EN BARCELONA CORONARON AL NUEVO REY DEL FÚTBOL

El trono del fútbol mundial cambió de dueño, porque en la noche del 16 de febrero del 2021, en el Estadio Camp Nou de Barcelona, Kylian Mbappé, el joven francés tomó el cetro, se sentó en el trono e hizo que Leo Messi, en la que fue su casa, le pusiera la corona.

 

Escribe / Brandon Stefan Martínez González – Ilustra / Stella Maris

Kylian Mbappé nació el 20 de diciembre de 1998 en uno de los suburbios de la París que no es tan turística. Es hijo de migrantes africanos, como casi todos los que se dedican a acariciar la pelota en el equipo de La Marsellesa, ya que, para el mundial del 2018, de los 23 jugadores convocados por el entrenador Didier Deschamps, 14 eran de origen africano, es decir, más de 60% del total de convocados. Kylian es un hombre alto, rapado y con contextura de pantera. Inalcanzable cuando encuentra espacio libre para atacar, hábil en el juego corto y letal en los últimos 15 metros de la cancha.

Es la promesa más grande del fútbol mundial. Tiene 22 años y desde que tenía 17 y jugaba en el Mónaco demostró las condiciones físicas y goleadoras que hacen pensar a muchos que es el único que tiene las habilidades necesarias para reemplazar al par de monstruos que Dios, el destino y el universo, en una de esas jugadas que se dan cada 500 o 600 años, nos pusieron delante de los ojos en los últimos 17 años y que están en la élite del fútbol desde el 2007.

Fotografías / Twitter Champions League

El martes 16 de febrero del 2021, en el contexto de la pandemia por covid 19, el momento histórico particular que nos tocó vivir y que no sucedía desde hacía más de 100 años, Kilian y su banda llegaron de París a Barcelona, y en el ambiente muerto de la plaza de toros de Barcelona llamada Camp Nou, que sin sus 100.000 espectadores es un elefante blanco con un césped perfecto, le enfriaron la sangre, tan caliente en los últimos años por el independentismo, a todos los catalanes.

Primero lo hizo Kyki, como es conocido por sus compañeros, ya que de la nada sacó un enganche con la pierna derecha dentro del área, largó el balón por delante de Piqué y Lenglet, se paró más o menos bien de zurdo y mandó el balón por encima de la cabeza de Ter Stegen a descansar por unos minutos dentro de uno de los arcos del Camp Nou. Eso fue antes de que se acabara el primer tiempo. El partido iba 1-1 y estaba “parejo”, porque el PSG tenía el balón, pero no hacía daño, y el Barça intentaba jugar bien, pero no tenía éxito.

Sin embargo, después de los 15 minutos de descanso, cuando empezó el segundo tiempo, la banda de París, que viajó a Barcelona sin Neymar, el showman brasileño, que se lesionó como es costumbre a esta altura de la temporada desde hace un par de años, y no pudo jugar el primero del par de partidos más importantes de la temporada, le comenzó a dar cátedra de fútbol al equipo dirigido por el entrenador neerlandés Ronald Koeman.

Primero fue un ataque bien administrado por el PSG, en el que llegó a la línea de fondo y centró el balón al corazón del área del Barcelona el defensa italiano Alessandro Florenzi, para que el catalán Gerard Piqué intentara sin éxito despejar el balón, y por el contrario se la dejara bien servida a Kyki, que de zurda la mandó adentro del arco de Ter Stegen y puso 2 a 1 el partido en favor del Paris Saint Germain.

Por lo que comenzaron a aparecer en el césped de 105 metros de largo por 68 de ancho de Barcelona las caras largas y de desazón, que desde hace cuatro años son normales en los jugadores del equipo catalán después de los partidos definitivos de Champions. También llegaron los reclamos acalorados en buen español de Piqué al estilo de “Ni una sola posesión larga, la puta madre” y las respuestas optimistas en un español poco entendible de los extranjeros “vamos, no estamos sufriendo, Grizi un poco más a la derecha” y cosas por el estilo.

Las caras largas en los jugadores del Barcelona aumentaron cuando el argentino Leonardo Paredes, del PSG, puso un centro por detrás del punto penal del área del equipo catalán y su compañero, el futbolista italiano de origen africano Mois Keane, cabeceó el balón y anotó el tercer gol del equipo parisino. Aunque en apariencia el partido ya estaba cerrado, faltaba la pincelada final del artista, la acción definitiva que confirmaba que un príncipe estaba a punto de convertirse en rey en la noche de la capital de Cataluña.

Al minuto 84, cuando Ronald Koeman ya había sacado de la cancha a Gerard Piqué y Sergio Busquets, un par de veteranos del equipo barcelonés, y en su lugar había mandado al campo al joven Riqui Piug y al danés Martin Braithwaite, el mediocampista Julian Draxler, del Paris Saint Germain, comandó un contragolpe que inició en el campo propio y que terminó con Kylian Mbappé recibiendo el balón en el costado izquierdo del área, tomándose los segundos necesarios para pensar dónde poner el balón y abrir el pie derecho para mandarlo al segundo palo de Ter Stegen y mandar a dormir a los catalanes con la amargura de sentir que ya no son el equipo que daba miedo hace 10 años, y que las noches felices en las copas europeas están lejos de volver.

Pero, además, esa definición a lo Thierry Henry, fue la que confirmó al mundo lo que algunos ya sabían, o decían saber. El trono del fútbol mundial cambió de dueño, porque en la noche del 16 de febrero del 2021, en el Estadio Camp Nou de Barcelona, Kylian Mbappé, el joven francés de origen africano que nació en los suburbios de París, que se dio a conocer al mundo con 17 años en el Mónaco, que marcó un gol en la final del mundial de Rusia con 18 años y que a la fecha lleva más de 130 goles como profesional, tomó el cetro, se sentó en el trono e hizo que Leo Messi, en la que fue su casa, le pusiera la corona.

¡Tenemos nuevo rey, se llama Kylian Mbappé!

@brandonstefan9