GRANDES ENSEÑANZAS EN ALADINO O LA LÁMPARA MARAVILLOSA

Aladino, según la etimología proviene de la lengua árabe —que tanto conocimiento nos ha prodigado—, y según Mario Roso de Luna, es la «transcripción del nombre árabe ‘Alā ‘ad-Dīn, literalmente «nobleza o gloria de la fe»…

 

Por / Jorge Triviño – Ilustraciones / Stella Maris

Esta narración pertenece a la obra clásica Las mil y una noches, que, bajo ese título, guarda un sentido oculto extraordinario.

Dice Mario Roso de Luna:

 Pero Madrús se equivoca y con él cuantos le siguen. Las mil y una noches, en efecto, no son como él dice, «la gran obra imaginativa de los cuentistas semitas» sino un destrozado resto de la obra iniciática de los arios de Bactriana o de Armenia, mejor o peor reflejado en el Hazar Afsanah persa, que se cree perdido, como este lo fue a su vez en el Muraf Al Dahab Va Djanhar, del siglo IX[1]

       Y en las siguientes páginas aclara mucho más sobre el sentido elevado de la narración:

El velo de la obra empieza en su título mismo compuesto de un jeroglífico de «mil y una» equivalente al de «ocultación o velo», y dicho jeroglífico, en sí, es una clave más antigua y más preciosa que cualquier otra. «Mil y una», en simbología numérica, se escribe, en efecto, así: I00I, y deshaciendo el jeroglífico se pasa a otro que, soldado luego en uno, nos lleva al signo lingual védico oTo, última e incomprendida letra de las cuarenta y nueve del alfabeto sánscrito de los arios del que se pasa con entera facilidad (Bibli. de las marav., t II, pág. 293) al caduceo de mercurio, a la serpiente «buena o mala» o Agatho Daimon y Kaco Daimon de la célebre Tau de Moisés y de los sacerdotes de faráon (génesis Exodo, cap. VII) y, en fin, con una nueva descomposición por notación, al conocido jeroglífico   o ISIS «Mil y una noches» fonéticamente equivale, pues, a velo de Isis, o sea «Libro en que ciertas verdades yacen ocultas»[2]; de donde podemos coincidir con el sabio teósofo, que Las mil y una noches no es un libro cualquiera, sino un libro que guarda en sus páginas prístinas enseñanzas para el desarrollo espiritual, como lo podremos corroborar en el transcurso de la exposición.

        Pero hay algo más extraordinario en la narración, y es que Sheherazada y Dinarzada, representan fuerzas superiores en el ser humano.

Al respecto, Mario Roso de Luna, a quien llamaban El mago rojo de Logrosán, dice de nuevo en la obra antes citada:

—mente representada por la imaginación creadora de la sabia Sheherazada—, y el de la Mente Superior, pura e intuitiva, la del genio del hombre, despierta siempre a las altas verdades, como lo estaba la jina de Dinarzada  Djinar-zada o Diana Shada[3]

        Concluimos, pues que Las mil y una noches es una obra sobre El velo de la naturaleza o El velo de Isis, y que sus protagonistas representan las fuerzas que podrían regenerar la raza humana, dándoles orientaciones elevadas e indicándoles un camino de perfectibilidad, si así se propusieran llevarlo a cabo.

Cuando cotejamos el título antiguo: Aladino o la lámpara maravillosa, con el que se le da en la actualidad: Aladino y la lámpara maravillosa, no podemos más que sentir dolor, pues una parte importante ha sido cercenada en favor de la inmediatez y del utilitarismo económico; lo cual me hace recordar el daño que se le ha hecho a la obra de Víctor Hugo, y además, a aquellos que buscan los conocimientos más elevados para el desarrollo de sí mismos con la traducción de su sin igual obra Nuestra señora —Notre Dame—, que es un tratado velado acerca del alma y mal traducida con el nombre: El jorobado de nuestra señora.

He aquí, entonces, que el título de la narración nos da a entender que Aladino y la lámpara maravillosa, son una misma cosa.

        Aladino, según la etimología proviene de la lengua árabe —que tanto conocimiento nos ha prodigado—, y según Mario Roso de Luna, es la «transcripción del nombre árabe ‘Alā ‘ad-Dīn, literalmente «nobleza o gloria de la fe»[4], pero que según otra interpretación —ya no literal—, sino de sentido, significa: Sirviente de Allah; es decir: sirviente de Dios, y también quiere decir: el jina de Allah o niño de Allah, que en el lenguaje de los pájaros o lengua diplomática, significa: aquel que empieza a recorrer el sendero de los iniciados.      También Jesús, el gran iniciado, decía: “Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos”[5], es decir: el reino de la perfección.

Y como para que no quede duda alguna al respecto, la narración precisa que Aladino era hijo de un sastre, y según la Kabalah fonética, la palabra tiene equivalencia perfecta con Shastras, o sagrados versos védicos, ya que ambos términos conservan las mismas consonantes.

Dice el cuento —refiriéndose al joven—, que era voluntarioso, sagaz, reservado, pertinaz y perseverante, y que no tomaba una pronta decisión acerca del rumbo de su vida, pero un día su padre falleció. Le dolió mucho la muerte de su padre, pero luego se tranquilizó.

Un día llegó un mago venido de África y que practicaba artes adivinatorias. Estuvo cerca del joven, averiguando su nombre y la condición familiar; poco tiempo después se presentó como un hermano de su padre, haciéndoselos creer. Mediante obsequios se ganó la confianza de su mamá y la del joven.

Tiempo después, salió con Aladino hacia las afueras de la ciudad, y mediante el poder de su anillo, es decir, su intuición, le hizo entrar en un subterráneo y le pidió que levantara una losa muy pesada; es decir, un velo; pero para Aladino fue demasiado fácil, pudiendo encontrar la lámpara y apagarla como le había indicado el mago.

Dice la narración que la lámpara era de bronce, pero que se podía doblar y ocultar en cualquier lugar. El bronce es una aleación de cobre y estaño; por lo tanto, parece muy poco verosímil; y que además se pueda doblar y guardar, es mucho menos creíble.

En cuanto al material, debemos entender que la lámpara es producto de la naturaleza divina y nuestra, es decir, que es nuestro deber crearla mediante la industria laboriosa del fuego divino; tenerla encendida y apagarla cuando sea necesario su uso.

Esa lámpara es la luz que todos llevamos dentro, pero que tendremos que encontrar, mediante el anillo de nuestra intuición, que será dada por nuestro mago o imagen interior.

El mago que le indicó el lugar donde debería hallar la lámpara es en realidad nuestra imaginación creadora.

La palabra mago proviene de la raíz magus, y ésta a su vez de magh: “tener el poder, poder hacer”

La raíz germana mag procede a su vez del verbo may: poder, ser posible y de mogen, migth: “poder” Match, magus: “los poderosos” “los que tienen el poder”

De manera, pues, es nuestra imaginación la que nos ha de conducir a encontrar la lámpara maravillosa que nos abrirá el camino a todos los tesoros de esta tierra y a los tesoros espirituales.

Pero nos hallamos ante el suceso de que nuestro héroe encuentra la lámpara, queda atrapado en el subterráneo, sin saber qué hacer para utilizarla, y en esos momentos invoca a Dios.

Este pasaje es muy iluminador con respecto a la naturaleza esencial de Aladino.

Dice el texto: “Se arrodilló sobre la misma losa que le había servido de lecho en su desmayo y en esta posición referente, imploró la clemencia de Dios infinito, de ese Dios que todo lo perdona y que a todos protege, de ese Dios que nadie ha invocado en vano; al cruzar sus manos implorando La clemencia del Todopoderoso, frotó con fuerza, aunque casualmente el anillo”[6]

La fe es una virtud fundamental para tener un contacto con la divinidad yacente en nuestro corazón.

Dice el respecto Sir Eduardo Bulwer Litton, en su preciosa obra Zanoni:

“¡Cuándo aprenderán los hombres a reconocer que, si la gran religión inculca tan rígidamente la necesidad de la fe, es porque ella solamente guía a la vida futura! Sin fe no hay nada excelente en la tierra… La creencia en algo más sabio, más feliz, más divino de lo que vemos en este mundo, es lo que los artistas llaman el ideal y los sacerdotes la fe. El ideal y la fe son una misma cosa”[7]

El joven logra salir de allí, ayudado por el genio interior o Daimon que todos llevamos dentro, y llega donde su mamá, y le cuenta las peripecias que tuvo que pasar para obtener la lámpara maravillosa.

Este genio interior, es nada más y nada menos que La voz interior o Voz del silencio, como la llama Helena Petrovna Blavatsky; o Christo en el hombre, como la denomina el apóstol Pablo.

Los alquimistas tienen una divisa muy a propósito de esta voz interior: la llaman VITRIOL: Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies Ocultum Lapidae, que traducida significa: Visita el interior de la tierra y rectificando hallarás la piedra oculta. Esa lámpara tiene todas las virtudes y todos los defectos; pero dice La tabla de esmeralda: “Separarás la Tierra del Fuego, lo sutil de lo grosero, suavemente, con mucho ingenio.”  De manera que es nuestro deber limpiar de escorias esta piedra oculta, que es en realidad nuestra alma.

Aladino cuenta a su madre todas las peripecias que tuvo que pasar para obtener la lámpara; pero ella no puede dar crédito a sus palabras y para hacer más creíble su relato, le mostró las frutas —que eran en realidad piedras preciosas—; pero como no conocían de joyas, las guardaron en un jarrón.

Como Aladino tenía hambre le pidió comida a su mamá; sin embargo, su madre dijo que esperara hasta el otro día.

La madre, quiso limpiar la lámpara, pero al hacerlo, se le apareció el genio y le dijo: “¿Qué queréis? Aquí estoy dispuesto a complaceros como esclavo que soy de todo el que posea esta maravillosa lámpara.”

Su madre se desmayó, pero Aladino, le pidió al genio que le sirviese viandas y manjares como los que comían los grandes potentados. Su madre, Rabeca, despertó y al igual que su hijo, disfrutó de los manjares servidos por el genio. Despertaron en la madrugada, para planear su próximo plan de vida a seguir. Vendieron los jarrones, de a poco, a un usurero, y después, un platero supo del engaño, y le prometió pagar su valor real a las próximas piezas que llevara. Le mostró las que creía que eran cristales, pero él le dijo que eran joyas: diamantes, rubíes, esmeraldas, y que eso le haría el hombre más rico, ayudándole a personas necesitadas.

Aladino le pide al genio que le llevase hasta poder ver a la princesa Batrualbadur, y este le lleva hasta una fuente, donde puede verla sin ser visto, luego pidió al genio que le transportase a su casa, donde se sintió entristecido, pues su amor hacia ella crecía día a día.

Batrualbadur significa: “luna llena de lunas llenas”. La luna representa la energía creadora, la que le va a permitir elevar su consciencia mediante el amor que le profesa y que le manifiesta siempre que puede.

Aladino le pide a su mamá Rabeca que vaya donde el rey y pida la mano de su hija, dándole como obsequio copas llenas de piedras preciosas; pero ese día, su madre, no pudo obtener audiencia y durante varios días seguidos no pudo hablar con él, pero el rey —de tanto verla—, le solicita al visir que le permita entrevistarse con él.

Rabeca, en su visita, le entregó las joyas al rey, quien quedó profundamente sorprendido con el obsequio, y exigió al gobernante hablar a solas, lo cual le fue concedido y se comprometió a realizar la boda cuando pasaran tres meses; sin embargo, a los dos meses anunciaron el casamiento de la princesa con el hijo del visir.

Aladino llamó al genio y le ordenó que condujera al hijo del visir a la azotea, y que llevase a Badrualbadur a sus aposentos, prometiéndole que nada tendría con ella, pues en medio de ambos permanecería una espada.

Esto sucedió en varias ocasiones, razón por la cual el visir pidió que fuera anulado el matrimonio, como así ocurrió.

Pasados tres meses, Rabeca decidió ir de nuevo al palacio para pedir la mano de su hija para comprometerla en matrimonio; pero el rey le exigió que —para aceptar el matrimonio de su hija con Aladino — le llevase un presente que superara en valor el de los demás pretendientes, cosa que fue comunicada a su hijo, quien llamó al genio y le ordenó un tren, el más brillante del universo. Esclavos, pajes, escuderos caballos, arneses, un traje recamado en oro y una espada con piedras preciosas para Aladino, y otros más para el rey y su esposa. A las once menos cuarto, salieron y en el camino de ida hacia el palacio tiraban monedas de oro. El rey creyó que quien llegaba era otro rey de otras comarcas, y pidió vestir de gala a los sirvientes y a sus guardias.

Aladino preparó un discurso y ante tal ostentación el rey no tuvo más que aceptar darle en matrimonio a su hija a Aladino.

El rey quiso que la boda fuera ese mismo día, pero Aladino pidió postergarlo hasta cuando hiciera un palacio digno de la princesa. Pidió al genio que le hiciese un palacio más bello que el que tenía el rey, pero que fuese esa misma noche.

Contrajeron nupcias y se fueron a vivir al palacio; pero una de las celosías no estaba concluida, razón por lo que el rey prometió terminarla en seis meses, pero no fue posible por la falta de pedrerías y por el escaso tiempo que faltaba; entonces, Aladino prometió que esa misma noche lo terminaría, lo que consiguió con la ayuda del genio de la lámpara.

Mustafá, el mago, averiguó mediante geomancia qué había pasado con Aladino y supo todo de él, disfrazándose de vendedor de lámparas, cambiando las viejas por nuevas. Llegó a la casa de la princesa y como ella supiese del cambio que hacían, mandó a sus doncellas para que lo hicieran. El mago, dueño ya de la lámpara, pidió al genio que transportase el palacio a África, siendo obedecido. Posteriormente, le contó a la princesa lo ocurrido y le ofreció su amor.

El rey, al saber que el palacio había desaparecido del lugar, mandó a apresar a Aladino y a decapitarle, pero cuando iba a ser decapitado, el pueblo que tanto lo quería, pidió que lo indultaran, siendo entonces desterrado. Cerca del río quiso suicidarse, pero antes oró y rodó siendo arrastrado por la corriente, hasta un peñasco que lo atajó, lo cual consideró como una señal divina.

Rozó con su anillo el peñasco y se le apareció un genio, al que pidió devolverle el palacio al mismo lugar donde se hallaba, lo que fue negado, pues solo lo podía hacer el genio de la lámpara; decidió pedirle que le llevara donde su esposa, cosa que le fue concedida. Ya cerca de su palacio, se quedó dormido a causa del cansancio. El mago no había querido vivir aún en el palacio, por lo cual no llegaba. La princesa acostumbraba asomarse a la ventana, y una de las doncellas vio a Aladino. Él sube y se abrazan. Se cuentan sus desdichas y dónde está la Lámpara. Aladino decide ir a la ciudad, prometiéndole solucionar el problema. Va a un boticario para pedirle a un droguero que le venda unos polvos, a lo que se niega, pero logra convencerlo. Al llegar al palacio convence a su esposa para que cene con el mago, pero le agregue los polvos, para que muriera, lo que así ocurre.

Después, le cuenta todo lo ocurrido y le promete devolver el palacio al mismo lugar, frente al de su padre, como así lo realiza.

Posteriormente, aparece en la escena el hermano menor del mago, quien practicaba artes adivinatorias como la nigromancia, y quiere vengar la muerte de su hermano, entrando al palacio de la princesa, insinuando que sea colocado un huevo del Ave Roc.

El ave Roc, es la misma Ave Fénix, que renace siempre de sus cenizas.

Aladino se da cuenta y ordena al genio que lo haga, pero él se niega, pues le dice que el castillo se derrumbará si lo hace. Aladino supo de aquello y mató a quien se vestía como una santa, pero era en realidad el hermano del mago.

El primer mago y quien le dio conocimientos a Aladino, representa a la mente, y el segundo mago, al deseo; por lo tanto, ambos debían morir irremediablemente.

Aladino —al final del cuento — deja como heredera universal a su esposa y se dedica a la filantropía; triunfando de esa manera la caridad sobre sus deseos egoístas que tuvo en los inicios.

Como pueden ver, esta narración tiene en su núcleo verdaderas enseñanzas y sabiduría sin par.

[1] ROSO DE LUNA, Mario. El velo de Isis. Las mil y una noche ocultistas. Obras completas de Mario Roso de Luna. Volumen XX. Biblioteca teosófica. Serie B. Tomo X. Editorial Pueyo. Calle del arenal,6.

[2] Obra citada. Págs.11,12

[3] ROSO DE LUNA, Mario. Obra citada. Pág. 24

[4] DE LUNA, Mario. El velo de Isis. Las mil y una noche ocultistas. Madrid. Editorial Pueyo. Calle del arenal, 6. Pág. 10

[5] Mateo 19:14

[6] Aladino o la lámpara maravillosa. Madrid. Despacho: Sucesores de Hernando, Arenal, 11.

[7]Lytton, Sir Edward Bulwer. Zanoni. Ediciones Eisa. Aptdo. 2343 Biblioteca orientalista. México D.F. Págs. 514,515.