COMPETENCIAS CIUDADANAS, UNA RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

Las competencias ciudadanas pueden ser el inicio del camino a la liberación del pensamiento y a la construcción de un mejor proyecto bautizado Colombia. Son de carácter individual y de responsabilidad, en primera instancia, del individuo, luego, de este con el otro y, por último, de la comunidad.

 

Por / Hernán Augusto Tena Cortés 

“El hecho de existir nos hace partícipes de algo.

Expresa nuestra opinión para ser escuchada.

 Pero cuando ese algo hace parte de algunos

¿En dónde quedan nuestras voces?”

-Promesa-

La convivencia a través de la historia se ha dado por instinto o por necesidad de interacción. Ha contribuido a la organización de la sociedad, llevando al sujeto a formar parte de un grupo y proyectándolo como persona, pues para realizar actividades es imprescindible establecer reglas que regulen la conducta y la forma de relacionarse con los demás.

Si se hace un viaje al pasado, se puede mencionar que las comunidades primitivas se organizaban en grupos para suplir ciertas necesidades. Formaban conjuntos de cazadores para ser fuertes y capaces de elaborar estrategias. Nombraban jefes que eran respetados por todos y debían tener cierto grado de sabiduría para guiar correctamente al grupo; estereotipando y jerarquizando así las competencias, normas y conductas requeridas como garantía de buen funcionamiento y desarrollo del colectivo.

Desde entonces, el mundo se desenvuelve en comunidad y relaciones sociales, siendo estas últimas propensas a un conflicto producido por condiciones políticas, religiosas, ideológicas o por pensamiento divergente. Habermas divide el mundo en tres dimensiones; social, simbólica y física. La primera es la interacción con otros mediante la participación, la cooperación, el respeto y la construcción de normas y pautas para una vida en comunidad. La segunda, permite reconocer la identidad cultural, y la tercera, construye las prácticas humanas como medio de productividad.

Lo anterior se traduce en una invitación a reflexionar alrededor de la participación de la comunidad en cada dimensión; de la normativa que otorga el estatus de individuo con derechos y deberes, y del concepto de identidad en lo cultural, lo público y lo político. En otras palabras, insta a desarrollar y pensar a quién le pertenecen las competencias ciudadanas.

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–¿Competencias ciudadanas? –Sí, competencias ciudadanas–. Antes de continuar, es preciso revisar los perfiles de este concepto:

En cuanto a Competencia:

  • Según la Real Academia Española) :
    • Hace referencia a las disputas o contiendas entre personas.
    • Pericia, aptitud e idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado.
  • Según Noam Chomsky (1965): “es el concepto que el hablante y el oyente tienen de  su lengua”.
  • Según Greimas y Courtes (1982): “forma parte de la acción humana y constituye al sujeto como actuante”. Es decir, representa condiciones previas y presupuestas que posibilitan la acción del individuo.
  • Desde la semiótica: Es una organización jerárquica de modalidades.
  • Otros conceptos actuales:
    • Es la capacidad de poner en práctica y de forma integrada aquellos conocimientos adquiridos, aptitudes y rasgos de personalidad que permiten resolver situaciones diversas.
  • Es una imposición al modelo socioeconómico capitalista en metas educativas direccionadas en tres términos, capacidad, competencia e incumbencia.
  • Según la psicología: es un entrenamiento de habilidades sociales.
  • Según la pedagogía: “es la formación y modificación de las estructuras mentales y formas de ver la realidad”.
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En cuanto a Ciudadanía (ciudadano):

  • Ciudadanía: es la síntesis de diversas dimensiones de lo social.
  • Ciudadano: todos los seres humanos que habitan un territorio.
  • Es el comportamiento propio de un ciudadano.

Seguramente, si se profundiza la consulta, aparecerán más definiciones de cada uno de los términos; sin embargo, hoy el objetivo gira desde lo pedagógico y lo político de las competencias ciudadanas con el fin de promoverlas para derivar identidad y procurar una sociedad en vía ascendente.

En suma, se puede decir que se entiende por competencia ciudadana al conjunto de  habilidades cognitivas, emocionales, comunicativas, sociales y actitudinales que hacen posible que el ciudadano actué en sociedad. Es decir, lo que se busca es que el sujeto se comporte de forma integral, de modo que pueda demostrar permanentemente sus habilidades requeridas para la correcta participación y emisión de discursos argumentativos, desde la experiencia de su vida social.

En ese sentido, se juega con un mayor o menor grado de subjetividad que gira alrededor de la adquisición de derechos civiles, políticos y sociales, llevando al ejercicio de libertades individuales y a la adquisición de deberes con la sociedad en la que se vive. Teniendo presente que dicha subjetividad no es digna de negociar con el bien común, y que la participación activa y responsable en términos de convivencia, constituye a un ciudadano.

Ahora bien, haciendo un escaneo de la descomposición social que actualmente caracteriza a Colombia, es importante reflexionar alrededor de la verdadera incorporación de las competencias ciudadanas en la escuela. Una cátedra que debe ser incluida de manera tácita en cada una de las asignaturas, cuya característica principal debe ser la imparcialidad; y su praxis debe partir desde el ejemplo del educador. Esta clase debe romper paradigmas, y su objetivo debe ser dirigido a la formación para el ser y no para la productividad, como es hoy común.

Es un reto, pues se debe formar a los estudiantes desde la dimensión de lo político y público, sin caer en adoctrinamientos o atentados contra el libre pensamiento o contra el derecho a la objeción de conciencia. Las redes, los medios, las aulas, los pasillos y las calles, están hoy inundados de verdades a medias que terminan entorpeciendo el desarrollo de las competencias ciudadanas.

La reflexión se extiende a crear conciencia sobre el significado de ese proyecto llamado país, del mismo que se derivan los conceptos de política, cultura e identidad. El viaje continuaría sobre la edificación de deberes, derechos humanos, y normas. Haciendo una pausa en los segundos, pues su condición universal lleva a una apertura de mente y concienciación de la vulneración actual.

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Por otro lado, Rawls plantea que se deben conocer ciertas normas de convivencia para que el ser humano se desarrolle en un estado relativo de equidad, pues el concepto de igualdad total de condiciones en una comunidad, termina siendo utópico. Es por esto que las Naciones Unidas en 1995 proclamaron los siguientes objetivos en materia de educación:

    1. Fortalecer los derechos humanos y las libertades fundamentales
    2. Desarrollar plenamente la personalidad humana y el sentido de la dignidad del ser humano.
    3. Promover la comprensión, la tolerancia, la igualdad entre los sexos y la amistad entre las naciones, las poblaciones indígenas y los grupos raciales, nacionales, étnicos, religiosos y lingüísticos.
    4. Facilitar la participación efectiva de todas las personas en una sociedad libre.
    5. Intensificar las actividades de las Naciones Unidas en la espera del mantenimiento de la paz.

–Pero entonces, ¿las competencias ciudadanas son sólo responsabilidad de la escuela? –No, la familia también cumple un papel muy importante–. Pero en la actualidad, la cultura familiar ha atravesado una metamorfosis muy interesante: mamá y papá deben trabajar para estabilizar la economía del hogar, de manera constante los menores han sido descuidados y la crianza se ha delegado a la escuela. Lo anterior es precisamente una reflexión también muy importante.

Claramente lo expresa José Tuvilla:

La Educación para la paz, no puede restringirse sólo al marco de la escuela o de las instituciones Educativas, sino, que abarca la realidad total del hombre, la sociedad y el mundo en constante desarrollo; la educación para la paz, por tanto, se configura desde múltiples dimensiones y se extiende desde ángulos diferentes de acuerdo con el sujeto educado.

El proyecto de país que se tiene hoy en Colombia produce muchos sinsabores. La polarización, las diferentes miradas, la corrupción, la delincuencia común y las masacres en tiempos de pandemia, dejan mucho qué pensar. Lluvias de ideas e interrogantes sin respuesta son quizá estados mentales que inundan a los ciudadanos; sin embargo, la carencia de competencias ciudadanas es lo único que muestra un lamentable y ostensible ascenso en medio de esta hecatombe.

Se concluye, entonces, que las competencias ciudadanas pueden ser el inicio del camino a la liberación del pensamiento y a la construcción de un mejor proyecto bautizado Colombia. Son de carácter individual y de responsabilidad, en primera instancia, del individuo; luego, de este con el otro, y por último, de la comunidad. Es tan importante el papel de la escuela, como el de la familia. Nadie se salva y cada uno debe aportar en su propio desarrollo, en el del prójimo y en el de su círculo social para lograr la transformación que hoy sigue siendo utopía.

Twitter: @Hernan_Tena

Correo: heteco2010@gmail.com

 

Referencias

Ciencias de la educación, Las Naciones Unidas y la educación en derechos humanos. Navarra, España, 2004

Cortina, Adela. Ciudadanos del mundo: hacia una teoría de la ciudadanía. Madrid, 1998

Delgado, Ricardo. El desarrollo humano: un panorama en permanente transformación.

Habermas, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa. Barcelona, 1988

Ovalle Llanes, Ramiro. Derechos humanos y educación. República de Colombia. Bogotá, 2002

Tuvilla Rayo, José. Derechos humanos: propuesta de educación para la paz, basada en los derechos humanos y del niño. Sevilla, 1990