Podemos defender entonces lo que Zsaz llama “nuestro derecho a las drogas”, derecho que implica nuestro derecho a conocernos mejor, a descubrir nuestros límites y capacidades, a pasearnos por nuestras conciencias, o simplemente a recrearnos y divertirnos, pero todo esto sin necesidad de perder los faros de nuestras vidas. Diría entonces que, con la suficiente información y curiosidad, podemos cumplir con la sugerencia de Escohotado: “hay que tener una actitud de debida mesura ante los dones de la ebriedad”.
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Por: Edwin Hurtado

El filósofo español Antonio Escohotado estuvo hace unos días en Colombia, principalmente en la Feria del Libro de Bogotá presentando su más reciente obra Los enemigos del comercio. Afortunadamente, el célebre autor de la ya clásica Historia general de las drogas (1989), también pasó unas horas en Medellín donde dictó una pequeña cátedra en el teatro principal de la Universidad de Antioquia.

Con su humor recurrente y su elocuencia, Escohotado defendió una vez más lo que viene defendiendo desde hace décadas: el fracaso de la guerra contra las drogas, que según él, fue claro desde sus inicios y apenas ahora gran parte del mundo se ha venido dando cuenta del error. Escohotado deja claro que en la historia ha habido varios intentos de cruzada contra las drogas, citando como ejemplo la cruzada contra las brujas, que según él y algunos otros intelectuales, también estaba relacionada con el tema de las drogas, ya que presuntamente las personas acusadas de este delito eran en cierta medida guardianes de la farmacopea antigua y usaban en diferentes rituales y ocasiones algunas drogas que las hacían volar, reír a carcajadas, o follar en su mente con sus príncipes azules. Yendo a algunos de los detalles, cuenta en su libro como la referencia a la escoba en la brujería se explica por el hecho de que algunas mujeres introducían en sus vaginas preparados de solanáceas que luego las hacían delirar. En este orden de ideas, la cruzada del siglo XX, que iniciaría con la Narcotic Act de 1914 y continuaría con la Convención Internacional sobre Sustancias Psicotrópicas de 1971, sería tan solo el más reciente intento por acabar o al menos mitigar el consumo y libre circulación de drogas, sumándose así a una historia de fracasos.

Escohotado dedica su media hora de charla a revisar rápidamente la relación entre los humanos y las drogas, pasando a vuelo de pájaro por Mesopotamia, Grecia, Roma y sus opiómanos emperadores, la Edad Media con sus cruzadas e inquisiciones, el Renacimiento y la Ilustración con su renovado interés por las drogas como vehículo del pensamiento y la creatividad, además de como medicinas potenciales, y terminando con el siglo XX haciendo hincapié en las fechas anteriormente mencionadas: 1914 y 1971. Todo este repaso histórico es usado para justificar su afirmación principal: la guerra ha fallado y ésto lo confirman ciertas cosas como el creciente aumento de la venta, el interés y el consumo, así como la disminución en los fondos internacionales para el asunto y el hecho de que muchos países alrededor del mundo estén apoyando ahora un enfoque más fundado en la salud pública que en la represión.

Sus argumentos se vieron reforzados esta misma semana cuando un informe de la London School of Economics,  tutulado “Acabar la guerra contra las drogas”, firmado por el viceprimerministro británico Nick Clegg, el ministro de Salud de Colombia Alejandro Gaviria, cinco premios Nobel de Economía, entre otras personalidades, piden lo mismo que Escohotado y miles de usuarios de drogas y defensores de la libertad en el planeta, terminar con una supuesta solución que solo ha agrandado los problemas existentes  e incluso creado algunos nuevos. El informe lo dice así en su prólogo : “La insistencia en la estrategia militar y policial de la ‘guerra contra las drogas’ mundial ha generado muchos resultados negativos y daños colaterales. Estos incluyen encarcelaciones masivas en los Estados Unidos, políticas altamente represivas en Asia, niveles incontrolables de corrupción y desestabilización política en Afganistán y África Occidental, violencia sistemática en América Latina, epidemias de VIH en Rusia y continuas violaciones de los derechos humanos alrededor del mundo”, aunque es evidente que todos estos efectos están presentes en todos los lugares mencionados, como señalaría luego Antonio Caballero.

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Aceptado el error (aunque no por todos los actores), el debate mundial ahora se enfoca en su posible enmienda. Escohotado, por un lado, apoyado en personalidades como Thomas Zsaz, aboga por volver a donde se estaba antes de la guerra, al mundo donde las drogas no estaban siquiera reguladas, otros, como muchos de los firmantes del informe británico, propugnan por la idea de la visión sanitaria del problema y por el enfoque de reducción de daños, punto de vista duramente criticado por el filósofo español al responder a la pregunta de uno de los asistentes: “!Déjate de películas, esa es la verdadera reducción de daños!”, aseveró el polémico filósofo. Y es que, aunque muchos lo sigan acusando de una inexistente “apología de las drogas”, Escohotado siempre ha hablado de la importancia de la responsabilidad personal de cara a obtener la libertad, y  en su perspectiva los estados no tienen por qué convertirse en padres ultraprotectores  sino tan solo brindar  a sus ciudadanos una información pertinente para ayudarlos a decidir, cosa bastante lejana de lo que en realidad ha sucedido: ” Una libertad no idéntica a la responsabilidad es una memez, es un no concepto”, dijo algo exaltado el liberal escritor.

En toda su conversación resaltó el papel de la responsabilidad, cuya ausencia causa que muchos conviertan las drogas en su chivo expiatorio preferido, invitó a los supuestos expertos en drogas a conocerlas más a fondo, incluso probando algunas, habló maravillas de Albert Hoffman y Alexander Shulgin, a quienes se refirió como “los dos grandes genios bioquímicos del siglo XX”, debido principalmente a ser los creadores o descubridores de algunas de las drogas de viaje más usadas en dicho siglo: la LSD, la psilocibina y el MDMA. Escohotado defiende una visión poco popular en nuestro país, la que dice que en sociedad podemos domar a las drogas y aún más, podemos usarlas para conocernos, para adentrarnos en los rincones de nuestras personalidades y entendernos mejor, visión que también ha sido defendida por eminentes filósofos y científicos como Aldous Huxley, Carl Sagan, Sam Harris, y el mismo Albert Hoffman, entre muchos otros. Escohotado habla sin pudor de su gusto por las drogas de viaje, de sus experiencias con el yagé, con la LSD, con la yerba, y nos invita a su vez a no dejarnos llevar por la mala propaganda, a responsabilizarnos por nuestras acciones e, incluso, a acercarnos con cuidado a la ebriedad, dejando siempre en claro que la ebriedad no es siempre ebria, que se puede alcanzar lo que el llama “la sobria ebriedad”.
Podemos defender entonces lo que Zsaz llama “nuestro derecho a las drogas”, derecho que implica nuestro derecho a conocernos mejor, a descubrir nuestros límites y capacidades, a pasearnos por nuestras conciencias, o simplemente a recrearnos y divertirnos, pero todo esto sin necesidad de perder los faros de nuestras vidas.  Diría entonces que, con la suficiente información y curiosidad, podemos cumplir con la sugerencia de Escohotado: “hay que tener una actitud de debida mesura ante los dones de la ebriedad”.