La literatura: ese mago de atributos

La literatura, a partir de sus recursos, tiene la capacidad de sobreponer un asunto banal, en ocasiones absurdo, a una realidad triste y oscura.

 

La novela no deja de jugar con ciertos aspectos históricos, siendo además una especie de autobiografía del autor.
Imagen tomada de: librolibro.es

Por: Juan Francisco Molina Moncada

Cuando se habla de magos, a la gente se le viene a la cabeza Merlín, Harry Potter, David Copperfield o cualquier otro que no es necesario mencionar en esta reseña, pero pocas veces se escucha o se hace mención a un mago lleno de atributos -la literatura- el cual no requiere más que letras para lograr construir cosas que la misma realidad no consigue, como por ejemplo burlarse a través de historias bizarras de una guerra, consiguiendo a través del relato de la misma, aunque parezca raro, ilustrarla en algunos aspectos como un asunto tragicómico.

Lo anterior se evidencia en un libro titulado Cómo el soldado repara el gramófono”, escrito por el bosnio Saša Stanišić. La cita a esta obra está motivada para demostrar desde su contenido, que la literatura es capaz de trascender la realidad por más compleja que esta sea, tal cual como aludió Pío Baroja cuando afirmó queLa literatura no puede reflejar todo lo negro de la vida. La razón es que la literatura escoge y la vida no escoge”; es allí donde radica su magia y buena parte de su razón de ser, cuando se acude a las letras para no dejar de contar historias desbordantes de imaginación, cosa que hace Aleksandr, un niño de 12 años quien siempre quiso o creyó ser un mago de atributos, y que es el protagonista principal de la novela de Stanišić. De su chistera siempre saca una nueva historia.

Es así como se narra, desde la perspectiva de un niño al que le gusta leerEl Capital” de Karl Marx al lado de su abuelo Slavko, que es aficionado del Estrella Roja de Belgrado y que disfruta de pintar cuadros inacabados, cómo la unión de la antigua Yugoslavia se fue extinguiendo para dar paso a un conflicto étnico, que pese a su crueldad, jamás fue capaz de destruir a ese Visegrado encantador, fuente de nostálgicas y cómicas historias, las cuales dadas las características del personaje, toman un matiz tan inocente como irreverente para con el contexto bélico.

La novela de Stanišić no deja de representar en sí misma la crueldad de la guerra, aunque por otro lado, la ridiculiza mediante historias banales, cotidianas, grotescas, las cuales tienen en común la imaginación de un personaje cuyo ingenio no se subyuga a las adversas circunstancias.

Es más relevante  que la guerra la fiesta organizada por los bisabuelos de Aleksandr (de 130 años) para festejar la inauguración del nuevo váter;  trasciende más el viaje que hizo Milenko Pavlóvic,  alias “Morsa” por toda Yugoslavia para conseguir una edición de “El Capital”; el conflicto, su drama, es sobrepasado por las conversaciones entre el protagonista y el río Drina, espumeante, buen confidente aunque en ocasiones traidor.

La guerra no deja de estar allí, pero la obra es capaz de trascenderla en cuanto la imaginación, la ironía, el cinismo y todo aquello que hace parte de la magia literaria recrea un mundo que va más allá de una portada, una contraportada y una serie de páginas llenas de grafemas. Es en ese momento cuando se crea un nuevo mundo, un escenario gobernado por aquella pluma que juguetea con la realidad y regala al lector un momento memorable: el de la lectura.

Ficha técnica

Título: Cómo el soldado repara el gramófono

Autor: Saša Stanišić

Editorial: Alfaguara

Traducción: Richard Gross

Páginas: 336

Año: 2008