las minorías y de los valores éticos, del medio ambiente, de los tesoros que tiene nuestro país, y de la verdad, por encima de todo.

Es un hombre afable, y de carácter filantrópico, ya que ha publicado varios libros de autores, poniendo su peculio al servicio de los demás. Sin embargo, su empresa no sería fuera posible, sin el empeño de su esposa, de su hija y de varios familiares que le han apoyado irrestrictamente en la labor.

Su lema es: “Un punto de encuentro para hombres y mujeres de palabra”. “Solo necesitamos cuatro tablas para levantar una tarima y cantarle la verdad al pueblo: la verdad en el amor, en la vida y en la búsqueda de la felicidad…”

Es un Quijote, en todo el sentido de la palabra, pues no cuenta con apoyo estatal, para la manutención de la gesta cultural.

Es el alma y nervio de esta institución cultural que celebra desde el 5 de noviembre de 2020 su IX Encuentro internacional de escritores Cuatro Tablas, desde la ciudad de Garzón, Huila, con una programación muy variada. Ni aún La pandemia, ha detenido su tarea de expansión de la cultura en nuestro país, desde la provincia.

Ha escrito ensayos, novelas, cuentos, poesía, y editoriales en varios periódicos del país, y está incursionando en la literatura infantil por medio de cuentos.

Obras publicadas:

Poemas: El pregonero de la soledad, Y sabes qué es el silencio, Soledad infinita, Las calles están vacías, De los adioses de siempre.

Cuentos: Esa extraña forma de decir te quiero, Paroxismos del delirio.

Ahora, ha incursionado en el género infantil. De su libro de cuentos: El niño que cabalgó sobre el lomo de una hormiga… y otros cuentos para Antonio; esta es la primicia del cuento que da su nombre al libro.

Como pueden ver, su obra, permite conocer el valor de su narrativa y el aporte tan valioso para la literatura infantil de la que está urgido nuestro país, pues oxigena y mantiene con vida género tan maravilloso, como hermoso, para las futuras generaciones.

El niño que cabalgó sobre el lomo de una hormiga…

Las historias de los niños, siempre nos han despertado mucho entusiasmo, y por eso; creemos que ésta, puede ser muy interesante para ti:  Antonio y todos los niños que se quieran congregar en torno a mí fantasía, que es la fantasía donde afloran todos los conceptos del amor, de la familia y de la solidaridad entre nosotros.

Tú entiendes que los niños son inocentes, porque no conocen la maldad y siempre dicen la verdad. Por eso se dice y se advierte que a los niños hay que creerles; pero para que eso sea siempre así, debes decir la verdad. Con la verdad todo es posible.

Nosotros sabemos que cuando un niño da un beso a su madre y se despide de su padre, siente gran alegría al expresar ese amor y ese sentimiento que en su corazón ha florecido conjuntamente con el de ellos. Eso debe haberte pasado, porque tus padres te demuestran en todo momento, esa alegría y esa felicidad de tenerte en casa y convivir con ellos.

Cuando descubres a tu madre abrazada a tu padre, a tu abuela, a tu tía, a tus amigos, esos amigos que tú quieres; te alegras y gritas de felicidad, al descubrir en tu madre la alegría que quiere compartir; y cuando te abrazan, sonríes y se te alegra el corazón, y quisieras estar siempre abrazado a esa persona que te inspira, que te da confianza, y que te adora.

El niño de esta historia —que bien puede ser un niño como tú—; ese niño, no era malo, pero no hacía caso. Era obsesivo y buscaba imponer su voluntad, pues todos le querían y todos buscaban darle gusto y eso era utilizado para alcanzar su propósito cuando algo se le ocurría; sin embargo, pretendía que le hicieran caso, e hicieran lo que él decía y no le importaba que en principio lo reprocharan o le negaran su deseo. Por eso actuaba así.

Con el paso de los días, las cosas se fueron convirtiendo en un dolor de cabeza para sus padres, Y te aseguro, Antonio, que así no deben ser los niños. Los niños deben ser obedientes y acatar los consejos de sus padres, pues los padres también fueron niños y tienen la sabiduría que solo da la experiencia.

Este niño de nuestra historia, había encontrado en otras oportunidades y desde un primer momento que quiso imponer su voluntad que esa era su forma de que todo se le abriera, todo se le diera. Y cuando no encontraba que le dieran gusto; lloraba, gritaba, y se enfurecía. La madre sabía que siempre que hacía pataleta o que se revolcaba con sus gritos lo era para llamar la atención, y que lograba su objetivo y eso no podía seguir así: entonces se propuso reprenderlo y llamarle la atención para que comprendiera que una cosa es el cariño y otra cosa que pretendiera imponer su voluntad.

El niño que cabalgó sobre el lomo de una hormiga y otros cuentos para Antonio. Ilustraciones / Miriam Fernanda Polo Murcia.

Muchas veces esas pataletas no terminaban bien. No quería darse cuenta que a pesar de actuar así, ya no lograba lo que buscaba y seguía en sus actuaciones y que los adultos, su madre, su padre y sus familiares ya no le hacían caso y buscaban pasar inadvertido su lloriqueo.

Al pasar el tiempo, sus padres estaban preocupados, pues sus actos aumentaban; pero tenían la confianza en que el niño tenía que aprender a comportarse. Y fue esa forma de indiferencia en atenderlo, lo que llevó a que el niño empezara a comprender que ese recurso no era suficiente para lo que tanto quería.

Cuando su padre se despedía para la labranza, y la mamá se dedicaba a sus negocios, a ver programas de televisión, o hacer los arreglos de la casa y no encontrar con quien dialogar, el chico, descubrió un hormiguero cerca del patio de su casa.

A partir de ese momento, se sintió solo. No tenía hermanitos, ni nadie más que lo acompañara; ya las pataletas y los lloriqueos no le sirvieron y, además, ya estaba en edad de empezar a estudiar y la guardería donde los papitos querían llevarlo, ya habían completado los cupos disponibles, y para la fecha en la que tenían que empezar clases, le faltaba un mes para cumplir los tres años, que era la 00edad exigida para ese propósito.

Una tarde en la que estaba solo, vio una fila de hormigas, entonces, se agachó para observarlas. Con el paso del tiempo, se hizo amigo de ellas. Se inclinaba sobre el suelo para hablarles. No les tenía miedo, aunque había sufrido en alguna ocasión la picadura de otra clase de hormigas—, unas coloraditas—; a éstas no les tuvo miedo, porque tenían otro aspecto: eran más amigables, siempre iban en fila y se mostraban muy tiernas. Las que ahora había descubierto eran diferentes y las seguía con sus ojos, aunque ellas eran diminutas, siempre estuvo convencido de que sus palabras eran un gran alivio para ellas, y el tiempo que pasaba en su compañía, era divertido porque se imaginaba todo lo que podían pensar o hacer esas hijas de la naturaleza.

Eso le agradaba, pues sabía que en medio de la soledad en la que se encontraba, aún había quien lo escuchaba y pusiera cuidado a sus palabras y, además, no lo iban a contrariar. Las hormigas no le hacían dar pataleta y con el tiempo, fue dejando de hacer ese espectáculo contra sus padres y familiares.

Comenzó a buscar, hasta descubrir dónde era que tenían su casa sus amigas y así empezó a frecuentar el hormiguero. Se acomodaba en su oficio en forma permanente y sagrada, para inclinarse, saludarlas y contarles historias. Todos los días y en el momento que menos esperaba, cuando se acordaba de tener que narrar algo que le pasaba o algo que pensaba y que quería comunicar, se inclinaba y les contaba sus historias y sus rebeldías. El niño de nuestra historia era un niño muy rebelde y ser rebelde en esa edad, era: no hacer caso a sus padres, no tomarse la sopa, no comerse la carne, mejor dicho, no aceptar las orientaciones de todos los que lo querían, porque cuando a los niños se les dice que deben hacer por sus padres, es precisamente porque se busca enseñarles o educarlos.

Su madre, una mujer bondadosa, siempre se dirigía a él, con mucho amor y le repetía: “ven hijo, tomate la sopa, recibe tus alimentos, eso te hará sentir fuerte, ser un niño obediente, y cuando seas grande podrás viajar y tener muchos y muchos amigos.”

La comida era una tarea que siempre encontraba dificultades con sus padres. Ellos querían que él comiera a la hora que ellos comían. Y él no quería comer cuando ellos comían, sino comer cuando él lo deseaba, porque a pesar de no hacer pataleta, había quedado con resabio de no atender los horarios de las comidas, y en cualquier momento, volvía buscaba algo de comer y así se lo pasaba, el día o en la noche y como ya no hacía pataleta, los padres, habían aprendido a dejarlo y no soportarlo con esa exigencia.

Pero él niño no hizo caso y la madre muchas veces tomaba una correa cerca de la mesa, en el comedor, y amenazaba con propinarle algunos correazos; pero cuando la mamá descubrió que sus amigas eran las hormiguitas, comenzó a decirle que como ellas eran sus amigas, con esa correa iba a tomar a cada una de ellas a darles una muenda, para que no volvieran a su casa, y que si quería que ellas volvieran, que se tomara la sopa, que comiera cuando los padres le dijeran y que hiciera caso.

Fue en ese momento, cuando empezó a sentir miedo de que su madre hiciera algo en contra de sus amigas, broto de su ser interior una solidaridad y no iba a permitir que eso le para a las hormiguitas, sus amigas, entonces comenzó a aceptar las indicaciones de su madre, empezó a tomarse los alimentos, pero estableció una costumbre: reservar parte de su comida para compartir con las hormigas.

Desde entonces, su madre no le dijo nada, pues había logrado gran parte de su trabajo y en medio de ese proceder, el niño empezó a recibir su alimento y se volvió obediente, acostándose a tiempo y muchas veces dejó de preocuparse por ver televisión, para dedicarse a esperar el momento de hablar con sus amiguitas.

En medio de su rebeldía, el niño consideró que debía compartir su alimento o parte de la comida con sus amigas las hormigas y se acostaba en el piso a verlas caminar con la comida a sus espaldas, y soñaba pensando el día en el que pudiera subirse sobre el lomo de cada una de ellas y viajar con ellas al mundo desconocido de sus hormigueros, pues tenía la sensación— y así lo pensaba— de que en sus cuevas, existirían muchos niños y amigos que pudieran compartir con él, todas sus fantasías y sueños infantiles.

Entonces fue construyendo sus sueños, sus pensamientos y todo lo que esperaba muy pronto para recorrer el mundo. Su madre y su padre, estaban felices por el gran avance que habían alcanzado con su hijo.