Suena el teléfono, escucho la voz de la tía Amparo sollozando, le acaban de robar de su habitación la alcancía del marranito de barro que llevaba alimentando con monedas de 500 desde hace meses. Hay llanto, impotencia…tendrá que buscar otro lugar donde vivir, no hay forma de acusar al “culicagao” hijo de la propietaria de la casa, ella trabaja en la policía.
Por: Viviana Angel
La tía me igualaba en estatura cuando yo tenía siete años, era una amiga más con quien compartir los juegos de infancia; a las dos nos gustaban las estampitas de muñecos, las calcomanías y los papeles de regalo. Intereses y gustos que ella conserva con los años.
Durante su niñez le habían pronosticado una muerte prematura, era enfermiza, débil y no crecía. El médico no pudo dar un diagnóstico claro sobre lo que padecía, posiblemente era infantilismo de Brissaud. Mi abuela Amelia no tuvo ayuda alguna cuando la trajo al mundo, fue su cuidadora hasta el día que un cáncer se la llevó a mejor vida.
La tía Amparo de 75 años tiene ojos negros, saltones, muy propios de los Jaramillo, mantiene el pelo cano, las extremidades cortas; sus pequeños pies que semejan los de una china del siglo XIX, un poco deformes como pies de loto, contrastan con la amplitud de su frente donde caben con minucia detalles significativos para ella como: nombres, características, fechas de nacimientos, matrimonios y fallecimientos, números de teléfono de la familia Ángel Jaramillo Uribe y amigos cercanos. “Mi padre Elías murió de 40 años de una fiebre amarilla un 14 de septiembre en la Dorada, mi hermana Ligia (primera) se ahogó en un charco, Ligia (segunda) se murió de cáncer a los 7 años, Teresa de un infarto pulmonar, Hernando de gastroenteritis, Gustavo murió de leucemia, Jorge de tuberculosis y Hugo, que fue como mi padre, me dejó hace 14 años debido a un linfoma de Hodgkin, en mi casa no había enfermedad que no fuera grave!”, aclara ella.

Amparo cuenta que no la dejaron crecer, ni trabajar, logró estar becada en las Franciscanas por tres años pero la sacaron por “apestada”. Aprendió a ganarse la vida hace 10 años, a la edad de 65 cuando vislumbró un trabajo que ella podía realizar: cuidar casas, perritos y gatos en fechas especiales de algunas familias conocidas, quienes la distinguen como la hermana del historiador Hugo Ángel o la hija de Amelia Jaramillo. Jugar al parqués, coleccionar llaveros, tomar chocolate con parva y “politiquiar” los sábados, son las actividades donde se siente en su salsa.
No tuvo pretendientes ni invitaciones a fiestas, su gozo es adoptar “sobrinos putativos”: los(as) dependientas de graneros, supermercados, almacenes y los empleado del Éxito entre otros(as) . Su placer es regalar almanaques que a su vez le regalan y piecitos de matas que le gustan, mi jardín perdura florecido gracias a ella.
En la actualidad vive en una nueva habitación en alquiler a media cuadra del Lago Uribe, su actividad favorita es trastearse de pieza, con un lapso de máximo seis meses que es lo que dura la “química” mientras conoce las virtudes y defectos de los(as) demás inquilinos(as).
Amparo, la más des-Amparada, tiene su Ángel.



