ORANGE

El problema de la soledad es que el otro nunca puede entrar a nuestros pensamientos y al final solemos hablar con nosotros mismos, entonces viene ese sentimiento de la soledad, de no compartir absolutamente todo con la persona que está al otro lado. El sexo y las caricias constituyen el vano intento del ser humano para doblegar la soledad por un instante, pero lo cierto es que no lo logra, eso apenas es un engaño, nada más.

Escribe / Johan Harvey Julian Sánchez Buitrago – Ilustra / Stella Maris

Una multitud se aglomeró frente al stand donde se encontraba una pantalla gigante que decía «La soledad ha muerto», debajo del mensaje y en letra más pequeña «Asista al lanzamiento del invento que transformará a la humanidad». Al cabo de unos minutos, la multitud logró ver cómo, de repente, la pantalla se oscureció, apareciendo una naranja animada que daba saltos de una esquina a otra, y sin que nadie lo advirtiera, emergió un aviso «Empezamos en tres, dos, uno».

Las luces se apagaron, solo una se mantenía sobre un hombre vestido de blanco y de baja estatura, tenía un micrófono inalámbrico; su edad solo la delataban algunas canas y el entrecejo ya marcado en la frente. El hombre alzó un brazo hacia el techo y luego apuntó con su índice al público. «¡Qué levanten las manos los casados, las parejas, los novios, los amantes! Quiero saber una cosa, ¿ustedes no se han sentido solos después de compartir todo un día con el amor de su vida? Cuando ya regresan a la casa, se tapan con las cobijas y están a punto de dormirse ¿no se han sentido solos? Yo inventé un pequeño aparato que va a desaparecer ese sentimiento de soledad para siempre ¡Así es, ya no nos volveremos a sentir solos en ningún momento!». Abrió una caja del tamaño de un encendedor y sacó un diminuto aparato circular de pedazos metálicos con goma naranja. «¡Les presento a Orange! Basta colocarse este pequeño invento detrás de la oreja para tener acceso a cada pensamiento de su pareja. El problema de la soledad es que el otro nunca puede entrar a nuestros pensamientos y al final solemos hablar con nosotros mismos, entonces viene ese sentimiento de la soledad, de no compartir absolutamente todo con la persona que está al otro lado. El sexo y las caricias constituyen el vano intento del ser humano para doblegar la soledad por un instante, pero lo cierto es que no lo logra, eso apenas es un engaño, nada más. Yo les estoy dando el acceso total y sin restricciones para disfrutar de un amor pleno y redondo, como una naranja completa, no una incompleta, porque al final somos eso, naranjas incompletas para siempre, al menos así va a ser hasta que compren un Orange».

La multitud se mantenía en silencio, el número de personas se había duplicado mientras hablaba el hombre de blanco, «Yo sé, yo sé, creerán que no funciona o que podría dañar sus cerebros, pero no es así; ya hice cientos de pruebas con muchas personas y ahora mismo lo voy a hacer con mi esposa Valentina, también con una pareja del público ¡Levanten las manos!» El hombre, sin detallar a la muchedumbre, señaló al fondo entre un montón de brazos y al instante subió a la tarima una pareja de jóvenes, no tenían más de veinte años. Valentina también subió, susurró en el oído del hombre de blanco, luego descendió y se perdió entre la multitud. «A mi esposa, Valentina, se le ha presentado un problema de salud; por el momento, vamos a probar con este par de jóvenes».

El hombre sacó dos Orange y los dividió entre la pareja, el invento no se lograba distinguir a simple vista y cualquiera habría apostado que los jóvenes no tenían nada detrás de la oreja. «Un momento, los debo sincronizar y…ya están ¡Los pueden probar!». Los jóvenes se miraban a los ojos con la complicidad de las personas que comparten un secreto y a los pocos segundos se rieron al mismo tiempo; todos en el público lo supieron, los jóvenes apenas lo confirmaron. «¡Funciona! ¡Puedo saber lo que está pensado él! ¡Y yo lo que piensa ella!».

La multitud comenzó a aplaudir, el hombre de blanco inclinó su espalda hacia el público; por primera vez se le veía sonreír ampliamente y asomaron unos dientes resplandecientes. «¿Alguna pregunta sobre Orange?», alguien le respondió «¿Se pueden quitar o apagar?». El hombre respondió con suficiencia, «claro que sí, Orange se deja remover después de 24 horas. No se puede apagar. Seamos sinceros, la soledad no va a desaparecer después de 24 horas, yo recomiendo el uso constante, de por vida ¡Ábranse a su pareja sin restricción y serán uno solo! ¡Una naranja completa y no a medias!». Lo interrumpieron los aplausos y los gritos, la cantidad de personas se había duplicado nuevamente y ahora se sentía un calor intenso en el stand.

Valentina estaba al lado con unas bolsas naranjas y las abrió de par en par, las personas estuvieron cerca de abalanzarse encima, pero tres alambres atravesados frente a ella la protegían; los clientes comenzaron a hacer una fila india y hacia el final de la tarde, los cinco mil Orange que llevaron a la feria se habían vendido.

 

Orange causa más de mil divorcios en su primer día de lanzamiento

Orange, el invento lanzado por Segismundo Blanco, ha causado más de mil divorcios en lo corrido del día y se esperan más en las siguientes horas, según la opinión de expertos. Se calculan miles de millones de pesos en pérdidas y la empresa Orange se enfrenta a cientos de demandas de las cuales se esperan grandes indemnizaciones. Varios especialistas concuerdan en una cosa: acceder a los pensamientos de otra persona constituye una violación flagrante a la privacidad y al libre desarrollo del ser humano, por lo tanto, exigen una regulación de este tipo de aparatos con premura y también la intervención del ministerio de la soledad que hasta el momento no se ha pronunciado.

Revista Renacimiento, Bogotá D.C, 17 de abril de 2058.

 

Apenas pasados dos días desde la venta en la feria, el hombre de blanco y Valentina recibieron cinco mil devoluciones de Orange por parte de los clientes junto con cartas de descontento y amenazas de muerte. Al hombre de blanco se le veía inquieto, intranquilo y al caer la noche, ya acostado sobre la cama; Valentina lo tomó de la mano, él volteó la cabeza, supo que la estaba mirando a los ojos, a pesar de la oscuridad. Ella lo besó, él quiso saber en qué estaba pensado y ella dijo «¿Sí ves? Te lo dije, amor, nadie quiere estar acompañado», el hombre de blanco respondió «Le dediqué toda mi vida a ese invento», Valentina dejó caer su cabeza sobre el pecho del hombre, mientras este seguía preguntándose en qué estaba pensando ella y en por qué nunca se colocaron un Orange ellos dos, entonces recordó una de sus frases de venta «¿Ustedes no se han sentido solos después de compartir todo un día con el amor de su vida? Cuando ya regresan a la casa, se tapan con las cobijas y están a punto de dormirse».