EL PERIODISMO CULTURAL COLOMBIANO: DE LA ALTA CULTURA A LA IDENTIDAD NACIONAL

 “La cultura es el ejercicio profundo de la identidad”.

Julio Cortázar

 

Por / Felipe Osorio Vergara, José David Chalarca Suescum, Emmanuel Zapata Bedoya, Manuela Peña Giraldo y Alejandro Jaramillo Londoño

Ilustración portada / Stella Maris

La divulgación es aliada de la cultura. Divulgar es una estrategia que facilita la trasmisión del saber y permite conocer diferentes manifestaciones culturales para su conservación. En este sentido, el periodismo cultural ha cumplido un rol destacado.

Una de las tantas definiciones que se le dio a esta rama del periodismo se la asignó el periodista cultural español Iván Tubau, en 1982, al señalar que “el periodismo cultural es la forma de conocer y difundir los productos culturales de una sociedad a través de los medios masivos de comunicación”. Sin embargo, muchos medios y periodistas, conscientes o no, solo le han dado cabida a la llamada “alta cultura”, como fue el caso de Colombia entre los siglos XIX y gran parte del XX.

La historiadora de la Universidad de Antioquia, Shirley Tatiana Pérez, explicó en su investigación Ideologías y canon en las revistas literarias y culturales de Medellín, 1897–1912 que, en Colombia, las primeras publicaciones literarias surgieron después de la Independencia y se enfocaron en educar a los lectores y en la construcción nacional a través de la difusión de sentimientos patrios. Cabe resaltar que “los periódicos estaban dirigidos a una selecta minoría integrada por hombres blancos que, la mayoría de las veces, eran educados en Europa”, afirmó Luis Carlos Rodríguez, magíster en historia de la Universidad Nacional.

Imprenta patriótica, una de las primeras del país. Data de principios del siglo XIX. En ella se editó La Bagatela de Antonio Nariño. Se conserva en el Museo Nacional de Colombia (Bogotá).
Fotografía / Felipe Osorio Vergara.

La sociedad colombiana del siglo XIX era mayoritariamente rural, analfabeta y vivía aislada en las cordilleras del país. La circulación de la información y las ideas eran lentas y, en ocasiones, ni siquiera llegaba a las áreas más remotas, por lo que la cultura que se difundía en los pocos medios existentes, además de dirigirse a las élites, abordaba la denominada ‘alta cultura’. “Y es que el periodismo nació elitista, eran pocos los que leían y entonces se les ofrecía contenidos de lo que llamamos alta cultura: se hablaba de literatura, ópera, ballet”, como sostuvo Lina Rodríguez, autora del artículo Periodismo cultural, un campo desafiante, de la Universidad del Rosario.

De la mano de la alta cultura vino el ideal de progreso inspirado en Europa. Se desarrollaron bailes, teatros, conciertos de música clásica y hasta ópera en las principales ciudades del país como muestra de crecimiento intelectual, poder económico y diferenciación con el grueso de la población. Fue el caso de la incipiente Villa de la Candelaria de Medellín, que, entre finales del siglo XIX y principios del XX, buscó demostrar el paso de una sociedad pueblerina a una citadina. “Los medellinenses de esa época sentían que estaba entrando a la ciudad una nueva forma de vivir y de pensar, el llamado modernismo y modernización. Se sentían como el producto final de la transición de lo tradicional a lo nuevo y presentían, desde el deseo, la realización en un futuro de condiciones similares a las de Europa”, escribió la historiadora Pérez en su investigación.

Dos imprentas de la colección de la Casa de la Convención en Rionegro. Corresponden a la segunda mitad del siglo XIX. Estas imprentas funcionaban con piezas metálicas pequeñas llamadas tipos. Fotografía / Felipe Osorio Vergara.

La prensa decimonónica catapultó la literatura de entonces, pues “los periódicos y revistas publicaban por folletines los capítulos de las novelas, como fue el caso de Francisco de Paula Rendón o Tomás Carrasquilla. Cuando terminaban de publicarla, tomaban las mismas planchas que habían usado para imprimir las entregas y salía el libro completo”, explicó el historiador Rodríguez. Además, en sus páginas albergaron poesía, cuentos, crónicas y ensayos.

En torno a los periódicos se formaron también círculos intelectuales para tertuliar sobre literatura, poesía, música y debatir ideas políticas. Sin embargo, seguía siendo un asunto de ilustrados, ajeno para la mayoría de la población colombiana.

Periodismo cultural: ¿trinchera bipartidista o sitio de unidad nacional?

A diferencia de los periódicos políticos y religiosos, las publicaciones o secciones culturales permitían un espacio de neutralidad y de convergencia, restándole importancia, a veces, a las diferencias ideológicas. Sin embargo, tampoco fueron ajenas a la agitación bipartidista del momento.

Para el historiador Luis Carlos Rodríguez, en las páginas de la prensa colombiana se podían hallar ambos casos:

1- Había periódicos culturales y secciones de los mismos en los que se podían encontrar intelectuales recalcitrantes y defensores a ultranza de ideas políticas. Además, el enfoque cultural variaba en ambos partidos: los liberales miraban la cultura librepensadora, fijándose en París y apuntando a su democratización; mientras que los conservadores tenían un enfoque más religioso, resaltando el “buen gusto” y las “buenas costumbres”.

2- En algunas secciones culturales había liberales y conservadores, había respeto y eran sitio de encuentro en el que participaban en reuniones, círculos literarios, tertulias y conciertos. El periodismo cultural era una especie de “medio” que era acogido por ambos partidos.

Desde las dos orillas políticas, tanto liberales como conservadores descubrieron el potencial que tenía la cultura para generar identidad nacional y cohesión social, y la importancia de las publicaciones para difundir el imaginario de nación. Así, se fijaron en los elementos autóctonos para diferenciarse de los demás países y sustentar la identidad. “Colombia, que hasta el momento se había mantenido distante y dividido entre regiones, empezó a experimentar cierta proximidad a partir de la creación de periódicos y revistas que se distribuían en varias ciudades. Estas publicaciones intentaban romper las fronteras tanto nacionales como internacionales y buscaban la creación de una identidad nacional”, argumentó en su investigación la historiadora Shirley Tatiana Pérez.

– Las imágenes de los periódicos fueron obtenidas de los microfilms que se encuentran en la Sala de Colección de Prensa del 4° piso de la Biblioteca Carlos Gaviria Díaz de la Universidad de Antioquia, en Medellín.

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La radio y la televisión: de la divulgación cultural a la construcción de identidad

La masificación de la radio en el país entre 1930 y 1950 supuso una democratización en los contenidos culturales que se divulgaban; ya no era necesario saber leer y escribir para poder llegar a ellos.

Las personas se reunían en torno a la radio a escuchar no solo programas noticiosos, sino también música, radioteatro y radionovelas. Además, algunas emisoras se comprometieron con la educación rural, como fue el caso de Radio Sutatenza.

La radio, además, rompió las barreras geográficas y permitió que el campesinado se enterara más directamente del acontecer nacional. Por otro lado, era una invención que ampliaba el espectro de formatos, porque, a diferencia de la prensa, se podían emitir música y lecciones académicas.

Por ejemplo, en aras de generar identidad nacional se transmitieron músicas autóctonas, que muchos denominaron folclore, como los bambucos, los torbellinos, los pasillos y las guabinas mestizas andinas, y posteriormente algunas músicas del Caribe como la cumbia. “Los medios masivos de comunicación han sido la principal posibilidad de generar caracteres identitarios, entendiendo que son diversos y que en la diversidad está la posibilidad de encontrarnos a nosotros mismos”, sustentó el historiador Rodríguez.

La televisión arribó al país en 1954, y con ella el imperio de la imagen. Muchos periodistas que se habían formado en la radio, al igual que muchos actores del teatro, se convirtieron en presentadores de la que llamaron la “caja mágica”. Los formatos también migraron, pues algunos periodistas de prensa y escritores se convirtieron en guionistas para producciones audiovisuales y adaptaron sus novelas impresas a la televisión.

La caja mágica vislumbró un país diverso y permitió que personas de cualquier rincón de Colombia pudieran ver frente a sus pantallas las manifestaciones culturales de otras regiones. Además, fue usada con fines educativos (documentales) y de entretenimiento (novelas y programas de concurso).

Los otros formatos de comunicación se idearon la manera de competir con la televisión. “Así, la prensa logró seguir siendo la preferida por las clases dominantes (tanto políticas y económicamente como las élites culturales), aun cuando su lectura entre las demás capas de la sociedad comenzaba a crecer progresivamente. La radio, por su parte, continuó siendo escuchada por aquellos que no tenían acceso a otro medio por razones económicas o de ubicación geográfica”, como se lee en el artículo El periodismo en Colombia, de la Red Cultural del Banco de la República.

La inmediatez y la amplia difusión de la radio y la televisión ayudaron a divulgar los eventos culturales y artísticos, haciendo que ellos integraran, más fácilmente, la agenda mediática. Sin embargo, esto llevó a entender el periodismo cultural de una manera coyuntural.

El periodismo cultural actual: nuevas formas de entender la cultura

Una de las formas más comunes de entender el periodismo cultural en los medios es a través de la agenda de los eventos culturales. Por ejemplo, cuando hay un concierto, una feria del libro o una exposición de un artista determinado, las salas de redacción asignan el tema a un periodista para que lo cubra. Sin embargo, se ha criticado este enfoque por su carácter coyuntural. “Los medios deben entender que la cultura no se corresponde con la agenda de novedades de la industria cultural y que el periodismo es —entre muchas otras cosas— una representación del mundo”, como sugirió Jorge Carrión, escritor y crítico cultural, en su columna del New York Times Ideas para renovar el periodismo cultural.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), la cultura hace referencia al “conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”. Esta definición data de la Declaración de México sobre Políticas Culturales, celebrada en Ciudad de México en 1982 y reafirmada por la Declaración Universal de la Unesco sobre la Diversidad Cultural de 2001.

Si bien el término “cultura” tiene múltiples significados, existen dos grandes acepciones:

1- Alta cultura: Una idea ilustrada de entender la cultura como aquella proveniente de las élites y que se acerca a conceptos como “buen gusto” y que clasifica a las personas como “cultas” o “incultas”.

2- Concepción incluyente: parte de las ideas de la antropología cultural y destaca la capacidad de todos los grupos humanos de hacer cultura. En este sentido, se valora la cultura que hacen las masas y los grupos no ilustrados (cultura popular y folclore).

El periodista cultural debe “ampliar el panorama cultural: no solo existen las bellas artes como propias de una élite que las manifiesta, sino que hay expresiones culturales entre el pueblo o las comunidades indígenas de un país, que a través de la difusión de sus propias costumbres, ritos, y expresiones culturales de todo tipo, mantienen la identidad, la cohesión de la sociedad, su historicidad que es transmitida de generación a generación”, explicó el periodista cultural, Néstor Martínez, en un artículo de 2018 para la Universidad Tecnológica de El Salvador.

El problema radica en que el periodismo cultural, en muchos casos, ha privilegiado ciertas manifestaciones o expresiones culturales propias de la alta cultura, mientras que ha relegado otras formas de la cultura, principalmente popular. “Si los medios de comunicación continúan resaltando, masificando y perpetuando algunas formas elitistas de comprender la cultura, algunas capas de la sociedad que no se sienten vinculadas ni identificadas con esa visión no se interesarán”, señaló Yenifer Aristizábal, periodista de la Universidad de Antioquia y magíster en gestión cultural.

Existe la Red Iberoamericana de Periodismo Cultural de la Fundación Gabo para el Nuevo Periodismo.

Dos alternativas para que la audiencia se sienta más representada en el periodismo cultural actual son: primero, darle más espacio a la cultura popular y al folclore, como se mencionó previamente, y segundo, abrirse a otros géneros, formatos y lenguajes acordes a las nuevas narrativas digitales.

Cabe resaltar que los contenidos culturales ofrecidos deben basarse en los intereses del público objetivo. “Yo creería que es mejor segmentar el público, porque si no la discusión permanente del medio de comunicación va a ser el nicho y cómo hacer notas culturales de calidad para todo el tipo de público que tiene. Y eso va a generar, a mí parecer, poca filiación con el medio de comunicación”, sostuvo la gestora cultural, Yenifer Aristizábal.

 

-Para conocer más acerca de las dinámicas del periodismo cultural en Medellín, le invitamos a escuchar el podcast Periodismo cultural en el Aburrá: diversidad e identidad.

ENTREVISTA: UNA VOZ DE PROTESTA EN EL CENTRO DE MEDELLÍN JUEGO: AVENTURA CULTURAL

Para saber más

La mayoría de premios y concursos periodísticos en Colombia dividen sus categorías por formatos (sonoro, audiovisual, texto, gráfico, multimedia) o por género (entrevista, reportaje, crónica, noticia, caricatura), pero no restringen el tema del contenido presentado siempre y cuando cumpla con los criterios de evaluación y las categorías de postulación. Sin embargo, en algunos casos, hay categorías dirigidas al periodismo cultural:

La categoría de crítica del Premio Nacional Simón Bolívar considera las críticas literarias, artísticas, musicales, teatrales, de danza, cinematográficas, gastronómicas, arquitectónicas, urbanísticas y de viaje.

Los Premios del Círculo de Periodistas de Antioquia (CIPA) tienen una categoría específica para el periodismo cultural, y una categoría especial al periodista-escritor.

Cabe resaltar que en 2015 existió un Premio Nacional de Periodismo Cultural que fue patrocinado por el Ministerio de Cultura de Colombia.