De pronto, el grupo Cofradía Danza y Teatro Experimental, nos reciben con un performance, llevan sujeto en sus manos un globo de color rojo; el viento se los quiere llevar, pero permanecen firmes en las manos que los sostienen. Los espectadores, incluyéndome, observamos  a los actores desde adentro. Uno tras otro van entrando. ¿Cuerpos o almas? No lo sé. Quizá, almas de niños que recuerdan lo que se ha perdido, lo que sí se ha llevado el viento: la edad del sueño, como bien lo dice el poeta. Quizá, cuerpos sin alma que danzan a través de la evocación de sus recuerdos. Quizá, cuerpos y almas que danzan a la par.

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 Por: Nicolás Narval

La noche se encuentra cálida en comparación con las anteriores. Espero la hora de entrada en el café de al lado. Me tomo una cerveza, enciendo un cigarrillo y escucho un tango de Luciano Pereyra que suena con ímpetu en el lugar: <<Yo no sé que me han hecho tus ojos/ Que al mirarme me matan de amor…>>. Luego, detallo como las volutas de humo se esparcen en el aire, parecen almas en pena que se elevan hacia el cielo. Adentro, la espera; esa ansiedad que sienten los hombres  y mujeres que dedican sus vidas al teatro. Afuera, la expectativa, el caos, el ruido de una ciudad que empieza a despertarse. Nos dicen que la presentación será en espacio no convencional, en la sala de exposiciones. Esperamos unos segundos más.

De pronto, el grupo Cofradía Danza y Teatro Experimental, nos reciben con un performance, llevan sujetos en sus manos un globo de color rojo; el viento se los quiere llevar, pero permanecen sujetos en las manos que los sostienen. Los espectadores, incluyéndome, observamos  a los actores desde adentro. Uno tras otro van entrando. ¿Cuerpos o almas? No lo sé. Quizá, almas de niños que recuerdan lo que se ha perdido, lo que sí se ha llevado el viento: la edad del sueño, como bien lo dice el poeta. Quizá, cuerpos sin alma que danzan a través de la evocación de sus recuerdos. Quizá, cuerpos y almas que danzan a la par.

Movimiento. Caída. Cuerpos que son testigos. Gravedad. La obra, en su decir sencillo, nos confronta, y de una u otra manera nos conduce a esa época donde  los sueños se encontraban debajo de la almohada; allá, cuando nuestras realidades no eran tan difusas. <<Caer, caer al vacío de una realidad angustiante>>. En la pared, una imagen. Solo me limitaré a decir <<una imagen>>, porque aun no logro descifrarla. Una imagen impactante. Después, sobre la pared, se proyecta un video: cuerpos que recorren la ciudad, como sombras, como recuerdos, como fantasmas.

El concepto sonoro contrasta con sus movimientos, desde el inicio hasta el final. Gritos. Desgarramiento. Dolor. Susurros. Silencio. Los actores permanecen quietos, inmóviles. De nuevo la calma, el equilibrio. Silencio. Retornar al pasado, recordar, despertar del sueño; saber y reconocer que sí somos superhéroes. El público aplaude con emoción, reconociendo el excelente trabajo con el que inició el Viernes de Teatro.