Sus textos alcanzan realce en su época y traspasan las fronteras. Son muchas más sus producciones, pero nos detendremos en una que, a nuestro parecer, tiene gran altura a nivel estético, belleza y, además conocimientos trascendentales acerca de temas como el alma, el amor, la belleza, la estética, el dolor.

 

Por: Jorge Triviño

Ramón José Simón Peña —conocido como José María Ramón del Valle Inclán— nació el 28 de octubre de 1866 en Santiago de Compostela.

Era considerado como uno de los mayores dramaturgos de España, junto a Federico García Lorca; perteneció a “La Edad de Plata”, distinción extraordinaria ya que la plata, para los alquimistas, representa nada más y nada menos que el alma o sensibilidad. Ambos poetas y dramaturgos, dejaron sus preciosas obras, las que hoy nos maravillan y deleitan sobremanera.

Fue contemporáneo de la generación de Azorín, Pío Baroja y Jacinto Benavente.

Debido a una pelea con el escritor Manuel Bueno, le amputaron su brazo izquierdo.

Apreciado como una gran autoridad en pintura y estética. Nombrado titular en una cátedra de estética en la academia de San Fernando de Madrid.

En 1932 dirigió el Ateneo de Madrid y en 1933 fue elegido Director de la Academia Española de Bellas Artes en Roma.

Sus obras: Epitalamio (1897), Flor de santidad (1904), Sonatas, Voces de gesta (Barcelona, 1911) y La marquesa Rosalinda (Madrid, 1912), La media noche, Visión estelar de un momento de guerra (1917).

Sus textos alcanzan realce en su época y traspasan las fronteras. Son muchas más sus producciones, pero nos detendremos en una que, a nuestro parecer, tiene gran altura a nivel estético, belleza y, además conocimientos trascendentales acerca de temas como el alma, el amor, la belleza, la estética, el dolor; pero lo que más nos sorprende es el conocimiento sobre alquimia, del que es considerado por Arnold Krumm Heller como uno de los mayores exponentes, pero es tal la sutilidad con que Ramón del Valle Inclán trata el tema, que pasa desapercibido por la mayoría de lectores; sin embargo, quien ausculta con su sentido interior, obtiene  claridad y comprensión, y queda perplejo ante la belleza con que expresa la verdad.

En 1932 dirigió el Ateneo de Madrid y en 1933 fue elegido Director de la Academia Española de Bellas Artes en Roma.

Para tener un concepto real de qué es alquimia, citaré un texto de uno de los grandes alquimistas, el doctor Franz Hartmann:

“Muy provechoso le será el dedicar todo su tiempo a esta práctica de la Alquimia y obtener el oro puro de la sabiduría de los metales inferiores representados por sus pasiones animales. Estas pasiones son el capital que la naturaleza le ha prestado para convertirlas en “plata” y “oro”, mientras vive en la tierra: son los peldaños por los cuales puede ascender a la inmortalidad y halla a su Yo divino.

Para practicar esta especie de alquimia, no necesitará libros, ni hornos, ni utensilios, pues él mismo es el alambique, el fuego y la substancia que se ha de ennoblecer. Allí en su laboratorio silencioso con las puertas cerradas contra toso deseo vano carnal y todo pensamiento egoísta puede mortificar su naturaleza terrestre alcanzando el dominio absoluto de sí mismo, de modo que su naturaleza superior sea libertada de las cadenas animales con entrar en la resurrección, pasando de la tumba de la ignorancia a la luz de su propio conocimiento. Para efectuar esto tendrá que purificar su mente y dejar que su alma sea animada por el poder del espíritu de la verdad; lo que en él es inerte, tiene que ser sublimado en el fuego del amor divino, a fin de levarse al cielo en  la forma de santas aspiraciones, mientras que el humo de la sofistería, dogmatismo, pseudociencia y presunción debe dejarse salir por la chimenea para no volver más.”[1]

       Sus textos parecen abstrusos; mientras que otros sucumben ante la belleza de la construcción de la obra, no obstante, para quien penetra con sentido estético y devocional, la comprensión que obtiene después de meditar en sus epígrafes, bien vale la pena.

El nombre que lleva la obra: La lámpara maravillosa, deja en claro que el contenido es de carácter espiritual —y lo es en verdad—.

Inicia el libro con el índice de los capítulos:

      El anillo de Giges, El milagro musical, Exégesis trina, El quietismo estético, y La piedra del sabio.

Pero develemos un poco el sentido oculto en esta preciosa obra.

El anillo de Giges, es una denominación dada por la mitología Lidia al Anima Mundi o Divinum sensorium; es decir al Alma.

El milagro musical, es el estudio del poder que ejerce el verbo y que permite la transformación o mutación, como lo asevera el evangelista Juan:

En principio era el verbo y el verbo estaba con Dios, y el verbo era Dios”; lo que la ciencia misma ha probado, pues el universo obedece al principio de vibración, de acuerdo con las diferentes longitudes de onda.

El siguiente capítulo: Exégesis trina, analiza, o más que analizar muestra la clave que los Pitagóricos y los Platónicos enseñan en sus Diálogos: el misterio de la trinidad.

       El quietismo estético, es un escrito donde se evidencia el extraordinario poder de la quietud para hacer contacto con el átomo nous o Athanatos o Inmortal que en nosotros mora.

       La piedra del sabio, es un precioso texto sobre la tan conocida, como malentendida, búsqueda de la Piedra filosofal.

La Meditación es aquel enlace de razonamiento por donde se llega a una verdad, y la Contemplación es la misma verdad deducida cuando se hace substancia nuestra…

Pero como si esto no fuera poco, al inicio del libro, Del Valle Inclán aborda las dos formas de conocimiento, en el acápite Gnosis:

       Meditación y Contemplación, de las cuales dice:

La Meditación es aquel enlace de razonamiento por donde se llega a una verdad, y la Contemplación es la misma verdad deducida cuando se hace substancia nuestra, olvidado el camino que enlaza razones a razones, y pensamientos con pensamientos. La Contemplación es una manera absoluta de conocer una intuición amable, deleitosa y quieta, por donde el alma goza la belleza del mundo, privada del discurso y en divina tiniebla. Es así como una exégesis mística de todo conocimiento, y la suprema manera de llegar a la comunión con el Todo. Pero cuando nuestra voluntad se reparte para amar a cada criatura separadamente y en sí, jamás asciende de las veredas meditativas a la cima donde la visión es una suma.”[2]

       No trataremos aquí con mayor profundidad el análisis de tan magna obra, pero dejamos a los investigadores serios, esta labor.

 

El anillo de Giges

Sé como el ruiseñor, que no mira a la tierra desde la rama verde donde canta.

       El poeta solamente tiene algo suyo que revelar a los otros, cuando la palabra es impotente para la expresión de sus sensaciones: Tal aridez es el comienzo del estado de gracia.

       El éxtasis es el goce de ser cautivo en el círculo de una emoción tan pura, que aspira a ser eterna. ¡Ningún goce y ningún terror comparable a éste de sentir el alma desprendida!

     La belleza es la intuición de la unidad, y sus caminos, los místicos caminos de Dios.

     Cuando se rompen las normas del tiempo, el instante más pequeño se rasga como un vientre preñado de eternidad. El éxtasis es el goce de sentirse engendrado en el infinito de ese instante.

      Dios es la eterna quietud, y la belleza suprema está en Dios. Satán es el estéril que borra eternamente sus huellas sobre el camino del tiempo.

     Cuando mires tu imagen en el espejo mágico, evoca tu sombra de niño. Quien sabe del pasado, sabe del porvenir. Si tiendes el arco, cerrarás el círculo que en ciencia astrológica se llama el anillo de Giges.

 

El milagro musical

       Cada día de Dios hemos de abrir en nuestra alma una sima de emociones y de intuiciones, adonde jamás haya llegado la vos humana, ni en sus ecos

       Et verbo de los poetas, como el de los santos, no requiere descifrarse por gramática para mover las almas. Su esencia es el milagro musical.

       Solamente cuando nos perdemos por los musicales senderos de la selva panida, podemos oír los pasos y evocar la sombra del desconocido que va con nosotros.

      El idioma de un pueblo es la lámpara de su karma. Toda palabra encierra un oculto poder cabalístico: es Grimorio y Pentáculo.

    En la ética futura se guardan las normas de la futura estética. Tres lámparas alumbran el camino: temperamento, sentimiento, conocimiento

     La belleza es la posibilidad que tienen todas las cosas para crear y ser amadas

     Toda forma suprema de amor es una matriz cristalina y eterna. Ser bello es hacerse centro de amor, y morar otra vez en el himen divino.

     La suprema belleza de las palabras, sólo se revela, perdido el significado con que nacen, en el goce de su esencia musical, cuando la vos humana, por la virtud del tono, vuelve a infundirles toda su ideología

       El padre Homero pudo, llamar a sus versos con un nombre de flor: Heliotropos.

       Águilas y topos son las bestias que simbolizan los modos del humano conocer. Águilas de ojos soberanos, y topos auditores. Del divino laurel del día, nace la rosa del milagro musical.

 

Exégesis trina

        Amor es un círculo estético y teologal, y el arte una disciplina para transmigrar en la esencia de las cosas y por sus caminos buscar a Dios.

       Alma en cárcel, si quieres amar sé taumaturgo, obra la maravilla de transmigrar por el dolor en la conciencia ajena. Amor con dolor es el primer tránsito de la iniciación estética, y el enigma de la fatalidad en la tragedia antigua.

       Gozo y amor en la gracia de todas las vidas, es el segundo tránsito para entender la belleza del mundo.

       Alma, permanece en tu cimiento olvidada del discurso y fuera de los círculos mortales. Ama por igual todas las cosas y ninguna en sí.   El último y más levantado tránsito de la intuición estética es el amor con aniquilamiento, renuncia y quietud.

    En la ciencia hermética de los magos, el centro, en cuanto unidad, y la esfera, en cuanto infinito, son símbolos del padre y del espíritu.

    La primera rosa estética florece del concepto teológico del Logos espermático: Se abre en el cielo del Padre Creador y sella con el enigma del futuro, la eterna voluntad del mundo.

   La rosa clásica de maravillosa geometría, enlace del momento que pasa y el que se anuncia, sella el enigma del presente y se abre en el cielo, todo amor, del verbo.

       La tercera rosa estética, unidad de conciencia, sella el enigma del pasado, y se abre en el cielo estático del paracleto.

       A los tres centros divinos están vinculados los tres círculos del tiempo, y al tiempo los tres enigmas del mal. La carne peca contra el padre. El demonio peca contra el verbo. El mundo peca contra la comprensión extática que resplandece en el paracleto.

 

El quietismo estético

       Todas las cosas se mueven por estar quietas, y el vértigo del torbellino es el último tránsito para su quietud. Atracción es amor, y amor es gracia extática.

       En las creaciones del arte, las imágenes del mundo son adecuaciones al recuerdo donde se nos representan fuera del tiempo, en una visión inmutable.

      Sólo buscando la suprema inmovilidad de las cosas puede leerse en ellas el enigma bello de su eternidad.

      Para el ojo que se abre en el gnóstico triángulo, todas las flechas que dispara el sagitario están quietas.

      Cuando nuestra intuición del mundo se despoja de la vana solicitación de la hora, se obra el milagro de la eterna belleza.

       Para que el recuerdo sea quietud y visión interior, olvidemos los caminos por donde nos llega, como cuando la nave llega al puerto olvida el oficio de la vela y del remo, que amaba decir Miguel de Molinos.

      Peregrino del mundo, si miras con todos los ojos amarás con todos los corazones, y tu intuición será teologal.

       Aprendamos a descubrir en cada forma y en cada vida aquel estigma sagrado que las define y las contiene.

       El quietismo estético es la significación más expresiva de las cosas, en un nuevo entrever.

       Sólo el alma que aprende a desencadenarse puede desvelar el enigma del quietismo estético.

 

La piedra del sabio

       Mirar atrás con el dolor de haber vivido, es pasar bajo el arco de la muerte.

       Toda expresión suprema de belleza es un divino centro que engendra infinitos círculos.

      Toda la ciencia mística, como toda la creación estética, es amor y luz.

       El alma estética deviene centro cuando ama sin mudanza, y por igual, todas las imágenes del mundo en las divinas normas.

      La belleza es aquella razón inefable que por la luz descubrimos en las cosas para ser amadas, y para crear, porque amor es la eterna voluntad del mundo.

       Al pasar bajo el arco de la eternidad, en la suprema comprensión de nuestra vida mortal, está el premio y está el castigo.

      Peregrino sin destino, hermano, ama todas las cosas en la luz del día, y convertirás la negra carne del mundo en el áureo símbolo de la piedra del sabio.

       Hasta aquí este precioso texto de uno de os baluartes de la literatura española.

Citas

[1] HARTMANN, Franz. Ciencia oculta en la medicina. Editorial Kier s.a. 1260, Buenos Aires. Argentina, febrero de 1980. Págs. 65,66

[2]  DEL VALLE INCLÁN, Ramón María. La lámpara maravillosa. Espasa Calpe Argentina, S. A. 31 de enero de 1958. Buenos Aires, Argentina.