Falleció hoy 24 de diciembre en Berlín, Alemania, el crítico literario Carlos Rincón. Nacido hace 85 años en Boyacá, su obra prolífica reúne en su haber decenas de libros y artículos especializados. A manera de homenaje, publicamos hoy un fragmento del artículo Carlos Rincón y la crítica de la voluntad de verdad. Una pragmática de la crítica literaria. En la imagen de portada, Carlos Rincón en su estudio de Berlín, fotografía facilitada por su amigo y discípulo Rafael Patrocinio Alarcón Velandia, quien en próximos días publicará en LA COLA DE RATA un artículo sobre el crítico fallecido.

 

Por: Alejandro Sánchez Lopera*

Parte de la labor de un tipo singular de crítica en América Latina ha consistido en disminuir la fuerza de las verdades sociales, sean estas políticas, económicas o estéticas. Verdades como “orden y progreso”, para nombrar solo una de las mortíferas consignas que han atravesado nuestras sociedades desde el siglo XIX. Al leer el trabajo de Carlos Rincón, nos situamos justamente en ese tipo de crítica a la reclusión de las verdades en la enunciación del hombre de letras y del hombre de leyes; en la destitución de la soberanía del texto y de la enunciación de consignas, y en la apertura a los efectos extratextuales. Operaciones, en suma, en las que la verdad es una experimentación y no un proceso de conocimiento, una desorientación antes que una sanción moral sobre el mundo, una producción en vez de un secreto susceptible de ser develado por un intérprete.

Quien se haya enfrentado a los textos de Rincón, intelectual colombiano radicado en Alemania y profesor emérito de la Freie Universität Berlin (Universidad Libre de Berlín), se sitúa entonces en un ámbito en el cual, si recordamos la lectura que realiza Peter Sloterdijk de Nietzsche, se es “capaz de mantenerse afuera, en lo insoportable”. Afuera quiere decir no en las cosas mismas (la obra literaria por ejemplo), sino en las relaciones que las cosas son capaces de tejer entre sí. En esa dirección, este texto traza algunos fragmentos de la trayectoria de Carlos Rincón, planteándose dos preguntas: ¿qué es posible pensar a través de sus escritos? ¿Qué es posible pensar a partir de ellos?

Del barroco y Carpentier a Bolaño, pasando por la reescritura de las foundational fictions norteamericanas en los textos de García Márquez, el estatuto de la imagen en el barroco  y en la época contemporánea, los debates sobre lo moderno y lo posmoderno, más que la gran cantidad de áreas que aborda en su trabajo, lo que sorprende son las formas en que Carlos Rincón es capaz de relacionar esas zonas.

En ese sentido, el trabajo crítico de este autor asume uno de los interrogantes centrales al que nos confronta la multiplicidad: ¿cómo relacionar elementos dispares? ¿Cómo sintonizar algunos de los elementos disímiles que conforman el mundo? Para asumir esos interrogantes, a mi modo de ver la alternativa en la que se inscribe Rincón es la del pragmatismo, la del análisis y la vivencia no de las cosas en su interior (la intimidad del autor), sino de las relaciones entre las cosas: “las relaciones son exteriores a los términos”, como recuerda Gilles Deleuze. Pragmática, empírica, materialista es, como veremos, la crítica de Carlos Rincón.

En efecto, al leer la vasta obra crítica escrita por este autor —graduado en filosofía en la Universidad Nacional de Colombia—, recordamos lo que significa recuperar la capacidad de asombro ante una amplitud desmesurada de problemas y temas que, antes que una exhibición de erudición, afirma una capacidad de trazar relaciones innumerables entre las cosas(1).

Podemos decir que existen tres señales particulares en la crítica elaborada por Rincón: la presencia permanente de la literatura y la crítica literaria del Brasil, punto ciego de buena parte de la crítica literaria predominante en el continente; su capacidad de situar autores latinoamericanos —García Márquez y Jorge Luis Borges, en particular— en el plano mismo de producción del enunciado de lo contemporáneo (1993) y, finalmente, su destacado oficio como traductor de autores como Theodor Adorno y Antonin Artaud al español, entre muchos otros: “Los primeros ensayos sobre estética de Walter Benjamin y estudios de Foucault, Canguillem, Habermas, Chomsky, de los que se dispuso en idioma castellano, fueron traducidos por Rincón para publicaciones periódicas de circulación latinoamericana antes de 1971”, afirman Anabelle Contreras Castro y otros en Carlos Rincón. Teorías y poéticas de la novela. Localizaciones latinoamericanas y globalización cultural.

Para comenzar, entonces, vale la pena leer el estilo de su crítica de acuerdo con un texto de uno de los autores que está siempre presente en su obra: Jorge Luis Borges, quien en “Elementos de preceptiva”, publicado en Sur en 1933, escribe:

Prefiero, ahora, leer sus operaciones. En cuanto a sus propósitos, seguramente irrecuperables y vagos, dejo su investigación final al Juicio Final —o al ascendente y rápido Spitzer, “que sube por los hilos capilares de las formas idiomáticas más características hasta las vivencias estéticas originales que las determinaron”. Básteme deslindar los efectos que producen en mí.

Operaciones, y no propósitos; efectos, y no causas: pragmatismo, en suma. Si atendemos a los efectos, nos situamos entonces en una de las vetas centrales del trabajo de Rincón: la experiencia de la recepción literaria. Efectivamente, su trabajo, y específicamente su libro El cambio en la noción de literatura, publicado en 1978, marca la apertura, para la crítica literaria en América latina, a la “estética de la recepción” (Rezeptionästhetik) de la escuela de Constanza. En torno a una de las figuras claves de esta escuela, Hans Robert Jauss, vale recordar que su práctica hermenéutica, de acuerdo con Paul de Man “will, in however mediated a way, have to raise questions about the extralinguistic truth value of literary texts”. Concebir la posibilidad de una verdad extralingüística significa estallar por completo la soberanía del texto: liquidar su interioridad para instalarse así en las relaciones que el texto tiene con la exterioridad. La verdad, entonces, se produce afuera.

Ya desde El cambio en la noción de literatura, Rincón, premio Hispanoamericano de Ensayo en 1996, trazó lo que podríamos llamar un diagnóstico: mapas de polémicas y no citas de autoridad; cartografías de mundos y rivales, y de sus luchas, y no autocitación o exhibición de conocimiento sobre las cosas, sobre algo (los géneros literarios, las teorías literarias, las formas de lectura).

Atento siempre a las relaciones entre literatura e historia, en Rincón encontramos las preguntas que hicieron parte de la renovación del oficio de la historia realizada en la segunda mitad del siglo XX por Paul Veyne y Michel de Certeau, entre otros. En ese sentido, la pregunta que podemos hacer a las cosas no sería qué se sabe sobre algo, sino qué podemos saber, en un momento determinado, acerca de esa cosa, de ese algo. Las cosas no encierran la verdad en ellas mismas; la verdad es un proceso errático, conjetural y experimental que se desliza constantemente en el tejido de relaciones inciertas que une y separa a las cosas.

Sabemos que una cosa no es una cosa, sino las fuerzas que se apoderan de ella, como se desprende de la escritura de Nietzsche; asimismo, leemos en El Aleph de Borges que “cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas”. En suma, “no hay ningún objeto (fenómeno) que no esté ya poseído, porque en sí mismo es, no una apariencia, sino la aparición de una fuerza”, según Deleuze en Nietzsche y la filosofía.

Carlos Rincón es capaz, justamente, de mostrar las fuerzas, no la cosa o el objeto. Las fuerzas sociales y las fuerzas textuales o, en última instancia: el texto mismo como fuerza social. En efecto, si retomamos las afirmaciones de Deleuze expresadas en 1972 en Desert Islands and Other Texts , es posible decir hoy que parte del esfuerzo de Rincón apuntaba, y aun hoy lo hace, a rastrear la potencia extratextual de la literatura, ya que “a text is nothing but a cog in a larger extra-textual practice”.

Nota

  1. Esa capacidad de tejer relaciones se hace presente a su vez en su labor en la creación de la red de trabajo denominada Programa Internacional Interdisciplinario de Estudios Culturales sobre América Latina, que vinculó a mediados de los años noventa en Bogotá numerosas instituciones públicas y privadas, así como a intelectuales latinoamericanos y de otras latitudes (como Nelly Richard, Renato Ortiz y Hans Ulrich Gumbrecht) para discutir la cuestión de la cultura y la modernidad. El Programa Internacional Interdisciplinario de Estudios Culturales sobre América Latina, a través del concurso del Centro de Estudios Sociales (ces) de la Universidad Nacional de Bogotá, se inició en 1996 con el coloquio La situación de los estudios literarios y culturales sobre América Latina, convocado por la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá. El número y el tipo de instituciones vinculadas al proceso resulta significativo y da cuenta de un gradual proceso de constitución de un terreno de producción de conocimiento, camino que continuó en 1997 con el coloquio Teorías de la cultura y estudios de comunicación en América Latina, realizado en Bogotá, también impulsado por el Centro de Estudios Sociales de la Universidad Nacional de Bogotá. Este encuentro originó dos publicaciones (Cultura, política y modernidad y Cultura, medios y sociedad), y contó con participantes como Nelly Richard y Hans Ulrich Gumbrecht. En 1998 se realiza el Encuentro Internacional de Estudios Culturales en América Latina, centrado en el tema de cultura y globalización, del que surgió una publicación con el mismo nombre y que convocó a académicos como Martin Hopenhayn, Beatriz González Stephan, Renato Ortiz y Erna von der Walde, entre otros.

 

*Este artículo se deriva del proyecto de investigación “Modernidades joviales en América Latina: el lazo tenso entre sujeto y verdad”, Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos). Publicado originalmente en Estudios de Literatura Colombiana, N.° 30, enero-junio, 2012, ISSN 0123-4412, pp. 81-107. Este es un fragmento del artículo completo que puede leer aquí.