Por: Jaime Flórez Meza

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Si la noción de escultura ya había sido redefinida en el siglo XX como un medio que emplea los más diversos materiales, incluyendo el cuerpo humano como tal, para su realización, así como diversos lugares de representación además del museo y la galería, no es de extrañar que escultores como Doris Salcedo utilicen el propio material de que está hecho un museo -como en el caso del suelo de la Turbine Hall en la Tate  Modern- para desarrollar su trabajo. Por consiguiente, cientos de sillas deslizadas por una fachada o cuidadosamente amontonadas entre dos edificios, o veinticinco mil velas encendidas por una multitud son otras formas de esculpir sobre el espacio y el tiempo. En el acto memorial y efímero de las velas estamos ante una escultura comunitaria, o social como la llamaría el artista alemán Joseph Beuys (1921-1986), una de las influencias reconocidas por la misma Salcedo en su obra.
Es de conocimiento público que durante los dos gobiernos de Álvaro Uribe (2002-2010) la Fuerza Pública y otros organismos del Estado como el disuelto Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) incurrieron en toda clase de excesos, como también que en el marco de su política de seguridad democrática se puso en marcha un programa de estímulos y promociones a los militares que reportaran mayor número de guerrilleros dados de baja. Fue en ese contexto que se produjo uno de los más execrables episodios de terrorismo de estado cometido en nombre de la lucha anti-subversiva y de la seguridad democrática: el de los “falsos positivos”. Si bien es cierto que esta práctica no se inició con el régimen de Álvaro Uribe, este tipo de crímenes de estado sí se elevó notoriamente durante sus dos mandatos. “Así, entre julio de 2002 y diciembre de 2007, se han registrado por lo menos 1.122 casos de ejecuciones extrajudiciales atribuibles directamente a la Fuerza Pública, frente a 669 casos registrados entre enero de 1997 y junio de 2002”. [18]

“Falsos positivos” es, por tanto, un eufemismo que encubre y elude el nombre legal que deben recibir estos hechos: desapariciones forzadas seguidas de ejecuciones extrajudiciales.[19] En los primeros meses de 2008 dieciséis jóvenes del municipio de Soacha, aledaño a Bogotá, fueron desaparecidos y asesinados por militares, presentados como guerrilleros, otros como integrantes de las llamadas Bacrim (bandas criminales) y otros más como delincuentes comunes, y todos como si hubieran sido muertos en enfrentamientos con la Fuerza Pública;[20]sus restos fueron enterrados en fosas comunes.

Los medios de comunicación reseñaron ampliamente el hecho; y pese a las investigaciones y denuncias adelantadas por organismos de derechos humanos nacionales e internacionales, en el último año del segundo gobierno de Uribe el número de víctimas registradas había aumentado de un modo aterrador: “Más de 3 mil ejecuciones extrajudiciales, sumarias y arbitrarias perpetradas en Colombia entre 2002 y 2009 son crímenes de carácter internacional. Lo sucedido a 16 jóvenes de Soacha mostró la extrema crueldad con la que se puede actuar para lograr efectividad en supuestos combates a variados enemigos”.[21]

 

Un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 2008 describe el modus operandi de estos hechos:

Las ejecuciones extrajudiciales aparecen en el marco de operativos militares anti-insurgentes, aunque los testigos declaran que no hubo combate; en un número elevado de casos la víctima es capturada ilegalmente en su domicilio o lugar de trabajo, y conducida al lugar de la ejecución; las personas ejecutadas o desaparecidas son por lo general campesinos, indígenas, trabajadores, jóvenes, personas marginadas o líderes comunitarios […] las víctimas aparecen muchas veces uniformadas y con diferentes tipos de armas y equipos militares mientras que, según los testimonios, habían desaparecido con su ropa habitual y desarmadas; en ocasiones las víctimas son previamente señaladas por informantes anónimos, encapuchados o reinsertados, y en otras ocasiones son seleccionadas al azar; muchas veces los mismos miembros de la Fuerza Pública que previamente han dado “de baja en combate” a la víctima están a cargo de preservar la escena del crimen y las pruebas existentes; frecuentemente aparecen en los cuerpos signos de tortura; los cuerpos son despojados de objetos personales y se hace desaparecer sus documentos de identidad; los cuerpos son trasladados a municipios lejanos del lugar donde se los retuvo originalmente y se constatan serios impedimentos tanto para el acceso de los familiares a los cuerpos como para su reconocimiento; los cuerpos son inhumados como N.N. a pesar de ser identificados por familiares o terceras personas.[22]

Desde mediados de la década anterior Doris Salcedo empezó a trabajar en una obra que recogía, por un lado, sus observaciones de 2004 en guetos de Los Ángeles, Estados Unidos, donde alrededor de diez mil jóvenes de pandillas habían muerto de manera violenta en un lapso de veinte años; y, por otro lado, el incremento de las ejecuciones extrajudiciales de jóvenes en Colombia bajo el marco del conflicto armado. “La muerte social o muerte en vida que percibí en Los Ángeles me hizo comprender que a pesar de los entornos diferentes, esta no era muy disímil a lo que vivían los jóvenes en las áreas marginales de las ciudades colombianas”.[23]

A raíz de estas observaciones y reflexiones, entre 2008 y 2010 Salcedo investigó y elaboró una obra sobre la muerte insepulta que tituló Plegaria muda, la cual desde 2011 recorrió importantes centros de arte del mundo y fue presentada parcialmente en Colombia entre febrero y marzo de 2014 en la galería Flora ars+natura de Bogotá.

Plegaria muda consta de 166 mesas de madera cuyas superficies se contraponen por parejas y están unidas por bloques de tierra en los que se ha sembrado pasto. En cada mesa invertida se puede apreciar cómo el pasto atraviesa la madera y crece. Las mesas se asemejan a ataúdes por sus dimensiones. Pudiera hablarse de madera que no pudo ser trocada en ataúd. Pero, en sus pliegues no sólo aflora la hierba como señal de abandono y soledad, también lo hace como signo de vida. A pesar del horror y el dolor que la habitan, la vida pugna por renacer. En relación con esta obra, la prestigiosa teórica cultural neerlandesa Mieke Bal comentó: “La tierna hierba de su grande instalación Plegaria muda parece la expresión más fuerte de ella; dicha hierba que cubre las fosas comunes, haciendo invisibles las víctimas de la violencia, pero que también es vida nueva”.[24]

Plegaria muda. Instalación Madera, componente mineral, cemento y pasto. Dimensiones variables 2008-2010 http://culturacolectiva.com/doris-salcedo-la-artista-del-tercer-mundo/

Plegaria muda. Instalación
Madera, componente mineral, cemento y pasto. Dimensiones variables
2008-2010
http://culturacolectiva.com/doris-salcedo-la-artista-del-tercer-mundo/

En las notas de presentación de su obra la artista escribió, entre otros apartes, lo siguiente:

En Plegaria Muda intento articular diferentes experiencias e imágenes que forman parte de la naturaleza violenta del conflicto colombiano. También deseo conjugar una serie de eventos violentos que determinan la imparable espiral de la violencia mimética y fratricida que distingue los conflictos internos y guerras civiles en todo el mundo. Plegaria Muda busca enfrentarnos al duelo represado y no elaborado, a la muerte violenta cuando es reducida a su total insignificancia y que forma parte de una realidad silenciada como estrategia de guerra. […] Durante meses entrevisté a un grupo de madres acerca de la búsqueda de sus hijos desaparecidos, y del terrible proceso de reconocerlos en las fosas donde habían sido enterrados por los asesinos. Posteriormente, estuve con ellas en el doloroso y arduo proceso de elaboración del duelo y vano intento de lograr justicia, ante la barbarie cometida por el Estado. La muerte de cada joven genera una ausencia y cada ausencia demanda una responsabilidad con respecto a los ausentes, ya que su única posibilidad de existir es dentro de nosotros, en el proceso mismo de la elaboración del duelo. […] Al individualizar la experiencia traumática, por medio de la repetición, espero que esta obra en alguna medida logre evocar y restituirle a cada muerte su verdadera dimensión y así permitir el reingreso a la esfera de lo humano, de estas vidas desacralizadas. Espero que a pesar de todo, incluso en condiciones difíciles la vida prevalezca… como sucede en Plegaria Muda.

El más reciente trabajo de Doris Salcedo es A flor de piel (2012). Vista de lejos la obra parece ser un manto de vastas dimensiones y tonalidades rojizas y amarillentas. Sin embargo, está hecho de cientos de pétalos de rosa laboriosamente cosidos con hilo. Es una obra efímera que se va descomponiendo durante su exhibición, como se marchita una rosa.

Como siempre, hay una historia profundamente dolorosa a la que en principio se quiere referir la artista con cada obra, que la mueve a realizarla, en este caso la de una enfermera colombiana que fue torturada, asesinada y desmembrada. Después de investigar el caso Salcedo quiso realizar una ofrenda floral a la infortunada víctima. Además de intentar restituir su memoria y dignidad, Salcedo quería, en cierto modo, recomponer simbólicamente aquel cuerpo vejado y despedazado, construyendo una segunda piel a partir de pétalos de rosas suturados que le devolvieran a la memoria de la víctima, de una manera efímera pero vivificante, su naturaleza y su condición.

No en vano la sutura remite también al trabajo que la mujer desempeñaba. “Cuando algo o alguien se aproxima a la piel, puede disfrutarse si el acercamiento es deseado, o se puede sentir horror si se trata de un acto de intrusión”,[25] dice Mieke Bal. “Las sobras de las flores forman una piel, pero la textura no está cubriendo un objeto o una escultura; no hay nada debajo de ella. Es solamente una piel, hecha de esos delicados pétalos de flores, y todo lo que es, es esa vulnerabilidad extrema”.[26]

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A flor de piel Pétalos de rosas e hilo 2012

Es en esa fragilidad de los seres victimizados, en esa materialidad natural, humilde y cotidiana de la obra, en la carga política que siempre la acompaña, en su mirada hacia las víctimas, los sin nombre, los que son despojados y excluidos de todo, hasta de un entierro digno; es, pues, en esa articulación de la memoria de las víctimas y sus sobrevivientes con la poesía, el pensamiento, el trabajo en equipo y el compromiso inapelable con la dignidad humana que radica la grandeza del trabajo de Doris Salcedo. O como ella misma dijo en una de las raras ocasiones en que habló con la prensa colombiana:

Primero, partir de una experiencia vital que sea válida para todos, para el primer mundo como para nosotros; segundo, articular el pensamiento de muchos filósofos, poetas y escritores; tercero, construir una imagen capaz de concretar los dos primeros aspectos. Mi obra es una colaboración, un terreno en el cual está la experiencia de la víctima, el pensamiento, la ayuda de mi equipo y mis ideas.[27]

En julio de 2014 Doris Salcedo obtuvo el Premio de Arte de Hiroshima, que honra la memoria de las víctimas de la bomba atómica y de la violencia humana en general distinguiendo el trabajo de un artista cuya obra esté encaminada a la “búsqueda de la paz permanente”.[28] El premio se entrega desde 1989 cada tres años. La escultora colombiana es la novena persona en recibirlo.

 


NOTAS

[18] “El debate reciente sobre las ejecuciones extrajudiciales”, en Soacha: la punta del iceberg. Falsos positivos e impunidad, Bogotá, Fundación para la Educación y el Desarrollo (FEDES), p. 28.

[19] Ibíd., p. 12.

[20] Ibíd., p. 11.

[21] Liliana María Uribe Tirado, ibíd., p. 5.

[22] Ibíd., p. 30-31.

[23] Doris Salcedo, “Doris Salcedo: Plegaria Muda. 22/02 – 29/03 2014”, en sitio web de Flora ars+natura, http://arteflora.org/2014/02/doris-salcedo-plegaria-muda/.

[24] Mieke Bal, “La universalidad del arte de la colombiana Doris Salcedo”, El Tiempo, 24 de julio, 2014, en http://www.eltiempo.com/entretenimiento/arte-y-teatro/la-universalidad-del-arte-de-la-colombiana-doris-salcedo/14293635.

[25] Ibíd.

[26] Ibíd.

[27] Doris Salcedo, “El arte es el contrapeso…”, op. cit.

[28] El Espectador, “Escultora colombiana Doris Salcedo gana Premio Hiroshima de Arte”, 18 de julio, 2014, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/escultora-colombiana-doris-salcedo-gana-premio-hiroshim-articulo-505107.

 

 

*Publicado en: http://humanoymundano.blogspot.com/