Vivimos en una época en que la ciencia y la tecnología están inmiscuidas en casi todos los aspectos de la cotidianidad, pero a pesar de esto, muy pocos, siguiendo el patrón histórico, tienen el conocimiento y la información suficiente para debatir con soltura y firmeza los temas que a diario nos afectan, tanto directa como indirectamente.

Por Edwin Hurtado*

Ondas gravitacionales, edición de genes, realidad virtual, agujeros negros, inteligencia artificial, cambio climático; temas que todos los días pululan en redes sociales, periódicos, programas televisivos, y que  a pesar del poco o nulo conocimiento sobre el tema, todos queremos opinar sobre ellos. Y esto, per se, no suena mal; está bien, en principio, que participemos de estos debates, ya que como dije antes, nos afectan, nos influencian, y en cierta medida nos guían y determinan. Pero no deberíamos hacerlo por inercia, ni para quedar bien, ni para oír el eco de nuestras voces, debemos hacerlo porque de estos debates depende no solo nuestro futuro a largo plazo sino también el de mañana, el de la próxima semana, el del próximo año. Y si estamos bien informados, podemos tomar mejores decisiones a la hora de consumir, a la hora de votar, a la hora de proponer.

Muchos de estos polémicos temas tienen que ver específicamente con biología: cambio climático, aborto, sexualidad, drogas legales e ilegales, minería, animales y plantas transgénicos, maltrato animal, entre otros. Y es evidente que el conocimiento que sobre ellos existe y que debemos seguir construyendo, debería ocupar un papel mayor en las discusiones que sobre ellos damos. En lugar de esto, vemos como muchas veces, por defender nuestra visión particular del mundo, nuestras ideologías y nuestros sesgos, hacemos caso omiso de las evidencias para terminar vociferando a favor de uno u otro extremo solo porque satisface nuestras preconcepciones. Las evidencias son relegadas, y solo tenidas en cuenta cuando favorecen al emisor; las conclusiones muchas veces parecen las premisas. Esto ha quedado evidenciado en los debates en nuestro país, por ejemplo el que ahora nos ocupa sobre la Reserva Van der Hammen, o los que hemos mantenido por décadas respecto al aborto, la homosexualidad o el maltrato animal.

Por estas razones, en compañía de un grupo de estudiantes, y liderados por la profesora de ecología Cristina López, estamos llevando a cabo una cátedra de biología y sociedad, es decir, de aquellos temas de interés social que tienen que ver directamente con la biología. Así, en los últimos años, hemos tocado temas como ecología urbana, ciencia y conflicto, minería, y algunos más. Y queremos seguir haciéndolo, convencidos de que el conocimiento y el debate respetuoso de ideas puede ayudar a mejorar tanto la realidad como tal, como la forma en que aprendemos y debatimos sobre ella.

Cc1R--SWoAAFWZSPor eso, este año, abriremos nuestras cátedras en el mes de marzo, con una charla de la profesora especialista en peces de la Universidad de Antioquia Luz Fernanda Jiménez. En esta conferencia, la docente abordará la relación entre los diferentes aspectos de desarrollo económico del país y la ictiofauna (peces) de los ríos Magdalena y Cauca. Tema de gran importancia hoy debido a las discusiones y hechos que se vienen presentando respecto a nuestros recursos hidrobiológicos. Esperamos entonces una buena acogida del público, que en ocasiones anteriores nos ha acompañado y ha aportado al proceso con sus dudas, comentarios y sugerencias.

No olviden que las cátedras se llevan a cabo los segundos martes de cada mes en los auditorios del Parque Explora de Medellín, generalmente en el del Planetario. Esperamos que nuestra idea pueda aportar a solucionar los problemas que nos aquejan y que cada vez más podamos hacer brillar esa luz compartida por la ciencia y la democracia,  luz que a algunos les gustaría apagar, incluso con productos que provienen de sus entrañas:

“Los valores de la ciencia y los valores de la democracia son concordantes, en muchos casos, indistinguibles. La ciencia y la democracia empezaron -en sus encarnaciones civilizadas- en el mismo tiempo y lugar, en el s. VII y VI a.J.C. en Grecia. La ciencia confiere poder a todo aquel que se tome la molestia de estudiarla (aunque sistemáticamente se ha impedido a demasiados). La ciencia prospera con el libre intercambio de ideas, y ciertamente lo requiere; sus valores son antitéticos al secreto. La ciencia no posee posiciones ventajosas o privilegios especiales. Tanto la ciencia como la democracia alientan opiniones poco convencionales y un vivo debate. Ambas exigen raciocinio suficiente, argumentos coherentes, niveles rigurosos de prueba y honestidad. La ciencia es una manera de ponerla las cartas boca arriba a los que se las dan de conocedores. Es un bastión contra el misticismo, contra la superstición, contra la religión aplicada erróneamente. Si somos fieles a sus valores, nos puede decir cuándo nos están engañando. Nos proporciona medios para la corrección de nuestros errores. Cuanto más extendido esté su lenguaje normas y métodos más posibilidades tendremos de conservar lo que Thomas Jefferson y sus colegas tenían en mente. Pero los productos de la ciencia también pueden subvertir la democracia más de lo que pueda haber soñado jamás cualquier demagogo preindustrial”.  Carl Sagan. El mundo y sus demonios. La ciencia como una luz en la oscuridad.

 

*Estudiante de biología de la Universidad de Antioquia